UnderGround

Escrito por: Amaunet / Retoques por: Marita

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        CAPITULO 1

        La espera se hacía insoportable. Sentado en la sala del trono y arropado por varios sirvientes que le atendían a cualquier necesidad, aunque en aquellos momentos no le eran de mucha ayuda. Esperaba desde hacía varias horas la llegada de sus guardias con la información que había solicitado. Necesitaba confirmar sus sospechas. Aquella enorme sala se le hacía mucho más grande aún ante la incertidumbre de la espera.
        A sus pies, bandejas de metales preciosos con frutas de la región traídas especialmente para él. Sus súbditos le adoraban como a un dios; al fin y al cabo su poder era tal, que aquello era innegable. Los humanos eran la especie más fácil de dominar. En aquel lugar también había logrado ser el faraón de antaño y en aquella enorme sala de su palacio real, daba órdenes que eran obedecidas sin oponer ninguna resistencia. Aquellos humanos que le servían ahora, no sólo se desvivían por él, sino que habían llegado a obedecer sus órdenes hasta el punto de construir aquel lugar en su honor tras una simple orden suya.
        La gran sala, con altos techos y columnas papiriformes (1) en las esquinas, dejaba entrar la luz del sol en aquel lugar que se había convertido en su hogar. Los brillantes rayos se colaban a través de unas ventanas rectangulares repartidas por toda la estructura. El suelo repleto de imágenes de sus enemigos, arrodillados y amordazados en fila y colocados de tal manera que cuando salía de aquella enorme habitación caminaba sobre ellos. Una forma más de soberanía, de demostrar que aún en su palacio, él tenía el poder. Las paredes, pintadas y decoradas por los mejores artesanos daban un toque de gusto impresionante al recinto. En ellas aparecía el que era para ellos su guía, su dios. Y junto a él su amada. Aquella que durante tanto tiempo había estado a su lado. La que le había acompañado en los buenos y malos momentos que habían vivido. Ella, de la que ahora sospechaba y por la que no soportaba la espera de noticias sobre su persona. No entendía por qué sus guardias tardaban tanto en presentarse ante él.
        Varios eunucos (2) se acercaron portando sendas bandejas con dátiles y miel para acompañar al resto de recipientes que ya había en la sala. No quería comer, quería información. Aquella fabulosa estancia comenzaba a ahogarle ante la desesperación de no saber si sus sospechas eran o no infundadas.
        Golpeó con furia contenida los reposabrazos de su asiento antes de levantarse de un salto cansado de aquella espera que se había convertido en una agonía. Si era necesario, él mismo comprobaría sus dudas. Recorrería el palacio entero hasta encontrarla y enfrentarse a sus temores. Si le había traicionado, él mismo acabaría con su vida. Sintió un agudo dolor en el pecho. Durante unos segundos dudó si el amor que sentía hacia ella superaría el remordimiento de saberse engañado.
        Sus sirvientes trataron de disimular su nerviosismo al ver alterado el estado de su señor. Si se encolerizaba era de temer. Su poder no era visible sin duda a simple vista. Para aquellos que le miraban tenía un porte distinguido. Era de tez más bien blanca, pelo castaño, y ojos claros. Su barba era del mismo color que su cabello. Era bastante alto y sus brazos eran largos y delgados al igual que sus piernas. Su apariencia de juventud era sin duda engañosa. Sus sirvientes sabían que tenía muchos años, y su poder de dios le hacía vivir casi eternamente. En ese preciso momento un grupo de guardias con armaduras de metal azulado y relucientes hicieron aparición en la sala. La armadura les cubría todo el cuerpo. En sus cabezas portaban cascos del mismo color y con forma de carnero. Avanzaron hasta ponerse a la altura del dios para arrodillarse ante él ceremonialmente.
- Nes
(3).- Dijo con voz sonó ronca y metálica. Uno de los guardias apretó su muñeca con una mano. La armadura emitió un sonido metálico y el casco sobre su cabeza comenzó a desmontarse hasta quedar oculto tras su espalda. El guardia no alzó la vista en ningún momento hacia a su señor. Éste parecía impacientarse. Levantó entonces la vista para mirarle por primera vez directamente. Con falda de lino azul, ataviado con una corona con dos largas plumas, una verde y otra azul y un pectoral de oro, miraba a su súbdito a la espera de tan ansiadas noticias.
- Imen-ra-so-neter. Anj Udja Seneb
(4) .- dijo a modo de saludo a la vez que agachaba la cabeza de nuevo.- Mis guardias y yo mismo hemos comprobado y ejecutado su orden tal y cómo nos pidió.
- ¿Y?.- preguntó con impaciencia al ver que el soldado volvía a levantar la cabeza para mirarle mostrando de nuevo su identificativo característico en la frente, un tatuaje color oro con una espiral redonda. - Me temo mi señor, que sus sospechas son una realidad.- los ojos del dios se iluminaron con furia.- Si desea pedir explicaciones a su reina... la encontrará en estos momentos junto al Stargate
del hipogeo de la zona nueva que mandó construir bajo el templo.- la voz del guardia sonó temerosa esperando la peor reacción de su amo ante la noticia que le acababa de dar. Con un movimiento brusco, su señor se hizo paso entre los guardias de su corte que no se habían movido de su posición. El dios se llevó la mano izquierda a un gran brazalete color oro que le cubría la mano derecha, llevándose después ambas al gran pectoral que le cubría el cuerpo. Al hacerlo, una gran bocanada de aire se hizo en la gran sala del trono y el cuerpo del dios se desmaterializó girando sobre sí mismo como si de aire se tratara. El guardia en jefe de la pequeña comitiva miró la hazaña tan común para él en su señor. Antes de vaporizarse en nada, pudo volver a ver una vez más como tantas otras, a dos serpientes retorciéndose a la vez que giraban sobre el remolino antes de desaparecer y hacerse de nuevo el silencio en la gran sala ante la estupefacción de los súbditos del dios hecho rey. Ahora su furia... debía ser temida por todos.

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        Volvió a introducir la pequeña bola color gris metálico en su caja para hacerla desaparecer de la vista de todo aquel que pudiera entrar en la tumba, incluida la de los propios sacerdotes que estaban con ella. Luego colocó el recipiente dentro de un enorme arcón de alabastro en el que se guardaban utensilios para realizar ritos antiguos. Se giró sonriente al ver que al otro lado la esperaban sus súbditos, todos ellos vestidos de lino y afeitados de pies a cabeza. Todo parecía salir según lo planeado. En poco tiempo el plan final sería un éxito y pronto saldría de aquella cárcel a la que estaba condenada para reunirse con su única verdad. Por aquel, por el que sin dudarlo, había puesto su vida en peligro para reunirse a su lado.
        La joven, de extremada belleza, pelo largo y negro, ojos oscuros profundos digna de su estirpe extranjera, miró el lugar en el que se encontraban. Construido tal y como su esposo había pedido, salvo por las modificaciones que ella misma había ordenado. Sobre lo alto del techo de la estructura y con forma de simple mampostería de adorno, se ocultaba el poder que la daría la libertad, ayudada por sus más fieles sacerdotes, aquellos cuatro hombres que ahora estaban allí con ella.
        La gran puerta estelar permanecía en silencio. Había viajado otras veces por ella y sabía perfectamente cómo debía utilizarla. Gracias al pedestal de la sala en la que aparecían repartidos en dos circunferencias concéntricas las coordenadas en símbolos, sólo debía de apretar los correctos para hacer iluminar los ajustes del gigantesco anillo grisáceo y abrir un portal al otro lado que cruzaría sin dudar para reunirse con su verdadero futuro. Aquel que por fin la sacaría de aquella pesadilla. Miró a sus cinco sacerdotes más fieles, los cuales rodeaban el enorme sarcófago color oro que debía ser la morada de eternidad de su esposo a los ojos de los humanos de aquel lugar. Aquel aparato que les hacía sentirse fuertes por siempre, alargando su existencia hasta tiempos impensables para cualquier humano. Aquel era el sitio en dónde reposaría por orden de su amado esposo, para poder así utilizarlo lejos de las miradas de los sacerdotes, que prestaban su vida al templo bajo el que ahora se encontraba. Aquella sala había sido construida expresamente para aquel motivo, preservar en aquel lugar el Stargate y el sarcófago de su amado señor. Aunque las obras se habían llevado acabo bajo la supervisión de él, había conseguido arreglárselas para realizar algunos cambios en su estructura. La única entrada a aquel lugar era un pasillo largo y empinado que sus sacerdotes y ella misma habían utilizado hacia ya varias horas. Dado que la estancia estaba muy por debajo del nivel del túnel, se había procurado que toda aquella sala estuviera iluminada con teas repartidas generosamente por las cuatro paredes. Todas ellas recubiertas de pinturas que reflejaban el viaje del faraón al Más Allá con el uso del sarcófago y por tanto la vida eterna. Cinco enormes estatuas del propio faraón habían sido levantadas en piedra haciendo de columnas y ocultando tras ella su secreto. Para salir de aquel lugar con vida, sólo podían usar la única entrada que quedaría sellada para siempre mediante un mecanismo que usaba arena para dejar caer sobre el umbral de la puerta una enorme piedra. Sobre sus cabezas, la enorme y decorada tumba encerraba una trampa también de arena, que a una sola orden de la reina, comenzaría a caer sobre aquel lugar enterrándolo todo. El resto del templo estaba por encima de aquel lugar y éste quedaba comunicado con el palacio por medio de un angosto pasillo que pasaba bajo el río, quedando la estancia con el sarcófago en la zona occidental (5), tal y como su esposo había pedido.
        Un sonido silbante la sacó de sus pensamientos. Su respiración se aceleró al ver cómo una suave brisa se transformaba en aire colérico para después transformarse en implacable remolino. La visión de dos serpientes enrollándose a la vez, que la miraban dentro de ese remolino, le dio la respuesta de lo que en ese momento ocurría. Su esposo iba a aparecerse ante ella. La silueta del dios se formó dentro del remolino a la vez que se sujetaba los brazos sobre el pectoral de oro. El aire se detuvo cuando el cuerpo del dios tomó forma. Contempló a la joven con mirada fría.
- ¿Qué hacéis aquí amado mío?.- preguntó con voz dulce tratando de disimular su sorpresa y su nerviosismo.
- Quería veros...- respondió con misterio.
- Ya os dije que me encargaría personalmente de habilitar esta nueva sala bajo el templo para poder usar el sarcófago tal y como dispusisteis.
- Dejad de fingir. Os he mandado espiar.- La joven le miró con expresión de estupefacción. Observó entonces al que era su faraón, que la miraba con cierta expresión de desprecio.- Me traicionáis.
- ¿Por qué decís eso?.- preguntó ella esperando sacarle la información que conocía al respecto. Su faraón se llevó la mano a la barba, que le daba aspecto de ser más mayor, aunque aparentemente parecía sólo tener una treintena de años.
- Mis guardias os han visto comunicaros fuera del templo y de palacio. Habéis usado un comunicador para citaros, y sé que me traicionáis aún sabiendo que os amo.- La joven le miró con expresión de asombro. Trató de pensar si hacerse la desentendida le serviría para ganar el tiempo suficiente y escapar de sus redes. Su mirada era penetrante, y entonces supo la respuesta a sus dudas, con total seguridad estaba segura de que la mataría con sus propias manos. En ese momento una sensación de escape la hizo decidirse. No soportaría ni un día más aquella cárcel. Aquel era el momento ideal, dado que los sacerdotes estaban en la misma sala con ellos.
- No sé a qué te refieres amado mío, sólo he cumplido tus órdenes tal y cómo indicaste.- la joven se acercó insinuante a su esposo. Él la miró con desconfianza, pero su belleza le abrumaba una vez más. Se sentía tan débil a su lado.- Sabes que yo todo lo hago por ti y para ti.- Se situó justo frente a él tomándole por la cintura. El aroma de su piel pareció embriagarle y se sintió desvanecer. Con un rápido movimiento la joven llevó su mano al cinto del paño azul que el faraón llevaba puesto, extrayendo con rapidez un enorme cuchillo de guerra con un gran mango de madera tallada. Con un movimiento rápido lo clavo en el vientre de su esposo, que abrió los ojos mirándola confuso ante lo que acaba de hacer.- Todo por ti.- empujó el cuchillo clavándolo hasta el mango y luego se alejó de él. El faraón la agarró de una muñeca impidiendo que pudiera separarse demasiado. Ella forcejeó sin lograrlo. Contempló los ojos de su víctima que miraba ahora el arma con la que le había herido sin vacilar. Usó su otra mano para sacarse aquel artilugio punzante de su vientre. Al hacerlo, sintió como un borbotón de sangre salía de su cuerpo.
- Nunca... permitiré... tú traición.- dijo a la vez que trataba de no ahogarse en su propia sangre dado que ésta había comenzado a subir por su traquea. Con el cuchillo en la mano, tiró de la muñeca de su esposa y con un rápido movimiento, quizás un último atisbo de fuerza, clavó el mismo arma en el cuerpo de la joven, que abrió la boca ahogada por el dolor del metal en sus carnes. El hombre tiró del cuchillo hacia arriba haciendo que un surco se abriera en el cuerpo de la joven que cayó después al suelo moribunda.
        No iba a quedarse allí, él era poderoso, era un dios. Se acercó al enorme sarcófago ante la mirada impasiva de los sacerdotes, que aunque atentos, no se movieron de su lugar junto al enorme contenedor de color oro. Tras apretar un cristal rojo en uno de sus costados, el enorme artilugio comenzó a abrirse. El joven miró a su amada en el suelo. No habría sitio para ella, y si su huésped no hacía nada por salvarla, la dejaría morir. Una vez el aparato quedó abierto, con un último aliento logró entrar en él y una vez tumbado en su interior, este comenzó a cerrarse dejándole entre tinieblas. Aquel viejo amigo, de nuevo le devolvería a la vida.
        Mientras la joven sentía la sangre en su garganta. Sintió como varios de sus sacerdotes se acercaba a ella. Eran su única esperanza. Trató de incorporarse, quería que la ayudaran a acercarse al pedestal de la sala con los símbolos impresos en él. Una vez estuvo junto al aparato trató de llenar sus pulmones de aire una vez más para concentrarse. Comenzó a apretar uno a uno varios símbolos del pedestal que se fueron iluminando a la vez que los ajustes del gran anillo lo hacían también. Una vez hubo encendido siete símbolos diferentes y los siete ajustes triangulares de la puerta permanecieron encendidos, la joven apretó una gran bola naranja en el centro del pedestal que se iluminó también. La puerta emitió un fuerte sonido dejando salir un chorro de agua y luz de su centro. A la vez que el chorro de líquido volvía al centro del Stargate y el lugar temblaba, la joven trató de acercarse al centro de la puerta que se había convertido en una extraño estanque de luz y líquido azulado. Se giró antes de atravesar aquel extraño elemento tan parecido al agua y a la vez tan distinto. Miró a sus sacerdotes para poder darles una orden final.
- El momento ha llegado. Cerrad el lugar... y escapad de aquí.- dijo con un hilo de voz. Los sacerdotes no se hicieron esperar. La joven levantó su brazo portando un brazalete de oro que se ceñía a su muñeca y a la palma de su mano. Apuntó con él al pedestal y el centro de éste se iluminó. Una fuerza invisible salió de su centro dando de lleno en el marcador, que tras sobrecargarse quedó completamente inutilizado saltando parte de él por los aires, luego atravesó el umbral del anillo huyendo por él. Una vez el Stargate volvió a cerrarse, desapareciendo todo su contenido, los sacerdotes se dividieron. Cada sacerdote se acercó a una enorme estatua del dios hecha en piedra y tras colocarse tras ella recogieron cada uno de ellos una maza de madera y piedra. A un grito de uno de ellos los cuatro sacerdotes golpearon la base de ambas estatuas por detrás. Al hacerlo cuatro vasijas de fina porcelana se hicieron añicos y fina arena del desierto comenzó a caer a los pies de las estatuas. A la vez un estruendoso ruido se deslizó por todo el techo de la estancia. Una enorme losa hizo romper un conjunto de vasijas comenzando a caer arena de lo alto de la enorme trampa con forma de tumba. Los cuatro sacerdotes corrieron entonces hacia la única entrada que comenzaba a quedar taponada por una enorme losa que se deslizaba en el umbral de la puerta. Accedieron a toda prisa por un enorme túnel ascendente tras recoger varias teas humeantes, al llegar al final del pasillo levantaron las cabezas para poder ver el pozo por encima de ellas por donde debían ascender. En fila, comenzaron a subir por argollas de cobre hasta alcanzar la luz solar. Ya estaba hecho, ahora sólo debían taponar el pozo con más arena, una vez los cuatro sacerdotes salieron fuera todo un grupo de peones comenzaron a realizar su trabajo.


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        El Stargate de su planeta se abrió ante él. El dios serpiente miró hacia allá aguardando la llegada del viajero. No esperaba que nadie cruzara todavía, era demasiado pronto. Sus guardias serpiente permanecieron alerta a la espera del visitante. La silueta de la joven reina cruzó la puerta y aspiró una bocanada de aire esperando por lo menos alcanzar a ver a su amado antes de morir. Los ojos del dios se iluminaron ante la visión. El Stargate se cerró tras ella y la joven cayó de rodillas al suelo del palacio. El dios serpiente corrió a su lado para tratar de ayudarla. No podía ser que aquello estuviera ocurriendo.
- No... - dijo con su voz ronca y metálica tan característica entre los de su raza. Tomó la cabeza de la joven acomodándola en sus brazos. Miró su belleza una vez más.
- Apophis
... mi señor.- dijo ella con una leve sonrisa al ver que podía mirarle aunque la muerte estuviera tan cerca.
- ¿Por qué?.- preguntó esperando una respuesta por parte de ella.
- No tuve... elección. No volverá a tratar de imponer su poder. Quedará sepultado... por toda la eternidad. Ahora sólo vos podéis salvarme.- dijo a la vez que sus ojos se cerraban lentamente. Apophis miró a su guardia. No había elección. No había conseguido hacerse aún con un sarcófago para ayudar a su amada, sólo había una forma de preservar su vida.
- Traed a una portadora de la corte.- dijo casi en un grito. Varios guardias con el símbolo de la serpiente en su frente salieron de allí a toda prisa. Apophis corrió la ropa de la joven dejando ver su herida. Si su huésped no podía ayudarla... estaría allí para que fuera extraído. Introdujo la mano en la enorme herida y volvió a sacarla ensangrentada y llevando en ella una larva de gran tamaño de color verde oscuro, ojos rojos y con una boca coronada por cuatro largos dientes cada uno en un lado. La larva se debatió. Debía salvarla, aquella era su amada y podría usar cualquier otro cuerpo para ser su portadora. Su raza, los goa'uld , llevaba siglos usando humanos para poder sobrevivir. El animal se enroscó en su mano mientras le miraba. El dios serpiente miró a la joven que sin duda, había fallecido. Uno de sus guardias se acercó con una mujer de pelo castaño oscuro y ataviada con un traje largo color azul adornado con pedrería de todo tipo. Apophis la miró.- Tú serás su portadora hasta que encuentre a una digna reina para ella.- la joven agachó la cabeza asintiendo de esa manera a aquello que para ella era un honor. Ser la portadora de la futura reina. La joven se separó la ropa de la zona de su estómago dejando ver una incisión en forma de cruz. Apophis miró a la larva para luego acercarlo a la incisión. El animal no dudó un segundo en introducirse en aquel cobijo en el estómago de la portadora hasta desaparecer en él. Después el dios serpiente miró a su guardia personal.- Custodiad a la portadora. Si algo le pasa a mi reina... pagaréis con vuestra vida.
- Sí, mi señor.- contestó el guardia devoto. El dio serpiente miró entonces a la joven.
- Cómo Jaffa eres la portadora de aquella a la que amo. En cuanto mi poder alcance un status mayor, comenzaré la búsqueda de la que será su anfitriona. Hasta el momento, no saldrás de tus aposentos a no ser que yo te lo ordene.- la joven asintió con la cabeza. Apophis llevó la mano al estómago de ésta y sonrió.- Pronto, volveremos a estar juntos... mi amada Amaunet .

        CAPITULO 2


        El enorme silo se encontraba repleto de operarios que preparaban todo lo necesario para el funcionamiento de la instalación en ese preciso momento. Varios oficiales realizaban ajustes en los paneles de la sala, justo enfrente de la amplia rampa que atravesaba el enorme anillo color gris.
        Aquel aparato, bautizado hacía tiempo como Stargate, permanecía inmóvil. Ese había sido el motivo de la creación de un cuerpo de militares de alto nivel profesional, preparados especialmente desde hacía varios años en aquel complejo. Mantenido en secreto para el resto del planeta, el complejo Cheyenne guardaba en su nivel veintiocho por debajo del suelo de la enorme montaña de Colorado, el aparato más sofisticado e impresionante que la humanidad jamás hubiera conocido. Tras ser descubierto en la explanada de Gizá en Egipto en 1928 bajo una enorme losa con símbolos extraños, el estudio del mismo había abierto las puertas a una posibilidad hasta ese momento inimaginable: la posibilidad de visitar otros planetas a millones de años luz de la Tierra con tan sólo atravesarlo. El estudio del mismo había llevado mucho tiempo, pero aquellos profesionales que en esos momentos se encargaban de que todo estuviera listo para su utilización lo habían hecho posible.
        La mayor Samantha Carter era una de aquellas personas. Sentada en aquel momento delante de una de las pantallas principales de la sala de control, terminaba los preparativos específicos para el uso del gigantesco portal. Tras introducir las coordenadas necesarias en el programa, miró por el cristal frente a ella que hacía visible el fondo del silo. Sus ojos azules divisaron cómo en ese preciso momento, una de las dos puertas de la sala de embarque se abría y una sonda mecanizada entraba en ella. Ya casi todo estaba listo. Si nada lo impedía, en breve enviarían aquel aparato a través del enorme anillo, y si les comunicaba unas condiciones adecuadas, ella y su equipo, el SG-1, cruzarían como tantas otras veces habían hecho. El aparato se acercó al borde de la rampa y allí se detuvo.
- Mayor, ¿está todo preparado?.- preguntó un general acercándose a ella por detrás a la vez que observaba el movimiento de los oficiales en la sala.
- General Hammond, señor...- dijo con tono serio a la vez que se giraba para mirarle. El general de división Hammond era un hombre fornido y con semblante sereno.- Todo preparado para enviar la M.A.L.P.
- Adelante.- dijo el general con rotundidad.- la mayor tomó el control del teclado del ordenador que tenía delante y apretó varias teclas. Las alarmas de todo el complejo saltaron y el Stargate comenzó a mover el anillo central repleto de símbolos diferentes. Se detuvo en uno de ellos y un enorme ajuste se acopló al signo a la vez que se encendía.
- Chevron uno, codificado.- dijo un sargento sentándose en el ordenador junto a la mayor en ese preciso momento a la vez que veía en su pantalla el enorme símbolo colocado en la parte superior derecha del monitor.
- Comienza la fiesta.- dijo en ese momento un hombre alto, de pelo canoso y sonrisa risueña entrando a la sala de control acompañado de un hombre de color con un símbolo dorado grabado en la frente.- ¿Trajiste el confeti, Teal'c?.- le preguntó al detenerse junto al general mirando a su compañero, a la vez que se ajustaba una gorra de béisbol color beige a su cabeza. El hombre de color le miró ladeando la cabeza y con expresión de no comprender el sentido de la pregunta que le acaba de hacer. En ese momento un sonido metálico resonó en el silo a la vez que un nuevo ajuste se encendía.
- Chevron dos, codificado.- dijo el sargento al micrófono.
- Coronel...- comenzó a decir el general.- Sabe perfectamente que les adjudicaré la misión a ese planeta nuevo si la sonda da un primer reconocimiento positivo.
- General, estoy... impaciente. El SG-1 no ha podido salir a explorar desde hace dos semanas por culpa de las sondas. Seguro que ésta es la definitiva. Ésta ha de ser la buena.
- Las sondas anteriores indicaron que los planetas a visitar no eran seguros, señor.
- Cuatro sondas, Carter.- le recordó el coronel indicándole el número con los dedos.- Hablamos de cuatro intentos nulos: uno por un rollo de presión, otro por no sé qué de radiación samma...
- Gamma.- le recordó Carter.
- Lo que sea. Un tercero por algo de lava y el de hace dos días por algo de viento.
- Tornado, Jack...- dijo un joven entrando en ese momento en la sala. Se acercó sonriente al coronel a la vez que empujaba sus gafas hacia atrás sobre su nariz.
- Chevron tres, codificado.- dijo el sargento a la vez que el tercer ajuste quedaba colocado.
- Viento... al fin y al cabo.- dijo el coronel sonriéndole al verle aparecer. El joven se encogió de hombros.
- Claro, sólo de trescientos kilómetros por hora. Algo que no se arregla llevando un paraguas.
- ¿Nunca has estado en Chicago, Daniel? Aquello sí que es viento...
- Chevron cinco, codificado.- dijo el sargento.
- Coronel O'Neill, sé que el SG-1 lleva inactivo bastante tiempo. Pero ese no es motivo para saltarse el protocolo de reglas a la hora de viajar a través del Stargate. Primero la sonda, y si esta envía imágenes positivas, su equipo saldrá de inmediato.
- Sí, señor.- dijo el coronel sonriente. Jack O'Neill era el líder al mando del SG-1, su equipo. La mayor Carter, junto a Daniel Jackson y el Jaffa Teal'c le acompañaban en cada misión, y en esos momentos deseaba por encima de todo que aquella sonda les proporcionara la oportunidad de cruzar de nuevo el Stargate. Estar inactivo le desesperaba. Jackson, por su parte, gracias a aquella corta inactividad, había podido continuar para continuar sus estudios sobre el material traído de su última misión. De vez en cuando le gustaba permanecer una temporada sin tener que viajar a través de la puerta. De esa forma, disfrutaba en su despacho de la tranquilidad del trabajo, sumergido entre libros y antigüedades tratando de buscar respuestas a las preguntas que cada incursión a través del Stargate les planteaba. Su capacidad como lingüista y sus estudios en Arqueología e Historia Antigua habían servido en muchas ocasiones al SG-1 para resolver problemas allí donde iban. O'Neill por supuesto, prefería la acción. Los estudios que la mayor Carter pudiera hacer sobre astrofísica o que el doctor Jackson hiciera sobre culturas remotas no eran lo suyo, él prefería salir a combatir contra los goa'uld, y estaba seguro de que Teal'c era de su misma opinión.
- Sonda activada y lista. A la espera de apertura del Stargate.- dijo la mayor mirando al sargento que no perdía de vista la pantalla de su ordenador.
- Chevron seis codificado.- dijo a la vez que el aro central de la puerta volvía a girar a gran velocidad.
- Cruza los dedos Teal'c.- dijo O'Neill en un susurro al Jaffa a su lado, a la vez que le mostraba como él lo hacía. Teal'c llevaba en el SG-1 prácticamente desde que éste se formó. Tras conocer al equipo de O'Neill en su planeta Chulak , decidió unirse a ellos para luchar contra aquellos que le habían mantenido como un guerrero esclavo durante gran parte de vida, y que se hacían pasar por sus dioses, los goa'uld. Aquella especie, de la que él mismo como Jaffa era portador de una de sus larvas, había mantenido bajo su yugo a su pueblo, los Jaffas. Pero gracias a los guerreros de la Tierra, que él conocía como Tauris , habían logrado acabar con varios de ellos, llegando a ser sin duda un problema para éstos.
- Chevron siete... cerrado.- el último ajuste hizo detener el anillo central de la puerta. Un remolino de luz y una sustancia líquida salieron del centro del Stargate. El gigantesco vórtice tras salir expulsado hacia delante, regresó al aro con la misma fuerza con la que había salido al quedar ajustado. El Stargate acababa de crear un agujero de gusano con otro planeta a cientos de años luz de la Tierra, y el horizonte resultante del mismo era ahora visible en la propia puerta. Como si se tratara de agua y con una luz espectacular, esperaba en reposo a que algo o alguien lo cruzara.
- Adelante con la sonda, mayor.- dijo el general afirmando con la cabeza.
- Sonda M.A.L.P. en marcha.- La sonda se puso en movimiento manejada por la mayor desde el ordenador de la sala de control. Primero avanzo por la rampa a la vez que se extendía su brazo sobre ella hacia delante, la cámara estaba también activada. Al llegar a lo alto de la rampa, la sonda cruzó despacio la pantalla creada por el Stargate desapareciendo poco a poco en él.
- Descomposición molecular en proceso.- dijo la mayor a la vez que veía desaparecer por completo la M.A.L.P. de su vista.- La sonda llegará a P3X-710... ahora.- Las pantallas de la sala dejaron ver lo que la cámara de la sonda tenía delante. No se oía absolutamente nada al otro lado. Parecía una cámara subterránea en la que apenas se veía luz.- Parece todo... desolado.
- Quizás haya sido destruido.- comentó Teal'c mientras veía las imágenes que enviaba la sonda.
- Activaré luz en la M.A.L.P.- dijo Carter haciendo que un potente foco apuntara la estancia. Ante sus ojos pudieron ver una estructura que parecía cerrada. La sala era amplia, aunque parecía bastante deteriorada. La sonda giró la cámara para apuntar hacia lo que parecía un sarcófago.
- Oh-oh.- dijo Jackson ante lo que ahora podían ver.
- Sin duda goa'uld.- comentó Teal'c tratando de ver cuál podría ser su poseedor.
- ¿Quién dejaría un sarcófago en un lugar tan... desolado?.- comentó O'Neill. La posibilidad de conseguir traerlo a la Tierra era muy tentador. Todos sabían las posibilidades de aquella tecnología. Los goa'uld usaban aquellas máquinas para prolongar su vida durante siglos.
- La cámara no puede acercar más el zoom. El lugar por el que se mueve... parece tortuoso.- comentó Carter al ver como la sonda vibraba al avanzar.
- Parece... ¿arena?.- dijo O'Neill mirando hacia el suelo de la enorme estancia.
- Mayor, trate de encontrar el marcador.- Sam giró la cámara de la sonda buscando en la estancia el pedestal característico que debían encontrar en cada planeta si querían poder volver a poner en marcha el Stargate desde allí y regresar a casa.
- Ahí...- dijo Jackson al ver el pie del marcador. La cámara apuntó hacia los símbolos. Sin duda el aparato parecía totalmente deteriorado.
- Señor, tendremos que llevarnos un reactor de Naqahdah para poder regresar. No parece que ese DHD pueda traernos de vuelta.
- Eso parece coronel.- dijo el general pensativo.
- ¿Eso es una salida?.- dijo Carter apuntando con la cámara hacia lo que parecía una losa a medio cerrar en una de las paredes. Esta se había quedado por encima de la mitad de su recorrido.
- ¿Por qué alguien destruiría el marcador impidiendo así poder utilizar el Stargate?.- dijo Jackson pensativo tratando de comprender lo que veían.
- Tengo una pregunta mejor...- dijo O'Neill. El resto le miró esperando su comentario.- ¿Por qué alguien se molestaría en abandonar una estancia tan terriblemente decorada, con un sarcófago dentro, cuando todos sabemos lo útiles que son para los goa'uld?
- Sería interesante poder traerlo y estudiarlo.- dijo Carter.- Él último que encontramos, dada su vigilancia, era muy arriesgado conseguir traerlo a la Tierra.
- ¿No se ha planteado que quizás tenga alguien dentro?.- dijo Jack pensativo.- No me gustaría mosquear a un goa'uld con la mudanza.
- ¿Un goa'uld encerrado en ese sitio durante... tres mil o cuatro mil años?.- preguntó Jackson tratando de distinguir los símbolos del sarcófago sin mucho éxito dada la escasa luminosidad del lugar. Jack le miró con asombro ante lo que acababa de decir.
- ¿Tanto tiempo?.- le preguntó sin esperar a que éste le respondiera.
- Bueno, no estoy seguro pero... si pudiéramos ir podría examinar con detenimiento el lugar y datarlo correctamente. Tanto si el sarcófago está lleno como vacío, el traerlo hasta aquí supondría una ventaja mayor que la posible amenaza.- O'Neill miró entonces a su amigo Teal'c a su lado, esperando que éste aportara su opinión dado que era el que más conocía a los goa'uld de entre ellos.
- No puedo imaginar el motivo por el cual un goa'uld decidiera abandonar un sarcófago en un lugar así sin posibilidad de usar el Stargate. Salvo que otro goa'uld destruyera su planeta y desconociera la existencia del mismo en esa dependencia.- dijo el Jaffa en tono tranquilo.
- Bien señores...- comenzó a decir el general.- Averígüenlo y traigan ese aparato a la Tierra para poder estudiarlo. Antes de partir mayor, consiga un reactor y cárguenlo con ustedes para poder volver a poner en marcha el Stargate del otro lado. Parten en una hora.
- Sí, señor.- dijo la mayor a la vez que se levantaba de su asiento. O'Neill sonrió abiertamente ante las palabras del general. Aquello significaba que por fin el SG-1 volvía a la actividad, y eso le alegraba. Carter salió de la sala seguida de Jackson, O'Neill y Teal'c les siguieron.- Sargento cierre el Stargate.
- A la orden.- Tras teclear el teclado de su ordenador el Stargate emitió un sonido característico haciendo desaparecer el horizonte resultante del anillo y con ello cerrando el portal que unía la Tierra con P3X-710. La misión estaba marcada. El SG-1 tenía órdenes explícitas. Órdenes qué cumplir.


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        En unos cuarenta y cinco minutos el SG-1 al completo caminaba por los pasillos del silo en dirección a la sala de embarque. Todos ellos estaban listos para poder cruzar el Stargate. Carter y O'Neill iban armados con sus P-90 característicos de última generación, así como su indumentaria del ejército color verde y sus chalecos negros listos con todo lo que pudieran necesitar, desde balas para sus armas, sus radios, sus fundas con zat'n'katel o su equipo de supervivencia. Jackson se ajustaba su berretta a la funda de su pierna derecha. No es que llevar un arma le hiciera mucha gracia pero al pertenecer a un equipo de exploración de ese tipo era muchas veces imprescindible. Aunque prefería dejarles ese tipo de trabajo a Jack o a Sam, su condición como civil le impedía llevar un arma más grande o más potente de la que ahora portaba, aún así le habían enseñado a usarla y eso para él era suficiente. Teal'c por su parte, también preparado con el equipo necesario para cruzar el Stargate portaba su enorme lanzadera goa'uld. Aquella barra alargada con su disparo potente de luz le había salvado más de una vez la vida. Como Jaffa sabía perfectamente lo importante que era su manejo, y desde que estaba con los Tauri, su lanzadera había estado al servicio de aquellos. Al llegar a la puerta de entrada del silo, un militar apostado en ella hizo pasar una tarjeta de permiso por un lector. La puerta se abrió y el SG-1 entró en la sala justo cuando el Stargate volvía a abrirse.
- Chevron siete cerrado.- dijo el sargento desde la sala de control por encima de sus cabezas mientras ellos se acercaban a la rampa. Un contenedor metálico alargado había sido colocado allí. Carter se acercó a cogerlo por un asa mientras Jackson hacía lo mismo por el otro extremo. Entre los dos levantaron la pesada carga. Aquel contenedor militar portaba un reactor de Naqahdah, material alienígena que habían encontrado en sus viajes y que habían logrado dar usos diferentes. Su enorme potencial como arma había sido una de las posibilidades, en aquel reactor que la propia Carter había diseñado, disponían de energía suficiente como para poder poner en marcha el Stargate del otro lado sin necesidad de ningún marcador y haciendo girar el anillo central a mano. Ahora estaban listos, ante la rampa con el Stargate abierto. O'Neill miró hacia la sala de control y el general le hizo una señal con la cabeza. El coronel miró entonces a su equipo.
- Bien... cruzamos, llegamos, recogemos ese chisme y nos volvemos.- Jackson le miró sin estar muy de acuerdo en lo que acaba de decir.- Ya lo sé Daniel, enciende tu cámara y saca muchas imágenes, pero te advierto ya que no estaremos mucho tiempo.- Daniel sabía que dijera lo que dijera en aquel momento, no iba a servir de mucho. Había aprendido durante todo aquel tiempo en que había viajado con Jack, que en cuestiones militares no había vuelta atrás.- Teal'c, tú y yo primero.- El Jaffa afirmó con la cabeza una sola vez y ambos echaron a andar ascendiendo por la rampa, Sam y Daniel caminaron con el reactor tras ellos.
        Tratar de explicar lo que uno sentía al atravesar aquel agujero de gusano tan especial era bastante difícil. O por lo menos así lo era para el coronel. No se sentía humedad al tocar aquella pantalla azulada, pero si se sentía un vuelco en el estómago al atravesarla, sensación de velocidad vertiginosa y un ligero empuje al salir por el otro portal estelar. Claro, que era mucho mejor que al principio, cuando la velocidad les hacía salir despedidos por el otro portal de mala manera y congelados de frío. Carter sabía perfectamente que cruzar el Stargate tal y como lo hacía semanalmente suponía prácticamente un milagro. Ya no sólo el hecho de lograr abrirlo lo era, los cuerpos de cada uno de ellos, así como los objetos que portaban, se descomponían en el material más pequeño, partículas subatómicas que el propio Stargate hacía moverse a velocidades vertiginosas por el agujero de gusano para luego volver a componerlas cada una en su sitio exacto al cruzar al otro lado. Habían conseguido ajustar el umbral con sus viajes hasta lograr que aquel salto Inter. espacial no fuera tan brusco o helado. Teal'c por su parte, creyó durante mucho tiempo que los goa'uld y sus poderes divinos hacían posible aquello, hasta que su maestro Bra'tac le mostró el otro lado, muy diferente, y conoció tiempo después a los Tauri. De esa forma supo que sus creencias habían sido sólo quimeras, que no eran dioses y que simplemente se habían aprovechado de una tecnología que ni siquiera era suya para tan sólo conseguir sus propósitos: más esclavos humanos para usar e implantar a los de su raza. En los habitantes de la Tierra había logrado encontrar una raza lo suficientemente fuerte y sabia como para poder hacerles frente. Para Daniel Jackson, cruzar el Stargate era sin duda todo un reto. Como estudioso de la historia, ahora contaba no sólo con pruebas de ella para su planeta en temas hasta ahora imposibles de demostrar por falta de datos, sino también para aquellas razas que habían conocido muy lejos de su planeta. Sabían que la tecnología de los Stargate había sido puesta en el Universo por una raza muy superior que hacían llamar Los Antiguos , ellos habían sido sus creadores, aunque por el momento desconocían qué había sido de ellos. Otras razas usaban los portales además de la Tierra, los goa'uld entre otros. Los Asgard lo usaban, aunque no les eran indispensable dada que su tecnología era bastante más avanzada. Para la Tierra en cambio, era un salto tecnológico muy importante, que hasta ese momento trataban de utilizar para lograr aliados al otro lado en su defensa contra la peor lacra del Universo que hasta ahora ellos conocían, los goa'uld.
        Cuando Sam y Jackson cruzaron el umbral portando el contenedor con el reactor de Naqahdah, el lugar les pareció más desolado aún de lo que habían visto por la cámara de la sonda M.A.L.P. Segundos después de cruzar y bajar la pequeña escalinata que soportaba el Stargate de aquel lugar, éste se cerró. O'Neill había encendido la linterna que se incorporaba a su arma sin dejar de apuntar al sarcófago que reposaba en el centro de la habitación. Jackson y Carter soltaron la caja al borde de la escalinata y Daniel sacó su cámara de vídeo portátil, del tamaño de su mano, para poder grabar lo antes posible. Los cuatro se acercaron al sarcófago. La arena lo cubría por encima en parte. Jackson usó sus manos para tratar de limpiar su superficie e intentar leer así los símbolos que aparecían en él.
- ¿Alguien puede explicarme de dónde ha salido toda esta arena?.- preguntó el coronel en un susurro ante la curiosidad que sentía por aquel elemento que parecía estar en toda la sala.
- Es extraño, señor. El lugar la tiene en abundancia.- dijo Carter apuntando al suelo con la linterna de su arma.
- Todo parece a punto de derrumbarse.- comentó Teal'c mirando a su alrededor. Sin duda la sala parecía antigua. Jackson limpió con nerviosismo lo mejor que pudo la superficie del enorme sarcófago dorado. Sus manos tocaron un símbolo mayor que los demás en el centro de éste, tras limpiarlo comprobó que se trataba de una especie de espiral, se quedó entonces pensativo mirando el símbolo descubierto.
- Imen
(6).- dijo casi en un susurro.
- ¿Es su dueño?.- preguntó O'Neill mirándole.
- Yo diría que sí. Es el símbolo de un cuerno de carnero retorcido
(7).
- Es el símbolo goa'uld Amón.- comentó Teal'c con cierta perplejidad.
- ¿Amigo tuyo?.- preguntó Jack con sarcasmo.
- Es un goa'uld muy antiguo. Le creía muerto.- dijo el Jaffa tratando de entender lo que acababan de descubrir.
- En cierta forma así es.- dijo Daniel mirando hacia el techo.- Debe de llevar aquí muchísimo tiempo, a juzgar por el lugar.
- Ya...- dijo O'Neill .- ¿Y cómo sabemos que nuestro amigo sigue ahí dentro?
- No podemos saberlo a no ser que abramos el sarcófago, señor.- dijo Carter. O'Neill se rascó una oreja pensativo, aquella idea no le agradaba nada de nada.
- La verdad, no me apetece nada ser el príncipe azul que le despierte de su eterno sueño.-comentó con ironía.
- ¿Puedes darnos referencias sobre él Teal'c?.- preguntó Jackson mientras miraba el lugar sin perder nada de vista con su cámara.
- Fue un goa'uld muy poderoso. Más antiguo que el propio Anubis . El resto de los Señores del Sistema le temían. Se decía que Apophis logró vencerlo y gracias a ello su poder se hizo mucho mayor entre el resto de los goa'uld. Amón los dominaba a todos, y Apophis logró engañarlo apartándolo de su poder y desestabilizando el sistema. Gracias a su victoria consiguió el respeto entre los demás Señores del Sistema obteniendo un puesto entre ellos. Lugar que luego perdió al ponerse en su contra.
- Típico entre los de su calaña.- dijo O'Neill.- Clavarse puñales por la espalda.
- Lo enterró vivo... - dijo Jackson pensativo mirando hacia el techo de la estancia.
- ¿Cómo?.- pregunto Carter sin comprender lo que Daniel estaba pensando en ese momento.
- Es su tumba.- les explicó.- He visto esta estructura en planos antiguos de la Tierra. Egipto, Dinastía XXVI
(8). Se construía una tumba bajo tierra, con un sarcófago dentro y después se usaba arena para sellarla. El que la sellaba debía salir de este lugar muy deprisa.
- ¿Por eso el lugar está lleno de arena?.- preguntó Carter.
- Así es. Sobre el techo de la estructura hacían agujeros en el suelo que taponaban con tinajas de cerámica, después colocaban toneladas de arena encima. Desde aquí dentro, destruían las tinajas que dejaban entrar la arena al recinto. Quizás incluso usaban la misma arena para realizar mecanismos de cierre.- dijo apuntando a la enorme losa de la que parecía la única salida del lugar.
- Pero... el lugar no está lleno de arena.- dijo Carter mirando a su alrededor y viendo que la arena solo alzaba como mucho, un metro del suelo del lugar.
- Algo debió fallar. La estructura no se selló como debía. El que preparó esto, destruyó el marcador a casa para que tras sellar la tumba no pudiera escapar nadie de aquí.
- Ya Daniel... pero olvidas algo. Un sarcófago goa'uld puede mantener con vida eternamente a su dueño. Fue lo que ocurrió con la "encantadora" Hathor en la Tierra. Quizás ese tal... Amón siga estando dentro de la caja sorpresa.- dijo señalando el sarcófago.
- No estará... el sistema falló. La cámara no fue sellada. Podía salir del sarcófago si lo deseaba.
- Pero Teal'c acaba de decir que lo creía muerto. Que murió aquí dentro dado que no ha sabido de él hasta ahora.
- Vale... vale ya.- exclamó O'Neill moviendo los brazos vertiginosamente.- Sólo hay una forma de saber si hay alguien aquí dentro. Si está en su interior hibernando... lo mandamos al más allá, y sino... le robamos el sarcófago que al fin y al cabo para eso hemos venido ¿no?.- Jackson y Carter se miraron.- Ábrelo Daniel.- Sin comentar nada al respecto y desenfundando su arma mientras el resto apuntaba a su interior, Jackson se acercó al borde del sarcófago y buscó el cristal de apertura de éste. Otras veces había abierto uno de aquellos aparatos, así que no le fue difícil encontrarlo. Al colocar su mano sobre él, el mecanismo se puso en marcha, el sarcófago comenzó a abrirse despacio emitiendo un ruido de roce y haciendo que toda la estancia temblara. Daniel miró hacia arriba un segundo, volvía a caer arena en algunas zonas de la estancia. El aparato tardó unos segundos en abrirse por completo.
- Vacío.- comentó Teal'c mirando en su interior.
- Nos lo llevamos. Carter, prepare el reactor de Naqahdah para abrir el Stargate antes de que nos caiga el Sahara al completo en la cabeza.- La mayor en un movimiento rápido se acercó a toda prisa al contenedor del reactor. Lo abrió sacando de él unos cables específicos que enganchó al aparato. Teal'c la ayudó con ellos para acercarlos al Stargate rodeando con cada uno una zona del aro grisáceo.- ¿Cuánto tiempo Carter?
- Necesitaré veinte minutos para activarlo señor.
- Que sean diez mayor.- dijo el coronel mirando como seguía cayendo arena en el lugar, aunque no demasiado deprisa. Daniel se acercó a la que parecía la única entrada. Dos estatuas franqueaban el dintel de la misma, con una larga mesa de madera al lado de una de ellas. Comprobó que ambas efigies estaban huecas y que sin duda también la arena había caído a través de ella. Se inclinó para poder asomar la cabeza al otro lado del bloque que permanecía inmóvil por encima de la mitad de la apertura. La oscuridad no le permitió ver nada de lo que había en esa parte de la sala. Sacó una pequeña linterna para poder apuntar con ella a la oscuridad y así poder grabar lo que había al otro lado. La luz no era suficiente para poder ver el final del túnel que parecía ascender.
- Lista para marcar señor.- dijo Carter a la vez que ponía el reactor en marcha emitiendo este un zumbido.
- Adelante.- dijo O'Neill a la vez que se acercaba hacia donde se encontraba Teal'c, cerca del Stargate para ayudarle a mover el anillo central con símbolos. El cable daba energía por medio del reactor a la puerta, el suficiente para que al alcanzar el primer símbolo, éste se encendiera y el chevron se ajustara. Toda la estancia pareció temblar como si de papel estuviera hecha.
- Chevron uno ajustado.- dijo la mayor a la vez que Jackson volvió a introducir la cabeza en la estancia mirando hacia sus compañeros para ver el efecto que el marcado estaba haciendo en el lugar. La arena había comenzado a caer de nuevo levantando un espeso polvo blanquecino en todo el lugar. Jack y Teal'c giraban de nuevo el anillo. Dado que éste no poseía ningún amortiguador como el de la Tierra, la estancia parecía a punto de caer sobre ellos debido al temblor. Justo cuando se acercaban al segundo símbolo, parte del techo del otro extremo en el que se encontraban cedió haciendo que la arena comenzara a caer con fuerza y a un ritmo constante en la habitación. Daniel sintió un golpe en un hombro y la losa que estaba justo encima de él comenzó a ceder en dirección al suelo. Se acuclilló en medio del umbral mirando con pavor la tétrica escena. La losa de la que parecía la única salida o entrada al lugar había comenzado a moverse. Trató de mirar hacia el Stargate. No podía ver casi ni a sus compañeros debido al polvo que la arena levantaba en su caída.
- ¡Jack! ¡Jack! ¡La estancia se cierra!.- dijo a la vez que guardaba la cámara a toda velocidad y trataba de sujetar el enorme pedrusco que caía con sigilo. La arena, proveniente de las dos estatuas de ambos lados del umbral, le llegaba a las rodillas. O'Neill trató de mirar hacia atrás. La estancia se llenaba de arena demasiado deprisa, y en el lugar se hacía imposible respirar debido al polvo. Necesitaban demasiado tiempo para abrir el Stargate y la arena, debido al boquete en el techo, les comenzaba a llegar a la cintura. Si no hacía algo, no sólo perdería el Stargate y el reactor que lo ponía en marcha. También perderían allí la vida.

CONTINUARÁ...


(1) Columnas egipcias con forma de papiro en su parte superior.

(2) En el Antiguo Egipto algunos faraones tenían a su servicio hombres con la categoría de eunucos, que servían al rey. A veces pedían ser enterrados el día que moría o cuando la muerte les llegaba cerca del este. Referencias en http://www.stargatesg1-lasextaraza.com

(3) Expresión egipcia antigua que significaría "Habla". Su forma exacta sería "Ns", se coloca una vocal para poder pronunciarla.

(4) Expresión egipcia que significa" Amón rey de los dioses, Vida, salud y fuerza".

(5) Los egipcios enterraban a sus muertos en la zona occidental del Nilo (por donde se pone el sol), dejando el lado este (por donde sale el sol) para crear las ciudades y vivir.

(6) En egipcio exacto "Imn", se coloca una "e" para poder leerlo.

(7) Símbolo que representa al dios "Imn".

(8) Jackson hace referencia a las tumbas egipcias que empezaron a construirse en la dinastía XXVI bajo enormes fosos de arena y tres tinajas en el techo de esta.