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CAPITULO
9
El
atardecer había comenzado a caer en la zona. Las luces de las chimeneas
alumbraban el interior de las casas y las velas comenzaban a encenderse
en los hogares. El SG-1 al completo trataba de encontrar la mejor forma
para ayudar al pequeño Harsesis y para liberar a aquel pueblo del
yugo goa'uld. El joven Yolao se quedó pensativo al oír el
plan de aquellos extranjeros tan valientes, capaces de enfrentarse a un
poderoso dios y a su ejército para salvar a un niño.
- No creo que esa sea una buena idea.- les comentó tras meditar
unos segundos.- Son muy poderosas y vosotros... sólo...
- Sí, somos sólo cuatro. Pero en ímpetu no nos gana
nadie.- comentó el coronel.
- Escuchad. Son mujeres guerreras, muy temidas en la región y...
- Son vuestras mujeres.- le interrumpió el doctor Jackson.- ¿No
cree que ya es hora de pedirlas perdón y que vuelvan a casa?.-
el joven le miró pensativo. La verdad es que aquello era lo que
más deseaba.- Sé que sólo somos cuatro personas contra
todo un ejército y... bueno, no podemos pediros que nos ayudéis
en esta lucha.
- Tiene razón Daniel. Son nuestras mujeres. Y sería nuestro
deber tratar de arreglar lo que hace mucho tiempo nunca debió ocurrir.
Ahora ellas se han convertido en una tribu guerrera y aquí sólo
encontrarán hombres de campo.
- No deseamos que luchéis con armas, Yolao.-le dijo el coronel.-
Sólo que hagas saber a tu pueblo que queremos ayudar a vuestra
gente a recuperar a vuestras mujeres de las "zarpas" de esa
goa'uld.
- ¿Pero cómo vais a hacerlo?
- Nos adentraremos en su campamento durante la noche. Recuperaremos vuestras
defensas.- dijo Teal'c.
- ¿El hacha y el cinturón de Heracles?.- preguntó
asombrado.
- Tienen un gran poder ¿no?.- preguntó la mayor Carter.
- Sí, pero sólo cuando están juntos. Por separado
no sirven de mucho.
- Explícate.- le dijo O'Neill.
- Bueno... Heracles portaba en su brazo el hacha y en su cadera llevaba
puesto el cinturón de oro. Ambos son complementarios. El cinturón
detectaba el peligro, y el hacha lo destruía... Ahora el cinturón
está en manos de Artemisa, y Apophis tiene el hacha.
- ¿Están separados?.- preguntó Carter.
- Apophis y Artemisa hicieron un pacto cuando robaron ambas armas. Para
asegurarse de que uno no se aprovechara del otro, se repartieron el botín.
Mientras Artemisa se quedó con el cinturón, Apophis se apropió
del hacha. A cambio hicieron un pacto para repartirse a las sacerdotisas.
- O sea... Roban el botín y para impedir que uno acabe con el otro
se lo reparten. Para sellar el pacto Apophis le entrega anfitriones a
Artemisa, y ésta las entrena para su tribu. ¿Y qué
gana con eso Apophis?.- preguntó Carter de nuevo.
- Artemisa le hace algunos favores. Le entrega a mujeres de su corte,
a las más bellas. A veces se amenazan el uno al otro, pero ese
pacto les conviene a ambos y mientras las armas estén separadas
son indefensas para ellos y se pueden aprovechar de nuestro pueblo.
- Si queremos robarlas hemos de conseguir que estén juntas.- dijo
Teal'c.
- Solamente se me ocurre un plan para eso... Utilizar el detestable instinto
de superioridad goa'uld.- comentó O'Neill.
- Ponerlos en contra con algún engaño... - dijo Daniel pensativo.
El arqueólogo se levantó de la silla en la que hasta ese
momento había estado sentado.- Veamos... robamos a las amazonas
el cinturón, y les hacemos creer que Apophis ha sido el ladrón.
Pero entonces Shekmet
utilizará a Harsesis para recuperarlo... ese no es un buen plan.
- ¿Y si lo hacemos al revés?.- preguntó Carter.
- Apophis no está en el planeta.- comentó Teal'c.- Shekmet
se pondrá en contacto con él a través de algún
tipo de comunicador cuando desee que regrese a por el niño.
- Me refiero a robar al niño primero.
- Parece un buen plan Carter... -dijo O'Neill pensativo.- Nos llevamos
al niño y le hacemos creer que el crío robó también
el cinturón. A Apophis le contamos una versión y a ella
otra. Para que Shekmet trague el anzuelo un Jaffa de Apophis, hoy retirado
de sus tropas detalle que ella desconoce, realizará el robo.- Teal'c
miró al coronel arqueando su ceja derecha.- Después una
amazona le enviará un mensaje a "la Serpiente" avisándole
del cambio de planes con respecto al niño: que se quedan con él
y que sólo lo intercambiarán por el hacha. Apophis pica
y viene hasta aquí trayendo el arma, momento en el que podremos
usar el Stargate para acceder a su nave en órbita y "mangarlo".
- ¿Cómo convenceremos a las amazonas de que se dobleguen
contra Artemisa?.- preguntó Daniel.
- Tendremos que convencerlas. O por lo menos a una... Yolao, decías
que tu esposa estaba entre ellas ¿no?.. -preguntó Carter.
- Sí. Es la mano derecha de Artemisa.- su mirada se entristeció.-
Hace algunos meses que no he vuelto a ver a Hipólita.
- Pues a ella será a quién tengamos que convencer. Chicos...
tenemos un plan.- dijo O'Neill con una sonrisa.
- Yo iré con vosotros.- dijo Yolao con seguridad.
- Ahm... eso no está en el plan.- comentó O'Neill.
- Me necesitaréis. Conozco como llegar al campamento y quizás
yo sea el único capaz de convencer a Hipólita de que abandone
a Artemisa y se una a nosotros.- O'Neill se quedó pensativo. Aquel
cambio no era de su agrado, pero en el fondo Yolao tenía razón.
Quién mejor que él para convencer a su propia esposa de
su error en apoyar a aquella goa'uld.- Puedo proporcionaros una vestimenta
más adecuada a la que lleváis para realizar el robo, y una
vez dentro trataré de convencerla.- Se acercó a un enorme
baúl en una de las paredes de la casa. Lo abrió y sacó
de él un sudario en tonos claros con capucha parecido al que los
Jaffas de Chulak, el planeta de Teal'c, usan. Sacó tres sudarios
más y después se los entregó. Cada uno tomó
la prenda de sus manos.- Puedo serviros de mucha ayuda. Dejadme tratar
de arreglar el error de mi pueblo con nuestras mujeres.- O'Neill resopló,
luego miró a Carter.
- Está bien. Llévanos a ese campamento.- el joven sonrió.
Sabía que ahora tenía una oportunidad de salvar a su gente
como antaño el creador de la ciudad lo hizo y a pesar de los riesgos,
estaba dispuesto a asumirlos.
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Parecía
realmente indefenso aquel pequeño de ojos claros y con tanta vida.
Hipólita no podía creer que aquello le pudiera pasar a ella.
Había pasado en sólo unos segundos de ser una gran guerrera
a una simple niñera. Aquello sencillamente no le agradaba, y menos
cuando le traía tan malos recuerdos. Allí de pie, en su
choza, una de las más grandes del poblado de las Amazonas, sujetaba
a un bebé que la miraba como si supiera realmente lo que estaba
ocurriendo allí. Su diosa le había encargado hacer de aquella
criatura un ser tan poderoso como para unirse a su causa y destruir a
su alrededor. Tenía en sus brazos a un niño Harsesis con
recuerdos de dos razas distintas. Pero eso no le importaba lo más
mínimo. No entendía aún como la hacía a ella
ser la encargada de adiestrarle. Ella era una Amazona, entrenaba sólo
a mujeres y futuras guerreras, ¿por qué debía ocuparse
de aquel niño cuando ni siquiera la dejaron ocuparse del suyo propio?
La joven cerró los ojos, el dolor y los recuerdos volvían
su mente. Por qué no le enviaron los dioses a una niña.
Si así hubiera sido, ahora estaría con ella. En cambio,
le enviaron a un varón del que como sacrificio a los dioses, la
propia Shekmet
había ordenado su muerte. De aquello hacía ya varios meses
y si no hubiera tenido que presenciar como ella acababa con la vida de
su bebé, ahora éste que tenía en las manos bien podía
tener su edad. Aquel sacrificio le había servido para acceder a
ser la mano derecha de la diosa, pero jamás le devolvería
a aquel ser que ella había dado la vida.
El
pequeño la miró y esbozó lo que parecía una
sonrisa. La joven se quedó pensativa, aquel niño daba la
sensación de poder leer hasta sus pensamientos. Su diosa la había
dado órdenes muy precisas. Ella se encargaría de doblegar
su voluntad y según fuera creciendo, su misión sería
entrenarlo.
Inexplicablemente
la rabia que sentía por tener que hacer aquello en contra de sus
principios desaparecía al mirar a aquel pequeño. El niño
levantó los brazos hacia su cuello mientras sonreía, miró
fijamente el collar que Hipólita llevaba alrededor de su cuello.
Parecía que le gustaban aquellas cuentas enlazadas en un cordón
de cuero. La joven vio como de repente su collar se elevaba delante de
su rostro sin que tan siquiera el niño lo tocara. La sorpresa fue
tan grande que la joven se asustó apartando al bebé de su
cuerpo para elevarlo, lo que hizo que el pequeño dejara de mirar
el collar y éste regresara a su estado normal. Harsesis volvió
a mirarla. La joven se quedó pensativa. Aquel inocente tenía
poderes tales como para poder mover objetos... ahora entendía porqué
era tan importante para Shekmet.
Por qué aquel niño sí era necesario mantenerlo con
vida, y no correría la misma suerte que el suyo propio. Sus extraños
poderes le hacían especial, tanto... que hasta los dioses le protegían
y eso... aumentaba su odio hacia él.
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La
noche cerrada había caído en el planeta. El cielo estaba
repleto de luceros brillantes tan parecidos a la Tierra, que casi se podía
asegurar que nunca habían salido de allí. El detalle que
lo hacía diferente era un satélite parecido a la Luna, si
no fuera por el grupo de anillos que le rodeaban. O'Neill iba delante
de su pequeño equipo que se desplazaba por una zona boscosa desde
hacía más de una hora. Se dejaban guiar por las indicaciones
de Yolao, que tras echarse a la espalda una enorme espada envainada en
una funda de cuero oscura, caminaba delante de ellos dispuesto a llevarlos
hacia el poblado de las Amazonas. Su equipo, salvo Yolao, se había
puesto encima de la ropa de campaña la vestimenta que el joven
les había entregado. Los sudarios tapaban sus ropas llamativas
que les identificaban como humanos de Tauri. Ya habían ido vestidos
así alguna vez por lo que aquellas ropas no les importunaban demasiado.
Lo único que les diferenciaba en ese momento de Teal'c era, su
símbolo en la frente, su arma lanzadera y por supuesto el goa'uld
que llevaba en su interior.
Tras
salir del pueblo habían caminado durante un buen rato por un sendero
de arena ya caída la noche. Se desviaron en una zona en la que
el joven distinguió en una explanada unas grandes piedras colocadas
en pie. Desde ese lugar a la zona boscosa en la que se encontraban, no
distaban demasiados kilómetros. Ahora todo eran árboles,
troncos caídos, ramas gigantescas y espesas zonas verdes que a
veces no dejaban mirar más allá de unos metros. Daniel revisaba
el contenido de la grabación de su cámara de video portátil.
Aunque no había dicho nada, las rocas que hacía un momento
habían dejado atrás no habían sido colocadas ahí
por la Naturaleza. Le recordaban poderosamente a los menhires de la Tierra.
Pero aquella información no era para él importante en ese
momento. No dejaba de pensar en el pequeño Harsesis. Estaba totalmente
convencido que el niño le había llevado hasta allí
y en esos momentos hubiera dado cualquier cosa por poder saber algo más
a través de su ayuda, alguna imagen que le indicara si estaban
dirigiéndose al lugar correcto, a pesar del dolor que eso le supondría.
La mayor Carter colocó su mano sobre el hombro de Daniel, éste
se giró para mirarla. La joven le señaló con la mirada
un enorme tronco unos pocos metros más adelante. Daniel lo miró
y después afirmó con la cabeza. Jack había pedido
silencio total en aquella travesía nocturna y si Sam no le hubiera
avisado quizás hubiera tropezado. El arqueólogo cerró
la cámara y la guardó en uno de los bolsillos de su chaleco
tras meter la mano debajo del sudario. Esperaba de esa forma estar más
atento a su alrededor para no permitir que la situación, que en
aquellos momentos era favorable, se volviera en su contra. Teal'c cerraba
el paso del pequeño comité. Tras Carter no perdía
detalle de todo lo que había a su alrededor. Aquel lugar le recordaba
a su planeta Chulak en algunos aspectos. Una vez más estaba a punto
de enfrentarse a un nuevo goa'uld y ardía en deseos de ayudar a
Tauri a deshacerse de él. De esa forma su pueblo sería un
poco más libre.
Yolao
se detuvo de repente al escuchar lo que parecía el sonido del agua
al correr. El equipo al completo se detuvo en su camino. Yolao se echó
la mano a la espalda para palpar la enorme espada. Hacía ya mucho
tiempo que no había necesitado tener que utilizar aquella arma
y esperaba no tener que volver a hacerlo. Cuando era joven había
corrido muchas aventuras con aquella compañera de viaje. Cuando
decidió casarse, colgó aquel utesinlio de lucha, por las
de un campesino para mantener a su esposa. Era la primera vez desde que
se había unido a su mujer que sentía el acero a su espalda
en aquella funda. Esa extraña sensación le traía
muchos recuerdos. Unos quizás mejores que otros.
- Estamos cerca.- susurró casi con un sonido imperceptible. O'Neill
miró hacia atrás.
- Atentos.- Sabía que el peligro estaba cerca y que debían
estar alerta. El joven Yolao avanzó unos metros más allá.
Se agazapó junto a unas matas altas y espesas. Apartó una
parte de ellas para poder ver al otro lado. En la oscuridad de la noche
se veía el curso de un río al bajar un pequeño terraplén.
No parecía demasiado profundo pero lo suficiente como para tener
que nadar si trataban de cruzarlo por esa zona. Su sonido era tranquilo
y se mezclaba con el resto de susurros nocturnos en aquella espesura.
O'Neill introdujo su mano bajo su sudario y sacó de uno de los
bolsillos de su chaleco unos pequeños prismáticos. Miró
a través de ellos. Gracias a su visión nocturna podía
ver con claridad qué era lo que les esperaba. Divisó a pocos
metros de allí, justo al otro lado del río, un poblado.
Se podía diferenciar el humo de alguna fogata en algún lugar,
que encendida, desprendía un fulgor brillante y una columna de
grisáceo humo. Sintió entonces que alguien le tocaba la
espalda por detrás.
- ¿O'Neill?.- La voz de Teal'c le hizo ponerse en tensión
durante unos segundos. Le miró. Él contemplaba el lugar
sin necesidad de prismáticos. Le señaló con la vista
una zona en concreto apartada del poblado junto a la orilla del río.
O'Neill respiró con fuerza al ver lo que el Jaffa le mostraba con
sus propios ojos. A lo lejos, justo al otro lado del poblado pero al parecer
comunicado con él, una nave hat'ak ocupaba gran parte del terreno.
Su forma piramidal era inconfundible. No estaba muy iluminada y sólo
se podía ver desde allí algo de luz en su interior por las
pequeñas rendijas de la misma. El resto del equipo ya miraba también
aquella zona. Sin duda aquel era el lugar en el que se ocultaba la diosa
goa'uld y probablemente también el pequeño Harsesis.
- Es el templo de Artemisa.- musitó Yolao.
- Hogar, dulce hogar.- comentó con ironía O'Neill mientras
miraba la zona aún con los prismáticos.
- Esa nave parece estar apoyada en algún tipo de estructura.- comentó
Daniel tratando de determinar su dimensión exacta.
- Habrá montones de Jaffas...-dijo Carter con preocupación.
- ¿Cómo?.- preguntó Daniel de repente. O'Neill le
miró esperando una explicación. El arqueólogo se
percató de que el coronel no comprendía su pregunta.- Bueno,
se supone que es un poblado de mujeres. Shekmet
está a la cabeza de ellas. Las Amazonas no aceptan a los hombres
en su tribu.
- Pero poseen a Jaffas hábiles en el arte de la guerra.-dijo Yolao.
- ¿Mujeres?.- preguntó O'Neill.- ¿Sólo la
defienden mujeres?.- la mayor miró al coronel con extrañeza
ante la pregunta.- No me malinterprete Carter, ya sabe que me encantan
las mujeres pero... caray, se me hace raro. Sabemos, por goa'uld anteriores,
que sólo los hombres ocupan ese puesto entre la jerarquía
de esas serpientes.
- Artemisa... o Shekmet
como vosotros la llamáis, nunca tuvo a hombres en sus filas. Cuando
se apoderó de nuestro pueblo comenzó a llevarse a mujeres
para formar su corte. Aquellas que dieron a luz hijas fueron ascendidas
a guerreras Jaffa de su corte personal, las que le dieron hijos quedaron
como guerreras del poblado, aquellas que no han tenido hijos o son aún
demasiado jóvenes como para tenerlos, forman parte de su corte
de sacerdotisas. Sus guardias no suelen tener demasiados problemas...
como os comenté somos granjeros, no guerreros. No nos temen.
- Normalmente no suelen temer a nadie.-dijo Daniel.
- Por el momento eso sigue siendo una ventaja a nuestro favor, el factor
sorpresa. No esperan que vengan a atacarlos.-dijo Carter.
- Es muy posible que Harsesis se encuentre allí dentro.-comentó
Teal'c.
- Seguimos entonces con el plan original.-sentenció O'Neill dejando
de mirar por los prismáticos.- Yolao ¿Sabes de alguna forma
para acceder a la nave que no sea por la puerta principal?
- Ahm... bueno. No todas sus siervas tienen permiso para acceder al templo:
sólo las sacerdotisas y las guerreras que ella misma ha elegido
para protegerla, pero... a veces Shekmet
se desplaza al poblado para estar presente en celebraciones o eventos
importantes de la tribu. Al parecer usa unos aros mágicos.
- Anillos...-dijo Daniel pensativo.- Supongo que estarán en el
interior de la estructura sobre la que se apoya la nave.
- Bien, entraremos dentro. Yolao, tu te quedarás aquí en
la retaguardia.- el joven frunció el entrecejo dispuesto a protestar.-
No, esta vez no Yolao. No es negociable.- Le extendió entonces
sus prismáticos que el joven miró con extrañeza.-
Con esto podrás vernos a lo lejos.- Yolao tomó aquel aparato
tan extraño para él. Se colocó los prismáticos
en los ojos para mirar a través de ellos como hacía sólo
un segundo había visto hacerlo a O'Neill. Se sorprendió
al ver que no necesitaba de sus propios ojos para poder ver tan lejos
y que aquel utensilio extranjero era capaz de ver más allá
de lo que su vista nunca alcanzaría.- Bien, subiremos unos metros
río arriba para tratar de acceder al poblado por uno de sus lados.
Sin
necesidad de tener que decir una palabra más, el SG-1 se puso en
marcha dejando a Yolao en aquella posición. El joven utilizó
los prismáticos para tratar de ver si había algún
tipo de movimiento extraño dentro del poblado, pero todo parecía
bastante tranquilo. Durante años, habían permitido que aquello
ocurriera. Jamás habían sido una amenaza para aquella diosa,
todo lo contrario, siempre sumisos granjeros que aceptaban cualquier imposición
sin resistirse a ello. Sin embargo todos tenían un miedo en común
que les hacía ser tan sumisos, el hecho de que aquellas mujeres
guerreras, sus mujeres, pudieran salir heridas, o a lo peor muertas, por
oponerse a sus órdenes.
El
SG-1 avanzó río arriba varios metros. O'Neill fue todo el
tiempo a la cabeza del pequeño grupo. Cuando lo creyó seguro
comenzó a bajar en dirección al sonido del río. Tuvieron
que cruzar bastante maleza en esa zona para alcanzar el que era en ese
momento su objetivo. El coronel se agachó una vez llegaron a la
orilla. El resto le imitó esperando sus órdenes. Observó
la zona en la oscuridad. La luz del poblado les hacía un poco más
fácil esa operación. Parecía que el río se
bifurcaba al llegar a esa zona en dos y por ello la profundidad del mismo
parecía menor. Una vez cruzado, deberían de subir una zona
de matorrales altos y grandes helechos antes de alcanzar el poblado.
- Detrás de mi.- dijo casi en un susurro. Jack encorvado y agarrando
con fuerza su arma se acercó a la orilla y tratando de hacer el
menor ruido posible comenzó a andar para cruzarlo. El resto le
siguió sin rechistar.
- Daniel...- Jackson se giró hacia atrás para poder mirar
a Sam que iba tras él. El sonido de sus palabras era apenas imperceptible.-
Procura arrastra los pies en el agua con movimientos suaves. Harás
menos ruido.- Jackson afirmó con la cabeza y siguiendo a O'Neill
trató de imitarlo. Sacó el arma de pequeño calibre
que llevaba en la cartuchera bajo el sudario Jaffa antes de entrar en
el agua y la levantó para evitar que se mojara. Sam levantó
su P90 por encima de su cabeza cuando el agua del río la alcanzó
un poco más arriba de la cintura. Esperaba que el caudal no subiera
más o tendrían que nadar. En unos minutos O'Neill había
alcanzado la otra orilla y corrió hacia una zona de helechos altos.
Segundos después Daniel estaba con él y Carter y Teal'c
se incorporaban los últimos. El pequeño grupo trató
de escurrir primero el agua de aquellas ropas que se habían vuelto
un poco más pesadas. Poco después tras realizar O'Neill
un gesto militar con el brazo en señal de avanzar, se pusieron
en camino.
CAPITULO
10
Los
anillos de transporte se pusieron en funcionamiento en cuanto Hipólita
se colocó en la posición correcta. El zumbido que éstos
producían junto al ruido característico, no despertaron
al pequeño Harsesis que dormía plácidamente en sus
brazos. Cuando los anillos se retiraron, había dejado abajo la
estructura amarmolada del suelo del templo para encontrarse con las paredes
llenas de color oro. Avanzó por el pasillo hasta el final de éste
para luego girar a su derecha. En unos minutos había alcanzado
una enorme puerta con dibujos en ella. Colocó su mano sobre uno
de los dibujos de la pared con forma de cabeza de león y lo hizo
girar; la gran puerta, tras hacer un chasquido se desplazó abriéndose.
Shekmet
estaba allí y se giró al escuchar el sonido característico
de entrada a la estancia. Se levantó de un enorme trono con brazos
en forma de cabeza de leona en color dorado.
- Acércate Hipólita.- La joven no había levantado
aún la cabeza ni siquiera para mirarla. Asintió para después
avanzar despacio hacia la diosa.- ¿Cómo se ha portado hoy
nuestro protegido?.- Los ojos de la goa'uld se iluminaron a la vez que
miraba al pequeño Harsesis en los brazos de la amazona.
- Mi señora, aún es demasiado pequeño para enseñarle
las artes de la guerra.
- Lo sé. Ese será tu trabajo cuando crezca. Y lo hará
deprisa, te lo aseguro. Por el momento nos encargaremos que recuerde y
se comporte como lo que es: el hijo de Apophis y su futuro brazo destructor.
¿Has notado algo en él diferente?.- la joven se quedó
pensativa. No comprendía por qué debía ella encargarse
de aquel mocoso si no le habían permitido cuidar al suyo propio.
- Tiene algún extraño poder mi señora.-le dijo.
- Explícate.
- Levantó mi collar sin necesidad de tocarlo.- Shekmet
abrió los ojos con sorpresa.
- Vaya. Entonces su poder es más grande de lo que pensaba.- la
diosa se giró para caminar hacia su trono de nuevo.- Por desgracia
desconozco por completo hasta qué punto este niño puede
llegar a ser una gran arma. Pero si es cierto lo que me dices... empiezo
a darme cuanta de una parte de su poder. Es un Harsesis, y el hecho de
estar aquí, respirando, le hace único. Los goa'uld jamás
han permitido la unión entre dos anfitriones. Y si alguna vez ocurrió,
el nacimiento de un ser así nunca se llevó a cabo. Los Harsesis
serían pues una amenaza para nuestra especie, pues llevan el recuerdo
de sus dos ancestros. Apophis sin duda, se ha saltado esa regla muy a
la ligera. Aunque estoy convencida de que lo ha hecho con un motivo de
peso.
- Quiere que sea su heredero.-comentó Hipólita.
- Más que eso. Quiere que domine la Galaxia junto a él.
Y el día que eso ocurra, tu diosa estará a su lado... para
protegeros.
- ¿Protegernos?.- preguntó ella sin saber a qué se
refería.
- Ese niño será un arma muy poderosa. Yo Shekmet,
estaré a su lado para impedir que use ese poder contra tu pueblo.
Ahora deja al niño en su camastro.- dijo colocándose delante
de su trono. Hipólita no dudó un segundo en hacer lo que
la diosa la pedía. Se acercó a un pedestal en el que reposaba
un pequeño camastro en forma de cuna cubierto con telas de lino
muy finas. Colocó al bebé en su interior lleno de blandas
almohadas de pequeño tamaño. El niño abrió
los ojos y miró a Hipólita que le arropó con las
finas telas. Cuando la joven se giró vio como Shekmet
se quitaba el cinturón de oro macizo.
- ¿Desea algo más mi señora?.- preguntó. Shekmet
acarició el cinturón.
- Dentro de poco ni siquiera este cinturón podrá defendernos
de ese niño.- dijo con una sonrisa. Luego miró a la joven.-
Ponlo en su plataforma.- la ordenó con seriedad. La joven se acercó
a recogerlo de sus manos. Aquel era el símbolo de las Amazonas
y sin duda era un honor el poder cogerlo. Hipólita se acercó
a una de las paredes de la estancia muy cerca del camastro del pequeño
Harsesis, allí había una pequeña repisa sujeta por
dos pequeñas columnas. Se giró entonces y miró a
su diosa. Ésta levantó su brazo derecho que portaba el brazalete
goa'uld y tras apuntar hacia allí el centro de éste se iluminó.
Al mismo tiempo el espacio entre el soporte y las dos columnas comenzó
a desplazarse hacia delante hasta dejar visible un hueco iluminado en
color naranja. Hipólita colocó con cuidado el cinturón
en su interior. Al hacerlo, aquel espacio volvió a su posición
original quedando dentro de él la preciada reliquia.- Mañana
me ocuparé yo personalmente de él Hipólita.- Sin
decir nada más la diosa goa'uld caminó hacia la puerta y
salió de la estancia dejándola allí sola.
...............................................
Jackson
trató de agacharse junto a Carter haciendo el menor ruido posible.
Mientras caminaban acercándose con precaución al poblado,
O'Neill se había detenido de golpe y había hecho un gesto
con su brazo que él conocía muy bien a pesar de no tener
entrenamiento militar. Los tres se habían agachado y quedado inmóviles
ante la orden y ahora esperaban a que Jack decidiera qué hacer.
No habían tenido prácticamente ningún impedimento,
a parte del río, para acercarse al poblado de las Amazonas. Unos
metros más adelante estaba el primer obstáculo. Una joven
vestida con trozos de cuero de animal y con la mirada fija a su alrededor
hacia guardia unos metros más allá. Estaba junto a una pequeña
hoguera custodiando uno de los accesos al poblado, justo el más
cercano al enorme templo que ahora Daniel podía ver un poco mejor
y más cerca. O'Neill hizo un gesto contradictorio. Necesitaban
pasar y aquella amazona no iba a permitirlo. Pensó durante sólo
unos segundos y entonces miró hacia atrás. Sin mediar una
sola palabra, señaló a Carter con su dedo índice,
luego señaló a la amazona de la misma forma e hizo un círculo
en el aire con el dedo levántandolo hacia arriba. Carter afirmó
con la cabeza. El coronel señaló entonces a Teal'c y luego
a Daniel, para después con su mano hacer un gesto que indicara
que se quedaran quietos. Daniel resopló mientras veía a
Carter desaparecer entre la maleza de la zona con intención de
colocarse justo detrás de la muchacha y vio a O'Neill avanzar unos
metros para acercarse a ella. Conocía veintitrés idiomas
distintos pero Jack y su lenguaje de los signos era aún, muchas
veces, un misterio para él. Entre otros motivos porque casi siempre
le daba la misma orden. Vio entonces como O'Neill se quedaba inmóvil
a la espera de que Carter se colocara en posición. Tras unos segundos
que se hicieron sin duda eternos, Jack se levantó esperando atraer
la atención de la joven amazona. Ésta al verlo aparecer
extendió su arco apuntándolo con una flecha.
- Perdona...- comenzó a decir Jack permaneciendo inmóvil
en su posición y sin perder de vista el arco que ahora le apuntaba.-
Verás, te he estado observando y la verdad, no he podido resistirme
a hacerte la pregunta.- la joven tensó la cuerda sin comprender
muy bien las intenciones de aquel hombre vestido como un Jaffa antes de
una ceremonia.- ¿Qué hace una chica como tú en un
sitio como este? ¿Uhm?.- Carter salió en ese momento silenciosa
de entre la maleza golpeando con su arma a la joven en la cabeza completamente
despistada por las palabras de O'Neill. Antes de caer al suelo inconsciente,
la flecha que apuntaba hacia Jack salió disparada del arco hacia
arriba en la caída de la joven. O'Neill se tiró al suelo
esperando que la flecha no le alcanzara, pero ésta quedó
suspendida en el aire momentáneamente para luego volver a caer.
Jack, tras levantarse del suelo, recogió la flecha y luego se acercó
a Carter, en cuclillas junto a la amazona que permanecía inmóvil
esperando sus órdenes. El coronel se acuclilló junto a la
mayor.- Me temo que estas muchachas no deben saber que "esto"
lo carga el diablo.- Carter le miró sin decir nada, O'Neill lanzó
entonces la flecha hacia la maleza.
- Señor, es probable que nos encontremos con más guardias
en nuestro camino.
- Sí, es probable. Y no creo que les agraden vernos. Parece ser
que los hombres no les caemos bien. Lo cuál me da una idea.
- ¿Señor?.- preguntó ella esperando su plan nuevo
para acercarse sin llamar la atención.
- Carter... oculte el cuerpo de esta... doncella, y amordácela.
No queremos que grite.- la mayor afirmó con la cabeza.- Pero antes,
usted tomará su papel.
- ¿Señor? .- volvió a preguntar esta vez extrañada.
- Vístala a ella con su ropa y usted póngase las suyas.-
la mayor le miró tras echarle un vistazo a las ropas de cuero de
la joven.- No me mire así... no le estoy pidiendo nada imposible,
mayor. Me pondría yo mismo sus... escasas ropas, pero no me sienta
bien el cuero.
- Sí señor...- dijo ella soltando su arma en el suelo e
incorporándose para tirar del cuerpo de la joven por los brazos
y llevarla hacia la maleza. O'Neill se giró para hacerles un gesto
de avanzar a Teal'c y a Daniel que obedecieron al momento.
- O'Neill, estamos cerca del templo. Pero habrá que cruzar una
parte del poblado.
- Lo sé Teal'c, ya he pensado en ello.
- ¿Y Sam?
- Ha ido al baño.- contestó Jack, Daniel le miró
esperando que le resolviera la broma.- Las mujeres siempre van juntas
a esas cosas. Algo que por cierto nunca he comprendido...- ésta
vez fue él quién miró a Jackson que le observaba
como si creyera que le estaba tomando el pelo.- Se está encargando
de la "Jane" que nos impidió el paso.- Carter salió
al cabo de un rato de entre la maleza vestida con las ropas de la joven.
Al verla y no reconocerla Teal'c la apuntó con su arma.
- Tranquilo Teal'c, es de las nuestras.- dijo colocando su mano sobre
el arma lanzadera del Jaffa. Carter se acercó a ellos y se acuclilló
en silencio. Llevaba en las manos el arco y a la espalda las flechas.
Le entregó a Daniel el dispositivo con el código de apertura
del Iris, y su cuchillo, todo lo demás lo había dejado.
Carter prefirió no hacer comentarios con respecto al corpiño
de cuero que le apretaba debido a que la joven no tenía exactamente
las mismas medidas que ella. Se había atado también una
cinta de cuero a la cabeza igual que llevaba la amazona y se había
ornamentado con los collares de ésta. No estaba nada convencida
en tener que defenderse con armas tan precarias como las que ahora portaba,
pero debía confiar en que sus compañeros dispararan por
ella.- Bien mayor... usted nos abrirá el paso, llamará menos
la atención que nosotros. Sin duda llevamos mucha más ropa.
- Coronel... espero no tener que escuchar ningún comentario más
al respecto. Podría perder la compostura señor, y... usted
sabe cuánto le respeto.- dijo ella incorporándose y echando
a andar. Las botas de cuero no hacían ni un solo ruido al pisar
con ellas, y eso que eran demasiado pequeñas para su pie y le apretaban,
por lo que no andaba con la misma agilidad.
- Eso de que no llama la atención es discutible.- dijo Daniel pensativo
una vez Sam hubo comenzado a andar.
- Chicos...- dijo O'Neill viendo alejarse a Carter.- Si no fuera por que
sé que detrás de todo estoy hay una culebra dispuesta a
todo por hacernos... culebras también... lo pensaría dos
veces antes de ir en contra estas... féminas.
Carter
avanzó unos metros tratando de parecer natural. La zona parecía
despejada, estaba claro que no esperaban que nadie les tomara por sorpresa.
Tras asegurarse de que nadie les veía les hizo un gesto a sus compañeros.
- Daniel, coge el arma de Carter.- le dijo entregándole la que
ella había dejado en el suelo. Jackson tomó el P90 colocando
la correa de ésta alrededor de su cuerpo. Sabía lo que debía
de hacer en caso de necesitar disparar, sólo deseaba no tener que
hacerlo. Mientras, Sam avanzó hasta la misma entrada del templo
esperando tener que quitarse a alguien más de en medio, el resto
del grupo se ocultaba tras un montón de madera apilada en la zona
esperando una nueva señal por su parte. La mayor se colocó
delante de la entrada al templo, no parecía que nadie vigilara
la zona, sin duda aquellas mujeres se sentían muy seguras en aquel
lugar. Tras asegurarse de que dentro del templo tampoco les esperaba nadie,
les hizo una nueva señal al resto del grupo que salió de
su escondite entrando por turnos dentro. Sam les esperaba en su interior.
- Vaya...- exclamó con la boca abierta Daniel al contemplar a la
luz de las antorchas el interior de la estancia. Por un segundo el arqueólogo
olvidó por completo dónde estaba y a qué había
venido para admirar con ojos de estudioso del pasado lo que tenía
ante sí. El lugar era frío, y de un color blanco inmaculado
en el suelo amarmolado, que destacaba entre los colores vivos de las paredes.
Las columnas que sujetaban la estancia eran idénticas a las que
aún quedaban en pie en algunas zonas de Grecia, la diferencia era
que éstas poseían colores llamativos para destacarlas.
- Alguien debería de matar al decorador...-dijo O'Neill mirando
a su alrededor a la vez que arrugaba la nariz por lo que estaba viendo.
- No... no, no estoy de... de, acuerdo.- dijo Daniel atropellándose
al hablar.- Esto es fantástico. Y sin duda confirma la teoría
de que los edificios griegos no eran estructuras lisas y blancas, sino
repletas de vivos colores...
- No creo que "vivos" sea el término que yo emplearía.
Más bien... estridente.- Al fondo de la estancia había un
altar con la figura de una diosa.
- ¿Quién es Daniel...?- preguntó Carter. El arqueólogo
se acercó para contemplarla.
- Artemisa. La patrona de las Amazonas. Es la diosa de la guerra y de...
- Es una asquerosa goa'uld Daniel, y te recuerdo que no estamos aquí
para aprender sobre arte. Hemos de acceder a la nave y no tenemos mucho
tiempo.- dijo O'Neill en tono serio.- En estos momentos se me ha ocurrido
una pregunta que antes nunca me había planteado.- sus tres compañeros
le miraron.- ¿cómo demonios saben los goa'uld donde ponerse
para activar los anillos?
- Aquí O'Neill.- dijo Teal'c desde un extremo de la sala. El coronel
se acercó a él que miraba hacia el techo de la estancia.
Una especie de agujero remarcado con varias líneas y tapado, hacía
ver que algo se ocultaba en esa zona.
- Vale, es este caso lo entiendo. Pero... ¿y cuándo no hay
techo?.- Teal'c le miró arqueando una de sus cejas mientras Sam
y Daniel se acercaban a ellos colocándose para ser transportados.-
Recordadme tener que...- en ese momento el ruido de los anillos ocultó
el sonido de sus palabras. En unos segundos aparecieron en la estancia
de arriba.- ... cuando les veamos.- Jackson le miró tratando de
entender qué es lo que el coronel había dicho.
- ¿Qué?.- preguntó Daniel a la vez que el resto preparaba
sus armas por si alguien les salía al paso.
- Olvídalo.- dijo O'Neill en un susurro. Miro a su alrededor, aquella
decoración le era mucho más familiar. Sin duda la habían
visto muchas veces. Avanzaron en silencio, al escuchar ruido los cuatro
se protegieron tras unos paneles como tantas otras veces habían
podido hacer en una nave goa'uld. La ventaja en esos momentos es que conocían
aquel terreno. Avanzaron por el pasillo hasta su final, una gran puerta
que seguramente les abriría paso a la sala de control de la nave.
Teal'c colocó su mano sobre el signo correcto para abrirla. Una
vez abierta ninguno se asomó esperando que alguien les saliera
al paso, cosa que no ocurrió. Jack fue quién con un giro
rápido entró a la sala apuntando con su arma, el resto le
siguió por turnos. La estancia estaba vacía.
....................................................
- Ciérrala.-
le ordenó O'Neill a Teal'c que tras mover de nuevo un signo en
la pared hizo que la puerta se cerrara tras ellos. Fue Daniel quién
divisó el pequeño camastro sobre el pedestal. Se acercó
a él procurando no hacer ruido mientras el resto de sus compañeros
se aseguraban de estar completamente solos y no ser observados. Al retirar
las telas de lino, el pequeño Harsesis, le sonrió abiertamente.
- Dios...- musitó Jackson al verle. Carter se acercó a él
al ver que Daniel sonreía.
- Señor tenemos a Harsesis.- O'Neill se quedó pensativo
ante las palabras de la mayor, tenía un mal presentimiento. Un
arma tan valiosa y tan fácil de conseguir. La suerte estaba de
su lado, el problemas es que él nunca había confiado en
la suerte.
- ¿Está bien, Daniel?.- le preguntó mientras veía
cómo el arqueólogo lo cogía en sus brazos.
- Aparentemente sí.- dijo en un susurro.
- Bien, pongamos en marcha la siguiente parte del plan. Daniel, entrégale
el niño a Teal'c. Deben creer que un guardia de Apophis les ha
robado al niño para que el plan funcione. Teal'c ¿ves algo
en esta sala que les sirva para enviar mensajes fuera?.- el Jaffa miró
a su alrededor mientras Daniel le entregaba al pequeño. Su mirada
se detuvo al ver el pel'tak justo enfrente del trono.
- Los goa'uld no sólo utilizan los controles de la nave para hacerla
funcionar. Desde el pel'tak se domina todo, incluida las comunicaciones.
- ¿Existe un modo de enviar sólo un mensaje de voz?.- pregunto
Daniel.
- Existe.- contestó Teal'c.
- Bien Carter, usted como amazona infiltrada será quién
envíe el mensaje a Apophis.
- Jack, ¿qué pasa con el cinturón?
- A eso iba ahora, tú y yo lo buscaremos. Estipularemos un tiempo.
Carter, usted permanezca junto a Teal'c y al niño, mientras nosotros
tratamos de localizar ese instrumento.
- ¿Has pensado que quizás lo lleve Shekmet
puesto?.- preguntó de nuevo Daniel.
- Si es así, el tiempo estipulado nos tendrá que servir
para arrebatárselo. Una vez enviado el mensaje Teal'c, asegúrate
que ese chisme no vuelva a funcionar, que no puedan enviar ninguna otra
señal desde aquí que nos pueda descubrir.- en ese momento
el niño comenzó a balbucear mientras movía las manos.-
¿Qué pasa Teal'c?
- Lo ignoro.- dijo el Jaffa mientras miraba al niño. Daniel se
quedó pensativo.
- Quizás esto os suena a locura, pero tal vez él pueda ayudarnos.-
O'Neill miró a Daniel confuso por un momento.- Él nos ha
traído hasta aquí.-trató de explicarse.- Quizás
él pueda decirnos dónde está el cinturón.
- Cuando volvamos a casa recomendaré al general que la doctora
Fraiser te haga un escáner Daniel porque...
- Jack. Piénsalo. No estoy loco. Harsesis nos mostró el
camino.- dijo acercándose al niño en brazos de Teal'c.-
¿Lo has visto? ¿Has visto el cinturón de oro?.- le
preguntó al niño que sonrió.
- ¿No crees que sería más fácil buscar una
caja fuerte Daniel?.- preguntó O'Neill.- Es sólo un niño,
por Dios.- El bebé movió los brazos hacia Daniel como si
esperara que éste le tomara en brazos. Jackson sintió una
sacudida que le hizo caer al suelo a la vez que en dos flahses distintos
veía a una goa'uld girarse con su brazalete encendido ante una
repisa con dos columnas y a una joven de espaldas colocando un gran cinturón
color oro que lleva en las manos en su interior. Esta vez el dolor no
fue tan agudo, pero no impidió que Jackson quedara tumbado en el
suelo.
- Daniel.- dijo Carter acercándose a él.
- ¡Mierda!.- exclamó O'Neill. Daniel miró entonces
a Sam desde el suelo, y luego a Jack que se acercaba en ese momento a
él.- Sabía que me equivocaba al dejar que vinieras con nosotros,
debí obligarte a regresar a casa.
- Estoy... bien.- dijo Daniel sentándose y mirando a su alrededor.
- ¡Y una mierda Daniel! Ya no me lo creo...
- Jack está ahí.- dijo señalando las dos columnas
que sujetaban la estructura en forma de estantería.- Harsesis lo
ha visto. Está ahí.
- ¿El cinturón?.- preguntó Carter.- Esa repisa está
vacía Daniel.
- Está en su interior. Ese muro goa'uld esconde el cinturón.
Harsesis me lo ha mostrado.
- ¿De veras?.- dijo O'Neill comenzando a dudar en el juicio de
su amigo.
- Si es cierto no podremos abrirlo.- dijo Teal'c en ese momento.
- ¡Por todos los diablos! ¿De qué estáis hablando?
- Si Daniel Jackson está en lo cierto, esa estructura podría
ser un falso muro. Pero sólo se puede abrir por medio de un ribbon
device. Y nosotros no tenemos uno.
- No...- dijo Jack casi en su suspiro.- Gracias a Dios no llevamos una
serpiente en la cabeza.
- Pero Sam sí puede abrirlo.- comentó Jackson.
- ¿Yo?.- preguntó ella sorprendida en ese momento por la
propuesta.
- Sam, tú lo has hecho otras veces. Has usado ese brazalete gracias
a que una vez Jolinar estuvo en ti. Tú tienes ese poder que nosotros
no tenemos. Así acabaste con Seth, ¿recuerdas?
- Pero no tenemos uno, Daniel.- dijo Sam con seriedad. En ese momento
se escuchó un chasquido y la pared justo debajo de la repisa y
en medio de las dos columnas, comenzó a avanzar. Daniel miró
a Harsesis en ese momento con perplejidad mientras veía como el
niño sonreía y movía los brazos.
- Mirad...- dijo casi en un susurro. Vieron cómo al abrir el extraño
compartimento, comenzó a salir de su interior como si flotara,
el pesado cinturón ante la mirada perpleja de todos. El objeto
levitó hasta llegar cerca del niño y de Teal'c. El Jaffa
sin soltar al bebé utilizó su otro brazo para sujetar el
pesado objeto de oro macizo. El niño rió ante la cara de
Teal'c y su expresión al mirarle.
- ¿Me crees ahora? ¿O tendrá que apartar las aguas
del Mar Rojo para que te convenza?.- preguntó Daniel con sarcasmo.
En
ese momento se escuchó un chasquido y las puertas de la sala se
abrieron. O'Neill apuntó con su arma hacia allí. Aquel era
sin duda el peor momento para ser sorprendidos. Al otro lado, una amazona
portando una lanzadera de mano les apuntaba con ella.
- ¡Quietos!.- dijo con severidad.- Un solo movimiento y moriréis
todos.- Vio a Teal'c sujetar a Harsesis.- Y el niño será
el primero.- O'Neill la miró mientras trataba de pensar lo más
rápido posible. Sólo era una mujer, pero supo por el tono
de sus palabras, que no dudaría un segundo en cumplir con su amenaza.
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