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UnderGround
Escrito
por: Amaunet / Retoques por: Marita
Comentarios
en: lasextaraza@hotmail.com
CAPITULO
1
La
espera se hacía insoportable. Sentado en la sala del trono y arropado
por varios sirvientes que le atendían a cualquier necesidad, aunque en
aquellos momentos no le eran de mucha ayuda. Esperaba desde hacía varias
horas la llegada de sus guardias con la información que había solicitado.
Necesitaba confirmar sus sospechas. Aquella enorme sala se le hacía mucho
más grande aún ante la incertidumbre de la espera.
A
sus pies, bandejas de metales preciosos con frutas de la región
traídas especialmente para él. Sus súbditos le adoraban
como a un dios; al fin y al cabo su poder era tal, que aquello era innegable.
Los humanos eran la especie más fácil de dominar. En aquel
lugar también había logrado ser el faraón de antaño
y en aquella enorme sala de su palacio real, daba órdenes que eran
obedecidas sin oponer ninguna resistencia. Aquellos humanos que le servían
ahora, no sólo se desvivían por él, sino que habían
llegado a obedecer sus órdenes hasta el punto de construir aquel
lugar en su honor tras una simple orden suya.
La
gran sala, con altos techos y columnas papiriformes (1)
en las esquinas, dejaba entrar la luz del sol en aquel lugar que se había
convertido en su hogar. Los brillantes rayos se colaban a través
de unas ventanas rectangulares repartidas por toda la estructura. El suelo
repleto de imágenes de sus enemigos, arrodillados y amordazados
en fila y colocados de tal manera que cuando salía de aquella enorme
habitación caminaba sobre ellos. Una forma más de soberanía,
de demostrar que aún en su palacio, él tenía el poder.
Las paredes, pintadas y decoradas por los mejores artesanos daban un toque
de gusto impresionante al recinto. En ellas aparecía el que era
para ellos su guía, su dios. Y junto a él su amada. Aquella
que durante tanto tiempo había estado a su lado. La que le había
acompañado en los buenos y malos momentos que habían vivido.
Ella, de la que ahora sospechaba y por la que no soportaba la espera de
noticias sobre su persona. No entendía por qué sus guardias
tardaban tanto en presentarse ante él.
Varios
eunucos (2)
se acercaron portando sendas bandejas con
dátiles y miel para acompañar al resto de recipientes que
ya había en la sala. No quería comer, quería información.
Aquella fabulosa estancia comenzaba a ahogarle ante la desesperación
de no saber si sus sospechas eran o no infundadas.
Golpeó
con furia contenida los reposabrazos de su asiento antes de levantarse
de un salto cansado de aquella espera que se había convertido en
una agonía. Si era necesario, él mismo comprobaría
sus dudas. Recorrería el palacio entero hasta encontrarla y enfrentarse
a sus temores. Si le había traicionado, él mismo acabaría
con su vida. Sintió un agudo dolor en el pecho. Durante unos segundos
dudó si el amor que sentía hacia ella superaría el
remordimiento de saberse engañado.
Sus
sirvientes trataron de disimular su nerviosismo al ver alterado el estado
de su señor. Si se encolerizaba era de temer. Su poder no era visible
sin duda a simple vista. Para aquellos que le miraban tenía un
porte distinguido. Era de tez más bien blanca, pelo castaño,
y ojos claros. Su barba era del mismo color que su cabello. Era bastante
alto y sus brazos eran largos y delgados al igual que sus piernas. Su
apariencia de juventud era sin duda engañosa. Sus sirvientes sabían
que tenía muchos años, y su poder de dios le hacía
vivir casi eternamente. En ese preciso momento un grupo de guardias con
armaduras de metal azulado y relucientes hicieron aparición en
la sala. La armadura les cubría todo el cuerpo. En sus cabezas
portaban cascos del mismo color y con forma de carnero. Avanzaron hasta
ponerse a la altura del dios para arrodillarse ante él ceremonialmente.
- Nes (3).-
Dijo con voz sonó ronca y metálica. Uno de los guardias
apretó su muñeca con una mano. La armadura emitió
un sonido metálico y el casco sobre su cabeza comenzó a
desmontarse hasta quedar oculto tras su espalda. El guardia no alzó
la vista en ningún momento hacia a su señor. Éste
parecía impacientarse. Levantó entonces la vista para mirarle
por primera vez directamente. Con falda de lino azul, ataviado con una
corona con dos largas plumas, una verde y otra azul y un pectoral de oro,
miraba a su súbdito a la espera de tan ansiadas noticias.
- Imen-ra-so-neter. Anj Udja Seneb (4)
.- dijo a modo de saludo a la vez que agachaba la cabeza de nuevo.- Mis
guardias y yo mismo hemos comprobado y ejecutado su orden tal y cómo
nos pidió.
- ¿Y?.- preguntó con impaciencia al ver que el soldado volvía
a levantar la cabeza para mirarle mostrando de nuevo su identificativo
característico en la frente, un tatuaje color oro con una espiral
redonda. - Me temo mi señor, que sus sospechas son una realidad.-
los ojos del dios se iluminaron con furia.- Si desea pedir explicaciones
a su reina... la encontrará en estos momentos junto al Stargate
del hipogeo de la zona nueva que mandó construir
bajo el templo.- la voz del guardia sonó temerosa esperando la
peor reacción de su amo ante la noticia que le acababa de dar.
Con un movimiento brusco, su señor se hizo paso entre los guardias
de su corte que no se habían movido de su posición. El dios
se llevó la mano izquierda a un gran brazalete color oro que le
cubría la mano derecha, llevándose después ambas
al gran pectoral que le cubría el cuerpo. Al hacerlo, una gran
bocanada de aire se hizo en la gran sala del trono y el cuerpo del dios
se desmaterializó girando sobre sí mismo como si de aire
se tratara. El guardia en jefe de la pequeña comitiva miró
la hazaña tan común para él en su señor. Antes
de vaporizarse en nada, pudo volver a ver una vez más como tantas
otras, a dos serpientes retorciéndose a la vez que giraban sobre
el remolino antes de desaparecer y hacerse de nuevo el silencio en la
gran sala ante la estupefacción de los súbditos del dios
hecho rey. Ahora su furia... debía ser temida por todos.
...................................................................
Volvió
a introducir la pequeña bola color gris metálico en su caja
para hacerla desaparecer de la vista de todo aquel que pudiera entrar
en la tumba, incluida la de los propios sacerdotes que estaban con ella.
Luego colocó el recipiente dentro de un enorme arcón de
alabastro en el que se guardaban utensilios para realizar ritos antiguos.
Se giró sonriente al ver que al otro lado la esperaban sus súbditos,
todos ellos vestidos de lino y afeitados de pies a cabeza. Todo parecía
salir según lo planeado. En poco tiempo el plan final sería
un éxito y pronto saldría de aquella cárcel a la
que estaba condenada para reunirse con su única verdad. Por aquel,
por el que sin dudarlo, había puesto su vida en peligro para reunirse
a su lado.
La
joven, de extremada belleza, pelo largo y negro, ojos oscuros profundos
digna de su estirpe extranjera, miró el lugar en el que se encontraban.
Construido tal y como su esposo había pedido, salvo por las modificaciones
que ella misma había ordenado. Sobre lo alto del techo de la estructura
y con forma de simple mampostería de adorno, se ocultaba el poder
que la daría la libertad, ayudada por sus más fieles sacerdotes,
aquellos cuatro hombres que ahora estaban allí con ella.
La
gran puerta estelar permanecía en silencio. Había viajado
otras veces por ella y sabía perfectamente cómo debía
utilizarla. Gracias al pedestal de la sala en la que aparecían
repartidos en dos circunferencias concéntricas las coordenadas
en símbolos, sólo debía de apretar los correctos
para hacer iluminar los ajustes del gigantesco anillo grisáceo
y abrir un portal al otro lado que cruzaría sin dudar para reunirse
con su verdadero futuro. Aquel que por fin la sacaría de aquella
pesadilla. Miró a sus cinco sacerdotes más fieles, los cuales
rodeaban el enorme sarcófago color oro que debía ser la
morada de eternidad de su esposo a los ojos de los humanos de aquel lugar.
Aquel aparato que les hacía sentirse fuertes por siempre, alargando
su existencia hasta tiempos impensables para cualquier humano. Aquel era
el sitio en dónde reposaría por orden de su amado esposo,
para poder así utilizarlo lejos de las miradas de los sacerdotes,
que prestaban su vida al templo bajo el que ahora se encontraba. Aquella
sala había sido construida expresamente para aquel motivo, preservar
en aquel lugar el Stargate y el sarcófago de su amado señor.
Aunque las obras se habían llevado acabo bajo la supervisión
de él, había conseguido arreglárselas para realizar
algunos cambios en su estructura. La única entrada a aquel lugar
era un pasillo largo y empinado que sus sacerdotes y ella misma habían
utilizado hacia ya varias horas. Dado que la estancia estaba muy por debajo
del nivel del túnel, se había procurado que toda aquella
sala estuviera iluminada con teas repartidas generosamente por las cuatro
paredes. Todas ellas recubiertas de pinturas que reflejaban el viaje del
faraón al Más Allá con el uso del sarcófago
y por tanto la vida eterna. Cinco enormes estatuas del propio faraón
habían sido levantadas en piedra haciendo de columnas y ocultando
tras ella su secreto. Para salir de aquel lugar con vida, sólo
podían usar la única entrada que quedaría sellada
para siempre mediante un mecanismo que usaba arena para dejar caer sobre
el umbral de la puerta una enorme piedra. Sobre sus cabezas, la enorme
y decorada tumba encerraba una trampa también de arena, que a una
sola orden de la reina, comenzaría a caer sobre aquel lugar enterrándolo
todo. El resto del templo estaba por encima de aquel lugar y éste
quedaba comunicado con el palacio por medio de un angosto pasillo que
pasaba bajo el río, quedando la estancia con el sarcófago
en la zona occidental
(5),
tal y como su esposo había pedido.
Un
sonido silbante la sacó de sus pensamientos. Su respiración
se aceleró al ver cómo una suave brisa se transformaba en
aire colérico para después transformarse en implacable remolino.
La visión de dos serpientes enrollándose a la vez, que la
miraban dentro de ese remolino, le dio la respuesta de lo que en ese momento
ocurría. Su esposo iba a aparecerse ante ella. La silueta del dios
se formó dentro del remolino a la vez que se sujetaba los brazos
sobre el pectoral de oro. El aire se detuvo cuando el cuerpo del dios
tomó forma. Contempló a la joven con mirada fría.
- ¿Qué hacéis aquí amado mío?.- preguntó
con voz dulce tratando de disimular su sorpresa y su nerviosismo.
- Quería veros...- respondió con misterio.
- Ya os dije que me encargaría personalmente de habilitar esta
nueva sala bajo el templo para poder usar el sarcófago tal y como
dispusisteis.
- Dejad de fingir. Os he mandado espiar.- La joven le miró con
expresión de estupefacción. Observó entonces al que
era su faraón, que la miraba con cierta expresión de desprecio.-
Me traicionáis.
- ¿Por qué decís eso?.- preguntó ella esperando
sacarle la información que conocía al respecto. Su faraón
se llevó la mano a la barba, que le daba aspecto de ser más
mayor, aunque aparentemente parecía sólo tener una treintena
de años.
- Mis guardias os han visto comunicaros fuera del templo y de palacio.
Habéis usado un comunicador para citaros, y sé que me traicionáis
aún sabiendo que os amo.- La joven le miró con expresión
de asombro. Trató de pensar si hacerse la desentendida le serviría
para ganar el tiempo suficiente y escapar de sus redes. Su mirada era
penetrante, y entonces supo la respuesta a sus dudas, con total seguridad
estaba segura de que la mataría con sus propias manos. En ese momento
una sensación de escape la hizo decidirse. No soportaría
ni un día más aquella cárcel. Aquel era el momento
ideal, dado que los sacerdotes estaban en la misma sala con ellos.
- No sé a qué te refieres amado mío, sólo
he cumplido tus órdenes tal y cómo indicaste.- la joven
se acercó insinuante a su esposo. Él la miró con
desconfianza, pero su belleza le abrumaba una vez más. Se sentía
tan débil a su lado.- Sabes que yo todo lo hago por ti y para ti.-
Se situó justo frente a él tomándole por la cintura.
El aroma de su piel pareció embriagarle y se sintió desvanecer.
Con un rápido movimiento la joven llevó su mano al cinto
del paño azul que el faraón llevaba puesto, extrayendo con
rapidez un enorme cuchillo de guerra con un gran mango de madera tallada.
Con un movimiento rápido lo clavo en el vientre de su esposo, que
abrió los ojos mirándola confuso ante lo que acaba de hacer.-
Todo por ti.- empujó el cuchillo clavándolo hasta el mango
y luego se alejó de él. El faraón la agarró
de una muñeca impidiendo que pudiera separarse demasiado. Ella
forcejeó sin lograrlo. Contempló los ojos de su víctima
que miraba ahora el arma con la que le había herido sin vacilar.
Usó su otra mano para sacarse aquel artilugio punzante de su vientre.
Al hacerlo, sintió como un borbotón de sangre salía
de su cuerpo.
- Nunca... permitiré... tú traición.- dijo a la vez
que trataba de no ahogarse en su propia sangre dado que ésta había
comenzado a subir por su traquea. Con el cuchillo en la mano, tiró
de la muñeca de su esposa y con un rápido movimiento, quizás
un último atisbo de fuerza, clavó el mismo arma en el cuerpo
de la joven, que abrió la boca ahogada por el dolor del metal en
sus carnes. El hombre tiró del cuchillo hacia arriba haciendo que
un surco se abriera en el cuerpo de la joven que cayó después
al suelo moribunda.
No
iba a quedarse allí, él era poderoso, era un dios. Se acercó
al enorme sarcófago ante la mirada impasiva de los sacerdotes,
que aunque atentos, no se movieron de su lugar junto al enorme contenedor
de color oro. Tras apretar un cristal rojo en uno de sus costados, el
enorme artilugio comenzó a abrirse. El joven miró a su amada
en el suelo. No habría sitio para ella, y si su huésped
no hacía nada por salvarla, la dejaría morir. Una vez el
aparato quedó abierto, con un último aliento logró
entrar en él y una vez tumbado en su interior, este comenzó
a cerrarse dejándole entre tinieblas. Aquel viejo amigo, de nuevo
le devolvería a la vida.
Mientras
la joven sentía la sangre en su garganta. Sintió como varios
de sus sacerdotes se acercaba a ella. Eran su única esperanza.
Trató de incorporarse, quería que la ayudaran a acercarse
al pedestal de la sala con los símbolos impresos en él.
Una vez estuvo junto al aparato trató de llenar sus pulmones de
aire una vez más para concentrarse. Comenzó a apretar uno
a uno varios símbolos del pedestal que se fueron iluminando a la
vez que los ajustes del gran anillo lo hacían también. Una
vez hubo encendido siete símbolos diferentes y los siete ajustes
triangulares de la puerta permanecieron encendidos, la joven apretó
una gran bola naranja en el centro del pedestal que se iluminó
también. La puerta emitió un fuerte sonido dejando salir
un chorro de agua y luz de su centro. A la vez que el chorro de líquido
volvía al centro del Stargate y el lugar temblaba, la joven trató
de acercarse al centro de la puerta que se había convertido en
una extraño estanque de luz y líquido azulado. Se giró
antes de atravesar aquel extraño elemento tan parecido al agua
y a la vez tan distinto. Miró a sus sacerdotes para poder darles
una orden final.
- El momento ha llegado. Cerrad el lugar... y escapad de aquí.-
dijo con un hilo de voz. Los sacerdotes no se hicieron esperar. La joven
levantó su brazo portando un brazalete de oro que se ceñía
a su muñeca y a la palma de su mano. Apuntó con él
al pedestal y el centro de éste se iluminó. Una fuerza invisible
salió de su centro dando de lleno en el marcador, que tras sobrecargarse
quedó completamente inutilizado saltando parte de él por
los aires, luego atravesó el umbral del anillo huyendo por él.
Una vez el Stargate volvió a cerrarse, desapareciendo todo su contenido,
los sacerdotes se dividieron. Cada sacerdote se acercó a una enorme
estatua del dios hecha en piedra y tras colocarse tras ella recogieron
cada uno de ellos una maza de madera y piedra. A un grito de uno de ellos
los cuatro sacerdotes golpearon la base de ambas estatuas por detrás.
Al hacerlo cuatro vasijas de fina porcelana se hicieron añicos
y fina arena del desierto comenzó a caer a los pies de las estatuas.
A la vez un estruendoso ruido se deslizó por todo el techo de la
estancia. Una enorme losa hizo romper un conjunto de vasijas comenzando
a caer arena de lo alto de la enorme trampa con forma de tumba. Los cuatro
sacerdotes corrieron entonces hacia la única entrada que comenzaba
a quedar taponada por una enorme losa que se deslizaba en el umbral de
la puerta. Accedieron a toda prisa por un enorme túnel ascendente
tras recoger varias teas humeantes, al llegar al final del pasillo levantaron
las cabezas para poder ver el pozo por encima de ellas por donde debían
ascender. En fila, comenzaron a subir por argollas de cobre hasta alcanzar
la luz solar. Ya estaba hecho, ahora sólo debían taponar
el pozo con más arena, una vez los cuatro sacerdotes salieron fuera
todo un grupo de peones comenzaron a realizar su trabajo.
................................................................
El
Stargate de su planeta se abrió ante él. El dios serpiente
miró hacia allá aguardando la llegada del viajero. No esperaba
que nadie cruzara todavía, era demasiado pronto. Sus guardias serpiente
permanecieron alerta a la espera del visitante. La silueta de la joven
reina cruzó la puerta y aspiró una bocanada de aire esperando
por lo menos alcanzar a ver a su amado antes de morir. Los ojos del dios
se iluminaron ante la visión. El Stargate se cerró tras
ella y la joven cayó de rodillas al suelo del palacio. El dios
serpiente corrió a su lado para tratar de ayudarla. No podía
ser que aquello estuviera ocurriendo.
- No... - dijo con su voz ronca y metálica tan característica
entre los de su raza. Tomó la cabeza de la joven acomodándola
en sus brazos. Miró su belleza una vez más.
- Apophis...
mi señor.- dijo ella con una leve sonrisa al ver que podía
mirarle aunque la muerte estuviera tan cerca.
- ¿Por qué?.- preguntó esperando una respuesta por
parte de ella.
- No tuve... elección. No volverá a tratar de imponer su
poder. Quedará sepultado... por toda la eternidad. Ahora sólo
vos podéis salvarme.- dijo a la vez que sus ojos se cerraban lentamente.
Apophis miró a su guardia. No había elección. No
había conseguido hacerse aún con un sarcófago para
ayudar a su amada, sólo había una forma de preservar su
vida.
- Traed a una portadora de la corte.- dijo casi en un grito. Varios guardias
con el símbolo de la serpiente en su frente salieron de allí
a toda prisa. Apophis corrió la ropa de la joven dejando ver su
herida. Si su huésped no podía ayudarla... estaría
allí para que fuera extraído. Introdujo la mano en la enorme
herida y volvió a sacarla ensangrentada y llevando en ella una
larva de gran tamaño de color verde oscuro, ojos rojos y con una
boca coronada por cuatro largos dientes cada uno en un lado. La larva
se debatió. Debía salvarla, aquella era su amada y podría
usar cualquier otro cuerpo para ser su portadora. Su raza, los goa'uld
, llevaba siglos usando humanos para poder sobrevivir. El animal se enroscó
en su mano mientras le miraba. El dios serpiente miró a la joven
que sin duda, había fallecido. Uno de sus guardias se acercó
con una mujer de pelo castaño oscuro y ataviada con un traje largo
color azul adornado con pedrería de todo tipo. Apophis la miró.-
Tú serás su portadora hasta que encuentre a una digna reina
para ella.- la joven agachó la cabeza asintiendo de esa manera
a aquello que para ella era un honor. Ser la portadora de la futura reina.
La joven se separó la ropa de la zona de su estómago dejando
ver una incisión en forma de cruz. Apophis miró a la larva
para luego acercarlo a la incisión. El animal no dudó un
segundo en introducirse en aquel cobijo en el estómago de la portadora
hasta desaparecer en él. Después el dios serpiente miró
a su guardia personal.- Custodiad a la portadora. Si algo le pasa a mi
reina... pagaréis con vuestra vida.
- Sí, mi señor.- contestó el guardia devoto. El dio
serpiente miró entonces a la joven.
- Cómo Jaffa eres la portadora de aquella a la que amo. En cuanto
mi poder alcance un status mayor, comenzaré la búsqueda
de la que será su anfitriona. Hasta el momento, no saldrás
de tus aposentos a no ser que yo te lo ordene.- la joven asintió
con la cabeza. Apophis llevó la mano al estómago de ésta
y sonrió.- Pronto, volveremos a estar juntos... mi amada Amaunet
.
CAPITULO
2
El
enorme silo se encontraba repleto de operarios que
preparaban todo lo necesario para el funcionamiento de la instalación
en ese preciso momento. Varios oficiales realizaban ajustes en los paneles
de la sala, justo enfrente de la amplia rampa que atravesaba el enorme
anillo color gris.
Aquel
aparato, bautizado hacía tiempo como Stargate, permanecía
inmóvil. Ese había sido el motivo de la creación
de un cuerpo de militares de alto nivel profesional, preparados especialmente
desde hacía varios años en aquel complejo. Mantenido en
secreto para el resto del planeta, el complejo Cheyenne guardaba en su
nivel veintiocho por debajo del suelo de la enorme montaña de Colorado,
el aparato más sofisticado e impresionante que la humanidad jamás
hubiera conocido. Tras ser descubierto en la explanada de Gizá
en Egipto en 1928 bajo una enorme losa con símbolos extraños,
el estudio del mismo había abierto las puertas a una posibilidad
hasta ese momento inimaginable: la posibilidad de visitar otros planetas
a millones de años luz de la Tierra con tan sólo atravesarlo.
El estudio del mismo había llevado mucho tiempo, pero aquellos
profesionales que en esos momentos se encargaban de que todo estuviera
listo para su utilización lo habían hecho posible.
La
mayor Samantha Carter era una de aquellas personas. Sentada en aquel momento
delante de una de las pantallas principales de la sala de control, terminaba
los preparativos específicos para el uso del gigantesco portal.
Tras introducir las coordenadas necesarias en el programa, miró
por el cristal frente a ella que hacía visible el fondo del silo.
Sus ojos azules divisaron cómo en ese preciso momento, una de las
dos puertas de la sala de embarque se abría y una sonda mecanizada
entraba en ella. Ya casi todo estaba listo. Si nada lo impedía,
en breve enviarían aquel aparato a través del enorme anillo,
y si les comunicaba unas condiciones adecuadas, ella y su equipo, el SG-1,
cruzarían como tantas otras veces habían hecho. El aparato
se acercó al borde de la rampa y allí se detuvo.
- Mayor, ¿está todo preparado?.- preguntó un general
acercándose a ella por detrás a la vez que observaba el
movimiento de los oficiales en la sala.
- General Hammond, señor...- dijo con tono serio a la vez que se
giraba para mirarle. El general de división Hammond era un hombre
fornido y con semblante sereno.- Todo preparado para enviar la M.A.L.P.
- Adelante.- dijo el general con rotundidad.- la mayor tomó el
control del teclado del ordenador que tenía delante y apretó
varias teclas. Las alarmas de todo el complejo saltaron y el Stargate
comenzó a mover el anillo central repleto de símbolos diferentes.
Se detuvo en uno de ellos y un enorme ajuste se acopló al signo
a la vez que se encendía.
- Chevron uno, codificado.- dijo un sargento sentándose en el ordenador
junto a la mayor en ese preciso momento a la vez que veía en su
pantalla el enorme símbolo colocado en la parte superior derecha
del monitor.
- Comienza la fiesta.- dijo en ese momento un hombre alto, de pelo canoso
y sonrisa risueña entrando a la sala de control acompañado
de un hombre de color con un símbolo dorado grabado en la frente.-
¿Trajiste el confeti, Teal'c?.- le preguntó al detenerse
junto al general mirando a su compañero, a la vez que se ajustaba
una gorra de béisbol color beige a su cabeza. El hombre de color
le miró ladeando la cabeza y con expresión de no comprender
el sentido de la pregunta que le acaba de hacer. En ese momento un sonido
metálico resonó en el silo a la vez que un nuevo ajuste
se encendía.
- Chevron dos, codificado.- dijo el sargento al micrófono.
- Coronel...- comenzó a decir el general.- Sabe perfectamente que
les adjudicaré la misión a ese planeta nuevo si la sonda
da un primer reconocimiento positivo.
- General, estoy... impaciente. El SG-1 no ha podido salir a explorar
desde hace dos semanas por culpa de las sondas. Seguro que ésta
es la definitiva. Ésta ha de ser la buena.
- Las sondas anteriores indicaron que los planetas a visitar no eran seguros,
señor.
- Cuatro sondas, Carter.- le recordó el coronel indicándole
el número con los dedos.- Hablamos de cuatro intentos nulos: uno
por un rollo de presión, otro por no sé qué de radiación
samma...
- Gamma.- le recordó Carter.
- Lo que sea. Un tercero por algo de lava y el de hace dos días
por algo de viento.
- Tornado, Jack...- dijo un joven entrando en ese momento en la sala.
Se acercó sonriente al coronel a la vez que empujaba sus gafas
hacia atrás sobre su nariz.
- Chevron tres, codificado.- dijo el sargento a la vez que el tercer ajuste
quedaba colocado.
- Viento... al fin y al cabo.- dijo el coronel sonriéndole al verle
aparecer. El joven se encogió de hombros.
- Claro, sólo de trescientos kilómetros por hora. Algo que
no se arregla llevando un paraguas.
- ¿Nunca has estado en Chicago, Daniel? Aquello sí que es
viento...
- Chevron cinco, codificado.- dijo el sargento.
- Coronel O'Neill, sé que el SG-1 lleva inactivo bastante tiempo.
Pero ese no es motivo para saltarse el protocolo de reglas a la hora de
viajar a través del Stargate. Primero la sonda, y si esta envía
imágenes positivas, su equipo saldrá de inmediato.
- Sí, señor.- dijo el coronel sonriente. Jack O'Neill era
el líder al mando del SG-1, su equipo. La mayor Carter, junto a
Daniel Jackson y el Jaffa Teal'c le acompañaban en cada misión,
y en esos momentos deseaba por encima de todo que aquella sonda les proporcionara
la oportunidad de cruzar de nuevo el Stargate. Estar inactivo le desesperaba.
Jackson, por su parte, gracias a aquella corta inactividad, había
podido continuar para continuar sus estudios sobre el material traído
de su última misión. De vez en cuando le gustaba permanecer
una temporada sin tener que viajar a través de la puerta. De esa
forma, disfrutaba en su despacho de la tranquilidad del trabajo, sumergido
entre libros y antigüedades tratando de buscar respuestas a las preguntas
que cada incursión a través del Stargate les planteaba.
Su capacidad como lingüista y sus estudios en Arqueología
e Historia Antigua habían servido en muchas ocasiones al SG-1 para
resolver problemas allí donde iban. O'Neill por supuesto, prefería
la acción. Los estudios que la mayor Carter pudiera hacer sobre
astrofísica o que el doctor Jackson hiciera sobre culturas remotas
no eran lo suyo, él prefería salir a combatir contra los
goa'uld, y estaba seguro de que Teal'c era de su misma opinión.
- Sonda activada y lista. A la espera de apertura del Stargate.- dijo
la mayor mirando al sargento que no perdía de vista la pantalla
de su ordenador.
- Chevron seis codificado.- dijo a la vez que el aro central de la puerta
volvía a girar a gran velocidad.
- Cruza los dedos Teal'c.- dijo O'Neill en un susurro al Jaffa a su lado,
a la vez que le mostraba como él lo hacía. Teal'c llevaba
en el SG-1 prácticamente desde que éste se formó.
Tras conocer al equipo de O'Neill en su planeta Chulak , decidió
unirse a ellos para luchar contra aquellos que le habían mantenido
como un guerrero esclavo durante gran parte de vida, y que se hacían
pasar por sus dioses, los goa'uld. Aquella especie, de la que él
mismo como Jaffa era portador de una de sus larvas, había mantenido
bajo su yugo a su pueblo, los Jaffas. Pero gracias a los guerreros de
la Tierra, que él conocía como Tauris , habían logrado
acabar con varios de ellos, llegando a ser sin duda un problema para éstos.
- Chevron siete... cerrado.- el último ajuste hizo detener el anillo
central de la puerta. Un remolino de luz y una sustancia líquida
salieron del centro del Stargate. El gigantesco vórtice tras salir
expulsado hacia delante, regresó al aro con la misma fuerza con
la que había salido al quedar ajustado. El Stargate acababa de
crear un agujero de gusano con otro planeta a cientos de años luz
de la Tierra, y el horizonte resultante del mismo era ahora visible en
la propia puerta. Como si se tratara de agua y con una luz espectacular,
esperaba en reposo a que algo o alguien lo cruzara.
- Adelante con la sonda, mayor.- dijo el general afirmando con la cabeza.
- Sonda M.A.L.P. en marcha.- La sonda se puso en movimiento manejada por
la mayor desde el ordenador de la sala de control. Primero avanzo por
la rampa a la vez que se extendía su brazo sobre ella hacia delante,
la cámara estaba también activada. Al llegar a lo alto de
la rampa, la sonda cruzó despacio la pantalla creada por el Stargate
desapareciendo poco a poco en él.
- Descomposición molecular en proceso.- dijo la mayor a la vez
que veía desaparecer por completo la M.A.L.P. de su vista.- La
sonda llegará a P3X-710... ahora.- Las pantallas de la sala dejaron
ver lo que la cámara de la sonda tenía delante. No se oía
absolutamente nada al otro lado. Parecía una cámara subterránea
en la que apenas se veía luz.- Parece todo... desolado.
- Quizás haya sido destruido.- comentó Teal'c mientras veía
las imágenes que enviaba la sonda.
- Activaré luz en la M.A.L.P.- dijo Carter haciendo que un potente
foco apuntara la estancia. Ante sus ojos pudieron ver una estructura que
parecía cerrada. La sala era amplia, aunque parecía bastante
deteriorada. La sonda giró la cámara para apuntar hacia
lo que parecía un sarcófago.
- Oh-oh.- dijo Jackson ante lo que ahora podían ver.
- Sin duda goa'uld.- comentó Teal'c tratando de ver cuál
podría ser su poseedor.
- ¿Quién dejaría un sarcófago en un lugar
tan... desolado?.- comentó O'Neill. La posibilidad de conseguir
traerlo a la Tierra era muy tentador. Todos sabían las posibilidades
de aquella tecnología. Los goa'uld usaban aquellas máquinas
para prolongar su vida durante siglos.
- La cámara no puede acercar más el zoom. El lugar por el
que se mueve... parece tortuoso.- comentó Carter al ver como la
sonda vibraba al avanzar.
- Parece... ¿arena?.- dijo O'Neill mirando hacia el suelo de la
enorme estancia.
- Mayor, trate de encontrar el marcador.- Sam giró la cámara
de la sonda buscando en la estancia el pedestal característico
que debían encontrar en cada planeta si querían poder volver
a poner en marcha el Stargate desde allí y regresar a casa.
- Ahí...- dijo Jackson al ver el pie del marcador. La cámara
apuntó hacia los símbolos. Sin duda el aparato parecía
totalmente deteriorado.
- Señor, tendremos que llevarnos un reactor de Naqahdah para poder
regresar. No parece que ese DHD pueda traernos de vuelta.
- Eso parece coronel.- dijo el general pensativo.
- ¿Eso es una salida?.- dijo Carter apuntando con la cámara
hacia lo que parecía una losa a medio cerrar en una de las paredes.
Esta se había quedado por encima de la mitad de su recorrido.
- ¿Por qué alguien destruiría el marcador impidiendo
así poder utilizar el Stargate?.- dijo Jackson pensativo tratando
de comprender lo que veían.
- Tengo una pregunta mejor...- dijo O'Neill. El resto le miró esperando
su comentario.- ¿Por qué alguien se molestaría en
abandonar una estancia tan terriblemente decorada, con un sarcófago
dentro, cuando todos sabemos lo útiles que son para los goa'uld?
- Sería interesante poder traerlo y estudiarlo.- dijo Carter.-
Él último que encontramos, dada su vigilancia, era muy arriesgado
conseguir traerlo a la Tierra.
- ¿No se ha planteado que quizás tenga alguien dentro?.-
dijo Jack pensativo.- No me gustaría mosquear a un goa'uld con
la mudanza.
- ¿Un goa'uld encerrado en ese sitio durante... tres mil o cuatro
mil años?.- preguntó Jackson tratando de distinguir los
símbolos del sarcófago sin mucho éxito dada la escasa
luminosidad del lugar. Jack le miró con asombro ante lo que acababa
de decir.
- ¿Tanto tiempo?.- le preguntó sin esperar a que éste
le respondiera.
- Bueno, no estoy seguro pero... si pudiéramos ir podría
examinar con detenimiento el lugar y datarlo correctamente. Tanto si el
sarcófago está lleno como vacío, el traerlo hasta
aquí supondría una ventaja mayor que la posible amenaza.-
O'Neill miró entonces a su amigo Teal'c a su lado, esperando que
éste aportara su opinión dado que era el que más
conocía a los goa'uld de entre ellos.
- No puedo imaginar el motivo por el cual un goa'uld decidiera abandonar
un sarcófago en un lugar así sin posibilidad de usar el
Stargate. Salvo que otro goa'uld destruyera su planeta y desconociera
la existencia del mismo en esa dependencia.- dijo el Jaffa en tono tranquilo.
- Bien señores...- comenzó a decir el general.- Averígüenlo
y traigan ese aparato a la Tierra para poder estudiarlo. Antes de partir
mayor, consiga un reactor y cárguenlo con ustedes para poder volver
a poner en marcha el Stargate del otro lado. Parten en una hora.
- Sí, señor.- dijo la mayor a la vez que se levantaba de
su asiento. O'Neill sonrió abiertamente ante las palabras del general.
Aquello significaba que por fin el SG-1 volvía a la actividad,
y eso le alegraba. Carter salió de la sala seguida de Jackson,
O'Neill y Teal'c les siguieron.- Sargento cierre el Stargate.
- A la orden.- Tras teclear el teclado de su ordenador el Stargate emitió
un sonido característico haciendo desaparecer el horizonte resultante
del anillo y con ello cerrando el portal que unía la Tierra con
P3X-710. La misión estaba marcada. El SG-1 tenía órdenes
explícitas. Órdenes qué cumplir.
.........................................................
En
unos cuarenta y cinco minutos el SG-1 al completo caminaba por los pasillos
del silo en dirección a la sala de embarque. Todos ellos estaban
listos para poder cruzar el Stargate. Carter y O'Neill iban armados con
sus P-90 característicos de última generación, así
como su indumentaria del ejército color verde y sus chalecos negros
listos con todo lo que pudieran necesitar, desde balas para sus armas,
sus radios, sus fundas con zat'n'katel o su equipo de supervivencia. Jackson
se ajustaba su berretta a la funda de su pierna derecha. No es que llevar
un arma le hiciera mucha gracia pero al pertenecer a un equipo de exploración
de ese tipo era muchas veces imprescindible. Aunque prefería dejarles
ese tipo de trabajo a Jack o a Sam, su condición como civil le
impedía llevar un arma más grande o más potente de
la que ahora portaba, aún así le habían enseñado
a usarla y eso para él era suficiente. Teal'c por su parte, también
preparado con el equipo necesario para cruzar el Stargate portaba su enorme
lanzadera goa'uld. Aquella barra alargada con su disparo potente de luz
le había salvado más de una vez la vida. Como Jaffa sabía
perfectamente lo importante que era su manejo, y desde que estaba con
los Tauri, su lanzadera había estado al servicio de aquellos. Al
llegar a la puerta de entrada del silo, un militar apostado en ella hizo
pasar una tarjeta de permiso por un lector. La puerta se abrió
y el SG-1 entró en la sala justo cuando el Stargate volvía
a abrirse.
- Chevron siete cerrado.- dijo el sargento desde la sala de control por
encima de sus cabezas mientras ellos se acercaban a la rampa. Un contenedor
metálico alargado había sido colocado allí. Carter
se acercó a cogerlo por un asa mientras Jackson hacía lo
mismo por el otro extremo. Entre los dos levantaron la pesada carga. Aquel
contenedor militar portaba un reactor de Naqahdah, material alienígena
que habían encontrado en sus viajes y que habían logrado
dar usos diferentes. Su enorme potencial como arma había sido una
de las posibilidades, en aquel reactor que la propia Carter había
diseñado, disponían de energía suficiente como para
poder poner en marcha el Stargate del otro lado sin necesidad de ningún
marcador y haciendo girar el anillo central a mano. Ahora estaban listos,
ante la rampa con el Stargate abierto. O'Neill miró hacia la sala
de control y el general le hizo una señal con la cabeza. El coronel
miró entonces a su equipo.
- Bien... cruzamos, llegamos, recogemos ese chisme y nos volvemos.- Jackson
le miró sin estar muy de acuerdo en lo que acaba de decir.- Ya
lo sé Daniel, enciende tu cámara y saca muchas imágenes,
pero te advierto ya que no estaremos mucho tiempo.- Daniel sabía
que dijera lo que dijera en aquel momento, no iba a servir de mucho. Había
aprendido durante todo aquel tiempo en que había viajado con Jack,
que en cuestiones militares no había vuelta atrás.- Teal'c,
tú y yo primero.- El Jaffa afirmó con la cabeza una sola
vez y ambos echaron a andar ascendiendo por la rampa, Sam y Daniel caminaron
con el reactor tras ellos.
Tratar
de explicar lo que uno sentía al atravesar aquel agujero de gusano
tan especial era bastante difícil. O por lo menos así lo
era para el coronel. No se sentía humedad al tocar aquella pantalla
azulada, pero si se sentía un vuelco en el estómago al atravesarla,
sensación de velocidad vertiginosa y un ligero empuje al salir
por el otro portal estelar. Claro, que era mucho mejor que al principio,
cuando la velocidad les hacía salir despedidos por el otro portal
de mala manera y congelados de frío. Carter sabía perfectamente
que cruzar el Stargate tal y como lo hacía semanalmente suponía
prácticamente un milagro. Ya no sólo el hecho de lograr
abrirlo lo era, los cuerpos de cada uno de ellos, así como los
objetos que portaban, se descomponían en el material más
pequeño, partículas subatómicas que el propio Stargate
hacía moverse a velocidades vertiginosas por el agujero de gusano
para luego volver a componerlas cada una en su sitio exacto al cruzar
al otro lado. Habían conseguido ajustar el umbral con sus viajes
hasta lograr que aquel salto Inter. espacial no fuera tan brusco o helado.
Teal'c por su parte, creyó durante mucho tiempo que los goa'uld
y sus poderes divinos hacían posible aquello, hasta que su maestro
Bra'tac le mostró el otro lado, muy diferente, y conoció
tiempo después a los Tauri. De esa forma supo que sus creencias
habían sido sólo quimeras, que no eran dioses y que simplemente
se habían aprovechado de una tecnología que ni siquiera
era suya para tan sólo conseguir sus propósitos: más
esclavos humanos para usar e implantar a los de su raza. En los habitantes
de la Tierra había logrado encontrar una raza lo suficientemente
fuerte y sabia como para poder hacerles frente. Para Daniel Jackson, cruzar
el Stargate era sin duda todo un reto. Como estudioso de la historia,
ahora contaba no sólo con pruebas de ella para su planeta en temas
hasta ahora imposibles de demostrar por falta de datos, sino también
para aquellas razas que habían conocido muy lejos de su planeta.
Sabían que la tecnología de los Stargate había sido
puesta en el Universo por una raza muy superior que hacían llamar
Los Antiguos , ellos habían sido sus creadores, aunque por el momento
desconocían qué había sido de ellos. Otras razas
usaban los portales además de la Tierra, los goa'uld entre otros.
Los Asgard lo usaban, aunque no les eran indispensable dada que su tecnología
era bastante más avanzada. Para la Tierra en cambio, era un salto
tecnológico muy importante, que hasta ese momento trataban de utilizar
para lograr aliados al otro lado en su defensa contra la peor lacra del
Universo que hasta ahora ellos conocían, los goa'uld.
Cuando
Sam y Jackson cruzaron el umbral portando el contenedor con el reactor
de Naqahdah, el lugar les pareció más desolado aún
de lo que habían visto por la cámara de la sonda M.A.L.P.
Segundos después de cruzar y bajar la pequeña escalinata
que soportaba el Stargate de aquel lugar, éste se cerró.
O'Neill había encendido la linterna que se incorporaba a su arma
sin dejar de apuntar al sarcófago que reposaba en el centro de
la habitación. Jackson y Carter soltaron la caja al borde de la
escalinata y Daniel sacó su cámara de vídeo portátil,
del tamaño de su mano, para poder grabar lo antes posible. Los
cuatro se acercaron al sarcófago. La arena lo cubría por
encima en parte. Jackson usó sus manos para tratar de limpiar su
superficie e intentar leer así los símbolos que aparecían
en él.
- ¿Alguien puede explicarme de dónde ha salido toda esta
arena?.- preguntó el coronel en un susurro ante la curiosidad que
sentía por aquel elemento que parecía estar en toda la sala.
- Es extraño, señor. El lugar la tiene en abundancia.- dijo
Carter apuntando al suelo con la linterna de su arma.
- Todo parece a punto de derrumbarse.- comentó Teal'c mirando a
su alrededor. Sin duda la sala parecía antigua. Jackson limpió
con nerviosismo lo mejor que pudo la superficie del enorme sarcófago
dorado. Sus manos tocaron un símbolo mayor que los demás
en el centro de éste, tras limpiarlo comprobó que se trataba
de una especie de espiral, se quedó entonces pensativo mirando
el símbolo descubierto.
- Imen (6).-
dijo casi en un susurro.
- ¿Es su dueño?.- preguntó O'Neill mirándole.
- Yo diría que sí. Es el símbolo de un cuerno de
carnero retorcido (7).
- Es el símbolo goa'uld Amón.- comentó Teal'c con
cierta perplejidad.
- ¿Amigo tuyo?.- preguntó Jack con sarcasmo.
- Es un goa'uld muy antiguo. Le creía muerto.- dijo el Jaffa tratando
de entender lo que acababan de descubrir.
- En cierta forma así es.- dijo Daniel mirando hacia el techo.-
Debe de llevar aquí muchísimo tiempo, a juzgar por el lugar.
- Ya...- dijo O'Neill .- ¿Y cómo sabemos que nuestro amigo
sigue ahí dentro?
- No podemos saberlo a no ser que abramos el sarcófago, señor.-
dijo Carter. O'Neill se rascó una oreja pensativo, aquella idea
no le agradaba nada de nada.
- La verdad, no me apetece nada ser el príncipe azul que le despierte
de su eterno sueño.-comentó con ironía.
- ¿Puedes darnos referencias sobre él Teal'c?.- preguntó
Jackson mientras miraba el lugar sin perder nada de vista con su cámara.
- Fue un goa'uld muy poderoso. Más antiguo que el propio Anubis
. El resto de los Señores del Sistema le temían. Se decía
que Apophis logró vencerlo y gracias a ello su poder se hizo mucho
mayor entre el resto de los goa'uld. Amón los dominaba a todos,
y Apophis logró engañarlo apartándolo de su poder
y desestabilizando el sistema. Gracias a su victoria consiguió
el respeto entre los demás Señores del Sistema obteniendo
un puesto entre ellos. Lugar que luego perdió al ponerse en su
contra.
- Típico entre los de su calaña.- dijo O'Neill.- Clavarse
puñales por la espalda.
- Lo enterró vivo... - dijo Jackson pensativo mirando hacia el
techo de la estancia.
- ¿Cómo?.- pregunto Carter sin comprender lo que Daniel
estaba pensando en ese momento.
- Es su tumba.- les explicó.- He visto esta estructura en planos
antiguos de la Tierra. Egipto, Dinastía XXVI (8).
Se construía una tumba bajo tierra, con un sarcófago dentro
y después se usaba arena para sellarla. El que la sellaba debía
salir de este lugar muy deprisa.
- ¿Por eso el lugar está lleno de arena?.- preguntó
Carter.
- Así es. Sobre el techo de la estructura hacían agujeros
en el suelo que taponaban con tinajas de cerámica, después
colocaban toneladas de arena encima. Desde aquí dentro, destruían
las tinajas que dejaban entrar la arena al recinto. Quizás incluso
usaban la misma arena para realizar mecanismos de cierre.- dijo apuntando
a la enorme losa de la que parecía la única salida del lugar.
- Pero... el lugar no está lleno de arena.- dijo Carter mirando
a su alrededor y viendo que la arena solo alzaba como mucho, un metro
del suelo del lugar.
- Algo debió fallar. La estructura no se selló como debía.
El que preparó esto, destruyó el marcador a casa para que
tras sellar la tumba no pudiera escapar nadie de aquí.
- Ya Daniel... pero olvidas algo. Un sarcófago goa'uld puede mantener
con vida eternamente a su dueño. Fue lo que ocurrió con
la "encantadora" Hathor en la Tierra. Quizás ese tal...
Amón siga estando dentro de la caja sorpresa.- dijo señalando
el sarcófago.
- No estará... el sistema falló. La cámara no fue
sellada. Podía salir del sarcófago si lo deseaba.
- Pero Teal'c acaba de decir que lo creía muerto. Que murió
aquí dentro dado que no ha sabido de él hasta ahora.
- Vale... vale ya.- exclamó O'Neill moviendo los brazos vertiginosamente.-
Sólo hay una forma de saber si hay alguien aquí dentro.
Si está en su interior hibernando... lo mandamos al más
allá, y sino... le robamos el sarcófago que al fin y al
cabo para eso hemos venido ¿no?.- Jackson y Carter se miraron.-
Ábrelo Daniel.- Sin comentar nada al respecto y desenfundando su
arma mientras el resto apuntaba a su interior, Jackson se acercó
al borde del sarcófago y buscó el cristal de apertura de
éste. Otras veces había abierto uno de aquellos aparatos,
así que no le fue difícil encontrarlo. Al colocar su mano
sobre él, el mecanismo se puso en marcha, el sarcófago comenzó
a abrirse despacio emitiendo un ruido de roce y haciendo que toda la estancia
temblara. Daniel miró hacia arriba un segundo, volvía a
caer arena en algunas zonas de la estancia. El aparato tardó unos
segundos en abrirse por completo.
- Vacío.- comentó Teal'c mirando en su interior.
- Nos lo llevamos. Carter, prepare el reactor de Naqahdah para abrir el
Stargate antes de que nos caiga el Sahara al completo en la cabeza.- La
mayor en un movimiento rápido se acercó a toda prisa al
contenedor del reactor. Lo abrió sacando de él unos cables
específicos que enganchó al aparato. Teal'c la ayudó
con ellos para acercarlos al Stargate rodeando con cada uno una zona del
aro grisáceo.- ¿Cuánto tiempo Carter?
- Necesitaré veinte minutos para activarlo señor.
- Que sean diez mayor.- dijo el coronel mirando como seguía cayendo
arena en el lugar, aunque no demasiado deprisa. Daniel se acercó
a la que parecía la única entrada. Dos estatuas franqueaban
el dintel de la misma, con una larga mesa de madera al lado de una de
ellas. Comprobó que ambas efigies estaban huecas y que sin duda
también la arena había caído a través de ella.
Se inclinó para poder asomar la cabeza al otro lado del bloque
que permanecía inmóvil por encima de la mitad de la apertura.
La oscuridad no le permitió ver nada de lo que había en
esa parte de la sala. Sacó una pequeña linterna para poder
apuntar con ella a la oscuridad y así poder grabar lo que había
al otro lado. La luz no era suficiente para poder ver el final del túnel
que parecía ascender.
- Lista para marcar señor.- dijo Carter a la vez que ponía
el reactor en marcha emitiendo este un zumbido.
- Adelante.- dijo O'Neill a la vez que se acercaba hacia donde se encontraba
Teal'c, cerca del Stargate para ayudarle a mover el anillo central con
símbolos. El cable daba energía por medio del reactor a
la puerta, el suficiente para que al alcanzar el primer símbolo,
éste se encendiera y el chevron se ajustara. Toda la estancia pareció
temblar como si de papel estuviera hecha.
- Chevron uno ajustado.- dijo la mayor a la vez que Jackson volvió
a introducir la cabeza en la estancia mirando hacia sus compañeros
para ver el efecto que el marcado estaba haciendo en el lugar. La arena
había comenzado a caer de nuevo levantando un espeso polvo blanquecino
en todo el lugar. Jack y Teal'c giraban de nuevo el anillo. Dado que éste
no poseía ningún amortiguador como el de la Tierra, la estancia
parecía a punto de caer sobre ellos debido al temblor. Justo cuando
se acercaban al segundo símbolo, parte del techo del otro extremo
en el que se encontraban cedió haciendo que la arena comenzara
a caer con fuerza y a un ritmo constante en la habitación. Daniel
sintió un golpe en un hombro y la losa que estaba justo encima
de él comenzó a ceder en dirección al suelo. Se acuclilló
en medio del umbral mirando con pavor la tétrica escena. La losa
de la que parecía la única salida o entrada al lugar había
comenzado a moverse. Trató de mirar hacia el Stargate. No podía
ver casi ni a sus compañeros debido al polvo que la arena levantaba
en su caída.
- ¡Jack! ¡Jack! ¡La estancia se cierra!.- dijo a la
vez que guardaba la cámara a toda velocidad y trataba de sujetar
el enorme pedrusco que caía con sigilo. La arena, proveniente de
las dos estatuas de ambos lados del umbral, le llegaba a las rodillas.
O'Neill trató de mirar hacia atrás. La estancia se llenaba
de arena demasiado deprisa, y en el lugar se hacía imposible respirar
debido al polvo. Necesitaban demasiado tiempo para abrir el Stargate y
la arena, debido al boquete en el techo, les comenzaba a llegar a la cintura.
Si no hacía algo, no sólo perdería el Stargate y
el reactor que lo ponía en marcha. También perderían
allí la vida.
CONTINUARÁ...
(1)
Columnas egipcias con forma de papiro en su parte superior.
(2)
En el Antiguo Egipto algunos faraones tenían a su servicio hombres con
la categoría de eunucos, que servían al rey. A veces pedían ser enterrados
el día que moría o cuando la muerte les llegaba cerca del este. Referencias
en http://www.stargatesg1-lasextaraza.com
(3)
Expresión egipcia antigua que significaría "Habla". Su forma exacta sería
"Ns", se coloca una vocal para poder pronunciarla.
(4)
Expresión egipcia que significa" Amón rey de los dioses, Vida, salud y
fuerza".
(5)
Los
egipcios enterraban a sus muertos en la zona occidental del Nilo (por
donde se pone el sol), dejando el lado este (por donde sale el sol) para
crear las ciudades y vivir.
(6)
En
egipcio exacto "Imn", se coloca una "e" para poder leerlo.
(7)
Símbolo
que representa al dios "Imn".
(8)
Jackson hace referencia a las tumbas egipcias que empezaron a construirse
en la dinastía XXVI bajo enormes fosos de arena y tres tinajas en el techo
de esta.
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