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CAPITULO
7
Se
frotó los ojos que por un momento perdieron la visión en
aquella penumbra de la sala. Llevaba horas delante de aquellos signos
y necesitaba concentrarse para poder traducir a la mayor velocidad, antes
del amanecer. Teal'c había sustituido a Jack hacía unas
horas, y Daniel le había pedido que durmiera mientras él
continuaba con la traducción. En esos momentos no podía
permitirse que nadie le distrajera. Incluso Carter había optado
por dejarlo trabajar en soledad. Todo lo que hasta ahora había
interpretado no le servía demasiado en sus propósitos. Aquella
goa'uld había visitado muchos lugares de la Galaxia, y sus viajes
habían quedado reflejados en aquel muro, sitios en los que había
hecho prisioneros de todo tipo para sus larvas. Además del nombre
del planeta, había podido conocer las características de
algunos de ellos, como los satélites que tenía a su alrededor,
o la distancia entre unos y otros y alguna estrella en concreto, aparte
de información sobre los habitantes a los que la diosa había
hecho sus anfitriones y el tipo de cultura, aunque este dato no siempre
era muy concreto. Le quedaba muy poco para alcanzar la zona de la pared
en la que los signos comenzaban a difuminarse debido al paso del tiempo
y posiblemente al deterioro del propio muro. Esa parte le sería
realmente difícil de poder transcribir. Había conseguido
llegar a la mitad de su cuaderno de campo apuntando anotaciones hasta
ahora y ya había registrado en su cámara de video centímetro
a centímetro todo aquel muro.
- Veo que sigues en ello.- La voz del coronel O'Neill sonó casi
en un susurro, el arqueólogo se giró para mirarle. Sonrió
para luego quitarse las gafas y poder frotarse los ojos.
- He conseguido recopilar bastante información pero
por el
momento no tengo ninguna pista sobre Harsesis.- Esta vez quién
sonrió fue el propio coronel.
- Tranquilo. Sé que si está ahí, tú lo encontrarás.
¿Por qué no duermes un rato? Puedo llamarte en un par de
horas para que continúes.
- No, no
-dijo mirando de nuevo hacia el muro.- Quiero acabar cuanto
antes. Además, no creo que pudiera dormir.
- Inténtalo. No quiero que vuelvas a hacer uno de tus "espectáculos"
de contorsionismo, ¿vale?.- Daniel sonrió la broma mientras
volvía a mirarle.
- Estoy bien Jack. Estoy perfectamente.
- Bien, me alegro. Pero insisto. Necesito que estés despejado en
todo momento. Un par de horas, yo te aviso.- pensó unos segundos.
O'Neill tenía razón, necesitaba aunque sólo fuera
un par de horas de algo que no fuera ver aquellos símbolos.
- Está bien, un par de horas.
- Bien.- Daniel se alejó de él acercándose al pequeño
campamento provisional que habían montado allí. Se quitó
el chaleco para poder usarlo de pequeña almohada, y se recostó
junto al pilar de la enorme diosa gato que vigilaba todo lo que allí
ocurría desde su posición. Necesitó sólo unos
segundos para relajarse, y un par de minutos para caer profundamente dormido.
O'Neill
consultó un momento el reloj. Aún quedaban unos minutos
para comenzar el turno de guardia de Carter. La mayor se había
recostado también bajo la pequeña escalinata que soportaba
el pedestal donde descansaba la figura de la enorme diosa Bastis, para
tratar de dormir un poco. El coronel se acercó a Daniel que parecía
haberse quedado dormido profundamente, ella al otro lado del pedestal
parecía sumida también en un sueño parecido. Al verla
decidió entonces salir fuera del templo para avisar a Teal'c, por
lo menos podría dormir unos segundos más antes de que el
Jaffa cambiara su turno por ella. Se dirigió pues hacia la puerta
de salida. Avisaría primero a su amigo y después Carter
comenzaría su turno. Sólo quizás, pensaría
él también en dormir un poco.
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Era
tan hermoso ver aquel paisaje. El desierto cubría aquel vasto planeta,
y majestuosa, en aquella planicie, se alzaba la Gran Pirámide.
Poseía edificios colindantes que él mismo había estudiado
uno a uno durante un año. Miraba aquella fascinante puesta de los
soles desde una de las torres de la ciudad que le había acogido
durante tanto tiempo. En ese momento era feliz. Al otro lado de la muralla
en la que ahora disfrutaba de este paisaje, el árido desierto,
y en el lado seguro en el que se encontraba, las chozas del poblado en
el que ahora vivía.
- ¡Daniel! .- Se giró con sorpresa al reconocer aquella voz.
Al mirar hacia las chozas su vista quedó fija en la sonrisa de
su esposa Sha're. Sin duda debía estar soñando, y en ese
momento lo supo. Su amada estaba muy lejos de él en ese instante
y sólo gracias a los momentos en los que soñaba con ella
la sentía de nuevo cerca. Los soles empezaban a ocultarse, los
miró unos segundos más antes de volver su vista hacia su
esposa, que ahora llevaba en los brazos a un bebé mientras le sonreía.
Le hizo un gesto con la mano para que bajara de allí y la siguiera.
No lo pensó mucho más, se acercó a la pequeña
escalinata para bajar por ella. El bebé en sus brazos también
le miraba, y movía sus brazos frenéticamente. De repente
todo comenzó a oscurecerse, la barandilla de cuerda en la que se
apoyaba se transformó en una liana y sus pies dejaron de pisar
suelo de piedra para encontrarse en una zona de tablas. Al mirar a su
alrededor ya no estaba el poblado, pisaba un puente de madera sobre un
río bastante ancho. Llamó a su esposa que de repente ya
no estaba frente a él, su corazón comenzó a acelerarse.
Corrió hasta el final del puente para alcanzar tierra firme, todo
a su alrededor había dejado de ser árido para convertirse
en bosque. Se sentía desorientado y perdido. Comenzó a oír
extraños gritos que le hicieron ponerse en tensión, aquel
sonido le retumbaba en la cabeza. Se llevó las manos a los oídos,
un pequeño grupo de mujeres vestidas con faldas de cuero, corpiños
ajustados y armadas con lanzas, arcos y flechas comenzaron a caer de los
árboles justo enfrente de él. Le rodearon amenazantes, con
la cara pintada con motivos guerreros. Detuvieron sus gritos cuando una
nueva persona apareció en la zona, se acercaba despacio, portando
a Harsesis en sus manos, llevaba un casco con forma de leona, y larga
melena rubia. Una de aquellas mujeres le apuntó con su lanza por
la espalda, al girar para mirarla sintió un fuerte dolor en la
cabeza y un montón de imágenes comenzaron a pasar por delante
de sus ojos, su esposa, Harsesis, Apophis, aquellas extrañas mujeres,
de nuevo el pequeño Harsesis, aquella mujer que lo portaba en las
manos y de nuevo el niño. El dolor se intensificó tanto
que dejó escapar un grito tan fuerte como sus pulmones le permitieron,
y tras él aquella mujer de formas leoninas reía sin parar.
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Teal'c
contemplaba en silencio desde hacía varias horas las afueras del
templo. El movimiento en el lugar era nulo. Ni un alma se veía
en aquella zona a esas altas horas de la noche. Sintió entonces
ruido tras de él. No se inmutó al reconocer los pasos de
O'Neill que se aproximaban a su puesto de guardia. Se giró entonces
para mirarle.
- ¿Cómo va eso?.- El Jaffa se limitó a mirarle uno
segundos para regresar a su guardia.
- Todo está tranquilo.
- Lo suponía.- comentó al alcanzar su altura.- Éste
lugar es tan aburrido como me pareció al principio. Entra dentro
y avisa a Carter, ella te sustituirá.- el hombre afirmó
con la cabeza antes de girarse. En ese momento un grito desgarrador turbó
el silencio de aquella apacible noche. O'Neill miró instintivamente
hacia el interior del templo. Casi al unísono ambos hombres echaron
a correr hacia las dependencias interiores, al llegar al umbral de la
puerta apuntaron con sus armas hacia el interior. Allí sólo
vieron a Carter que agarraba con fuerza al doctor Jackson, que parecía
aún sumido en un sueño.
- Daniel, Daniel, ¡despierta!.- dijo la joven a la vez que le zarandeaba
de un lado al otro para tratar de conseguir que abriera los ojos.
- ¡Mayor!.- exclamó el coronel al verla.
- Coronel, no sé que es lo que le ocurre. Me ha dado un susto de
muerte.- Ambos hombres se acercaron a él. Daniel parecía
dormido, pero aún se debatía a gritos.
- Parece tener un mal sueño.-dijo Teal'c con tono de preocupación
- Daniel despierta.- Carter trató como último recurso sujetarle
la cara para propinarle pequeñas bofetadas y tratar de que despertara.
- ¡Jackson!.- O'Neill le agarró por un hombro y en ese momento
el joven arqueólogo abrió los ojos con expresión
de terror, empapado en sudor y jadeante. Miró a sus compañeros
sin comprender muy bien lo ocurrido.
- Daniel, ¿estás bien?.- le preguntó la mayor. Él
afirmó tratando de tranquilizarse al ver que todo había
sido un sueño.
- ¿De paseo por Elm Street?.- le preguntó O'Neill con tono
de fastidio.
- Termodonte.- dijo incorporándose para quedar sentado en la escalinata.
- ¿Termodonte?.- preguntó Carter sin comprender a qué
se refería.
- Uno de los planetas del muro se llama así: Termodonte.- Trató
de levantarse para caminar luego hacia el muro y poder buscar aquella
dirección. La recordaba perfectamente.
- ¿Es una revelación?.- preguntó O'Neill al ver la
actitud del lingüista.
- He visto de nuevo a Harsesis. Me ha mostrado el camino de nuevo.
- ¿Y no ha encontrado una forma menos dolorosa y escandalosa de
hacerlo?
- ¡Jack! De nuevo he visto a través de sus ojos. Apophis
lo ha llevado a Termodonte, ésta es la dirección.- Señaló
una zona del muro en el que aparecían representados siete símbolos
del Stargate.
- ¿Y por qué sabes que es allí, Daniel Jackson?
- He visto a Shekmet, Teal'c: es una goa'uld como Apophis. Ella le tiene
allí.
- ¿Apophis ha dejado al niño al cargo de otro goa'uld? Daniel,
los goa'uld quieren acabar con Harsesis.
- Lo sé Sam, pero por alguna extraña razón lo ha
dejado allí al cargo de esa goa'uld y de sus guerreras.
- ¿También hay guerreras?.- preguntó el coronel ante
aquella nueva revelación.
- Sí, he visto ese lugar. Es boscoso, Todo encaja: Shekmet, es
la diosa Bastis en su forma destructiva. La diosa Bastis a su vez pasó
a ser la diosa Artemisa griega, y esta a su vez pasó a ser la diosa
Diana romana. Shekmet ha conquistado muchos planetas. Uno de ellos lo
hizo llamar Termodonte, ¿veis? Allí rige a toda una tribu
a la que tiene sometida.
- Los goa'uld siempre someten a los habitantes en sus nuevas conquistas.-
informó Teal'c.
- Hemos de ir a ese lugar Jack. Harsesis está allí.
- Vale, bien. Si has visto como dices haber visto, háblame de esas
"guerreras".
- Bueno, no lo tengo muy claro. Si tuviera que describirlas te diría
que eran amazonas.
- ¿La tribu de mujeres de época griega?.- Daniel afirmó
la pregunta de la mayor.
- Así es. Shekmet conquistó aquel planeta quizá llevando
a amazonas hasta allí. Las guerreras amazonas eran muy temidas
en su época, vivían a las orillas del río Termodonte
en Grecia y...
- Vale, mayor: apunte esos símbolos y pongámonos en marcha
a ese "Tor-maa-do-onte".
- Termodonte.- le corrigió Daniel cogiendo del suelo su chaleco
para partir a toda velocidad.
- Cómo sea.- se excusó el coronel. Los cuatro recogieron
las pocas pertenencias que había en la sala, cargaron de nuevo
sus armas y se dirigieron a la salida del templo. Llegarían al
Stargate en unas horas, el tiempo corría en su contra y todos ellos
lo sabían.
Había
comenzado a amanecer en aquel lugar cuando los cuatro salieron a las afuera
del templo. A lo lejos vieron acercarse una pequeña comitiva. Varios
hombres vestidos con trajes de lino caminaban hacia allí, un grupo
de mujeres caminaban justo detrás. El grupo se detuvo cuando una
de aquellas sacerdotisas miraba hacia allá. O'Neill reconoció
a la joven Diana. La comitiva desapareció entrando en uno de los
templos.
- Salgamos de aquí antes de que llamemos demasiado la atención.-
el coronel echó a andar en la misma dirección en la que
el día anterior habían caminado hasta allí. El resto
le siguió sin mediar palabra.
Cuando
alcanzaron lo alto de la colina, el satélite principal de aquel
planeta reflejaba la luz de uno de los soles casi con todo su esplendor.
El coronel iba a la cabeza del grupo llevando una buena marcha, no tardarían
demasiado en terminar de deshacer el camino y regresar de nuevo al Stargate.
Carter había procurado no perder de vista a Daniel. Desde su último
extraño ataque, su preocupación por la salud de su amigo
había aumentado. Nunca había visto tan extraña reacción
y en aquel momento echaba de menos la presencia de Janet, la doctora principal
del silo de la tierra, para que realizara un diagnóstico exacto
de lo que le ocurría. Trataba de intentar pensar qué afección
podía tener aquellos ataques, pero su doctorado era en física,
no en medicina, por lo que en aquel momento no servía demasiado.
Mientras Daniel, caminaba a paso ligero siguiendo a sus compañeros,
repasaba una y otra vez el cuaderno con todos los apuntes que había
tomado en aquel planeta, por supuesto que los estudiaría con más
detenimiento, pero ahora sólo pensaba en una de aquellas direcciones,
la que llevaría al encuentro del pequeño Harsesis. Cerrando
el grupo, Teal'c no perdía de vista los alrededores. Aquel pueblo
era bastante extraño, aunque seguramente O'Neill le hubiera dicho
que para él todo es extraño. Habían comenzado a andar
por el camino que llevaba hacia el pequeño templo, el Stargate
no estaba lejos de él.
- Ya lo veo.- comentó el coronel.- La zona parece despejada.
- O'Neill.- La voz de Teal'c sonó como una alerta. El coronel se
detuvo, y el resto le imitó. Todos miraron hacia donde el Jaffa
había fijado la vista. A lo lejos podía distinguirse a un
grupo de personas que parecían seguir sus pasos.
- Muy bien. Iremos más deprisa. No quiero interrupciones. Daniel
prepara esa dirección.- dijo echando a correr. El resto le siguió
tratando de llevar su mismo ritmo. El Stargate se alzó ante ellos
al cabo de unos minutos de carrera. Daniel se acercó a marcar en
el DHD tan deprisa como pudo. Marcó uno a uno los símbolos
con mucha atención para no confundir la dirección. Los chevrones
se fueron iluminando a la vez que él apretaba cada nuevo dibujo,
con su significativo sonido metálico. El resto del equipo permaneció
alerta con sus armas en la mano. Cuando el arqueólogo presionó
el marcador central del DHD, al acabar de iluminar los siete símbolos,
el Stargate se abrió dejando escapar su chorro acuoso.
- ¡Listo!.- exclamó al ver la puerta abierta y esperando
su utilización.
- Teal'c, tú delante.- El Jaffa no dudó un segundo en correr
hacia la gigantesca puerta y atravesarla. El coronel le hizo un gesto
a la mayor que ella entendió a la primera: cruzaría
la siguiente. Corrió hacia la puerta y la cruzó tras Teal'c.-
Vamos Daniel, ahora tú.- El joven echó a correr hacia la
puerta y O'Neill le siguió de cerca sin perder de vista la zona.
Casi al unísono cruzaron el Stargate. Tras unos breves segundos,
la gran puerta perdió su contenido acuoso quedando el lugar en
completo silencio. A lo lejos, un pequeño grupo de sacerdotes y
sacerdotisas, entre ellos Diana, caminaban hacia la pequeña capilla
para rendir ofrendas a la diosa Shekmet y no permitir que su furia pudiera
perjudicarles. Cuando alcanzaron el templo, Diana miró hacia el
Stargate: Ahora sabía que aquel anillo gigantesco no sólo
traía dioses encolerizados, pudo comprobar que otros como ella
lo utilizaban, y eran tan humanos como cualquiera de ellos.
CAPITULO
8
El
Stargate estaba abierto a la espera de viajeros. Teal'c fue el primero
en alcanzar el nuevo planeta. Entró con su arma cargada y lista
para disparar en caso de que alguien les atacara. Pero aquello no ocurrió.
Se adelanto unos metros. La puerta permanecía estática entre
dos gigantescas columnas blancas, tras él apareció Carter
que miró con asombro los enormes árboles un poco más
adelante. Daniel y O'Neill cruzaron prácticamente a la vez. Tras
ellos el Stargate quedó sellado. La mayor se acercó con
precaución al DHD de aquel planeta. Estaba alzado en un pequeño
estandarte de mármol. Comprobó que estaba en perfecto estado,
tras lo cual hizo un gesto afirmativo al coronel.
- Señoras y señores. Bienvenidos a Termodonte. Lugar de
parajes arbóreos, plantas de diferentes tipos y verde
verdoso.
- Y columnas dóricas
-apuntó Daniel mirando los enormes
capiteles que se alzaban a cada lado del Stargate.
- ¿Griegos?.- Preguntó Carter a la vez que miraba hacia
lo alto de ambas columnas.
- Podría ser. Por el momento encaja.- dijo éste tocando
una de aquellas estructuras. Teal'c utilizó sus prismáticos
para poder mirar allá donde sus ojos no alcanzaban. A lo lejos
vio una pequeña columna de humo.
- En aquella explanada se puede divisar indicios de civilización.-afirmó
con rotundidad.
- En marcha. Quizás allí respondan a todas nuestras preguntas.-
el coronel echó a andar, y tras él le siguió el resto
del equipo. Las características de aquel terreno eran muy parecidas
a la Tierra. Una vez cruzaron la zona boscosa, pudieron ver más
de cerca el poblado. Pudieron divisar que al otro lado del lugar, de nuevo
el bosque se cernía sobre la zona, pero las dimensiones de éste
eran mayores al que habían dejado atrás. No tardaron demasiado
en alcanzar la zona urbana. Daniel pudo comprobar por las casas, que podría
tratarse de cualquier ciudad típica griega de esa época
en su planeta. Casas de madera, con techos de paja, todas ellas dentro
de una muralla de piedra, aquel lugar bien podría haber sido Argos,
o Corinto. Caminaron hacia la gigantesca entrada de la muralla, que no
parecía vigilada. Accedieron al recinto, era bastante grande. La
entrada llevaba directamente al centro del poblado. Los habitantes parecían
simples campesinos. Cuando les vieron aparecer, algunos de ellos les miraron
de forma extraña. Sin duda estaban sorprendidos de una presencia
tan inusual en la zona.- Daniel
si tuvieras que hablar con alguien
de aquí
¿con quién lo harías? Y no me
digas que te acercarías a la oficina de turismo, porque no me sirve.-
El arqueólogo miró alrededor buscando la mejor opción.
Los lugareños no parecían muy interesados en su presencia.
La plaza del poblado era bastante grande, además del pozo central
y una pequeña zona de árboles, divisó varias estatuas,
sin duda de arte griego por sus formas. Una de ellas era la de un hombre,
que portaba como vestimenta una piel de león. El arqueólogo
se acercó a ella para poder mirarla más de cerca. La estatua
erguida sobre un pedestal de mármol impresionaba por su enorme
tamaño.
- ¿Te suena?.- le preguntó Carter.
- No estoy seguro.- dijo con dudas. Miró otras edificaciones, no
parecía haber templos, y eso no encajaba demasiado con la mentalidad
griega.
- Extranjeros.- dijo una voz que se acercaba justo por detrás de
la estatua colosal. Vestido como un campesino, de estatura media, de pelo
largo color castaño y con una sonrisa se dirigía a ellos.
Se detuvo al lado de la estructura apoyándose en ella mientras
esperaba alguna reacción.
- Hola... - comenzó diciendo Daniel.- Ahm
sí, somos
de fuera: extranjeros. Estamos de visita.
- Lo noté por vuestras
vestiduras. No son de aquí.
¿De dónde venís?
- Ahm
- De muy lejos.- interrumpió el coronel a Jackson.
- ¿Y os dejáis guiar por un Jaffa?
- Es amigo.- se apresuró a decir Daniel.- Nos ayuda a buscar a
alguien. Somos pacíficos. Sólo buscamos información.-
el hombre les miró con cierta desconfianza.
- Aquí sólo encontraréis campesinos, ya veis.- dijo
mirando a su alrededor.
- Somos viajeros, venimos de muy lejos y no queremos interferir en sus
vidas de forma hostil.- dijo Daniel. El hombre miró la enorme estatua,
sonrió y después volvió a mirarles.
- En Heraclea no solemos juzgar a los extranjeros por su apariencia.
- Heraclea
¿él es vuestro guía?.- dijo Daniel
mirando la estatua.
- Nosotros somos nuestros propios guías. No dejamos que el Destino
rija nuestras vidas. Mi nombre es Yolao.- dijo estirando el brazo en señal
de saludo. Daniel hizo lo mismo, el joven le agarró a la altura
del codo y él se limitó a hacer lo mismo.
- Mi nombre es Daniel Jackson. Él es el coronel Jack O'Neill, él
Teal'c y ella es la mayor Samantha Carter.
- Un placer.- dijo acercando su brazo en señal de saludo a cada
uno de ellos.- Bienvenidos a Heraclea. Los viajeros son siempre bien recibidos
aquí.
- Nos sentimos
halagados con este recibimiento Yolao.- comenzó
a decir Daniel.- Nos gustaría poder intercambiar conocimientos
de nuestras culturas.
- Si sois viajeros de muy lejos, estaréis cansados. Venid a mi
casa, es humilde, pero tendréis un plato de comida.
- Gracias.- dijo O'Neill mientras miraba la enorme estatua.
- Él es nuestro mentor
Heracles. Fundó nuestra ciudad,
y hoy nos guía desde el Olimpo. Seguidme
- dijo después
echando a andar. O'Neill miró a Carter que arqueó las cejas
tratando de hacerle comprender a su superior que no conocía toda
la historia universal. El joven Yolao caminó hacia una cabaña
al otro lado de la plaza. La edificación era en sí humilde.
Las ventanas estaban abiertas dejando entrar la luz del sol desde fuera.
Aunque la casa no era muy grande, tenía una especie de techado
adicional en el que probablemente se guardaban los utensilios de siembra,
y servía como granero.- Sentaos en mi mesa, he preparado conejo
asado. Espero que sea de vuestro gusto.
- Es
perfecto.- comentó O'Neill a la vez que se sentaba en
una gran mesa de madera con bancos alrededor.
- Gracias por tu hospitalidad Yolao.- dijo Carter. El joven que se había
dirigido hacia un gran caldero se giró para mirarla.
- De nada. Siento no poderos ofrecer una cena mejor a la que tomo yo diariamente.
Mi esposa... ya no está conmigo.
- Oh
comprendo.- comentó ella al ver como el rostro del joven
se tornaba en tristeza. Se acercó entonces entregando varios cuencos
a Daniel para que los colocara en la mesa, se los fue entregando según
los fue llenando. El arqueólogo quedó asombrado al ver como
aquel hombre había cocinado tanta cantidad para él solo.
Una vez acabó de servir se sentó presidiendo la mesa. O'Neill
quedó sentado justo al otro lado. Daniel y Teal'c a un lado, sentándose
el arqueólogo al lado del joven. Carter se sentó justo en
el lado opuesto.
- Y decidme pues
¿cómo de lejos venís?.- preguntó
a la vez que partía un trozo de pan.
- Bueno
- Daniel pensó durante unos segundos. No le convenía
mentirle, si lo hacía quizás no compartiría con ellos
ninguna información.- Hemos cruzado el gran anillo que hay al otro
lado del bosque.
- Entiendo.- dijo el joven sonriendo.- Otros como vosotros han cruzado
alguna vez el "Zaras Jastrasi". No todos han llegado hasta aquí
con buenas intenciones.- O'Neill se quedó pensativo. Por la cara
que puso Daniel al nombrar aquella expresión supo al instante que
aquel hombre se refería así para hablar del Stargate.
- Nosotros venimos siguiendo el rastro de un niño.- comenzó
a decir O'Neill.- Queremos devolverlo a casa, con su familia.
- Fue secuestrado por un falso dios. Se hace llamar Apophis. Le hemos
seguido el rastro a él y quizá a un cómplice suyo.-
le explicó Jackson.
- Apophis cruzó el anillo, vino en busca de Artemisa. Pero él
ya no está aquí, atravesó de nuevo el anillo llevándose
consigo a algunos de nosotros.
- Maldita rata.- farfulló O'Neill.
- A veces lo hacen, cruzan el anillo ahora que saben que no podemos defendernos.
En un pasado, ningún goa'uld se atrevió a entrar en Heraclea,
pues temían morir.
- ¿Morir? ¿Cómo?.- preguntó Carter.
- Heracles nos ha defendido de su ataque, nunca permitió que ningún
goa'uld atravesara el anillo.
- ¿Y qué ocurrió?.- preguntó Teal'c.
- Hubo una vez en que Heracles le robó el hacha de poder y el cinturón
de oro a la reina de las amazonas. Le entregó el cinturón
a la hija de uno de nuestros más antiguos reyes y el hacha se lo
entregó a Onfale, una princesa de la región. En aquel viaje
creó nuestra región dándole el nombre que hoy lleva.
Cuando se enteró de que Apophis trató de acceder a nuestro
planeta, pidió recuperar el cinturón y el hacha para defendernos.
Su petición fue concedida. Los poderes de ambas armas impidieron
su intento de esclavización. Se levantó esa estatua en su
honor por aquella defensa tan importante. Y en ella se colocaron el hacha
y el cinturón que nos defendería de próximos ataques.-
el joven hizo una pausa en la que su mirada se tornó triste.- Una
vez partió
ningún mal podía cernirse sobre
nosotros. Fuimos un pueblo recto en sus enseñanzas, pero cometimos
un error. Estábamos demasiado ocupados en hacer que las cosechas
nos dieran alimentos, o que nuestro ganado nos produjera pieles en abundancia:
el trabajo aquí es duro. Nuestras mujeres, que no recibían
un buen trato por nuestra parte, bueno
algunas de ellas decidieron
huir de Heraclea. Fue entonces cuando Artemisa aprovechó para envenenarlas
con ideas de supremacía poniéndolas en nuestra contra. Ahora
viven en una tribu, como antaño, bajo las órdenes de Artemisa.
Nos robaron el cinturón y el hacha de Heracles dejándonos
indefensos ante Apophis.
- ¿Tu esposa está con ellas?.- preguntó Teal'c.
- Así es. A veces, vienen al poblado. Seleccionan a algunos de
nosotros para tener hijos. Sólo se quedan con las niñas,
los niños
nos los devuelven.
- ¿Pero tú no tienes hijos, no?.- preguntó Carter.
- No. No que yo sepa
no varones.- El tono de Yolao se volvió
aún más triste. Trató entonces de recuperar su tono
alegre.- ¿Y decís que vosotros buscáis a un niño?
- Así es. Apophis lo secuestró y creemos que lo ha traído
hasta aquí.- le explicó el coronel.- Estuvo en otro lugar,
de allí secuestró a varias mujeres trayéndolas consigo.
- Seguramente se las ofreció a Artemisa como regalo. A veces lo
hace. Artemisa hará de ellas guerreras.
- Amazonas.- sentenció Jackson. El joven afirmó con la cabeza.
- Bueno
debéis estar cansados. Prepararé unos lechos
en el granero en donde podáis descansar.- el joven se levantó
sin mediar una palabra más para caminar hacia la parte trasera
de la casa.
- Es increíble.- comenzó a decir Daniel mientras mordisqueaba
un trozo de pan.- Es como si se repitiera aquí el mito de las Amazonas.
- Explícate.- comenzó a decir O'Neill a la vez que partía
un trozo de carne dispuesto a comérsela.
- Prácticamente lo que nos ha contado Yolao es el mismo mito que
ocurrió en la Tierra con el héroe griego Hércules
Heracles. Me pregunto qué poder tendría esa hacha y ese
cinturón que permitiera repeler a los goa'uld. Quizá estemos
delante de otro "Martillo de Thor" como el que conocimos.
- Pero al parecer ya no tienen esa hacha. Han perdido la protección
que antes tenían.- comenzó a decir Carter.
- Y apuesto a que Apophis está detrás de ese robo. Junto
a esa Artemisa.
- Estoy de acuerdo Jack. Ellos la llaman Artemisa. Diana la conoce como
Shekmet. En el fondo, son la misma diosa. Y Harsesis está con ella.
- ¿Y dónde podríamos buscar?.- preguntó Teal'c
pensativo.
- Según Yolao, Artemisa o Shekmet
está al lado de las Amazonas, al parecer las utiliza a su favor.
Es posible que esté con ellas en el bosque.
- Por lo menos sabemos que sólo tendremos que enfrentarnos a un
goa'uld. Al parecer Apophis ya no está en este lugar.- El coronel
se quedó pensativo ante las palabras de la mayor. Necesitaban un
plan para sacar a Harsesis de las manos de esa diosa goa'uld, y ya puestos,
arrebatarla las armas que usaba a su favor para someter a aquel pueblo.
- Buscamos pues un hacha y un cinturón mitológico, con un
poder que desconocemos, y que es capaz de detener un ataque goa'uld. Podría
ser un arma. Además, el niño está en sus manos. Necesitamos
un plan brillante para conseguir derrocarla.
- Hércules tuvo que hacer eso mismo en la Tierra.
- Ya
- comentó O'Neill.- Presiento un "pero".
- Ahm
pero él era un semidiós, hijo de un dios y una
mortal.
- O sea, que tenía ventaja.- O'Neill se acopló la gorra
en la cabeza al ver que aquello sin duda no sería nada fácil.
- Hércules se adentró en el bosque de la zona de Termodonte.
Trató de hacer un trato con la reina de las amazonas de forma pacífica.
Era hijo de Zeus, y a pesar de ello no trató de imponerles nada
por la fuerza. Pero Hera, su madrastra, que le odiaba, levantó
injurias sobre él haciendo creer a las Amazonas que iba a hacerlas
daño. Hércules se defendió y acabó llevándose
ambas reliquias.
- Podríamos utilizar el mismo método.- propuso Carter.
- No es conveniente un ataque frontal contra una goa'uld.
- Teal'c tiene razón. Ellas tienen a una "diosa felina"
de aliada, nosotros no.- recordó O'Neill.
- Pero tenemos un semidiós.- comentó Daniel pensativo. El
resto le miró esperando una explicación.- Harsesis es lo
más parecido a un semidiós, como lo fue Hércules.
Es fruto de la unión de larvas goa'uld y sus anfitriones.
- Es un niño pequeño, Daniel.
- Sam, ese niño me ha hecho ver a través de sus ojos. Tiene
algún tipo de poder telepático. Es la unión de un
"dios" y un mortal. Todos sabemos que los poderes de los goa'uld
son equivalentes a lo que fueron nuestros dioses. En nuestra mitología
un semidiós podía llegar a tener parte de los poderes de
sus progenitores. Hércules poseía una gran fuerza, lo mismo
que Teseo que acabó con el Minotauro de Creta o Aquiles, el héroe
de Troya. Fueron por ello héroes y semidioses
creo que Harsesis
es la clave de todo esto.
- Si eso es cierto, es posible que él mismo mostrara el camino
a Apophis para secuestrarle.- dijo de repente O'Neill.- Dices que él
te muestra cosas. Que lleva los poderes de la larva y del humano
¿no?
- Sí
quizás atrajo hacia él a Apophis de la
misma forma que ahora me lleva a mi hacia él. Los recuerdos de
Sha're en él, y los de la larva Amaunet junto a los de Apophis
deben estar luchando entre sí.- comentó Daniel.
- Por lo que quizá no nos debamos fiar de él tanto, ¿no
te parece?.- Por un segundo Daniel dudó. Jack tenía razón,
demasiada confianza podría llevarles a una trampa. ¿Pero
qué otras opciones tenían?
- Tendremos que arriesgarnos. Si pudiéramos alcanzarle, si pudiera
verle y estar con él. Es un niño lo sé.- dijo Daniel
al ver la cara de Carter dispuesta a refutarle aquella idea.- Pero se
nos acaba el tiempo. Shekmet
podría hacerse con el control de Harsesis y entonces ya no podríamos
hacer nada.
- Es posible que la diosa se esté encargando de su formación.
Apophis no querrá que el niño mantenga sus poderes humanos.
Se aprovechará de él y fomentará su poder goa'uld
para hacer el mal. En su poder es un arma terrible O'Neill.
- Lo sé, Teal'c.- el coronel se quedó pensativo. Necesitaba
encontrar la forma de acercarse al lugar en el que vivían esas
mujeres guerreras. Acercarse todo lo posible a ellas para de esa formar
tratar de rescatar al niño. Era necesario idear un plan. Contaban
con la sorpresa y eso en cierta forma era una ventaja. Yolao entró
en ese momento en la casa de nuevo.
- Os he preparado un lugar en el que pasar la noche...
- Gracias amigo... -le interrumpió casi O'Neill.- Pero cuando caiga
la noche cerrada nos iremos.- El joven les miró pensativo.- Necesitamos
que nos digas exactamente donde está el campamento de esas mujeres.
Trataremos de tomarlas por sorpresa durante la noche.
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