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CAPITULO
3
El
complejo del
Stargate en la Tierra excavado en la roca viva de la montaña Cheyenne
en Colorado, era un hervidero de militares yendo y viniendo. A unos 28
pisos por debajo del suelo, la sala de embarque se encontraba en estos
momentos a la espera de viajeros. En la sala de control, frente a la gran
puerta, en un piso superior y desde la que se podía contemplar
toda la sala de embarque gracias a un enorme ventanal blindado, el equipo
técnico del Stargate esperaba las órdenes del superior al
mando.
- Alerta. Viajero en entrada. Iris cerrado.- gritó el sargento
Davis mientras tecleaba delante de una pantalla de ordenador a gran velocidad.-
Esperando el código de señal del viajero para la apertura
del Iris, señor.- El ordenador emitió un ligero pitido y
apareció en pantalla la señal esperada.- Es el SG-1 señor,
regresan.
- Abran el Iris.- ordenó el general.
De unos sesenta años, de estatura media, hombros caídos
y de aspecto rechoncho, era el superior que estaba al mando de aquellas
instalaciones. Miraba tras el sargento hacia el Stargate en el que un
haz de luz azul brillante quedaba reflejada en la pared de detrás
de la puerta al quedar abierto. El Iris, una gigantesca circunferencia
de color grisáceo, recubría el aro central impidiendo ver
el líquido del Stargate al otro lado. El sargento tecleó
a gran velocidad y el iris emitió el sonido de cuchillos de acero
al rozarse, abriéndose de forma circular, y permitiendo la visión
de la superficie cristalina.
- Iris abierto. Alerta cancelada.- dijo el sargento a través de
los altavoces para que los militares abajo preparados con sus armas bajaran
la guardia.
Pocos minutos después el equipo de O'Neill atravesaba la superficie
acuosa acompañados por el joven Skaara. El general tomó
el micrófono para que se le pudiera escuchar a través de
los altavoces de la sala de embarque a la vez que la gran puerta cerraba
el agujero de gusano.
- Stargate desactivado.- dijo el sargento mirando al general.
- Bienvenidos SG-1. - se le oyó decir. El equipo miró hacia
el ventanal para ver al general Hammond que les había hablado desde
allí. Skaara miraba a todos lados impresionado por lo que veía.
- ¡Uahhh!.- exclamó el joven.- Sin do' nah... - Daniel le
miró y sonrió al ver su expresión.
- Thi' emu?.- le preguntó Jackson. El joven ni siquiera contestó
mientras bajaba por la rampa sin perderse el más mínimo
detalle de todo lo que había a su alrededor. Era la primera vez
que visitaba las instalaciones de los Tauri y ahora comprendía
un poco mejor porqué eran tan poderos. O'Neill miró a Daniel
levantando el entrecejo esperando que éste le explicara.
- Oh... está... sorprendido.- dijo Daniel echando a andar tras
él. O'Neill negó con la cabeza sonriendo ante la contestación
de éste. Luego miró hacia el general, que acababa de entrar
en la sala de embarque.
- Señor, tenemos que hablar con usted inmediatamente.
- Bien coronel.- dijo el general.- Que su equipo se reúna conmigo
en la sala de juntas.
Pocos
minutos después el SG-1 al completo esperaba al general Hammond
en la espaciosa sala de juntas. La sala, con una gran mesa ovalada y rodeada
de sillones de cuero estaba situada justo encima de la sala de control.
También tenía un enorme ventanal blindado desde el que podía
verse la sala de embarque. Daniel examinaba unos documentos en los que
comparaba los símbolos señalados por Skaara y sus propios
apuntes sobre ellos. Carter a su lado, ojeaba esos mismos papeles. Teal'c
miraba al joven Skaara que examinaba cada objeto que veía en la
sala con sumo detenimiento, sabía muy bien como se sentía.
Él tuvo aquella misma sensación cuando atravesó por
primera vez el Stargate de Tauri. O'Neill no podía evitar sonreír
al ver la expresión de asombro del joven con cada cosa nueva que
descubría. Ahora colocaba las manos sobre el cristal blindado dándole
golpecitos.
- ¿Qué es esto?.- preguntó al coronel que miró
el cristal que el joven tocaba.
- Una ventana. Una... gran ventana.
- ¿De qué es? ¿Es... frío?- dijo poniendo
su cara sobre la superficie.
- De cristal blindado.- le respondió el coronel. El joven le miró
sin entender.
- Es vidrio en realidad.- le corrigió Daniel.- Está manipulado
para impedir que los proyectiles lo atraviesen. No se puede romper.
- ¿De veras?.- preguntó mientras dirigía la mirada
hacia los vasos y la jarra con agua en su interior que se encontraban
sobre la mesa. Desde que los Tolanos le había librado de llevar
en su interior a la larva Klorel, prácticamente había vuelto
a ser el mismo de siempre, un joven lleno de vida y curiosidad por las
cosas desconocidas. No parecía tener recuerdos del que fue su huésped
durante tanto tiempo. Aunque era posible que el joven reprimiera aquellos
recuerdos por el momento, sin duda no eran agradables. Miró entonces
la jarra sobre la mesa y tomó uno de los vasos entre sus manos.
Lo miró perplejo viendo su propia mano a través de él.
O'Neill se le acercó, le recordaba tanto a su hijo.- Vaya... ¿esto
tampoco se puede romper?.- dijo pensativo. Levantó el brazo de
repente y lo lanzó al suelo a pesar de que el coronel intuyó
su intención e intentó impedirlo.
- ¡No!.- exclamó O'Neill. Su voz se entrecortó con
el estruendoso ruido del cristal al romperse. Todos se sobresaltaron.
Skaara permaneció inmóvil. Miró los cristales en
el suelo.
- Qué mala calidad.- dijo mirando después a O'Neill.
- Me temo que no todo el cristal de este lugar es irrompible.- La puerta
se abrió en ese momento y el general hizo su aparición.
Carter se levantó al verle al igual que Teal'c. El general se detuvo
ante el estropicio hecho en la sala.
- ¿Qué ha pasado?.- preguntó mirando a los presentes.
- Me temo que la primera clase de Skaara sobre materias primas de la Tierra
ha sido un fracaso.- dijo Daniel.
- Bien, siéntense.- Obedecieron todos. El joven se sentó
orgulloso al lado del coronel. El general les miró desde su posición
en la mesa. Se detuvo cuando su vista se cruzó con la del muchacho.-
Así que ¿tú eres el joven Skaara?
- Sí, señor.- respondió con voz tímida pero
clara.
- Espero que te sientas aquí como en tu propia casa.- O'Neill desvió
la vista hacia el montículo de cristales rotos en el suelo. El
general intentó atraer su atención.- Bien coronel, según
su propio criterio ¿en qué situación nos encontramos?-
El coronel le miró entonces.
- Me temo que nuestra situación no es muy buena, señor.
Creemos que Apophis ha secuestrado a Harsesis. Aún no sabemos cómo,
pero debió enterarse del traslado del niño a Abydos para
su presentación, y si eso es así, la Tierra podría
verse en problemas.
- ¿Y cómo ha podido enterarse de eso?.- preguntó
el general con expresión de asombro.
- Eso... no lo sabemos, señor.- dijo Carter.- Aunque sin duda,
debemos averiguar cómo lo hizo.
- La misión para ir a buscar al niño fue llevada acabo por
ustedes mismos. ¿Notaron algo raro en aquel planeta?
- Nada que se saliera de lo normal señor.-dijo el coronel.- Oma
Desala ocultó a Harsesis allí con ella, en un gran templo
al estilo... Fu Manchú, con un montón de tipos calvos como
samuráis.
- ¿Fu Manchú?- preguntó Daniel con expresión
de sorpresa. Estaba claro que O'Neill había ignorado por completo
sus explicaciones sobre aquella cultura cuando llegaron al planeta.- Señor,
sólo eran monjes parecidos a los que habitan en el Tíbet,
aquí en la Tierra, o al que conocimos en Kheb. Y el templo era
más bien parecido al de Xian. Según los monjes, Oma Desala
había estado fomentando en Harsesis enseñanzas de distintos
tipos. Me comentaron que aún siendo tan pequeño, veían
en él posibilidades sobrenaturales gracias a sus dos especies innatas:
la humana y la goa'uld.
- Bien, si Apophis ha secuestrado al niño ¿qué podría
hacer con él?.- preguntó de nuevo el general Hammond.
- Pensamos que Apophis esconderá al niño y tratará
de utilizarlo para dominarnos.- expuso Carter.- El niño es mitad
humano, mitad goa'uld, lleva impreso en sus genes la sabiduría
de ambas razas.
- Y por lo tanto se ha convertido en una amenaza en potencia.-dijo el
general.
- Ahm... señor.- interrumpió Daniel intentando que su voz
sonara lo más convincente posible, pues a pesar del tiempo que
llevaba trabajando para el ejército, sabía que su opinión
no dejaba de ser la de alguien fura del rango militar. Necesitaba hacerle
entender al general que Harsesis era algo más que una amenaza en
estos momentos, que era posiblemente el futuro de su propia raza ante
los destructores goa'uld.- Es necesario encontrarle con vida... yo...
creo...
- Doctor Jackson, sé perfectamente el riesgo que corremos si verdaderamente
Apophis se lo ha llevado. Y también sé que no sólo
Apophis quiere al niño. Cualquiera de sus adversarios estaría
dispuesto a cualquier cosa por hacerse con él.- Daniel intentó
detener al general pero este siguió hablando.- También sé
qué relación le une al niño. Era hijo de su esposa
y sé que debe ser muy duro para usted toda esta situación.
- Señor, sólo quiero encontrarlo con vida. Por eso hemos
traído con nosotros a Skaara.- dijo mirándole.- Queríamos
que fuera él quién le contara lo ocurrido y lo que vio.-
el general miró al joven. Aquel hombre le imponía mucho
más respeto que el propio O'Neill. El joven tomó aire y
buscó en su mente las palabras que el propio Daniel le había
enseñado para contar lo ocurrido.
- Harsesis cruzó el gran anillo en manos de guardias serpientes
de Apophis... señor... y yo vi a dónde iban.
- ¿Es eso cierto?.- dijo el general con sorpresa mirando al coronel.
- Sí señor. Él estuvo durante el ataque de los guardias
y nos ha mostrado los símbolos del lugar al que fueron.- contestó
O'Neill.
- Los hemos cotejado y no coinciden con ninguna dirección antes
visitada.-dijo Carter.
- ¿Podría tratarse del planeta en dónde gobierna
Apophis?- preguntó el general.
- Bueno, esa es una posibilidad. Los guardias podrían haberse encargado
de llevar al niño directamente allí, junto a él.-
dijo la mayor.
- ¿Teal'c?.- preguntó el general de nuevo mirando al Jaffa
hasta el momento silencioso.
- Apophis habrá ocultado al pequeño en algún lugar
seguro para que nadie pueda encontrarlo, hasta que esté suficientemente
preparado y pueda utilizarlo en sus planes de gobierno.
- Bien... empezaremos por enviar una sonda para...
- Señor.- interrumpió O'Neill de repente.- Con todos mis
respetos, no creo que esa sea una buena idea.- el general le miró
sin comprender esperando su propuesta.- Verá, hemos tenido mucha
suerte al poder conocer la dirección de ese planeta gracias a la
colaboración de Skaara y... la verdad si Apophis está allí...
bueno... me gustaría decirle un par de cosas cara a cara, ya sabe,
de hombre a... "bicho". Pero, si enviamos esa sonda, les pondremos
sobre aviso, algo que no nos conviene.
- ¿Se le ha ocurrido pensar, coronel, que quizás traten
de tenderlos una emboscada? Tal vez Apophis tenga información que
nosotros desconocemos. De hecho ha sabido cómo llegar hasta el
niño cuando lo llevamos a Abydos para su presentación.-comentó
el general.
- Ahm... lo he pensado señor, y hablo sólo en mi nombre:
estoy dispuesto a arriesgarme.- Miró primero a sus compañeros,
luego de nuevo al general.
- Yo estoy de acuerdo contigo O'Neill.- dijo Teal'c mirándole con
total solemnidad.
- Gracias Teal'c.- contestó con una sonrisa.
- Yo no me perdería sorprenderlos por nada del mundo. También
prefiero arriesgarme.- aseguró Carter con sinceridad mientras miraba
a O'Neill sin dudar un solo segundo.- Además, ¿para eso
nos pagan no?
- Yo no pienso permitir que Apophis se salga con la suya. Se lo debo...
a los míos.- dijo Daniel mirando a Skaara frente a él. O'Neill
sonrió al ver que su equipo estaba dispuesto a arriesgarse con
él asumiendo todas las consecuencias.
- Suya es la decisión... señor.- El hombre se quedó
pensativo. No sabía en ese momento, con certeza, si merecía
la pena perder a su mejor equipo. Una incursión a través
del Stargate sin llevar una sonda al otro lado era realmente muy peligroso.
Pero tal vez, aquella era la oportunidad perfecta para localizar el planeta
de Apophis y acabar con él.
- De acuerdo.- dijo dándose por vencido.- La misión es aceptada...
con una condición.- dijo mirando a Skaara.- Él no va.- El
joven abrió los ojos desmesuradamente, sin duda deseaba acompañarles,
quería volver a luchar junto a O'Neill como la primera vez.
- Per... - comenzó a decir dispuesto a protestar.
- ¿Coronel
?- dijo el general esperando que éste resolviera
el conflicto.
- Sí señor. No se preocupe. Yo... me ocuparé de esto.
- Bien, fijaremos pues la salida del SG-1 a las 8 horas. Asistiré
a su partida personalmente.- El general se levantó. O'Neill, Carter
y Teal'c hicieron lo mismo. Skaara esperó a que éste saliera
para golpear la mesa con furia.
- O'Neill yo pensé que iría con vosotros. Quiero luchar
contra Apophis.- El coronel suspiró ante las súplicas que
ahora le tocaba oír.- He de vengarme, perdí a mi hermana
por su culpa, me hizo portador de una larva con la que cometí verdaderas
atrocidades, he perdido a muchos amigos en Nagadah, mi gente en Abydos
ha sufrido mucho por su causa... quiero luchar, soy un guerrero...
- Lo sé, y nadie dice que no lo seas.
- ¿Es que no quieres mi ayuda?- preguntó.
- No es eso Skaara.- dijo Daniel intentando ayudar a O'Neill a convencerlo.-
El general ha dado una orden y no se puede revocar...
- Pero tú podrías convencerle... yo podría ser útil.
- Ya nos has ayudado mucho dándonos a conocer la dirección
a la que se dirigieron los guardias serpientes. Ahora nos toca a nosotros
recuperar a Harsesis.- dijo Carter. El joven agachó la cabeza.
- Debes obedecer. Nosotros recuperaremos al niño... gracias a tu
ayuda.-dijo Teal'c.
- Es porque no pude defenderle de los guardias, ¿verdad?.- comenzó
diciendo apesadumbrado.- Si hubiera opuesto más resistencia, ahora
Harsesis...
- Estaría con ellos.- le interrumpió O'Neill.- Tu estarías
muerto y nosotros no sabríamos por dónde empezar a buscar.
Escucha Skaara, necesito tu ayuda, pero no en ese planeta.
- ¿Y entonces?.- preguntó.
- Voy a hablar con el general para pedirle que te envíe de nuevo
a Abydos... -el joven le miró con tristeza.-... al mando del grupo
que va a cruzar el Stargate para ayudar a tu gente. Tú serás
su intérprete y su guía, y de ti depende que les llegue
toda la ayuda necesaria.- Sabía que no era precisamente lo que
quería oír, pero la mirada de O'Neill le imploraba casi
que cediera por él. Suspiró para luego afirmar.
- De acuerdo. Regresaré.
- Vale.- dijo O'Neill en un susurro.
- Y si lo que de verdad quieres es aprender de nosotros... yo mismo iré
a buscarte a Abydos para traerte de nuevo cuando regresemos. Te enseñaré
un montón de cosas de mi planeta igual que tú y Sha're hicisteis
conmigo cuando os conocí.- dijo Daniel. El joven sonrió,
pensó que si le decían aquello, aunque no le gustara, era
sin duda porque creían que en Abydos les ayudaría más
que acompañándolos.
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Las
horas previas a un viaje a través del Stargate eran muy diferentes
para cada uno de los miembros del SG-1. Teal'c por su parte, prefería
estar encerrado solo, para poder meditar en su pequeño cuarto que
le había sido asignado cuando las habitantes de Tauri le aceptaron
entre ellos. Algunas veces recordaba sus primera horas allí. O'Neill
le apoyó y le ofreció su amistad sin reservas desde el principio.
Fue más que suficiente haber visto a Teal'c renunciar a su vida
y a su planeta para salvarles la vida a él y a su equipo cuando
fueron hasta allí, en busca de Skaara y su hermana, secuestrados
por Apophis. Él les ayudó cuando sus únicos y posibles
destinos eran la muerte en una gran celda de Chulak, su pueblo. Aunque,
gracias a las enseñanzas de su maestro Bra'tac, supo que el dios
Apophis era sólo un engaño, no tuvo fuerzas suficientes
para enfrentarse a él hasta que conoció a O'Neill en aquella
cárcel y renunció a todo por acabar con aquella opresión.
Aquel hombre le convenció con sus palabras, pidiéndole ayuda
para salvar a todas las personas allí encerradas con ellos, sin
ni siquiera saber quiénes eran ni por qué estaban allí.
Teal'c renunció con aquella decisión a su hijo, a su esposa,
a su vida acomodada junto a ellos como "Primado" de Apophis.
Ahora su familia estaba a salvo en la "Tierra de la luz", esperándole.
Se sintió realmente mal cuando tuvo que mirar a Daniel Jackson
a la cara, después de haber elegido a su esposa Sha're para ser
tomada por Amaunet, la larva esposa de Apophis. A pesar de ello Daniel
le aseguró que el Teal'c que tenía delante no era el mismo
que eligió a su mujer. Ahora estaba con ellos. Le enseñó
mucho sobre su planeta y costumbres. A pesar de todo, de nuevo el destino
le hizo ponerse ante Amaunet, la esposa de Apophis durante la ocasión
en que tuvo la oportunidad de salvar la vida de Daniel. Sha're, poseída
por Amaunet, intentó acabar con la vida de Jackson y sólo
su intervención impidió que lo hiciera. Daniel perdió
a Sha're cuando apretó el gatillo de su arma lanzadera para impedir
que el brazalete de ésta acabara con él. A cuantas personas
había visto morir a consecuencia de aquella arma goa'uld. No podía
permitir que su amigo corriera la misma suerte. El dolor de Daniel ante
la pérdida, le hizo sentirse de nuevo muy mal, pues en aquel segundo
tuvo que elegir por una vida. Sin embargo, Daniel no parecía reprocharle
nada, tal vez porque aquella era su única salida.
Por otra parte, la actitud del general Hammond no fue precisamente acogedora
a su llegada, aunque por supuesto, entendió como guerrero su actitud
de protección sobre los suyos. En un principio le mantuvo encerrado
en una habitación, precisamente la que ahora era su cuarto, le
dejaron salir en contadas ocasiones y en ellas, intentó por todos
los medios hacer comprender a aquella gente que él no venía
a hacerles daño, si no a ayudar. Su sorpresa fue muy grande cuando
el propio general le confesó que habían descubierto la relación
del dios Ra, un temido goa'uld de hacía mucho tiempo, con su propio
planeta. Que éste falso dios reinó y esclavizó a
la gente de la Tierra y que una rebelión les hizo enterrar la puerta
y progresar. El Stargate fue desenterrado por la gente que ahora le brindaba
su amistad.
Al
principio sintió que la mayor Carter más que amistad, sentía
curiosidad por él y sobre todo por su simbionte, alojado en su
vientre el cual, con una incisión en forma de aspa permanecía
oculto en una bolsa marsupial en su interior desde que cumplió
su mayoría de edad para poder unirse a la cultura religiosa de
su planeta. Su actitud cambió radicalmente cuando ella misma fue
portadora de una de aquellas larvas. Todo aquello venía a su mente
mientras meditaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, junto
a un montón de velas encendidas alrededor, la meditación
era algo muy importante para un Jaffa, necesitaba sentirse bien para poder
rendir al cien por cien en cada viaje que emprendía, además
de que su salud dependía de ella.
Daniel
Jackson hubiera preferido acercarse a su apartamento para poder recoger
alguna documentación más sobre aquellas estupendas vasijas
encontradas en su última expedición a través de la
puerta. También prefería la soledad en ese momento, en su
cuarto asignado en el silo, repleto de estanterías, libros, apuntes,
fotografías y diferentes figuras de distintas culturas que había
conocido a través de sus viajes interestelares, eran en ese momento
su única compañía. Esa, y un enorme libro sobre cultura
china que leía para poder ubicar las preciosas vasijas que reposaban
en la mesa del centro de la habitación esperando ser datadas.
Conocedor
ávido de más de veintitrés lenguas diferentes incluido
el egipcio antiguo, había aprendido mucho más en los viajes
que había realizado desde que el proyecto Stargate había
sido puesto de nuevo en primera línea, que durante todo el tiempo
que había pasado estudiando y yendo de un lugar a otro de la Tierra
para ampliar sus conocimientos. En aquel momento, por más que miraba
todo aquella sabiduría en aquel enorme libro, no podía concentrarse.
Echó un vistazo a su reloj, las horas se le hacían eternas
cada vez que les asignaban una nueva misión a algún recóndito
lugar de la galaxia, pero sin duda para él, aquella misión
era especial. Sha're hubiera querido lo mejor para Harsesis y él
se había prometido a sí mismo concedérselo. Las promesas
habían sido siempre una guía en su vida. Se prometió
seguir los pasos de sus padres, ambos reconocidos arqueólogos que
murieron en un accidente fatal bajo las enormes losas de un templo que
intentaban levantar a imagen y semejanza del original situado en Egipto,
en el Museo de Arte de la ciudad de Nueva York. Era sólo un niño
cuando sus pequeños ojos vieron como aquellas losas, se desprendieron
sobre ellos matándolos casi instantáneamente. Tras aquello,
fue acogido por unos padres adoptivos que le educaron hasta que fue lo
suficientemente mayor como para decidir qué quería ser en
la vida: seguir los pasos de su abuelo, todo un investigador de culturas
antiguas y los de sus padres. Aquella pérdida le dio mayor fuerza
para conseguir sus propósitos. Uno tras otro, fue recorriendo colegios
y después universidades hasta conseguir su objetivo: aprender todo
lo necesario para convertirse en el lingüista que ahora era, con
gran cantidad de conocimientos sobre toda la materia cultural del planeta.
Pero sobre todo, la egipcia, la misma que acabó con sus progenitores.
Él fue uno de los primeros en asegurar que la cultura egipcia y
la maya o la azteca, estaban relacionadas. Eso le supuso que muchos otros
colegas en la materia le dieran de lado y le tacharan de loco. Durante
algún tiempo llegó a creer que acabaría como su abuelo:
en una institución mental. Pero al final su teoría venció,
pues durante sus viajes a través del Stargate había podido
comprobarlo, aunque por supuesto, el carácter secreto del proyecto
le impedía decir nada, cosa que no le importaba, le era suficiente
saber que su trabajo de años y los continuos desplantes y risas
de aquellos que nunca creyeron en él, habían sido recompensados
con cada visita a una cultura diferente en algún rincón
de la galaxia. Eso y saber que ellos seguían defendiendo teorías
equivocadas mientras él conocía la verdad.
Gracias
a su dominio de la lengua egipcia, fue solicitado para desvelar el gigantesco
misterio que envolvía a la losa encontrada en Gizá durante
unas excavaciones. Ese fue el primer contacto que tuvo con el proyecto
Stargate, los militares le contrataron junto a varios científicos
más para desvelar el contenido de los cartuchos impresos en su
superficie, y sólo él dio con la respuesta. Aquella gigantesca
mole de piedra amarillenta y antigua, tenia grabados siete símbolos
irreconocibles que identificó como constelaciones, tras aquello,
le mostraron lo que la losa ocultaba debajo, el Stargate. A partir de
entonces, fue incluido en el primer viaje, Abydos, donde conoció
a su único amor: Sha´re y dónde tomó la decisión
de quedarse tras la destrucción de Ra, opresor de aquel planeta
como lo fuera en su día de la Tierra. Allí estaba todo lo
que siempre había soñado. Y no hubiera vuelto de no ser
por la intrusión de Apophis en la Tierra a través de la
puerta oculta en el silo, convirtiéndose en el enemigo principal,
y tras él otros como él y todos relacionados con aquella
despreciable raza de dominadores: Los goa'uld.
Pasó
las hojas del libro desinteresadamente, tenía que intentar concentrarse,
aunque tenía que hacer grandes esfuerzos para lograrlo, tal vez
lo mejor era intentar dormir un poco pues aquel viaje del día siguiente
prometía ser agotador.
Carter inspeccionó por última vez el equipo que se llevaría
con ella al día siguiente. Parecía listo para transportarla
al otro lado del Stargate. Muchas veces se preguntaba como O'Neill era
capaz de guardar un secreto tan importante casi sin apenas esfuerzo. La
existencia del Stargate y la posibilidad de viajar de un planeta a otro
sin peligro para los viajeros que la utilizaban a la hora de desplazarse,
era un invento revolucionario.
Muchas
veces el conflicto interior entre el deber militar y el saber científico,
chocaban en su interior. Ella era mayor, sí. Había accedido
al ejército porque su padre también lo era, tradición
familiar. Le gustaba la disciplina, sin duda, eso la había ayudado
a luchar duro para defenderse dentro de aquel mundo de hombres. Pero su
verdadera vocación era la astrofísica. Cuando se enteró
de la existencia del Stargate gracias a su posición militar, no
dudó un segundo en buscar la manera de llegar a él y estudiarlo
con detalle. Ella había hecho posible que en el silo se pudiera
utilizar la gran puerta haciéndola moverse a través de un
ordenador que marcaba cada uno de los símbolos, como si de un marcador
a casa en cualquier otro planeta se tratara. No hubiera cambiado aquel
puesto que ahora tenía por nada, ni siquiera por un puesto en primera
línea en la NASA como el que su padre le ofreció. Allí
podía ver más que en todos los viajes que cualquier astronauta
pudiera realizar.
A pesar de los buenos momentos vividos formando parte del SG-1 junto a
O'Neill y los otros, también soportaba sobre sus hombros una pesada
carga. Aún recordaba con cierta amargura su experiencia llevando
dentro de sí a un goa'uld, aunque perteneciera al grupo de los
rebeldes de la Tok'ra. Durante algún tiempo el goa'uld Jolinar
de Malk-shur permaneció en su cuerpo utilizándola como huésped.
Todo ocurrió cuanto intentó salvar la vida a un hombre poseído
por aquel ser. Tuvo que ser encerrada ante el temor de sus compañeros
de que pudiera hacerles daño, a pesar de poseerla, aquel goa'uld
le salvó la vida, pues ante el ataque del caza recompensas Ashrak,
éste prefirió morir y dejar viva a Carter, cosa que jamás
hubiera hecho un goa'uld de principios arraigados.
Ese
día supieron que la Tok'ra existía, que eran goa'uld en
contra de los Señores del Sistema y que ellos jamás forzaban
al huésped para formar parte de él, salvo en situaciones
extremas como la que le ocurrió a ella. Gracias al poder sanador
de esta especie, el padre de la mayor que enfermó a causa de un
cáncer terminal, había salvado la vida cuando accedió
a que Selmak, una larva que iba a morir si no encontraba otro huésped
(perteneciente también a este grupo rebelde) se introdujo en su
interior. Ahora, formaba parte de la Tok'ra y todos ellos eran un gran
apoyo para su lucha contra los goa'uld.
Cerró
la última cremallera de uno de los innumerables bolsillos del chaleco
dispuesto y revisado para el viaje del día siguiente. Pero no quería
acostarse sin antes hablar con la doctora Fraiser, ella era la doctora
al mando del servicio médico del silo. Nunca viajaba sin antes
preguntarla por la pequeña que con ella vivía: Cassandra.
Una niña de unos diez años que residía junto a la
doctora desde que fue sacada de su planeta destruido por una bacteria
que había infectado a toda la población quedándose
completamente sola en el mundo, por lo menos en el suyo. En este, tenía
a Janet Fraiser y a ella para cuidarla.
O'Neill,
sentado en la sala de reuniones repasaba y terminaba de rellenar el informe
del día. Eso era lo que más detestaba del ejército,
los informes que tenía que cumplimentar cada vez que tenía
que utilizar el Stargate, claro, que en su época de menos rango
era mucho más aburrido, puesto que, hasta para poder conseguir
lápices era necesario rellenar hojas. Ahora, se aprovechaba de
ciertos privilegios, entre ellos cruzar un agujero de gusano un par de
veces a la semana pudiendo utilizar equipo de primera calidad y última
generación sin tener que pasar más que por la aprobación
del general y el Presidente de los Estados Unidos.
Antes
y después de cada misión le gustaba relajarse, pasar por
casa para poder estar más tranquilo viendo desde su ático
a través del telescopio que había instalado allí.
Apreciaba mucho más ese aparato ahora que había podido visitar
algunas de las diferentes galaxias que observaba a través de él
gracias a sus viajes con el Stargate. Pero esta vez, necesitaba tenerlo
todo a punto para el día siguiente.
Habían
luchado mucho para conseguir acabar con la dominación de la especie
goa'uld y el secuestro de Harsesis era un punto en contra de los intentos
de supervivencia de la gente de la Tierra. Eso le preocupaba. No le gustaba
ver a Skaara sufrir, apreciaba a aquel muchacho como a un hijo. A veces
pensaba que no se conocía en absoluto, hacía sólo
unos años hubiera estado dispuesto a dejarse morir lejos de su
planeta, sin importarle nada en absoluto. Skaara le hizo de nuevo apreciar
la vida, con lo bueno y lo malo. Por supuesto, el joven no había
sustituido el hueco que dejo su hijo Charlie al morir, y por el que se
dejó llevar incluso al borde del suicidio. Aquella fatal experiencia
le hizo ver lo duro que podía llegar a ser el que un padre sobreviviera
a sus hijos.
Recordó
mientras firmaba los últimos informes, lo que Daniel le había
prometido enseñarle a Skaara cuando regresaran con Harsesis. Sonrió
para sí al pensar en aquel muchacho enclenque que cuando le vio
por primera vez, huyó gritando de su lado, y que pronto supieron,
sin ni siquiera entender lo que el otro le decía, que ambos se
necesitarían en el futuro. Ese muchacho le había enseñado
más principios fundamentales, de los que jamás él
podría enseñarle.
Cerró
las carpetas ya firmadas y después consultó su reloj: era
hora de intentar descansar. Se levantó del sofá de cuero,
miró un segundo la gran puerta que permanecía inmóvil
y sin militares ni técnicos alrededor, sólo los encargados
de su vigilancia durante la noche. Salió, perezoso, de la gran
sala y caminó por los largos pasillos del silo casi silencioso,
para dirigirse hacia su pequeño cuarto adjudicado para permanecer
en él antes de una nueva misión. Aquel silo era ya casi
como su casa. Intentó dormir, pero los acontecimientos ocurridos
le impedían conciliar el sueño. No podía quitarse
de la cabeza a aquellos horrorosos bichos llamados goa'uld; tenía
la sensación de que, a pesar de haber salido victoriosos en casi
todos sus "fortuitos encuentros", ésta vez no iba a ser
nada fácil derrotarles. Desde que tuvo la ocasión de encontrarlos
en su camino, había pensado un millón de veces en ellos,
intentando estudiarlos metódicamente como hubiera hecho con cualquier
otro enemigo, como le habían enseñado en el cuerpo militar,
pero aquellos seres no eran para nada predecibles.
Hacía
ya mucho tiempo desde su primera lucha a muerte, cuando el poderoso Ra
tenía como esclavos a todo el planeta de Abydos, que visitaron
durante su primera incursión con el Stargate. Igual que hizo en
la Tierra durante la época egipcia; Ra mantenía bajo su
yugo a todo aquel pueblo impidiéndoles incluso que recordaran cómo
escribir, y castigando con la muerte a quién lo intentara. Una
forma muy sutil de hacer que aquellos habitantes traídos de la
Tierra recordaran la verdad y se revelaran contra él; como ocurrió
en su propio planeta cuando sus habitantes, los egipcios, enterraron el
Stargate impidiéndoles regresar al planeta. Pero Ra no era invencible,
el equipo de O'Neill acabó con él haciendo estallar una
bomba nuclear en su nave con forma piramidal cuando intentaba alejarse
de allí. Tras aquello regresó a casa con renovadas energías.
Daniel pudo convencerle de que no cometiera una locura, siempre le estaría
agradecido por aquello, aunque le irritara una y otra vez su ansia de
contradecirle o sus intentos por explicarle cosas que no le interesaban
en absoluto.
Tras aquella misión el Proyecto Stargate quedó cerrado y
la puerta custodiada en aquel mismo silo. Su primera falta grave tuvo
que admitirla al tener que presentarse de nuevo ante un militar dando
las explicaciones completas a lo ocurrido en aquel planeta. Su informe,
trastocado y su retiro hizo creer a todo el mundo que aquella historia
era el fin. La visita de Apophis buscando anfitriones lo cambió
todo. Tuvo que admitir que había mentido, que Daniel estaba vivo
en Abydos, que no había hecho estallar ninguna bomba nuclear allí
y no le quedó más remedio que aceptar lo que el general
Hammond le ofrecía, volver al servicio activo. Fue en aquella segunda
misión cuando conocieron un poco más de cerca a la raza
goa'uld visitando uno de los planetas que sometían también:
Chulak. Allí salvó a Teal'c de una muerte segura, que hubiera
sufrido, si Apophis lo hubiera atrapado después de ayudarles a
salir vivos del encierro al que éste les había sometido.
Desde aquella lejana misión había aprendido poco más
sobre aquella raza. Las larvas goa'uld intentaban apoderarse de anfitriones
por encima de cualquier cosa. Esta dominación de cuerpos humanos
les permitía ser tan peligrosos, pues su tecnología es bastante
avanzada, naves capaces de superar la velocidad de la luz, planeadores
mortíferos, lanzaderas de mano que arrasaban lo que encontraban
a su paso, brazaletes capaces de acabar con la voluntad o la vida de la
víctima, o pequeñas armas capaces de inmovilizar de un tiro,
matar de un segundo disparo o desintegrar el cuerpo con un tercero...
sin duda les superaban con mucho. Pero aún así no habían
logrado derrocarlos, pues su mayor defecto era su creencia de superioridad.
Los
Señores del Sistema, quienes intentaban gobernar a toda la raza
goa'uld, ni siquiera se aliaban entre ellos para destruirlos, por ello
la propia raza se había desmembrado. La Tok'ra, aún siendo
goa'uld, luchaba por acabar con los Señores del Sistema por las
maneras y modos en que tenían de conseguir anfitriones, eso era
beneficioso para la gente de la Tierra, pues contaban con su apoyo. Otro
gran descubrimiento fue la existencia de otras razas tales como los Nox,
de tecnología muy superior a los goa'uld, los Asgard a los que
O'Neill visitó marcando un octavo chevron en el Stargate y que
le contaron que negociaban con ellos desde el comienzo de los tiempos
para defender a planetas como la Tierra. Pero su mayor objetivo era poder
conocer a los constructores de aquellas puertas estelares, los Antiguos.
Quién
le hubiera dicho a él hace años, cuando arriesgaba su vida
en incursiones militares secretas, que el mayor secreto que guardaría
para sí sería la posibilidad de hacer viajes espaciales
a través de un invento extraterrestre dejado en la Tierra. La verdad
es que había recuperado su vida de nuevo y eso para él era
casi suficiente. Miró al techo del cuarto y cerró los ojos,
con un par de horas de sueño estaría listo para esa nueva
aventura.
CAPITULO
4
Todo
estaba preparado, O'Neill delante del Stargate miró al joven Skaara
a su lado que esperaba con ansiedad que los operarios de aquel increíble
lugar hicieran abrir el mecanismo de la gran puerta. Daniel le había
explicado tan poco en aquellas horas de estancia allí... Miró
a O'Neill y sonrió, aún le quedaba la esperanza de que tanto
éste como Daniel cumpliera con su promesa.
- ¿Estás preparado?.- el joven asintió con la cabeza.
Miró hacia atrás. Un equipo completo de soldados cualificados
en medicina estaban listos también para cruzar la puerta. Portaban
bolsas con medicamentos, camillas portátiles y casi todo el material
necesario para poder ayudar a la gente de Abydos. Un vehículo de
ruedas permanecía estático con todo el equipo, esperando
a que su operario, hiciera funcionar el mando para hacerlo caminar. O'Neill
miró hacia el cristal de la planta superior en donde los encargados
del funcionamiento del Stargate estaban preparados para recibir órdenes.
El general Hammond estaba con ellos. Vio como éste hacia una señal
al sargento, al mando del ordenador para que comenzara el proceso de apertura
de la puerta estática hasta ahora en el silo.
- Mecanismo de apertura del Stargate encendido. Iniciando secuencia de
ajuste.- se oyó a través de los altavoces de la sala de
embarque. El sargento Davis marcaba a toda velocidad en el teclado del
ordenador central. La puerta comenzó a hacer girar su anillo principal,
los símbolos de ésta se desplazaron. Cuando alcanzó
la primera coordenada se detuvo, encendiéndose la luz de uno de
los chevrones.- Chevrón uno, codificado.- se volvió a oír.
El anillo central volvió a girar. El ruido era estruendoso, aunque
Jack ya estaba acostumbrado. Una de las puertas de la sala de embarque
se abrió. Jackson entró ajustándose a su pierna izquierda
una de las correas del equipo. Se hizo paso entre las personas preparadas
para cruzar el Stargate.
- Estoy impresionado... - dijo O'Neill mirándolo con expresión
de sorpresa.
- Quería... quería despedirme de Skaara.- dijo mirando al
joven.
- Es un honor amigo, jamás llega el primero.- Skaara miró
a su amigo que parecía tener una expresión de preocupación
en su rostro.
- Estaré bien Daniel. Ayudaré a toda esta gente como dije.
Les guiaré en mi planeta.
- Sé que lo harás. Te prometo que traeremos a Harsesis de
vuelta.
- ¡Chevrón dos, codificado!- se oyó a través
de los altavoces. La puerta volvió a girar de nuevo en busca de
su siguiente coordenada.
- Nosotros pasaremos detrás de ti. Gracias a las coordenadas que
nos has dado, tenemos una oportunidad de encontrarle.- le dijo Daniel.
- Hubiera preferido ir con vosotros pero... ahora mi gente me necesita.-O'Neill
afirmó con la cabeza.
- ¡Chevrón tres, codificado!.- la misma puerta de la sala
se abrió de nuevo. Carter y Teal'c entraron juntos. Este último
llevaba sujeta su lanzadera de mano. Ambos estaban preparados también
para cruzar al otro lado.
- Todo listo coronel.- anunció Carter.- El equipo médico
y militar que va a Abydos lleva el material necesario para poder ayudar
a los heridos.
- Y tienen al mejor guía.- dijo mirando a Skaara. Una joven de
pelo largo castaño se acercó ataviada con el traje de militar
pertinente.
- Coronel, mi equipo médico está listo.- dijo. En su traje
se podía ver el nombre y el rango de la oficial: mayor.
- Muy bien Skaara, ella es la doctora Fraiser. Se encargará de
que tu gente reciba los mejores cuidados.- La joven sonrió.
- Tu pueblo te agradecerá la colaboración. Las medicinas
de Tauri son poderosas.- le hizo saber Teal'c.
- ¡Chevrón cuatro, codificado!
- Mi padre se pondrá muy contento al ver toda la ayuda que enviáis
conmigo.- Un soldado de color se acercó al coronel.
- Señor, el SG-7 está preparado.- dijo con voz firme.
- ¡Chevrón cinco, codificado!
- Muy bien, teniente. Recuerde cuál es su cometido. Skaara les
guiará por Abydos. Usted y Fraiser traten de ayudar al mayor número
de personas posibles.- dijo mirando a ambos.- Les aseguro que esos guardias
serpiente diezmaron a la población con su ataque.
- Sí señor. A la orden.- dijo el hombre con orgullo.- Muy
bien, ya han oído, toda esa gente nos necesita.- La doctora se
acercó a su grupo de médicos y inspeccionó lo que
llevaban por última vez, el teniente agrupó al pequeño
destacamento de hombre a su mando.
- ¿Cómo sabré que estáis bien?.- dijo Skaara.
- Tendrás que confiar en nosotros.- le contestó Carter.
- Cuando llegues al otro lado, une a un grupo numeroso y mantened vigilada
la puerta. Os enviamos junto a las medicinas, armas para defenderos por
si volviera a ocurrir.
- Sí, O' Neill.
- Nada de hacer el héroe, ¿de acuerdo?- le dijo Daniel fijamente.
- ¡Chevrón seis, codificado!
- Me encargaré de que la puerta esté siempre vigilada, como
cuando tú estuviste allí Daniel.
- Debería volver a abrirse sólo para permitirnos el paso
a nosotros. Regresaremos con Harsesis.- el joven afirmó de nuevo
a las palabras de Jackson.
- Y después me enseñaréis todo sobre vuestro planeta.-
dijo el joven intentando así confirmar la promesa.
- Pero como le dije a Teal'c cuando vino aquí... "no todo
de una vez... es grande".- el joven sonrió las palabras de
su amigo, que tanto deseaba que un día llegaran a hacerse realidad.
- ¡Chevrón siete... cerrado!- la gran puerta hizo un sonido
sordo al ajustarse a la última coordenada e inmediatamente después
el chorro de agua surgió de ella. Cuando se estabilizó el
agujero en su centro, el teniente miró a su equipo.
- ¡Muy bien, adelante!- comenzaron a avanzar por la rampa, y uno
tras otro, todo el equipo de salvamento pasó a través del
Stargate. El pequeño vehículo con el material de salvamento
entró antes que Skaara que se quedó el último.
- Tu turno.- le dijo el coronel. El joven ascendió por la rampa.
Se giró antes de cruzarla. Miró a los cuatro integrantes
del SG-1. Necesitaba pensar que lograrían encontrar a su sobrino.
Levantó su brazo derecho y saludó al estilo militar. Esperó
a que O'Neill, con una sonrisa, realizara el mismo gesto. Luego bajó
el brazo, sonrió y se giró para cruzar el agujero acuoso
delante de él. Segundos después de cruzar la puerta, se
cerró automáticamente perdiendo su círculo de agua
del interior. El coronel miró de nuevo hacia la sala de control.
- Stargate, inactivo.- se escuchó en toda la sala.
- Muy bien, SG-1. Mucha suerte.- dijo el general a través de los
altavoces.
- Gracias señor.- dijo el coronel mirando hacia la sala de control
desde donde el general les hablaba. Luego miró hacia el Stargate.-
Comienza la fiesta.-dijo con tono serio. La operación de apertura
del Stargate comenzó de nuevo desde el principio, sólo que
ésta vez las coordenadas marcadas eran diferentes.
- Esperemos que al otro lado estén muy ocupados y nadie vigile
el Stargate.
- Tenga un poco de fe mayor: yo la tengo. Pensemos que no son tan previsores.
- ¿Y sino?.- preguntó Jackson con voz apesadumbrada. El
coronel se quedó pensativo.
- Dispara.- la respuesta no era precisamente la que esperaba, pero a pesar
de todo, le gustaba el humor con el que el coronel trataba algunos asuntos,
claro que éste no era el caso. Pero como siempre, su optimismo
superaba a cualquiera de ellos.
- ¡Chevrón siete... cerrado!- la puerta realizó el
mismo ruido ensordecedor. El chorro de agua dejó paso al agujero
que les llevaría al otro lado. O'Neill sujetó su arma automática,
una ametralladora con visor especial, le quitó el seguro. Sacó
una gorra de béisbol verde de uno de los bolsillos de su pantalón
del mismo color y se la ajustó a la cabeza.- Muy bien equipo...
todos atentos, en caso de ser sorprendidos abrid fuego.- Teal'c agarró
su arma con ambas manos, era más alta que él, y era temible
en combate. O'Neill pasó el primero, Carter ajustó su arma
de la misma forma que lo había hecho el coronel. Teal'c cruzó
antes que ella. Daniel sacó una pistola de una cartuchera. Las
armas no le gustaban nada, pero no había tenido más remedio
que aprender a usarlas durante aquellos viajes. La mayor pasó al
otro lado de la puerta, Daniel miró hacia el general antes de cruzar,
y acto seguido se unió a sus compañeros. Toda la sala de
control permaneció pendiente de la pantalla del ordenador que se
desplazaba por un mapa estelar desde el punto marcado como la Tierra,
a otro lugar del mapa.
- Llegando al punto de destino en tres... dos... uno... - la puerta hizo
un ruido sordo y su contenido acuoso desapareció de un golpe.-
Stargate desactivado.- dijo el sargento mirando al general. Este no dijo
nada a sus palabras, su mirada se perdió mirando la puerta que
había quedado muda de nuevo. Su mejor equipo la había cruzado
una vez más, nadie sabía que encontrarían al otro
lado. Pero fuera lo que fuera, había enviado a los mejores.
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La
ventaja de poder atravesar el Stargate y llegar a otra ubicación
espacial en el mismo momento temporal, no siempre jugaba a su favor. En
aquel viaje, no podían saber con seguridad qué era lo que
les esperaba al otro lado. Normalmente, las sondas que se enviaban a cada
ubicación nueva les proporcionaban datos muy importantes y de esa
forma preveían en parte lo que podían encontrar. Aquellos
estupendos aparatos realizaban la primera incursión, y dependiendo
de los datos que recibían en la Tierra, se decidía o no
un viaje al lugar elegido. Alguna vez había ocurrido que la sonda
había sido destruida por fuerzas desconocidas, por lo que la incursión
humana era descartada. En alguna otra ocasión, hacía llegar
datos de condiciones atmosféricas imposibles de soportar para un
humano, por lo que tampoco se realizaba la misión, pasando a otro
punto. Aquella ayuda era indispensable, pues necesitaban asegurarse que
junto a la puerta, estuviera la única posibilidad de regresar a
casa: el Dispositivo de Llamada a Casa. Pero esta vez, el coronel necesitaba
que nadie al otro lado supiera de su llegada. Normalmente, los Stargate
se encontraban ubicados sobre plataformas, ya podían ser de hierro,
de arena, de piedra... con escaleras de acceso o rampas... No siempre
estaban cerca de la civilización, a veces habían tenido
que desplazarse para encontrar a sus pobladores. El alguna ocasión
la puerta estaba dentro de un templo, o incluso una vez, dentro de una
nave. Pero lo que normalmente siempre ocurría, es que al otro lado
los habitantes, o temían la puerta y la trataban como a un ser
superior, o la utilizaban como ellos al conocer su avanzada tecnología.
En el primer caso, cuando ésta era temida, habían llegado
a ser tratados en aquellos lugares como dioses. A Daniel y a Carter no
les gustaba nada ver como seres como ellos, se arrodillaban ante su presencia,
Teal'c parecía estar acostumbrado a ese tipo de trato y a O'Neill
le ponía bastante nervioso. Cuando la puerta de aquel planeta se
abrió, el coronel O'Neill, el primero en hacer aparición,
levantó su arma esperando una emboscada. Apuntó al horizonte
avanzando sólo unos pasos delante de la puerta. Teal'c salió
detrás de él con su lanzadera preparada, la cargó
en cuanto vio el terreno del nuevo planeta. El arma abrió su parte
delantera con un ruido característico y emitiendo un pequeño
resplandor anaranjado. Estaba lista para hacer fuego si era necesario.
Carter adoptó la misma postura que O'Neill cuando alcanzó
el otro lado. Daniel, puso el pie en la plataforma de piedra caliza de
color blanco que sujetaba la puerta de aquel planeta y agarró su
pistola con fuerza. Sabía que delante, sus compañeros iban
mejor protegidos, pero tal vez podrían necesitar el fuego de su
arma para defenderse. Permanecieron inmóviles unos segundos, el
Stargate se cerró tras ellos. Daniel se giró para mirar
la gran puerta. Aquel lugar parecía por el momento bastante tranquilo.
- No os separéis.- ordenó O' Neill echando a andar escaleras
abajo, el resto del equipo le siguió de cerca sin perder de vista
sus alrededores.
El
terreno era arenoso, casi parecido al del desierto, aunque no tan inhóspito.
O'Neill miró el cielo, era de un azul como el de la Tierra, sólo
que era presidido por un gigantesco satélite visible a plena luz
tal vez diez veces más grande que la luna. Era más impresionante
aquello, que la luz que emitían los dos soles que brillaban sobre
sus cabezas. Hacia calor, o por lo menos eso pensaba Daniel, menos mal
que se había tomado la medicación, el calor y aquellos viajes
a lugares arenosos y secos acentuaban su alergia. El arqueólogo
divisó un pequeño edificio parecido a una capilla rectangular
a sólo unos metros de allí.
- Me quejaré a la compañía de turismo, me aseguraron
que el hotel estaría cerca de la playa.- dijo el coronel mirando
también hacia allí. Teal'c examinaba el marcador a casa.-
¿Todo normal?- le preguntó.
- No parece estar averiado.- dijo el Jaffa.
- Bien, examinemos el terreno.- dijo el coronel.- Visitemos el pequeño
motel y esperemos no encontrar al recepcionista.- caminó con decisión
hacia la pequeña capilla.
Daniel
admiró extasiado el rectangular edificio blanco al que se acercaban,
observando todos y cada uno de sus detalles. Sólo parecía
tener una puerta y estaba repleto de signos jeroglíficos. Intentó
calcular sus medidas de aproximadamente seis metros y medio tanto de alto
como de ancho. El edificio tenía pilares sobre un zócalo,
además de un parapeto y un arquitrabe sobre el que descansaba una
cornisa cóncava con pequeños dibujos en su borde. Colocó
sus manos en la pared de caliza blanca y miró hacia el techo. Era
un edifico maravilloso, sólo comparable a los que había
visto en la Tierra. Mientras, O'Neill y Carter se situaron cada uno a
un lado de la puerta de entrada, Teal'c permaneció junto a O'Neill.
Daniel miró hacia el dintel, éste poseía escrito
algo que creyó identificar.
- ¡Vaya! Es... - Comenzó a decir.
- ¡Shuuuuu!.- le ordenó callar O'Neill. El arqueólogo
le miró aturdido. No tenía muy claro si lo hacía
a propósito, pero siempre tenía que esperar para dar su
opinión sobre la arquitectura de los lugares que visitaban. El
coronel le hizo una señal al Jaffa que asintió con la cabeza.
Jack levantó la mano y mostró a sus compañeros una
cuenta atrás. Al llegar al tres, Teal'c se adelantó con
un movimiento rápido hasta colocarse bajo el dintel de la puerta
apuntando con su arma. Entró dentro seguido de O'Neill y de Carter.
Daniel se acercó a la abertura para mirar la escritura que había
sobre ella un poco más de cerca. Dentro, el pequeño edificio
era espacioso. Cinco columnas del mismo color y material que el del exterior,
sujetaban un techado de una sola pieza. Las columnas tenían dibujadas
inscripciones. Varias antorchas encendidas iluminaban el recinto. Justo
al fondo, en un pilar en uno de cuyos lados se apreciaban jeroglíficos
similares a los de las columnas, reposaba una estatua de color oscuro
con el cuerpo de un hombre y la cabeza de una leona. El lugar estaba completamente
vacío.
- Parece que hemos tenido suerte. Este lugar está desierto.- dijo
el coronel bajando su arma. Daniel, de brazos cruzados y con su arma guardada,
les miraba desde fuera. La expresión de asombro de hacía
unos segundos parecía haberse disipado. Carter se acercó
a la estatua para poder mirarla con más detenimiento.- Daniel,
te agradecería que la próxima vez procuraras no informarnos
de las características del lugar hasta que sepamos que nadie puede
sorprendernos primero.
- Intenté comentarte que perdías el tiempo.- dijo para defenderse.
El coronel le miró esperando una explicación.- La inscripción
del dintel dice que "la purificación viene con el nuevo renacer"...
entre otras cosas.
- ¿Entiendes el idioma?- preguntó Carter mirando las inscripciones
del pedestal.
- Es egipcio antiguo. El mismo que posiblemente se habló en la
Tierra. Al parecer rinden culto a la estatua sacerdotes purificados...
- Personajes con sotana.- apuntó O'Neill contemplando las paredes
también inscritas.
- Sólo ellos pueden entrar, y lo hacen con el "nuevo renacer".
O sea, al amanecer.
- El sol está alto, podríamos estar a medio día.-
dijo Teal'c. Daniel entró dentro para examinar las columnas con
un acabado que rozaban la perfección y a la propia estatua.
- ¿Y la... aquí presente?.- preguntó O'Neill mirando
hacia el pedestal.
- Bueno
sólo son suposiciones mías basadas en la cultura
egipcia de la Tierra pero... es tan parecida.- el coronel le miró
esperando una respuesta.- Creo que es la diosa Shekmet.
- Bien... una diosa. Encantado... ¿qué más nos aporta
la "señora"?
- En la cultura egipcia era adorada en la ciudad de Menfis. Era la diosa
del miedo y de la guerra. Era muy temida. Fue mandada por Ra a la Tierra
para acabar con la humanidad. Los egipcios se recogían durante
cinco días en sus casas, no trabajaban y procuraban no salir. En
esos días la diosa enviaba a sus demonios para sembrar el pánico
devorándoles o enfermándoles.
- Buena reputación.- dijo Carter poniendo su mano sobre la cabeza
de la estatua.
- A veces se la veneraba para acabar con las enfermedades, y muchas veces
se la asemeja con la diosa Hathor.
- Pues entonces no puede ser nada bueno.- dijo O'Neill mirando hacia el
techo de la estructura.
- Este edificio... - comenzó a decir el arqueólogo.- Es
muy parecido a una capilla en el recinto de Karnak en Tebas y levantado
por Sesostris I. Bueno... salvo por que el original tiene dos rampas para
acceder a su interior, además de ventanas a los lados. El interior
de éste por supuesto, nada tiene que ver con el de la Tierra. Las
inscripciones son diferentes y el recinto original es bastante más
pequeño y tiene...
- ¿Insinúas que vamos a encontrarnos a Tutankamón
en éste planeta?- dijo O'Neill interrumpiéndole a la vez
que giraba alrededor del pilar de la diosa. Daniel ignoró las palabras
del coronel, se concentró en intentar descifrar los jeroglíficos
del pedestal. Teal'c miraba mientras la paredes, sin comprender muy bien
lo que estaba observando.- Toda esa bonita leyenda no nos aporta nada.
Estamos aquí para localizar a Harsesis, no para aprender cuentos
para asustar a los niños... egipcios, claro.
- Coronel, tal vez Skaara se equivocara de coordenadas. Quizá no
esté aquí.- dijo Carter con tono de preocupación.
O'Neill se quedó pensativo. Si el joven no les había indicado
el camino correcto muy pocas opciones les quedaban para poder localizarlo.
- Vale, vale... esto es increíble. Es como si todo lo que estoy
viendo estuviera sacado de alguna excavación de nuestro propio
planeta.- dijo Daniel con nerviosismo mientras llevaba sus dedos sobre
los dibujos en la base de la pequeña columna en donde la diosa
descansaba.
- ¿A qué te refieres, Daniel Jackson?- preguntó Teal'c.
- Igual que otras veces visitamos planetas en las que no puedo aportar
casi nada sobre la cultura que encontramos, esta vez es diferente. Puedo
entender lo que dicen las inscripciones. Esta que hay aquí, es
una pequeña oración para aplacar la ira de la diosa. Al
parecer la hacen ofrendas, como lo hacían en la Tierra en la antigüedad,
para que no les atemorice, pues su furia es a veces implacable e intenta
manejar bajo su control a los humanos.
- "Manejar bajo su control". Eso me suena.- dijo el coronel
pensativo.
- O'Neill.- la voz del Jaffa sonó atronadora al hablarles desde
uno de los extremos del edificio.
- ¿Qué pasa Teal'c?.- preguntó acercándose.
El hombre le señaló una región de la pared. Miró
hacia allí, Carter tras él, se quedó casi sin palabras
al ver lo que había dibujado. Un montón de personas vestidas
con trajes de lino, parecían arrodilladas en el suelo ante la gigantesca
estatua que alzaba su mano sobre sus cabezas, llevando algo en la palma
y sus ojos aparecían de un color blanquecino, como si brillaran.
- Es como si llevara un brazalete goa'uld.- dijo Carter.- Parece someter
a esa gente con él.
- Así que la "gatita" es una repugnante larva... ¿Alguna
vez has oído hablar de ella Teal'c? Has sido Primado de Apophis...
siempre se escuchan cosas por los pasillos.- el hombre arqueó una
ceja.
- La desconozco.- contestó el hombre.- Aunque mis conocimientos
sobre todos los integrantes del sistema goa'uld no son exactos. Pero recuerdo
un cuento que les hacen escuchar a los niños sobre cierto monstruo
de grandes ojos, colmillos poderosos y nariz fría, capaz de devorar
a los temerosos de corazón.- Daniel miró la cabeza de la
estatua.
- Yo diría que es su descripción exacta.
- O sea, ¿no es un mito?- preguntó Carter. Daniel caminó
hacia las inscripciones de la pared sujetando su pequeña cámara
de vídeo compacta que había puesto en marcha inmediatamente
para poder grabar toda aquella maravilla de la arquitectura. Necesitaba
saber qué decían todos aquellos dibujos sin sentido para
los demás. Había aprendido el lenguaje de los faraones desde
que era un niño, dominaba aquel idioma ya desaparecido en la Tierra
a la perfección, y junto a él varios dialectos más.
Tal vez aquellas inscripciones eran la respuesta a muchas preguntas, y
estudiándolas podía desvelar muchos interrogantes, como
le ocurrió en Abydos, dónde pudo desvelar la historia de
la raza humana esparcida por varios planetas por aquellos falsos dioses
que durante la época faraónica dominaron la Tierra.
Paró la cámara tras dejar plasmada en ella los lugares en
los que había escritura. El arqueólogo pasó entonces
sus dedos por cada uno de aquellos dibujos de la pared como si de sistema
de lectura para ciegos se tratara.
- Increíble.- dijo al detenerse al final de lo que parecía
un enorme párrafo. Miró hacia otra parte de la pared, había
más inscripciones.- Necesitaré tiempo para poder leer todo
esto.- dijo comenzando a grabar de nuevo la otra sección de la
pared.
- Error Daniel.- dijo el coronel.- No tenemos tiempo. Hemos de localizar
a ese grupo de guardias lo antes posible. Si estuvieron aquí quiero
saberlo. Si no... volveremos a casa y comenzaremos la búsqueda
de las posibles combinaciones de esos mismos símbolos.
- Bueno, quizá esto nos ayude.- dijo releyendo otra parte de la
pared.- Aquí se citan las normas a seguir para realizar los ritos
pertinentes a la diosa.
- Eso significa que alguien tiene que venir hasta aquí para llevarlos
acabo.-dijo Carter.
- Deberíamos registrar la zona. Tal vez encontremos a los habitantes
de este planeta.- dijo Teal'c con tono pausado.
- O a los captores de Harsesis.
- Aquí viven gente atemorizada Jack. Estoy seguro.- dijo Daniel
opinando sobre su comentario.
- Muy bien, pues entonces movámonos. Busquemos algún tipo
de civilización. Nos llevan mucha ventaja y eso no nos conviene.-
el coronel caminó hacia la única puerta de la edificación.
Daniel utilizó la cámara de nuevo para terminar de filmar
el resto de pared que le quedaba. Si era necesario traduciría aquellos
jeroglíficos por el camino. Carter y Teal'c salieron al exterior.
O'Neill se puso las gafas y miró al horizonte.
- Bien, primero busquemos por la zona. Si alguien viene hasta aquí
todas las mañanas debe de dejar su rastro ¿no? Teal'c, ve
con Carter y buscad a cien metros de aquí. Daniel, tu y yo miraremos
por este otro lado, tras el edificio. Encended las radios y permaneced
en contacto.- Carter afirmó con la cabeza, echó a andar
seguida de Teal'c que comenzó a mirar a su alrededor en busca de
alguna evidencia.- Vamos Daniel.- el arqueólogo apagó la
cámara y siguió al coronel que echó a andar hacia
la parte de atrás del edificio. Como la zona era arenosa, el encontrar
huellas iba a ser sin duda un tanto complicado.
- ¿Ves algo Teal'c?.- preguntó Carter al ver que el Jaffa
se había alejado unos metros de ella. El hombre tras pensar unos
segundos, caminó de nuevo hacia donde ella miraba. El terreno había
pasado a ser un poco más pedregoso. Tras haber avanzado unos metros
habían bajado una pequeña pendiente.
- No hay nada por allí, mayor Carter.- respondió el hombre.-
Si alguien ha pasado por aquí, ha borrado sus huellas.- La oficial
miró hacia lo que parecía un sendero en la bajada de la
pendiente. Sacó unos prismáticos de bolsillo y apuntó
con ellos hacia la zona para poder mirar más de cerca el terreno.
Sin duda aquello parecía un camino, intentó seguirlo, pero
se perdía entre la zona arenosa.
- Mayor, ¿me escucha?.- se oyó a través de la radio
que ésta llevaba en uno de los bolsillos del chaleco. Sacó
el aparato para poder contestar apretando el botón para hablar.
- Le recibo, coronel.- contestó ella.
- ¿Han encontrado algo?.- preguntó O'Neill. El coronel estaba
agachado inspeccionando el terreno de detrás del edificio en donde
se adoraba a la diosa Shekmet. Allí sólo había una
extensa zona que se prolongaba más allá de donde alcanzaba
la vista. La arena cubría el terreno y algunos matorrales sobrevivían
en la zona. Daniel había encendido de nuevo la cámara y
tomaba imágenes de todo aquello cuanto veía.
- Señor, creo ver un sendero, pero se pierde entre la arena.-le
contestó la mayor.
- ¿Divisa algo más Carter?.- la mujer utilizó el
zoom de sus prismáticos para intentar ver un poco más allá.
El aparato desenfocó durante unos segundos antes de poder ver de
nuevo.- ¿Sam?
- Ahm... - comenzó diciendo la mujer. Divisó con ellos lo
que parecía una zona de rocas, el aparato no podía visionar
qué había más allá.- Lo siento coronel, si
nos acercáramos más, tal vez podría ver que hay tras
una zona rocosa.
- No, mayor. Espérennos. Vamos a su encuentro- dijo. Soltó
el botón de la radio que estaba dentro de uno de sus bolsillos
del chaleco. Se incorporó de su posición en cuclillas y
miró hacia Daniel que manipulaba la cámara intentando ver
lo que había grabado hasta ahora.- Carter y Teal'c pueden haber
encontrado un sendero.
- Tal vez lleve a una aldea.- dijo Daniel echando a andar de nuevo hacia
el edificio del que se habían alejado unos setenta metros. El joven
arqueólogo guardó su cámara de vídeo en uno
de los bolsillos del pantalón y caminó en silencio, pensativo.
O'Neill le siguió. Se aproximaron al edificio. Daniel miró
desde allí la perspectiva de aquella pequeña obra de arte.-
Cada vez que visitamos un nuevo lugar Jack, me parece aún más
asombroso que en el fondo no seamos tan diferentes de las culturas que
habitan en cada sitio.
- Eso dilo por ti. Yo no me parezco en nada a esos goa'uld con forma de
gusano repugnante.- dijo mirando al horizonte en busca de Carter y Teal'c.
Aún no podía verlos pues éstos habían caminado
más allá del edificio ritual que ahora sobrepasaban. Daniel
le miró esperando un poco más de sinceridad por su parte.-
Bueno, vale. Tienes razón. Hemos conocido diferentes culturas,
algunas más o menos sofisticadas tecnológicamente hablando
con respecto a la nuestra pero... en cualquier caso, humanos la mayoría.
- Y sobre aquellas culturas que no hemos podido verificar en nuestro planeta
con exactitud y hemos especulado sobre sus costumbres o religiones, formas
o pensamiento, hemos podido contestar a casi todas esas preguntas sobre
ellas gracias a nuestros viajes a través del Stargate.
- Sin duda este sitio te ha impresionado, ¿verdad?
- No sé que vamos a encontrar aquí Jack, pero tengo la sensación
de que confirmará por lo menos vínculos con el lenguaje
hablado de la cultura egipcia.- dijo mientras guardaba sus gafas graduadas
en uno de los bolsillos del chaleco y sacaba en su lugar unas gafas de
sol. Las dejó caer sobre su pecho mediante un cordón que
le rodeaba el cuello, pasando el cordón de éstas por debajo
de su gorro de explorador, a su espalda.
- No sé si egipcios veremos, pero por el momento hemos encontrado
al resto del equipo.- dijo señalando con la mirada a lo lejos a
Carter y Teal'c que inmóviles les esperaban. Apresuró su
paso dejando a Daniel tras de él. La mayor y el Jaffa estaban tan
sólo a unos metros, al final de aquella pequeña pendiente
que acababan de empezar a bajar. De repente Daniel dejó escapar
de su garganta un grito de dolor tirándose al suelo de rodillas.
O'Neill se giró a gran velocidad para ver qué le ocurría.
Vio al joven arqueólogo en el suelo sujetándose la cabeza
sin dejar de gritar.
- ¡Daniel!- exclamó acercándose a toda prisa a él.
Jackson ni siquiera contestó a la llamada de O'Neill, sentía
un agudo pinchazo en la cabeza como si miles de alfileres se clavaran
en ella. Jack le agarró para impedir que pudiera hacerse daño.-
Daniel ¿qué te ocurre?
El
joven seguía gritando. Carter oyó los alaridos, que llegaban
desde la posición del coronel que hacía sólo unos
segundos había visto acercarse.
- Coronel ¿qué ocurre?.- preguntó sujetando su radio
en el bolsillo del chaleco y preguntando a través de ella. No obtuvo
respuesta inmediata.
- Parece la voz de Daniel Jackson.- Teal'c intentó agudizar su
vista desde aquella distancia. Distinguía a O'Neill y a Jackson
en el suelo, uno junto al otro.
- Carter, venga aquí inmediatamente.- se oyó a través
del aparato. Ambos echaron a correr hacia ellos. Los gritos desgarradores
del joven podían oírse sin duda desde muy lejos.- Vamos
Daniel, dime que te pasa.- Se agarraba la cabeza con tanta fuerza que
O'Neill tuvo miedo de que se partiera el cráneo en dos, le agarró
por la espalda sujetando sus brazos para impedirle que ejerciera presión
sobre ella.- ¿Es la cabeza?- En ese momento Carter y Teal'c llegaron
a su lado. La mayor miraba petrificada la escena.
- ¿Pero qué ocurre?- preguntó ensimismada.
- ¿Doctor Jackson?.- dijo Teal'c esperando que se calmara. De repente
el científico comenzó a revolverse intentando soltarse de
los brazos de O'Neill que le sujetaban. Sentía un fuerte zumbido
en los oídos y su cabeza parecía a punto de estallar.
- ¡Sujetadle!- exclamó O'Neill agarrándole con fuerza.
Carter le sujetó las piernas inmovilizándolo mientras el
Jaffa colocaba sus grandes brazos sobre el pecho del joven.- Daniel por
Dios, reacciona.
Intentaron sujetarlo entre los tres impidiéndole moverse, O'Neill
miró a su alrededor, no había nadie, sólo ellos y
la inmensidad del lugar. ¿Qué podía ser aquello que
de repente, había hecho enloquecer a su amigo?
CONTINUARÁ...
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