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CAPITULO
5
En
sus brazos aquel ser era incluso más vulnerable de lo que parecía.
Apophis detuvo el haz de luz de su brazalete sobre la cabeza del niño.
Harsiesis le miró con cara de espanto pero sin tan siquiera derramar
una sola lágrima. El dios serpiente había comprendido que
no iba a ser tan fácil como pensó en un principio conseguir
ver el interior de la mente del niño, fruto del vientre de su amada
Amaunet por medio de la fuerza. Si seguía por ese camino sólo
lograría dañarle. No es que sintiera el más mínimo
cariño por él, pues sólo sus planes eran prioritarios
en aquel momento. Harsiesis era el arma que necesitaba tener en su poder
para dominar a los habitantes de Tauri y después a todo el Universo.
El
niño le miró inmóvil, luego cerró sus profundos
ojos azules, mientras el dios serpiente le miraba con extrañeza.
Su comportamiento era casi totalmente desconocido para él. El dios
levantó la cabeza y miró hacia el guardia que le había
traído con él.
- ¿Has notificado mi petición?.- preguntó con voz
metálica propia de aquel que era portador de un goa'uld en su interior
completamente unido a su huésped. Caminó dando la espalda
al guardia delante de él, paseando despacio por la enorme habitación
en la que se había hospedado momentáneamente en aquel planeta.
- Sí, mi señor.- contestó el Jaffa ataviado con un
pesada armadura de metal.- Sus órdenes han sido cumplidas tal y
como dispuso.
- Bien, no hemos venido hasta aquí para nada. Usaremos a las muchachas
que hemos obtenido, como regalo ante la petición que vamos a hacer.-
miró al niño que parecía haberse quedado dormido.
- Le hemos hecho llegar sus deseos a la jefa del poblado, ella ha asegurado
hablar con su diosa...
- ¡No me gusta hablar con subordinados!.- exclamó el dios
girándose a la vez que miraba al guardia y sus ojos le brillaban.-
Espero que hayas hecho llegar mi orden como te dije, si no... ya sabes
cuál será el castigo.
- Sí, mi señor.- dijo el hombre agachándose ante
él mientras sujetaba en sus manos el enorme casco con forma de
serpiente.
- Avísame en cuanto venga a mi presencia.- dijo casi con tono de
desprecio.- Y ahora lárgate, no me molestes más.- El guardia
hizo una reverencia más antes de salir de la habitación
sin darle ni un momento la espalda a Apophis. Éste se quedó
solo en la inmensa habitación con la única compañía
del pequeño. La armadura de oro que cubría su cuerpo resplandecía
ante los pequeños haces de luz que entraban por las dos diminutas
ventanas situadas en una de las paredes. El dios volvió a mirar
al crío recostado sobre uno de sus brazos. El niño sintió
su mirada de nuevo sobre él y abrió los ojos para mirarle.
Ni una sonrisa, ni un balbuceo... Apophis lo observó intentando
comprender cómo o qué pensaba. Sólo sabía,
en ese preciso momento, que aquel ser no era tan inferior como creía
y que no le tenía ningún miedo.- Pequeño Harsiesis,
tengo grandes planes para ti. Mi amada Amaunet te dio la vida... igual
que yo, y ahora tendrás que honrarme, aprendiendo cómo yo
aprendí lo que has de hacer para dominar y ser temido. Al fin y
al cabo, eres una mitad de mí... Voy a dejarte en las mejores manos,
aquellas que te mostrarán como vencer a tus enemigos. Te llevaré
a un lugar en donde harán a otros como tú. Me servirás
en mis propósitos, entre ellos: la destrucción del pueblo
de Tauri, aquel que osó desafiarme. Su fin, cada vez está
más cerca.- el niño levantó los brazos para agarrarle
la coraza como si se revelara ante lo que acababa de escuchar. Apretó
sus pequeñas manitas contra ella mientras Apophis le miraba con
ojos de sorpresa ante su reacción. Levantó de nuevo su brazalete
infiriendo un nuevo rayo anaranjado sobre la cabeza del pequeño.
Harsiesis soltó la coraza y se quedó inmóvil, mirándolo.
Sólo era un niño, nada de lo que hiciera impediría
llevar a cabo su plan. Y eso le hacía sentirse cada vez mejor pues
su venganza se veía próxima.
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Con
gritos desgarradores Daniel se debatía de nuevo entre los brazos
de sus compañeros de equipo. Su estado de locura se había
detenido sólo unos minutos en los que parecía haber perdido
el conocimiento. Pero de nuevo, súbitamente, había comenzado
a gritar luchando por zafarse y lograr apretar su cabeza con las manos
con todas las fuerzas que aún le fueran posibles. Las imágenes
corrían en su mente, su paso a través del Stargate en alguno
de sus innumerables viajes, el rostro de su amada Sha're enseñándole
a moler harina en Abydos... gritó entonces su nombre desesperado,
después vio a Apophis disparando un arma lanzadera contra O'Neill
y luego contra Carter, un nuevo grito desgarrador salió de su garganta
nombrado al coronel por su nombre de pila que parecía yacer muerto
en el suelo, al igual que Carter, tras aquello presenció de nuevo
los gritos de Sha're cuando dio a luz a Harsiesis al que él mismo
ayudó a traer al mundo, su visita a Oma Desala que le dio por unos
segundos los poderes de levitación ante O'Neill, la entrega de
Harsiesis a Kasuf días antes de su presentación, vio a un
guardia serpiente disparando contra gente inocente en el templo de Abydos
y a otro guardia que parecía sostenerle y fijó su vista
en este último que le llevaba hasta el inmenso círculo gris.
De nuevo surgió en su mente la visión de Apophis que parecía
observarle. Todas las imágenes en forma de flash fugaces que venían
a su mente eran de momentos ya vividos, todas excepto la del ataque a
Abydos y esa mirada penetrante del dios serpiente... y entre todo ello
un dolor tan intenso en su cabeza, que llegaba a implorar morir en aquel
mismo momento. Y de repente la oscuridad, el aturdimiento.
- Dios, pero ¿qué le pasa?.- preguntó O'Neill con
los músculos de sus brazos agarrotados ante la fuerza que había
impuesto sobre los brazos del joven para que no se hiciera daño.
- Parece que ha pasado de nuevo.- dijo Teal'c al ver que ya no se convulsionaba,
ni gritaba.
- Es algún tipo de ataque... Nombró a su esposa, y a nosotros...
es como si la locura se hubiera apoderado de él.- Carter le miraba
con preocupación a la vez que soltaba sus piernas para intentar
tomarle el pulso en una de sus muñecas.- Sus pulsaciones parecen
bajar de nuevo a un estado regular.
- ¿Y por cuánto tiempo?.- preguntó O'Neill.- Ha tenido
dos ataques casi seguidos. Daniel... - dijo casi en un susurro mientras
le sujetaba la cabeza para poder mirarle.- Daniel... vamos chico, responde.-
el arqueólogo parecía inerte. Si no hubiera sido por que
su pecho subía y bajaba en señal de inhalar aire, hubieran
creído que yacía muerto.
- Pero ¿has notado algo raro?- le preguntó Carter mientras
acariciaba la frente del joven.
- Hace un segundo me estaba "parloteando" sobre lo maravilloso
que era estar aquí, descubriendo edificios e inscripciones que
sólo él comprende. Estaba a mi lado cuando comuniqué
con vosotros. Vinimos hacia aquí, a vuestro encuentro, esperando
llegar a ese sendero. Creía incluso que tal vez llevara a una aldea.
Guardó la cámara de vídeo en uno de sus bolsillos
y se puso a hablarme de... teorías egipcias.- Echó su mano
hacia atrás para tomar de su cinturón una cantimplora. La
abrió y la acercó a los labios del arqueólogo para
darle agua. Carter sacó un pañuelo blanco de uno de sus
bolsillos mientras el coronel intentaba hacerle beber. Mojó el
pañuelo con el agua de su propia cantimplora que desenganchó
de su cinturón, y le mojó la cara. Teal'c se incorporó
de su posición de cuclillas y miró a su alrededor.
- ¿Algún tipo de arma mental?- preguntó el Jaffa
de repente. O'Neill levantó la vista y le miró.
- ¿Bromeas?.- el hombre arqueó una de sus cejas cuando le
devolvió la mirada.
- He visto el comportamiento de Daniel Jackson en personas a las que Apophis
mataba, antes de sacarles información con su arma brazalete.
- Pero estamos solos Teal'c.- dijo Carter.
- Lo sé.- dijo el hombre afirmando con la cabeza.
- Ni siquiera sabemos si está aquí, quizá nunca haya
estado y sólo sea un ataque de alguna especie que desconocemos,
no sería la primera vez.- dijo Carter.
- ¡Al demonio, con Apophis! Regresamos. No voy a perder a un miembro
de mi equipo en este maldito desierto. Carter, prepárese para marcar
la secuencia, volvemos al Stargate. Teal'c, ayúdame a moverlo.
Llevaremos a Daniel a casa.
- ¡No!- exclamó Daniel de repente agarrando la muñeca
del coronel con fuerza. Abrió sus intensos ojos azules y le miró.
- Daniel, por todos los diablos... ¿qué te ha pasado?
- Está cerca Jack. Harsiesis está cerca.- el coronel le
miró casi convencido de que aquel trance le había hecho
perder por completo la razón.
- Escúchame Daniel, voy a llevarte a casa...
- ¡No!
- ... Ahora mismo.- el doctor tiró de nuevo de su brazo para impedirle
levantarse.
- Daniel, has tenido algún tipo de ataque epiléptico, casi
catatónico. El coronel tiene razón.
- En ese ataque, lo he sentido.
- ¿A Harsiesis?.- preguntó Teal'c con tono de asombro.
- ¡Sí!- exclamó.- Jack, he mirado a través
de sus ojos.- Daniel intentó incorporarse, sentarse en el suelo
arenoso, aunque sólo fuera, para poder explicarles lo que acababa
de ver y sentir.
- ¿Has visto a través de sus ojos? Qué será
lo próximo Daniel, ¿bilocar, girar la cabeza ciento ochenta
grados, hablar con voz de goa'uld?
- Sentí un gran dolor. La cabeza... creí que me estallaba,
pero durante ese tiempo le he visto.
- ¿A Harsiesis?.- preguntó Teal'c de nuevo.
- No, a Apophis. Tiene al niño. Está en su poder.
- ¿Estás diciendo que, Harsiesis te ha mostrado lo que él
veía, dónde estaba?- preguntó Carter.
- El ataque a Abydos, cómo se lo llevaban los guardias, a Sha'
re...
- ¿A ella también?.- preguntó O'Neill a punto de
perder los estribos. Aquel momento no le gustaba nada. Tenía que
convencer al científico más tozudo del planeta que aquella
situación no era buena ni para él, ni para la misión
del equipo.- Escúchame Daniel. Sé que todo esto, el secuestro
de Harsiesis, el ataque al pueblo de Nagadah en Abydos... es duro para
ti. Sha' re está muerta.
- ¡¿Crees que no lo sé?!- exclamó con furia
contenida a la vez que de un brinco, se levantaba del suelo.- Pero esta
vez no se trata de ella. Harsiesis me ha mostrado lo que ha ocurrido.
Imágenes entremezcladas con mis propias vivencias con el SG-1.
He visto a Apophis, Jack. Y está intentando saber más sobre
nuestra raza a través de él.- el silencio se hizo en mitad
de aquel enorme planeta.- ¿No me crees? ¿Crees que estoy
loco?
- ¿Loco? Por supuesto que no, Daniel. Quizá sólo
un tanto excéntrico y algo aturdido por el trauma. Además,
ya hemos pasado por esto otra vez. Sueños... congruentes en los
que ves a tu esposa, por dios Daniel...
- Mira Jack, me da igual lo que pienses. La última vez Sha're me
guió hacia Harsiesis, no me equivoqué. Puedes volver a la
Tierra, yo me quedo. Tengo que encontrarlo y no voy a regresar hasta llevarlo
conmigo.- Daniel le miró desafiante. O'Neill supo en ese momento
que dijera lo que dijera, no iba a convencerle de nada. Se llevó
las manos a la visera de la gorra, la echó hacia atrás y
luego hacia delante mientras daba un suspiro.
- Muy bien... pero con una condición... otro "espectáculo"
de convulsionismo más y regresas a la Tierra. Sin excusas.- dijo
señalándolo. Daniel no iba ceder, necesitaba seguir adelante.
Y a pesar de su insistencia sabía que O'Neill no iba a dejarle
solo en aquellos momentos y que iría con él hasta el final.
Tal vez aquello era una señal y estaba dispuesto a averiguarlo.-
Muy bien Carter, seguimos. Vayamos hacia el sendero.
Los cuatro echaron a andar. Carter avanzó primero en dirección
al pedregal. Tras ella O'Neill que giraba la cabeza de vez en cuando para
mirar a Daniel que iba tras él, y parecía andar con paso
bastante firme. Teal'c, cerró la fila sin perder de vista nada
de lo que ocurría a su alrededor. Tras andar hasta el sendero se
detuvieron. Carter volvió a tomar sus prismáticos. O'Neill
se agachó para examinar el suelo. El Jaffa quiso inspeccionarlo
también.
- Sin duda por aquí pasa gente regularmente.- dijo el Jaffa quitando
la arena del camino y viendo que bajo ella el camino continuaba bien diferenciado,
sólo que cubierto de esa fina capa arenosa empujada por el aire
de la zona.
- El camino alcanza esa colina pedregosa.- dijo Carter mirando con sus
binoculares.- Y se incrusta en ella.
- Probablemente la atraviese o la rodee.- dijo Daniel mirando hacia allí,
a la vez que se ponía las gafas graduadas que sacó de un
bolsillo. Jack miró al científico. A pesar del pesado camino
y teniendo en cuenta el estado por el que había pasado antes de
empezar a andar, no parecía afectarle hasta ahora. El joven le
miró, el coronel no parecía convencido de continuar andando.-
Sigamos.- dijo entonces con determinación y echó a andar
sin dar pie a que ninguno preguntara nada con respecto a su salud en ese
momento. Se sentía algo mareado, pero no iba a abandonar ahora
por nada del mundo. El resto le siguió dejando que él abriera
el camino.
Aquel
pedregal parecía estar más lejos de lo que podía
verse a simple vista. Llegaron al pie de la zona cuando los soles empezaban
a caer, produciendo tonalidades rojizas en el cielo. O'Neill, tras la
mayor Carter en ese momento, avanzó un poco más deprisa
para alcanzar a Jackson que caminaba a buen ritmo.
- Espera Daniel.
- ¿Y ahora que pasa?.- dijo girándose para poder mirarle.
- No quiero sorpresas. No me gustaría que esta zona fuera el lugar
perfecto para lanzarse contra tres expedicionarios y su encantador comandante
en jefe. Yo iré delante a partir ahora.- dijo mirando el sendero
que se abría paso entre las rocas. Daniel le miró sin moverse
de su sitio, no iba a discutir en ese momento si aquella orden era o no
la mejor, sencillamente le cedió el paso. El coronel echó
a andar seguido del arqueólogo. Comenzaron a ascender por el sendero
en medio de las rocas. Les llevaría por lo menos una hora alcanzar
lo alto de la colina. Caminaron a corta distancia unos de otros, los soles
habían comenzado a ocultarse y en unas horas la oscuridad sería
la dueña de aquella comarca. Cuando habían llegado a la
mitad del recorrido vieron que éste se incrustaba en la pared y
entraba en lo que parecía una cueva. El coronel consultó
su reloj y luego se detuvo para mirar a su equipo.- Parece que este es
el final del camino.- dijo mirando a su alrededor.
- ¿No vamos a entrar?
- Sí... pero por turnos, como ya he dicho: no quiero sorpresas.
Las cuevas, no me gustan. Son oscuras, frías y tienen... bichos.
Te quedarás aquí con Teal'c, mientras Carter y yo accedemos
dentro y vemos a dónde nos lleva el camino de baldosas amarillas.-
Daniel le miró pensativo, se sentía cansado y tenía
un ligero dolor de cabeza que no parecía con intención de
abandonarle. Carter se acercó al coronel y agarró con fuerza
su arma automática.- Estaremos en contacto por radio.- O'Neill
echó a andar y la oficial le siguió. Daniel apoyó
su cansado cuerpo en una enorme roca desde donde podía verlos alejarse.
Teal'c permaneció inmutable, no daba aspecto de cansancio alguno
y siguió a ambos con la mirada.
- Mayor... - comenzó a decir el coronel con tono de preguntar,
aunque no sabía muy bien cómo plantearla.
- ¿Señor?.- dijo ella adelantando un poco su paso para alcanzarle.
- Soy persona... a la que le gusta guiarse por su, digamos, instinto:
aunque la verdad, en temas militares suelo ser bastante... - intentó
encontrar la palabra adecuada en ese momento.
- ¿"Intransigente", señor?.- dijo ella intentando
ayudarle.
- Algo así.- contestó él.- Usted me conoce bien Sam,
como militar, ya sabe. Algo que tal vez Daniel jamás pueda llegar
a entender.
- Tampoco necesita entender esa faceta en usted señor, Daniel le
aprecia. Pero eso no es algo que yo tenga que recordarle.
- Lo sé.
- Está preocupado. Es el comandante en jefe del SG-1, señor.
Y como militar cumple órdenes e intenta mantener con vida al grupo.
Pero, entra en conflicto el hecho de que aprecia a Daniel y toda esta
situación le toca de lleno. Quiere ayudarlo y no sabe si llevarlo
a tirones a casa o seguir con la misión, pues ambas decisiones
le afectan.
- Esto es lo que me encanta de los militares, ya sabe, como usted y yo.
Nos entendemos sin necesidad de tener que utilizar términos...
complicados.
- Si me permite el consejo señor... - dijo haciendo una pausa al
detenerse ambos delante de la entrada a la oquedad en la roca.- Sabes
perfectamente cuál es su límite.-dijo cambiando su tono
de formalidad militar, para tutearle.- Sabrás por tanto decidir
cuando es un viaje sin retorno para él.
- Cuando todo esto se acabe Sam.-dijo cargando su arma y sacando una linterna
de uno de los bolsillos de su chaleco.- Yo invito a cerveza.
- Sí, señor.- dijo ella sacando también su linterna
y encendiéndola. Ambos entraron dentro de la pequeña cueva.
En un principio el coronel pensó que el lugar sería oscuro
y frío. Una vez dentro comprobó todo lo contrario. Aquella
cueva atravesaba la colina de lado a lado y al fondo podía ver
algo de luz. Ambos avanzaron sin decir palabra, pendientes de todo lo
que se podía mover a su alrededor. No tardaron demasiado en llegar
al otro extremo.
- Todo parece tranquilo.- dijo tomando la radio de uno de los bolsillos
superiores del chaleco. Apretó el botón del micrófono
sin tan siquiera sacarlo de allí.- ¿Teal'c, me oyes?
- Sí O'Neill.- el Jaffa apretó su radio al oír la
voz del coronel a través de ella. Daniel miraba hacia el cielo
extasiado ante la puesta de los soles que poco a poco iban llegando al
borde del horizonte para ocultarse tras él.
- Avanzad.- se oyó.- Aquí todo está tranquilo. ¿Y
por ahí?- Teal'c miró al doctor Jackson que parecía
no atender a la conversación. El científico le miró
de repente y pareció salir de su éxtasis. Tomó su
radio para poder hablar también de la misma forma.
- Vamos para allá.- dijo con tono seco. Se incorporó de
la roca en la que se apoyaba para echar a andar.- Sólo estaba pensando,
Teal'c, nada más.- El hombre arqueó una ceja y dejó
que él caminara primero.- Es una puesta de sol fantástica.
Uno de los soles ya casi se ha puesto... Sólo pude contemplar algo
así en Abydos.
- En Chulak es algo corriente.
- Pues no debería serlo. Muchas veces vemos las cosas más
maravillosas, como algo común. Así se empiezan a perder
los principios más esenciales, haciendo de lo único... algo
monótono.- Ambos avanzaron hacia la entrada de la cueva. Caminaron
apuntando con las linternas dentro. Vieron la luz al final de esta y salieron
de nuevo al aire libre. El segundo sol estaba empezando a ocultarse cuando
se encontraron con el resto del equipo.
- ¿No es fantástico?.- le preguntó Carter al científico
que miraba con asombro lo que ante sus ojos podía ver. Al otro
lado de la montaña aquel lugar que no parecía que iba a
salir del gélido desierto, se había convertido en un vergel
de vida. Un gran río ancho bañaba con sus aguas una zona
poblada. Los edificios blancos se levantaban a ambos lados de las orillas,
la vista desde aquella altura era perfecta. Se divisaba toda la ciudad
y los confines del río perderse a lo lejos.
- Civilización.- dijo O'Neill.- Al fin alguien que nos pueda dar
respuestas.
- O que tal vez nos haga formularnos más preguntas.
- Es de suponer que ellos son los que visitan el templo y hacen ofrendas
a la diosa.- dijo Carter.
- Es como estar contemplando... el Egipto de la Tierra en sus principios.
- ¿No es un poco pequeño para ser El Cairo?.- preguntó
el coronel. Daniel le miró un segundo preguntándose si bromeaba
o lo había dicho en serio.
- El Cairo no siempre fue una gran ciudad. En época faraónica
ni siquiera existía. Me refiero a las antiguas ciudades, Jack.
A las dominadas por un faraón que imponía la Regla en el
territorio. Al principio no eran ciudades muy pobladas, la soberanía
de muchas Dinastías las hizo crecer y sin duda ésta que
ahora contemplamos es un reflejo de aquellas, aunque no sea exageradamente
grande. Mirad esos edificios.- dijo señalando con su dedo índice
hacia las edificaciones.- Conocen la utilización de materiales
como el basalto o la calcita, y cómo modelarla a su gusto para
hacer estatuas, casas o templos.
- Los goa'uld ya no utilizan esos materiales en sus estructuras.- dijo
Teal'c.
- Puede entonces que nos encontremos ante una civilización como
tantas otras.- propuso Carter.- Sociables para con los extranjeros.
- Bien, después de esta clase de arquitectura y humanidades, prepara
tu diccionario Daniel porque hay que enterarse de si alguien ha estado
aquí en las últimas horas.- dijo O'Neill echando a andar.-
Y crucemos los dedos para que no sean hostiles.-
Todos le siguieron comenzando a descender la colina en dirección
a las primeras casas, junto a los campos de cultivo colindantes con los
márgenes del río. En esos momentos dependían solo
de la diplomacia, aunque O'Neill sabía que aquel no era precisamente
su fuerte.
CAPITULO
6
Era
como sentirse transportado a una época diferente a la suya y con
la que siempre había soñado. En aquel momento, todo aquello
que había aprendido en los libros, estaba ante sus ojos. Casas
de fachadas blancas perfectamente enyesadas, huertos pegados a las lindes
del río con canales que repartían el líquido elemental
para hacer posible la vida. Caminaron
por una calle de tierra batida con casas a ambos lados para luego acabar
andando por una calle empedrada un poco más ancha y que parecía
dirigirse al centro de la pequeña ciudad. El lugar parecía
desierto. Alcanzaron lo que parecía una plaza central con un gigantesco
obelisco en su centro y su cúspide piramidal brillando ante los
últimos rayos de sol que daban al cielo una tonalidad rojiza, sólo
comparable en belleza al gran satélite que poco a poco volvía
a recuperar la espectacularidad en el cielo. Se detuvieron ante el monumento.
Daniel paró la cámara de vídeo tras haber grabado
todo aquello que habían visto desde la bajada de la colina. Miró
a su alrededor con más detenimiento aún. Había varios
edificios diferentes pero éstos estaban más ornamentados
que los demás.
- Parece que no vamos a tener fiesta de bienvenida. No sé si eso
me alegra.-comentó el coronel.
- Cuatro templos... -dijo Daniel en un susurro.- Y un obelisco... - dijo
mientras dirigía la mirada a la cúspide dorada del monumento.
- ¿Templos?.- preguntó Carter.- ¿Todos ellos para
adorar solo a esa tal Shekmet?
- Eh... bueno, lo egipcios tenían muchos dioses. Aquí están
representados varios... algunos de ellos.
- Eran politeístas... ¿y qué?
- Aquel de allí.- dijo señalando un gran edificio con columnas
a su entrada.- Tiene representada en los frisos a la diosa Hathor.
- Hathor, es una goa'uld.- comentó Teal'c recordando la visita
de aquella diosa al pueblo de Tauri.
- Era
más bien.- Dijo O'Neill recordando su muerte. Daniel
afirmó con la cabeza, dirigió su vista hacia otra de las
edificaciones.
- Aquella es Shekmet... la misma que vimos a nuestra llegada... Y aquella,
es Menhit. También es diosa con cuerpo de leona.- miró entonces
hacia la colocación del último templo.- Aquel otro tiene
representada en sus paredes a Tefnut.
- ¿Déjame adivinar... otra diosa "minina"?
- Eso es Sam. Todas ostentan características parecidas y todos
los templos rodean la plaza central con este... obelisco.- dijo acercándose
a él para tocar su fría piedra.- Esta es la representación
de Ra.
- ¡Genial!.- exclamó el coronel con tono sarcástico
rodeando el obelisco.- Y de todo esto ¿qué es real y qué
leyenda?
- Hathor era real, Ra lo fue, y Shekmet por lo que hemos visto en la capilla
junto al Stargate, también debe serlo.- dijo Carter.
- Hay un pequeño detalle en todo esto. Ra es padre de todas ellas...
pues todas ellas, según algunas leyendas, son la misma.- O'Neill
se llevó la mano a la frente.
- O sea, que todas son una.- dijo aturdido ante tanta información.
- Según una leyenda egipcia, Ra mandó acabar con la humanidad
enviando a su hija Hathor, que se transformó en Shekmet. Menhit
y Tefnut son identificadas con esta última muchas veces dependiendo
de la ciudad de Egipto en la que te encontraras. Ella obedeció
e intentó acabar con los hombres. Luego Ra se arrepintió
y la engañó para poder convencerla de que no lo hiciera,
transformándola en Bastis.
- Pero todo eso es una "gran leyenda".- dijo O'Neill.- Hathor
se hacía llamar la madre de todos los dioses. Creaba larvas goa'uld
para propagarlas por ahí y hacernos la vida un poco más
interesante. Quizás Ra mandara matar a la humanidad, pero seguro
que se arrepintió de ello porque nos necesitaba como anfitriones.
- Me pregunto hasta que punto el resto de estas diosas no tendrán
el mismo papel que Hathor.-dijo Carter.- Dar vida a larvas goa'uld.
- Es muy probable que sea una goa'uld como Hathor.- proclamó Teal'c.
- Vale... me importa un carajo toda esta bonita historia sobre diosas
con pelos de leona en las piernas... lo único que quiero saber
es porqué diablos no hay... - O'Neill se detuvo al ver el gesto
que en ese preciso momento Daniel le hacía. Se había llevado
los dedos a los labios y miraba hacia las puertas de uno de los templos
justo detrás de él.- ¿Qué?.- preguntó
hastiado.
- Tenemos compañía.- dijo Carter al notar la presencia que
Daniel había notado primero.
- Estamos siendo vigilados.- comentó Teal'c sin ni siquiera mirar
hacia atrás. O'Neill se giró para poder mirar también
hacia allí. Una joven vestida con un traje de lino blanco de unos
veinticinco años, de pelo negro largo, ojos oscuros y tez morena,
les vigilaba con asombro desde la puerta del templo dedicado a la diosa
Shekmet. No parecía con intención de moverse de allí
y hacía sólo unos minutos no estaba. Les miraba con curiosidad
y cierto recelo. Daniel entendió como otras tantas veces, que aquellas
vestimentas produjeran miedo entre los habitantes de los lugares que visitaban.
Decidido a no perder aquella oportunidad de comunicación, avanzó
unos pasos.
- Hola... - esperó unos segundos la respuesta de la joven que al
ver que se dirigía a viva voz hacia ella, cerró la puerta
desde la que les vigilaba.
- Daniel, la has asustado.-dijo el coronel con una sonrisa al ver la cara
de frustración del lingüista.
- Si fuera la primera vez que ves a un grupo de personas vestidas de forma
tan extraña, también tú te asustarías.-le
dijo avanzando hacia la puerta del templo.
- Eh... a mí el verde me sienta muy bien.- contestó mirándose
la indumentaria militar que llevaba puesta. Carter le miró encogiéndose
de hombros.
- Escúchame, no vamos a hacerte daño.- dijo Daniel hablándole
a la entrada del templo.- No somos gente hostil. Sólo necesitamos
ayuda.- No obtuvo ninguna respuesta por parte de la joven. Daniel miró
entonces hacia el coronel que emitió un fuerte suspiro.
- Te he dicho un montón de veces que esa táctica tuya de
avasallar a la gente de otro planeta a preguntas, en algún momento
te fallaría.
- Sólo está asustada.-dijo Carter.- Yo en su lugar también
lo estaría.- dijo mirando al coronel.
- No tengas miedo, no vamos a hacerte daño.- dijo Daniel intentándolo
una vez más.
- Deja que pruebe yo, las mujeres son mi fuerte.- dijo con una sonrisa.
- Ahora es cuando debería tener miedo.- dijo Daniel dirigiéndose
a Carter que sonrió la broma. La puerta del templo volvió
a abrirse con timidez. Al verla Daniel sonrió esperando tener una
oportunidad más para convencerla.- No vamos a hacerte daño...
somos gente pacífica.- La joven agachó la cabeza sin decir
una sola palabra.- Mi nombre es Daniel.- la joven entreabrió un
poco más la puerta del templo para poder mirarlos mejor, miró
al coronel O' Neill con curiosidad.- Él es Jack y ella... ella
es Sam.-dijo mirando hacia atrás para hacerle un gesto a la mayor
para que avanzara y se dejara ver mejor en la penumbra que poco a poco
se hacía en la ciudad.
- Hola... -dijo ella con una enorme sonrisa.- No vamos a hacerte daño,
no nos tengas miedo.
- Y él... él es Teal'c.- dijo Daniel señalando hacia
el Jaffa. Al verlo, el terror se dibujó en el rostro de la joven
que de nuevo cerró la puerta de un golpe. El grupo se quedó
en silencio unos segundos. El Jaffa puso expresión de no entender
la reacción de la joven. El coronel le miró.
- Teal'c... serás el modelo de marido en tu planeta, pero lo que
es en el resto de la galaxia amigo... veo difícil que una suegra
te acepte.
- ¿Suegra?.- preguntó el hombre mirando al coronel fijamente.
- La que decide quién es el mejor partido para su hija compañero.-
le contestó el coronel acercándose hacia él.
- Está claro que conocen a los guerreros de Apophis... y les tienen
miedo.- dijo Daniel. Pensó durante unos segundos el método
a seguir y en ese momento sólo se le ocurrió uno.- Escucha...
- dijo en voz alta esperando que aún estuviera al otro lado de
la puerta.- Somos viajeros, venimos a través del Stargate. Teal'c
está con nosotros, abandonó a Apophis para luchar contra
su tiranía. No somos goa'uld, luchamos contra ellos.
- ¡Daniel!.- exclamó O'Neill en un susurro.- No sé
hasta que punto es buena idea mostrarle nuestra postura a los habitantes
de este lugar sin ni siquiera saber si ellos son goa'uld... ¿no
te parece?.- Daniel se giró para poder mirarle, tenía un
plan y esperaba que diera resultado.
- Si temen a los Jaffa, temen a los goa'uld.- dijo intentando convencerle.-
Los dibujos en el templo del desierto lo demuestran, fueron sometidos...
- El ruido de la puerta detuvo su intento de convencer al coronel. El
umbral del templo volvió a entreabrirse y la joven se asomó
tímidamente de nuevo. O'Neill miró hacia allá al
comprobar que lo que decía el arqueólogo parecía
haber surtido efecto. Daniel se volvió para poder mirar a la joven.-
Sal, no temas.
- Diana... - dijo con un hilo de voz.
- ¿Diana?.- preguntó Daniel.- ¿Diana es tu nombre?
- Soy sacerdotisa... de la diosa. En mi llevo su nombre.- afirmó
con rotundidad.
- Sacerdotisa de Bastet...- dijo el joven con una sonrisa. La muchacha
afirmó. Daniel se giró para dirigirse a sus compañeros.-
Bastet es otra forma de la diosa... leona. Es su forma pacífica.
Se representa como un gato... ella lleva su nombre romano: Diana. Bastet
es ese mismo nombre en egipcio... - O'Neill se adelantó unos pasos
para intentar no tener que escuchar todo lo que Daniel podía decir
con respecto a aquel nombre. Podía llegar a hablar horas sobre
una misma cosa... información que ni entendía del todo,
ni tenía intención de aprender.
- Hola Diana, yo soy...
- Jack.- dijo ella cortándole la palabra.- Daniel, Sam... Teal'c.-
dijo mirándole con temor. El coronel miró al Jaffa.
- Muéstrale tus encantos ocultos amigo.- le dijo casi en un susurro.
El hombre dio un paso adelante y agachó la cabeza en señal
de saludo.
- No soy hostil aunque reconozcas en mi a un guardia de la corte de Apophis.
- Bastet me protege de los guardias serpientes... - dijo con tono seguro.-
Tu arma es poderosa, hubieras podido utilizarla contra mí. Te creo.-
Abrió la puerta casi por completo aún sin salir del umbral.
Dejó ver su vestimenta de lino al completo que la cubría
hasta los pies, un cinturón de color rojo rodeaba su esbelta figura.-
"Ese" no es un lugar seguro...
- ¿A no?.- preguntó Carter.- ¿Por qué?
- La ira de Shekmet está en el aire... sólo los dioses están
libres de su odio.- contestó ella.- ¿Sois dioses?
- Ahm... no... no... - comenzó a decir Daniel mirando a sus compañeros.
- Somos tan humanos como tu.- dijo Carter.
- Pero... sois viajeros del gran anillo de los dioses.- dijo ella.
- Bueno... es un poco largo de contar.- comenzó a decir O'Neill.-
Un resumen sería que... los dioses son malos, a nosotros no nos
gustan los malos y para acabar con ellos hemos aprendido a utilizar el
"gran anillo".- la joven le miró con curiosidad.
- Pues si no sois dioses... ese no es un lugar seguro.- insistió
ella.
- Bien... ¿y cuál lo sería?- preguntó Daniel.
- En los momentos en el que la ira de la diosa es desatada... un templo.
- ¿Allí es donde están el resto de los habitantes
de esta ciudad?.- la joven afirmó con la cabeza.- ¿Y tú
puedes llevarnos a un sitio seguro?.- la joven le miró intrigada
aún para después afirmar con la cabeza.- Bien... sálvanos
pues de la ira de la diosa.
- Seguidme.- abrió entonces la puerta de par en par. Daniel miró
a O'Neill y arqueó las cejas en señal de victoria con una
sonrisa. Carter avanzó la primera hacia la joven, el resto caminó
detrás de ella.
Entraron
en el templo siguiendo los pasos de la muchacha que andaba descalza por
las enormes baldosas blancas del edificio. Teal'c cerró la puerta
tras de sí al ser el último en cruzar el umbral. El templo
era gigantesco, pero no parecía haber nadie allí dentro.
La muchacha caminó en la penumbra, Daniel quedó extasiado
ante lo que sus ojos veían en ese momento. Era como estar en el
mismísimo templo de la ciudad de Karnak en la Tierra, en el cuál
se adoraba a la diosa Shekmet, sólo que de aquel templo sólo
quedaban recuerdos, y él estaba allí, a miles de años
luz de su mundo era una copia del que había sido levantado en época
faraónica. La joven se acercó a una tea y la tomó
entre sus manos para alumbrar el camino. Ésta desprendía
un olor característico sin humear, que el arqueólogo reconoció
al momento: incienso. Siguieron a la joven que caminaba con total soltura
y tranquilidad. O'Neill levantó la vista hacia los techos del edificio,
eran bastante altos y ornamentados con dibujos de estrellas en un manto
oscuro.
- ¡Vaya!.- su expresión detonaba sorpresa. Jamás había
visto algo parecido. La joven atravesó un grupo de columnas gigantescas
para alcanzar un nuevo umbral al fondo. Al llegar allí se detuvo
y esperó a sus visitantes que caminaban mirando a todos lados.
La joven sonrió ante el comportamiento de estos.
- Por aquí.- dijo con voz dulce. Siguió caminando atravesando
el umbral.
- Creo que nos lleva al "santa..."- se detuvo al contemplar
la nueva habitación. Era mucho mayor que la anterior, en el centro
una gran estatua de la diosa Shekmet, y formando un círculo alrededor
de ella, un grupo de estatuas en tamaño más reducido de
la misma. O' Neill trató de hacer un recuento de todas aquellas
estatuillas, había por lo menos unas seiscientas.
- ¿"Santa..."?.- preguntó Teal'c esperando que
Daniel terminara de explicarse.
- "El Santasanctorum"... Y este es hermoso. Es... como el de
la diosa Mut que Amenhotep III la dedicó en Karnak para poderse
curar de una enfermedad...
- ¿Y se curó?.- preguntó Carter con curiosidad acercando
su mano a una de aquellas figuras.
- No.-contestó Daniel con rotundidad.
- Y se quedó con seiscientas estatuas imposibles de vender en un
rastrillo... mal negocio.
- Aquí la diosa nos protege.-dijo la joven sentándose en
una pequeño escalón bajo el enorme pilar que sujetaba la
estatua con forma de mujer con cabeza de leona en lo alto.
- Tenemos suerte pues de haberte encontrado, Diana: sacerdotisa de la
diosa Bastet.-dijo Daniel con una sonrisa.-
Veo que puedes entrar a todos los templos a tu antojo.
- He de hacer ofrendas a las protectoras para estar seguros. Aunque mi
devoción es Bastet, accedo al resto de los templos para orar por
el bienestar de mi pueblo y así estar protegidos.
- ¿De quién os protegen?.- preguntó Teal'c con curiosidad.
- Del dios serpiente.
- ¿Apophis?.- preguntaron Carter y Daniel al unísono. La
joven afirmó con la cabeza.
- Así que Apophis ha estado aquí.- afirmó O'Neill
pensativo.
- Sólo sus guardias.- dijo mirando a Teal'c.
- ¿Vinieron a través del Stargate... del "anillo gigante"?
.- se corrigió Daniel.
- Es el Epagómenos. Esperábamos alguna desgracia.
- ¿Epagómenos?.- preguntó Carter ensimismada.
- Ah... son cinco días creados por el dios Path, se creía
que ocurrían desgracias y el pueblo se ocultaba esos días...
¿dónde están... los demás?.- preguntó
el arqueólogo a gran velocidad.
- En Rehesu... Aquí en Het-ka-Path, sólo hay templos. Los
sacerdotes, artistas y sacerdotisas viven aquí con las diosas.
- Así que... Het-ka-Path, un nombre un poco difícil de recordar
para una comarca.- comentó O'Neill mientras miraba una a una cada
representación de la diosa con tranquilidad.
- Es el nombre egipcio de Menfis... y Rehesu es la antigua Letópolis.
Es increíble... Así que Shekmet, Hathor, Tefnut y Menhit
protegen a tu pueblo junto a Bastet.
- Desde siempre ellas han velado por nuestra salud y alegría. Aquí
se las venera... Apophis visita a través del "gran anillo"
nuestro hogar en los epagómenos para hacer el mal. Se ha llevado
a algunas de mis amigas.
- Creo que empiezo a enlazar algunas cosas aquí... -comentó
O'Neill acercándose a la joven.- ¿Vinieron con un niño,
Diana?
- No lloraba... ¿él era también un dios?
- Ah... no, bueno... es... un niño. Su nombre es Harsiesis, lo
buscamos para salvarle de Apophis. Él quiere hacerle daño.-
le explicó Daniel.
- ¿Maltrataron al niño?.- preguntó Carter.
- Quiso ayudarnos, pero... se lo impidieron.
- ¿El pequeño Harsiesis quiso ayudaros?.- preguntó
Teal'c.
- Su fuerza es... grande. Yo la sentí. ¿Vosotros buscáis
a Apophis?
- Digamos que tenemos una cuenta pendiente con él. ¿Estuviste
presente en la captura de tus compañeras?.- preguntó O'Neill.
- Eran las hijas de los que ayudaron a alzar estos templos... aún
no habían ascendido a sacerdotisas, por eso se las llevaron.
- ¿Sabes a dónde?.- preguntó Carter.
- Al desierto...
- Sí ya, pero... ¿sabes si cruzaron el Star... El "gran
anillo"?.- preguntó O'Neill.
- Cuando cruzan el "gran anillo" no suelen quedarse demasiado
tiempo, y siempre se van a través de él. Tienen ese poder...
como vosotros.
- No somos dioses, Diana.- dijo Daniel.
- Y si no lo sois... ¿cómo vais a luchar contra un ser tan
poderoso?.- preguntó ella con curiosidad.
- Tenemos nuestros métodos.- dijo el coronel sujetando con fuerza
su arma.
- Sólo los dioses pueden defenderse de él. Nosotros sufrimos
su ira...
- Apophis es una rata, Diana.- dijo O'Neill intentando hacerla comprender
que su miedo era injustificado. La joven le miró intentando comprender
sus palabras.- Vale, una rata no... es una asquerosa y rastrera serpiente.
Pero lo que sí puedo asegurarte es que no es ningún dios.
Nosotros ya le vencimos una vez.
- Ahm... Jack.-dijo Daniel interrumpiéndole, el coronel le miró
extrañado.- Escucha Diana, puedes... disculparnos...- dijo tirando
de él para arrastrarlo lejos de los oídos de la joven.-
Sam... Teal'c... ahm... ¿por qué no le cuentas a Diana de
dónde venimos?.- le dijo mientras empujaba a O'Neill que no entendía
muy bien aquel comportamiento. Se alejaron sólo unos metros para
poder cuchichear entre los dos.
- ¿Pero qué pasa ahora, Daniel?
- Oye, no creo que sea una buena idea quitarla de la cabeza tan deprisa
ideas preconcebidas que tal vez podrían ayudarnos.
- ¿Te importa ser un poco más concreto?
- Apophis tiene al niño, eso está claro. Sus guardias vinieron
hasta aquí exclusivamente para conseguir anfitriones. ¿Por
qué hacer esa parada tan repentina cuando salieron de Abydos, pudiéndole
haber llevado al niño a Apophis directamente?
- ¿Por qué necesitaban anfitriones especiales?.- dijo O'Neill
pensativo.
- Necesitaban futuras sacerdotisas. En la cultura egipcia, una joven que
aspiraba a ese rango social, tenía un don especial para ello. Apophis
nunca ha hecho distinción entre la gente que se ha llevado para
hacerlas suyas.
- Esta vez buscaba a gente con algún tipo de característica
especial...- dijo de nuevo.- ¿Es lo que estás tratando de
decirme?
- Lo único que te digo es que Apophis no mandó a sus secuaces
aquí por casualidad. Hizo que secuestraran a un grupo de muchachas...
especiales.
- Hemos visto en alguna ocasión elegir a sus víctimas él
mismo para después "donarlas" a otros goa'uld.
- ¿Y si esta vez es igual? ¿Y si secuestró a esas
jóvenes por un motivo concreto como... utilizarlas como regalo,
como intentó hacer con nosotros por ejemplo?
- Me parece una teoría interesante Daniel, pero el problema aquí
es que no tenemos ni idea de a dónde se ha llevado a esa gente
y al niño. Y ella no ha visto nada.
- Diana ha dicho que Apophis visita este planeta de vez en cuando...
- Eso no es nuevo. Muchos planetas son visitados por esa "rata"
para conseguir anfitriones, y algunos de ellos son lugares fijos... lo
hemos podido comprobar.
- Primero deberíamos asegurarnos quiénes de estas diosas
aquí adoradas son reales y cuáles goa'uld... Shekmet estaba
representada en el desierto como tal. Diana la nombra como protectora...
tal vez no lo sea, igual que Apophis. Es por ello que te suplico que intentemos
aprovechar los conocimientos de Diana, tal vez en este lugar encontremos
la pista que nos diga a dónde se han llevado a Harsiesis.
- Pero... ¡Eso es... una posibilidad entre mil!.-dijo Jack susurrando
un poco más alto.
- Vale... - dijo Daniel pensativo.- ¿Se te ocurre alguna posibilidad
mejor entre las novecientas noventa y nueve restantes?- el coronel le
miró pensativo. Aquel lugar era el único donde poder encontrar
pistas sobre el paradero del niño pues los guardias lo habían
llevado hasta allí. La verdad es que no tenía muchas más
opciones.
- Está bien... tú ganas. Pero tendrás que trabajar
deprisa Daniel, el tiempo se acaba.- Daniel afirmó con la cabeza,
se acercó de nuevo al grupo.
- Entonces eres un traidor para tu pueblo.-decía Diana en ese momento
a Teal'c.
- Lo soy. Lucho contra Apophis y los opresores junto a Tauri. Y tu pueblo
debería hacer lo mismo.
- Muy bien Diana... ehm... necesitamos saber a dónde se llevaron
los guardias al niño.
- Yo no lo sé Daniel.
- Ya... pero quizá con tu ayuda puedas contarme algo que me indique
cuál es el camino que hemos de seguir.
- ¿Yo?
- ¿Tú eres... sacerdotisa, no?.- preguntó O'Neill.
La joven afirmó con la cabeza.- Seguro que sabes un montón
de chismes.- La joven frunció el ceño sin comprender lo
que el coronel le acababa de decir.
- Jack quiere decir... que tal vez tú, gracias a los conocimientos
que posees sobre tu pueblo, puedas ayudarnos a comprender tu cultura y
su historia antigua, y esto nos ayude a nosotros. Podrías empezar
por ejemplo, en mostrarnos los cuatro templos más importantes de
Het-ka-Path.
- Está bien.- dijo ella dando un suspiro mientras se ponía
en pie de nuevo.- Seguidme... - O'Neill miró al arqueólogo
antes de echar a andar detrás de la joven que con suma ligereza
se desplazó en dirección del pasillo por el que habían
entrado. El grupo procuró disfrutar de lo que la joven les mostraba.
Ésta caminó por el pasillo de columnas hacia la puerta de
salida del templo. Daniel con la cámara encendida procuró
no perder detalle de todo lo que aquel lugar le mostraba. Entre un par
de columnas en mitad del pasillo se detuvo al distinguir algo que creyó
reconocer. Se quedó atrás mirando estupefacto una representación
de la diosa Shekmet parecida a la que habían visto en el templo
a su llegada a aquel planeta y que no había apreciado la primera
vez. El Jaffa se detuvo tras él mirando la misma pictografía.
- Mira esto Teal'c.
- Lo reconozco. Vimos esta misma representación cuando llegamos.
- Salvo... -dijo Daniel señalando hacia la izquierda de la representación
y señalando una figura de diosa gato conocida por él.- Esto.-
Señaló al grupo humano arrodillado ante la gran diosa leona
con el brazo en alto dispuesta a "poseer" a la población
rendida a sus pies. En esta representación además de la
diosa Shekmet aparecía una segunda representación de diosa
que parecía proteger a los habitantes de su brazo.- Diana.- al
nombrarla la joven detuvo su paso y se giró para mirarla, O'Neill
y Carter miraron también hacia allí.- ¿Te importaría
mostrarnos primero los templos de la diosa Bastis?.- la joven no dijo
nada, se limitó a asentir para girar de nuevo sobre sus talones
y caminar de nuevo.
- ¿Preferencias repentinas Daniel?
- Digamos que tengo... una corazonada.- dijo Daniel le sonrió mientras
le adelantaba.
- Creí que la ciencia no aplicaba el método científico
de las corazonadas... -dijo O'Neill. Daniel le miró adelantándole
con una sonrisa.
- Aprendo deprisa tus métodos Jack y... le estoy cogiendo el gusto
a tu "Lado Oscuro".
- Ya.- dijo secamente con una sonrisa mientras siguió al joven
hacia la puerta por donde la muchacha ya había salido seguida de
la mayor y del Jaffa. Hicieron el camino de vuelta por el templo, la joven
empujó el gran portón de entrada y salió al exterior.
Miró con desconfianza para luego comenzar a caminar más
deprisa de como lo había hecho hasta ahora. El grupo la siguió
hasta la entrada de uno de los templos. Daniel levantó la vista
para poder mirar en el friso la representación de aquella diosa.
Entraron dentro del templo en penumbra. Diana recuperó de nuevo
su camino ligero y sin prisa, la entrada a aquel templo no era muy grande.
Pasaron un pequeño umbral para adentrarse en un largo pasillo con
columnas esparcidas a ambos lados, la estancia era mayor que la anterior.
La joven les acompañó hacia el interior del lugar, adornado
y engalanado de diferentes tipos de flores. Al pasar el siguiente umbral
llegaron a una habitación de tamaño menor a la anterior,
la joven tomó una tea para poder alumbrarse dentro, pues aunque
el edificio contaba con algunos lugares por donde entraba la luz, la noche
ya había caído y la luna no alumbraba demasiado. El equipo
caminó por aquel lugar mirando a su alrededor.
- ¿Qué es lo que buscamos Daniel?.- preguntó O'Neill
mientras examinaba una gran imagen de un gato sentado sobre sus cuartos
traseros en el centro de la estancia. La mayor Carter dejó escapar
una expresión de asco mientras examinaba algo que había
encontrado en el suelo.- ¿Qué ocurre Carter?
- Momias, señor.
- ¿Perdone?.- dijo el coronel acercándose a ella que había
soltado lo que había cogido del suelo.
- Aquí hay amontonadas cientos de momias.- el coronel miró
el hallazgo de su oficial, una pila de pequeños paquetes de lino
momificado.
- ¿Momias de qué?.- dijo el coronel agachándose a
mirar una de ellas.
- Son gatos. La gente de mi pueblo trae a sus gatos muertos para momificarlos
y ofrecérselos a la diosa.- el coronel miró a la joven.-
En mi cultura los gatos son los guardianes del inframundo. La diosa Bastis
nos protege y los gatos son símbolos de buena fortuna.
- Claro
y por eso los coleccionáis aquí.
- ¡Lo encontré!.- exclamó Daniel desde el otro extremo
de la habitación.
- ¿Más momias?.- preguntó O'Neill.
- No
es una estela.- El joven tocó con sus manos aquellos
símbolos que conocía tan bien. El resto del equipo se acercó
a él.- Es la misma representación que hemos visto antes.-
De nuevo la diosa Shekmet con cabeza de leona aparecía con su brazo
levantado dispuesta a apoderarse de las mentes de los que tenía
delante. En un dibujo posterior, se veía al pueblo adorando a la
diosa Bastis, con cabeza de gato, que aparecía en forma pacífica.
Bajo estos dibujos había representados un montón de signos
diferentes.
- Son símbolos del Stargate.- dijo Carter reconociendo alguno de
ellos.- Son direcciones.
- Fijaos, aquí dice que son los lugares que Shekmet visitó
e hizo suyos apoderándose también de sus habitantes, que
desde entonces la toman como reina, portando para ella a sus hijos.
- Larvas goa'uld
- dijo Carter casi en un susurro. O'Neill revisó
la pared que llegaba repleta de símbolos casi hasta el final de
la estancia.
- Daniel hay montones de direcciones
- Y una parte destruida.- dijo Teal'c señalando un lugar en el
que algún tipo de erosión había acabado con los símbolos
en ella representados.
- Aún no comprendo demasiado bien qué es lo que buscáis.-
dijo la joven pensativa.- Decís buscar al niño y ahora estudiáis
mi cultura. El dios Apophis se llevó al niño.
- Daniel cree que se llevaron al niño a una de estas direcciones.
Se puede viajar a través del "gran anillo" gracias a
los símbolos que aparecen aquí. ¿Los ves?.- le dijo
Carter a la joven mientras señalaba a uno de ellos.
- Apophis se ha llevado a esas compañeras tuyas con él,
quizás para ofrecérselas a Shekmet.- Las palabras de Teal'c
angustiaron a la joven.
- Entonces no las volveré a ver jamás.- dijo casi en un
hilo de voz.
- Tenemos que averiguar a cuál de todas estas direcciones marcó
Apophis llevándose a Harsiesis con él. Shekmet podría
estar en cualquiera de ellas.
- ¿Y cómo vamos a saberlo Daniel? No podemos ir a todos
estos lugares a la vez, no hay tiempo.- el arqueólogo revisó
de nuevo los símbolos.
- Necesito estudiar este lugar con detalle
junto a los símbolos
de la dirección identifico en egipcio la descripción de
alguno de esos lugares, aquí se habla de bosques espesos, este
es semidesértico, este lugar tiene un gran río
- ¿Cuánto tiempo te llevara?.- preguntó O'Neill.
- No lo sé. Pero déjame intentarlo. No tenemos qué
perder, no tenemos más pistas que esto.- el coronel sopesó
durante unos segundos lo que el arqueólogo le decía. Era
arriesgado permanecer allí sabiendo que el niño estaba en
manos de Apophis, pero como decía Daniel, no tenían más
que aquella pared para tratar de encontrar una pista, y si la había,
Daniel era la persona indicada para encontrarla.
- Está bien. Tú ganas... otra vez. Ya tienes entretenimiento
para las próximas horas. Diana, tendremos que permanecer aquí
unas horas.
- Como deseéis, yo regresaré al amanecer antes de los ritos.
No os mováis de aquí, este es un sitio seguro.- dijo la
joven echando a andar. Desapareció entre la penumbra del lugar
mientras Daniel ya había fijado la mirada en todos aquellos símbolos
de la pared. O'Neill miró a Carter y al Jaffa.
- Muy bien chicos, montaremos guardias. Yo haré la primera. Carter,
ayude a Daniel a encontrar el país de Oz. Teal'c, ven a sustituirme
en tres horas.- El Jaffa afirmó sin decir una palabra, luego el
coronel se dirigió a la puerta del templo dejando a la mayor y
a Daniel mirando cada centímetro de la pared de aquel lugar con
un objetivo fijo, averiguar todo lo posible sobre lo escrito en aquellos
muros. La vida de un niño quizá dependiera de ello.
Estaba
convencido que con un poco más de tiempo lograría sus propósitos.
Necesitaría gran astucia para convencer a aquella goa'uld para
que se pusiera de su parte. Pero no estaba dispuesto a ceder. Se frotó
con los dedos la máscara de oro que cubría parte de su rostro. Había sufrido
graves heridas infligidas por su enemigo Sokar cuando le tuvo bajo su
poder. Logró escapar de su encierro y quedarse con su ejército que ahora
le servía fielmente. Mucha culpa de aquella heridas eran del pueblo de
Tauri. Miró entonces hacia un pequeño cubículo en el que el pequeño Harsesis
parecía estar dormido. Aquel niño sería ahora su arma para acabar con
estos para siempre. Las gigantescas puertas de sus aposentos se abrieron,
y un Jaffa de su corte entró con paso seguro.
- Mi señor
- dijo inclinándose con sumisión.-
La gran diosa Shekmet solicita su atención.
- Que entre
y que nadie nos moleste.- dijo girándose para
mirarle a la vez que sus ojos se iluminaban. El Jaffa volvió a
salir dejando las puertas abiertas, casi a la vez que salía una
exuberante mujer vestida con un corpiño, una falda plisada de cuero
marrón sujeto por un gran cinturón fabricado en oro puro
de misteriosa belleza. Era rubia, de larga melena y ojos marrones. Llevaba
un casco que cubría parte de su cabeza y que mostraba a la altura
de su frente la forma de la cara de una leona. Se acercó sonriente
hacia Apophis que en ningún momento dejó de mirarla. Tras
ella, entró un joven vestida con el mismo tipo de falda de pliegues
de cuero marrón, y un corpiño muy ajustado. A su espalda
portaba un gran arco, una saca repleta de flechas de brillante punta y
llevaba en su mano una larga lanza. Ésta se detuvo junto a las
puertas que el propio Jaffa cerró desde fuera. Se quedó
inmóvil viendo a su soberana acercarse al dios serpiente. Éste
la miró unos segundos, su belleza era tan fascinante como la de
la propia reina, la joven no se inmutó lo más mínimo
ante la mirada de aquel. Tenía una larga melena negra, y llevaba
a la frente atada una cinta de cuero. Sus ojos azules permanecieron fijos
mirando a ambos dioses.
- No era necesario que vinieras acompañada de tu mejor amazona
Shekmet.- la diosa sonrió a la vez que se sujetaba con ambas manos
el pesado cinturón.
- Hipólita se ofreció a acompañarme. Siempre es un
placer verte, Apophis.- el dios hizo brillar de nuevo sus ojos. Sabía
que mentía, pero en ese momento le daba igual.
- Espero que hayas recibido de buen grado a las jóvenes que te
traje personalmente.
- Así es
gracias, ya le he encargado a Hipólita su
enseñanza. Serán unas futuras amazonas, como siempre. Pero
algo me dice
que tu regalo esta vez no es desinteresado.
- Y no te equivocas. Necesito de tu ayuda, por eso el presente.
- Y ¿qué es esta vez?
- Necesito que eduques a alguien más.- el dios se acercó
al pequeño rincón en donde el bebé permanecía
inmóvil, como si supiera que algo fuera a ocurrir. La diosa le
siguió para mirar lo que allí había.
- Es un niño.
- Quiero que lo enseñes Shekmet.
- Sabes que mi gente no puede hacer eso. Son amazonas, matan a sus propios
hijos, ¿por qué iban a educar a éste?
- Porque es mi hijo.- Apophis la miró con furia a la vez que sus
ojos se iluminaban.- Deseo que sea educado entre tus amazonas, que le
enseñen a ser un gran guerrero.
- ¡Es un Harsesis! ¡Te has atrevido a tener a un niño
con tu anfitrión! ¡Eso va en contra de la ley goa'uld!
- ¡Eso no me importa! Es hijo mío y de mi esposa, Amaunet,
y deseo que sea el encargado de acabar junto a mí de aquellos que
han osado desafiarme. Su sabiduría es infinita, tiene ambas mentes
y quiero que seas tú y tus amazonas quiénes lo eduquéis
en contra de su forma humana y a favor de su instinto goa'uld.- La diosa
permaneció unos segundos en silencio. Aquello que le pedía
iba totalmente en contra de las leyes de la Tribu Amazona. Sólo
las niñas eran educadas en su tribu. Pero aquella idea, un ser
enseñado en las artes de la guerra por la mejor de sus amazonas,
harían de aquel bebé a un ser superior. Ser que estaría
a su cargo por el momento. Sin duda la idea la seducía.
- Está bien.- cedió por fin la diosa.- Pero impongo una
condición.- Apophis la miró con curiosidad y duda.- Saca
a tus guardias de mi territorio, ya sabes que no nos gusta la presencia
masculina en nuestras tierras. Sólo haremos una excepción,
ese niño. Usa el Chaapa'ai para regresar cuando yo te mande llamar.-
Apophis sonrió ante la proposición de la diosa.
- Nada de juegos Shekmet
sino olvida nuestro acuerdo.- la joven
sonrió de forma felina.
- Haré de ese niño un digno sucesor tuyo, y el guerrero
más temido. Mi mejor amazona hará ese trabajo, te lo aseguro.
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