AMAZONAS

Escrito por: Amaunet / Retoques por: Marita

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        CAPITULO 1

        El aire del desierto recorría cada palmo de duna arrastrando arena a todos los rincones del planeta. Las tormentas solían ser frecuentes allí, había que recorrer muchos kilómetros para poder encontrar aunque sólo fuera un poco de agua. A pesar de ello, los humanos habían podido sobrevivir en aquellas condiciones, con el esfuerzo que supone luchar diariamente contra las tempestades de la zona.
        En medio de toda aquella inclemencia, altiva, y dejando pasar el tiempo ante sus impresionantes ladrillos, la Gran Pirámide se alzaba majestuosa dominando el horizonte. Sus ladrillos dorados llevaban allí reposando desde el comienzo de los tiempos, los dioses la levantaron incluso antes de que los primeros hombres habitaran aquel lugar, y fue construida para albergar en su interior la gigantesca puerta que les permitía ir de un lado al otro de la galaxia.
        Los soles estaban en lo más alto del cenit de su recorrido diario, casi perfectamente alineados para realizar la ceremonia. Kasuf, el jefe del poblado de Nagadah, el más cercano a aquella edificación, estaba preparado para dirigir la que podría ser la ceremonia más importante desde que consiguieron vencer la dominación de los dioses, que habían mantenido bajo su yugo a su gente. Recordaba aquel día glorioso. Su pueblo aprendió que el dios Ra, el que les había estado sometiendo desde que sus ancestros podían recordar, el que dominaba a los súbditos y a los guardias de su corte, no era invencible. Durante generaciones, hizo trabajar al pueblo de Nagadah en las minas sin descanso. Los guardias de Ra les golpeaban para que no descansaran ni un solo segundo y extrajeran de la roca madre el mineral del que estaba fabricada la gigantesca puerta del interior de la pirámide. Su tecnología era temida por todos ellos, y a pesar de creer que jamás podrían ser libres, descubrieron que aquellos trajes de plata con cascos en forma de cabezas de chacal o halcón, eran sólo una tapadera debajo de la cual se escondía la piel y los huesos que les hacían humanos como a ellos, y que sus pequeños planeadores podían ser derribados desde el suelo. Desde ese momento supieron que nada les impediría poseer la libertad. También sabía que el alzamiento que les dio la victoria no hubiera sido posible sin la ayuda de los extranjeros. Ellos les abrieron los ojos y les hicieron ver que Ra sólo era un opresor.
        La tormenta se podía ver desde la entrada a la pirámide. Poco a poco se alejaba de allí. Estaba seguro de que en algunos días volvería, pero por el momento, les daba tiempo suficiente para poder celebrar allí mismo la ansiada ceremonia. Kasuf se mesó la pequeña barba, orgulloso al comprobar que los soles estaban ya perfectamente alineados delante de los obeliscos de la entrada. El momento había llegado. Giró sobre sus talones para pasar bajo el umbral de la gigantesca estructura. Con paso firme caminó hacia la penumbra del interior. El largo pasillo abría paso a una enorme sala de techos impresionantes. Los personajes más importantes del poblado estaban allí reunidos, junto a la gran puerta circular que había traído a los extranjeros para liberarlos. El anillo, tan grande e impresionante como la propia pirámide en sí, permanecía inmóvil ante ellos. El anciano Kasuf la miró sonriente. A través de ella habían llegado tantas cosas buenas como malas, pero sin duda las buenas compensaban las malas. Por aquella puerta, de la que aún ni siquiera conocía su funcionamiento, se habían ido su hijo y su hija secuestrados por el dios serpiente, Apophis, y cuando volvió a abrirse, su hija volvía poseída por un demonio en su interior y esperando un hijo del dios. De poco sirvieron entonces sus esfuerzos por conseguirle un buen marido, uno que él mismo había elegido: el extranjero. Él supo desde el principio que aquel joven vivaracho y que no dejaba de estornudar ni un solo momento, debía de ser el prometido de su hija. En unos minutos sabía que aquella gran mole de material grisáceo se abriría dejándoles pasar de nuevo. Recordaba como si hubiera sido ayer la primera vez que éstos se presentaron ante ellos. Era todo tan extraño. Unas personas venidas de tan lejos y que sin pedir nada a cambio ofrecieron sus vidas por conseguirles la libertad. Era lógico el intento por conseguir relaciones lo más pacíficas posibles con aquellas personas. Eran sin duda mucho más fuertes con sus armas que todo su pueblo junto. Por eso les ofreció aquel regalo: su hija Sha're. Y gracias a ello, Daniel, el extranjero, decidió abandonar el grupo con el que había venido, que decidieron regresar de nuevo a su planeta a través de la inmensa puerta estelar. Durante su estancia habían vivido buenos momentos, el joven Daniel aprendía deprisa, primero el idioma y luego las costumbres. Para él era como su hijo, igual que Sha' re, con la que se casó en ceremonia oficial poco después de su llegada. O igual que su hijo pequeño Skaara, el que ahora, bajo la misma puerta que le devolvió de nuevo a su lado, sujetaba a un bebé de ojos claros que le sonreía. El pequeño Harsesis era su nieto, o por lo menos estaba dispuesto a aceptarlo a pesar de ser hijo de aquel dios despiadado que le arrebató a Sha're para siempre. Daniel le había traído al niño, del planeta en el que se encontraba a salvo de las poderosas manos de los Señores del Sistema, para la ceremonia que se iba a celebrar en su honor. El joven le prometió aquello a Kasuf y había cumplido la promesa. Harsesis estaba en Abydos desde hacía sólo unos días y ahora esperaban impacientes a Daniel y al resto de extranjeros que se habían encargado de su seguridad. El joven Skaara sonreía al ver a su pequeño sobrino mover los brazos. Sha' re y él habían estado muy unidos desde siempre y ahora que la había perdido, se sentía feliz de tener en sus brazos al bebé al que ella había concedido la vida. Los planes de Apophis para ese niño eran demoníacos, permitió que su hermana diera a luz a aquel crío sólo para utilizarlo en sus planes de dominar todos aquellos lugares a los que la puerta estelar podía alcanzar. Eso no podía ocurrir, su gran amigo O' Neill, aquel hombre rudo y serio que vino junto a Daniel por la gran puerta y le había enseñado mucho en aquel tiempo, no lo permitiría. Skaara admiraba a ese hombre y sólo pensaba en que algún día, podría ir a Tauri a visitarles, tenía muchas ganas de conocer aquel planeta. Su afán de aventura ya le había traído problemas con su padre, pero eso no le importaba.
        El niño pronunció unos pequeños balbuceos mientras le miraba. Sin duda era un niño normal, o por lo menos eso le había asegurado Daniel, a pesar de haber sido engendrado por Apophis y su hermana Sha' re poseída en ese momento por un despreciable goa'uld que acabó con su vida en un desgraciado incidente. Le había costado mucho entender lo que era aquella raza que les había esclavizado durante tanto tiempo. Daniel habló con él muchas horas para explicarle el funcionamiento de la puerta estelar y que ésta podía llevarles a millones de sitios diferentes. Aún no comprendía muy bien cómo ponerla en marcha. Pero eso no importaba, Daniel había hecho funcionar aquel gigantesco mecanismo para visitarles cuando había sido necesario.
        Kasuf se acercó al umbral de la gigantesca puerta ante la mirada atenta de los allí reunidos, quería decir unas palabras antes de la llegada de los extranjeros para asistir a la presentación del pequeño Harsesis. El padre de Skaara se acercó a su hijo y su nieto para dirigirse a los presentes, levantó los brazos orgulloso para que todos le atendieran. En su propio idioma, habló a los habitantes de su pueblo, mientras el bebé daba pequeños grititos en brazos de su hijo. El silencio dentro de la gigantesca pirámide fue sólo roto por la voz del jefe del poblado. Cuando acabó su pequeño discurso preliminar, miró a su hijo y éste le tendió al bebé. El crío extendió sus brazos para que su abuelo le agarrara. Kasuf le sujetó con cuidado para no dañarle. En ese momento se produjo un sonido sordo tras la espalda de ambos anfitriones. La estructura empezó a temblar. Skaara se giró mirando la gigantesca puerta estelar. Ésta se había puesto en funcionamiento. Gritó a su padre para que se apartara de la escalinata. La puerta iba a abrirse y sabía que era peligroso ponerse delante del chorro de apertura. El anillo exterior de la puerta con diferentes símbolos poseía a su alrededor siete ajustes que con una diferencia temporal entre uno y otro comenzaron a iluminarse y a ajustarse al anillo central de la puerta al mismo tiempo. Skaara sabía que tenían unos minutos para poder apartarse. Uno a uno los ajustes se fueron iluminando realizando un sonido metálico característico. Hizo la misma operación siete veces. Todos los presentes de la sala se apartaron de la puerta. Kasuf, con Harsesis en los brazos miró a su hijo Skaara a su lado, que con ojos expectantes no le quitaba la mirada a la puerta esperando que ésta se abriera de una vez. La visita tan esperada desde hacía días estaba a punto de hacer acto de presencia, Skaara estaba emocionado, pronto vería a su amigo O'Neill. Se produjo un enorme ruido sordo y el centro de la puerta se llenó de una sustancia líquida que dibujó un gigantesco chorro paralelo a la escalinata de acceso al enorme aro grisáceo. Con la misma fuerza con la que el chorro salió despedido hacia delante, regresó al centro del aro de la puerta inundando todo el interior del anillo central, ahora repleto de una sustancia parecida al agua y del mismo color. La superficie se movía de la misma forma que un cuenco a rebosar con un brillo en la lejanía. Skaara miraba con expectación aquello, igual que su padre, a su lado. De repente con el sonido de un gorgoteo, una barra alargada salió de la superficie de la sustancia. El joven Skaara lo reconoció enseguida asustándose: aquello era un arma de tecnología goa'uld, una lanzadera de mano. Empujó a su padre para salir de allí a toda prisa, tras el arma surgió una figura cubierta con una armadura plateada y un gigantesco casco en forma de cabeza de serpiente cobra y con ojos de rubí que sin dudar un segundo disparó. Un fogonazo inundó la sala dando en las paredes del edificio. Los invitados se agacharon sofocando los gritos. Aparecieron más seres idénticos al primero también armados. En cuestión de segundos, la penumbra de la sala quedó inundada con fogonazos de luz anaranjada provocados por las lanzaderas de aquellos extraños seres. El grandioso anillo hizo desaparecer la sustancia líquida cuando el último ser la cruzó. Los asistentes a la ceremonia corrían en todas direcciones. Kasuf buscó entre aquel desconcertante espectáculo a su hijo Skaara, mientras protegía con su cuerpo al pequeño Harsesis que ante el estruendoso zumbido de las armas lloraba en brazos de su abuelo. El anciano jefe del poblado ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando uno de aquellos guardias serpiente le interceptó el paso. Fue lo último que vieron sus ojos antes de ser golpeado con el arma que éste llevaba. El guardia tomó al bebé sujetándolo con uno de sus brazos mientras con la otra mano apuntaba con su lanzadera mortífera. Skaara corrió entre el humo y la gente hacia él dispuesto a arrebatarle al niño. El joven se detuvo petrificado al ver que en un solo segundo, su vida dependía de la decisión de aquel ser. Este se limitó a apuntarle. Otro guardia agarró al joven por detrás casi a la vez que el que mantenía sujeto a Harsesis llorando daba una orden. La gran sala había quedado casi desierta, algunas personas habían quedado tendidas en el suelo heridas. Skaara vio a su padre en el suelo, dirigió después su vista al guardia que había comenzado a apretar símbolos parecidos a los del enorme anillo de la puerta, en un aparato con la altura de una mesa y de forma redondeada. Los triángulos de la puerta comenzaron a ajustarse a la vez que el guardia iba apretando en el aparato, que parecía servir de marcador, los diferentes símbolos. Cuando presionó siete de éstos alineados en dos circunferencias concéntricas, puso su mano sobre una bola anaranjada justo en el centro. Esta se iluminó, y la gran puerta estelar hizo surgir de nuevo el borbotón de agua quedando abierta segundos después. Un guardia tras otro fueron atravesando la puerta. Harsesis lloraba mientras miraba a Skaara, el joven sintió una punzada de odio, su opresor seguía sujetándolo, le impedía moverse y tenía que permanecer impasible viendo al otro guardia llevarse al niño hacia la puerta. Desapareció con él tras ella, el último en cruzarla fue el guardia que lo sujetaba que entró de espaldas a ésta sin dejar de apuntarle con su lanzadera de mano. Segundos después la puerta se volvió a cerrar permitiendo ver la pared del edificio al otro lado del anillo. El silencio se apoderó del lugar, siendo interrumpido por los lamentos y los gritos de los que allí habían quedado heridos tras la pequeña escaramuza. Skaara corrió a arrodillarse al lado de su padre aún semiinconsciente en el suelo. Trató de reanimarlo, el anciano abrió los ojos e intentó incorporarse. Miró a su hijo y luego a su alrededor.
- ¿Harsesis?.- preguntó con un hilo de voz. El joven miró hacia la puerta estelar mientras su padre le miraba con desesperación. El anciano pudo ver en la mirada de su hijo que el dolor y la rabia se apoderaban de él: entendió entonces que se habían llevado al pequeño.

        CAPITULO 2


- ¿Por todos los diablos, dónde se ha metido Daniel?.- exclamó el coronel Jack O' Neill frunciendo el ceño. Su rostro mostraba las huellas de una vida nada fácil. Se colocó una gorra sobre su corto cabello castaño de mechones blancos mirando hacia la gran puerta del silo.- ¿Mayor, cree que hay alguna oportunidad de hacerle entender que no puede llegar tarde cuando hay que atravesar el Stargate?.- la mayor Carter miró a su superior con una sonrisa, ella también llevaba el equipo pertinente para ir al otro lado, tenía un aspecto dulce y frágil que escondía tras esa primera impresión física a una mujer de fuerte temperamento que había luchado duro para llegar a dónde estaba. Rubia y de ojos claros, miró con expresión burlona a su superior que esperaba una contestación. El coronel O'Neill era la persona más preparada que conocía a la hora de viajar a través del Stargate, sabía que había sido el primero en cruzarlo en una misión suicida al poco de morir su hijo, suceso que le marcó profundamente. Precisamente durante aquella misión él conoció al doctor Jackson, que en aquel momento parecía no importarle en absoluto que O'Neill perdiera la paciencia.
- No es una misión de reconocimiento, sólo es una visita amigable.- le contestó para intentar calmarle, mientras éste no dejaba de mirar hacia una de las grandes puertas del silo. El anillo central del Stargate comenzó a moverse, el marcado había empezado. O'Neill había visto aquella escena cientos de veces, prefería estar pendiente de la excusa que el joven le pondría ésta vez.
- Iré a buscar a Daniel Jackson.- dijo un hombre de color de anchas espaldas y un símbolo dorado sobre su frente al lado de O'Neill. El coronel negó con la cabeza y le miró.
- No Teal'c. Cruzaremos esa puerta aunque sea sin él.- Teal'c sujetaba en sus manos su arma lanzadera de la que no se apartaba en ninguna misión, ni aún siendo una tan especial como aquella. La experiencia le había enseñado mucho siendo un guardia Jaffa. Su tatuaje en la frente hecho con oro, le había dado el título de Primado del dios Apophis, tenía forma ovalada y dentro se diferenciaba una curva en forma de serpiente. Ante la tiranía y esclavitud a la que era sometido su pueblo por culpa del que creía un dios, decidió unirse al grupo de O'Neill para luchar en su contra y salvar así a su gente. Sabía que separarse desde entonces de su arma cuando viajaba, podía costarle la vida, puesto que Apophis y el resto de dioses habían puesto precio a su cabeza.
        Un joven de tez clara y profundos ojos azules apareció en el silo segundos después de que la gran puerta de seguridad de la izquierda de éste se abriera. Entró corriendo mientras se sujetaba las gafas esperando recibir la reprimenda que se le avecinaba encima.
- Por fin. Es grato saber que esta misión te interesa, Daniel.
- ¿Misión?.- contestó a la vez que miraba cómo el Stargate estaba a punto de ajustarse a un símbolo nuevo.- Llego... dos chevrones antes.
- Llegas tarde. Cinco chevrones tarde.- Daniel miró a sus compañeros.
- ¿Acabaste con lo que hacías?.- le preguntó Carter.
- No. Eso fue lo que me entretuvo. Cuando regrese, seguiré estudiando las vasijas que portamos de la misión anterior, son increíbles. Datan de...
- Ya, ya, ya excusas.- le interrumpió O'Neill. El séptimo símbolo se ajuntó al último chevrón, la puerta hizo un chasquido, todos los chevrones quedaron iluminados y el chorro de agua hizo aparición. La puerta quedó abierta. El pequeño grupo subió por la rampa ajustada a ésta para poder atravesarla.- No tendré en cuenta está insubordinación porque al otro lado nos espera gran cantidad de gastronomía abydonia, mujeres preciosas, además de bebidas impresionantemente fuertes.
- Jack, ni siquiera soy militar.- O'Neill se detuvo justo antes de atravesar la película de agua de la puerta. Le miró.
- Es verdad. Escucha bien Teal'c. Daniel no es un insubordinado, es un informal. Esa es la palabra exacta.- el hombre le miró arqueando la ceja de su ojo derecho, después afirmó. O'Neill cruzó la puerta en ese momento.
- ¡Jack, eso no te hace lingüista!- exclamó el joven, pero el coronel ya había atravesado la superficie acuosa.- Y menos cuando la palabra más difícil que sabes decir es "insubordinación".- Dijo mirando a Teal'c con tono burlón. La mayor Carter le miró y se echó a reír al ver la expresión cómica de la cara de Teal'c que no entendía la discusión. La joven cruzó la puerta, tras ella entró el arqueólogo y el Jaffa siguió sus pasos. Segundos después la puerta hizo desaparecer de un golpe su contenido acuoso y quedó cerrada.
        Para cualquiera de ellos aquella sensación no era nueva. Los viajes interestelares eran parecidos a moverse por una gigantesca tubería con una gran sensación de frío. El sistema había sido mejorado, el frío helado había sido erradicado y ya no era necesario tener que caer al otro lado expulsados por el chorro de energía de mala manera. El silo del Stargate en la Tierra, había sido preparado para minimizar su temblor al abrirse o cerrarse cuando era creado el agujero de gusano, y los viajeros podían llegar al otro lado a una velocidad normal como si de un paseo se tratara. Las sondas que se enviaban a cada planeta antes de la intrusión humana, eran los ojos de los numerosos equipos del complejo Cheyenne en Colorado, aunque en aquella ocasión, no había hecho falta enviar ninguna. Conocían demasiado bien el planeta y lo que había al otro lado.
Jack O'Neill fue el primero en poner el pie en las escalinatas de la puerta de Abydos, y no fue precisamente una fiesta de bienvenida lo que le aguardaba a su llegada. El resto del equipo hizo aparición tras él. El lugar aún albergaba humo producido por los fogonazos, además del polvo y la arena levantado. Las ofrendas en jarras y platos de cerámica que habían sido dejadas sobre unas largas mesas junto a una de las paredes del edifico, habían sido reducidas casi a la nada. O'Neill sopesó en unos segundo lo que estaba viendo.
- Empezaron la fiesta sin nosotros.- dijo mirando a su alrededor y buscando supervivientes. Apenas se podía ver nada entre la humareda.- Mayor...- la joven militar le miró esperando sus ordenes.- Teal'c, desplegaos. Tal vez los invitados no deseados no anden lejos. Daniel, permanece alerta.- El Jaffa y la joven se abrieron paso a ambos lados de la puerta para poder defenderse de un ataque si era necesario. Daniel, tras el coronel, sacó su pequeña arma para defenderse sólo si era necesario. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Una vez más era testigo mudo de la desesperación de aquel pueblo al ser atacados por visitantes que cruzaban la puerta.
- ¿Pero qué ha pasado?.- preguntó esperando que nadie pudiera contestarle, pues la respuesta sabía que no iba a gustarle.
- ¡Kish' na! ¡Kish' na!.- O' Neill apuntó hacia la voz que se les acercaba desde el umbral de la entrada a la gran sala y que se abría paso entre las nubes de humo.
- ¡Skaara!.- exclamó Daniel al ver al joven acercarse a ellos tan deprisa como podía, se alegró al ver que parecía no estar herido.
- ¡Sham, ri noc!.- exclamó con nerviosismo.
- ¿Tau' ni me?.- le preguntó Daniel con una expresión aterradora.
- Vale lingüista, ¿qué pasa?.- preguntó O'Neill mirando a Daniel. Skaara respiraba con fuerza muy nervioso.
- Los guardias de Apophis vinieron antes que vosotros.- respondió Skaara atropelladamente. El muchacho hablaba su idioma aunque con cierto acento.- Nos atacaron. Pensamos que seríais vosotros y no estábamos preparados y...
- Espera, espera, espera... - dijo el coronel intentando tranquilizar al muchacho.- Más despacio.
- Mi padre estaba informando al pueblo de vuestra llegada para la presentación de Harsesis cuando la puerta se abrió. Todos creíamos que estabais llegando, pero los que entraron fueron un grupo de ocho guardias serpientes cargados con lanzaderas de mano. Dispararon contra la población, hay muchos heridos, mi padre fue golpeado... - el joven hizo una pausa intentando respirar.
- ¿Kasuf está bien?.- preguntó Carter.
- Sí, pero se han llevado a Harsesis.- el joven agachó la cabeza ante el silencio del grupo. Luego miró al doctor Jackson apesadumbrado.- Lo siento... yo... intenté impedirlo Daniel, pero... - el joven arqueólogo le miró intentando pensar en ese momento con toda la lucidez posible.
- Escucha Skaara.-le dijo el coronel.- Tú no tienes la culpa de que esas sabandijas entraran y lo secuestraran.-miró al joven pensativo.- ¿Siguen aquí?.- preguntó con cierto recelo.
- No. Tomaron al niño y volvieron a cruzar la puerta. O'Neill, si llega a manos de Apophis...
- Eso no va a ocurrir, ¿de acuerdo?.- dijo el coronel tomándole por los hombros.
- ¿Y cómo se han enterado de que habíamos traído al niño?.- preguntó Carter sin comprender cómo aquel enemigo tan poderoso había llegado hasta el bebé.
- Esa es otra buena pregunta.- dijo O'Neill.- Tal vez fuera alguna incursión casual.- Miró a Teal'c a su lado.- No... - se corrigió.- Apophis no deja nada en manos de la casualidad. Skaara, ¿ha cruzado alguien esta puerta después de dejaros a Harsesis aquí?
- No... - dijo pensativo.- Y tampoco nadie ha salido. Yo crucé la puerta cuando regresé con vosotros del planeta de los Tolanos ya sin mi anfitrión. Luego vosotros trajisteis al niño de Sha're y hasta entonces nadie más ha vuelto a cruzarla... hasta ahora. Además, vigilamos esta puerta durante el día y la noche.
- Bien.- dijo con tono de resignación.- Creo que se nos acabó el viaje de placer... hay que preparar un plan para recuperar al niño... pero antes... hay que buscar a un posible infiltrado.
- ¿Infiltrado?.- preguntó Teal'c ante la frase de su amigo O'Neill.
- Espía.- intentó aclarar Daniel.- Alguien ha informado a Apophis de que el niño iba a ser presentado en sociedad aquí en Abydos.
- Tal vez nos siguieran al planeta en donde estaba escondido Harsesis y allí consiguieran la información.- preguntó Carter.
- No. Oma Desala jamás diría nada. Sólo a nosotros nos reveló dónde ocultaba a Harsesis para poderlo traerle hasta aquí.- dijo Daniel que no podía creer que ella les hubiera traicionado. Oma había defendido al bebé desde el principio llevándoselo a un lugar seguro de la galaxia. Cuando lo encontraron en Kheb con ella, él mismo había dado el permiso para que Oma se lo llevara de nuevo a un lugar seguro. El SG-1, durante su última misión, habían ido hasta este lugar, trayendo a Harsesis y todas aquellas vasijas que Daniel había estado estudiando en el complejo y que le parecían tan impresionantes. El niño sólo iba a estar en Abydos unos días para su presentación ante el pueblo de Nagadah y luego volvería con Oma, siendo él mismo quién se lo llevara de nuevo con ella.- Es imposible. Nadie más conocía esa información.
- Será mejor que no desestimemos nada.- dijo O'Neill intentando buscar la forma más rápida de comenzar a buscar al niño.
- ¿Qué vamos a hacer?.- preguntó Skaara.- Apophis matará a Harsesis si no damos con él pronto.- El coronel miró al muchacho.
- Tranquilo Skaara, no creo que acabe con su vida. Le hace falta vivo.
- Apophis no desperdiciará esta oportunidad O'Neill, utilizará al niño en nuestra contra. No dudará un momento en llevar a cabo sus planes.
- Lo sé Teal'c.- dijo éste intentando pensar a la vez que cotejaba las posibilidades.- Tenemos que actuar con rapidez. Nos llevan mucha ventaja. Pero lo primero es lo primero. Hemos de ayudar a esta gente con sus heridos. Eso es ahora lo principal.-dijo el coronel.- Carter encárguese de ello. Daniel, acompáñala e intentad ver su situación. Haced un balance de lo que puedan necesitar y si es necesario traeremos a nuestra gente aquí. En cuanto tengáis esa evaluación iremos a informar al general.
- He intentado acomodarlos en una de las antesalas... la más grande.- dijo Skaara señalando hacia la puerta de la sala.- No he podido mover a la mayoría hacia el poblado. Mi padre ha ordenado enviar un mensaje a mi pueblo para que se acerquen a ayudar, estarán en camino.
- Id inmediatamente. Esa gente va a necesitar mucha ayuda.
- Sí señor.- dijo Carter. Ella y Daniel echaron a andar hacia la antesala.- Skaara, ve a recibir al grupo de ayuda que venga de Nagadah.- el joven intentó hablar para protestar, prefería estar junto a él.- Te necesito allí, ¿de acuerdo? Quiero que me mantengas informado.- el joven le miró, no podía replicarle, acababa de darle una orden, le respetaba demasiado. Además, necesitaban su ayuda y por esa razón no dudó en colaborar.
- Vendré a traerte noticias.- el joven agachó la cabeza en señal de afirmación y echó a correr hacia la puerta.
El coronel miró a su amigo que permanecía a su lado buscando por la zona alguna pista sobre el terreno. Él había sido guardia de Apophis, en estos momentos necesitaban un plan y sabía que podía contar con su ayuda.
- Teal'c, si fueras Apophis... - el hombre le miró intentando comprender el sentido de la frase que su amigo acababa de comenzar. El coronel se dio cuenta de que no había comenzado a expresarse bien para que su amigo le entendiera.- O sea... en modo figurado ¿vale? Ya sé que tú no eres él. Y sé que no lo deseas ni en broma... Pero si fueras él, ¿qué harías con el niño?.- el Jaffa le miró intentando apartar de su mente todas aquellas vivencias pasadas junto al supuesto dios serpiente que le había mantenido subordinado a él y a su familia.
- Intentará someterlo, le utilizará para arrasar aquellos lugares a los que el Stargate pueda llegar.
- Pero... sólo es un niño.
- Lo esconderá y le convertirá en su aprendiz, en una imagen de sí mismo.
- Como intentó hacer con Skaara... - dijo O'Neill pensativo.- Sólo que esta vez el aprendiz es mucho más peligroso.
- Además, Harsesis es buscado también por todos los enemigos de Apophis.
- Lo que aumenta el peligro. Ese crío lleva una diana en la espalda.-se frotó la cara con ambas manos intentando pensar qué posibilidades tenía.- Apophis se arriesgó mucho cuando decidió utilizar a la mujer de Daniel para sus propósitos.- pensó el coronel en voz alta.
- Infringió la ley goa'uld que les impide tener hijos. Las larvas que viven dentro de sus anfitriones no pueden procrearse entre ellos.
- Eso les vincularía demasiado los unos a los otros. Y esa "vinculación" es demasiado "humana" para que pueda existir entre semejantes bichos... lo siento "junior".-dijo mirando hacia el estómago de Teal'c, el cuál bajó la cabeza para mirarse. Teal'c llevaba en su vientre una de aquellas criaturas goa'uld desde que era un niño. Los Jaffa eran preparados para ser las incubadoras de aquellas larvas mientras aún eran jóvenes. Una vez alcanzaban la madurez, se les introducía en el cuerpo de un ser humano que actuaría como huésped.
- Para procrear larvas de su especie, ya existen las reinas goa'uld que las dan vida. Esa es su única forma de proliferación permitida.- explicó Teal'c.
- Como la diosa "reina" Hathor. Menuda forma de hacernos la vida imposible.- comentó el coronel.- Sí... la recuerdo muy bien. Que poco me gustaba esa... goa'uld. En realidad ningún goa'uld me gusta... nada.- dijo mirando al estómago del hombre.- Lo único que me gusta de "eso", es que te mantiene vivo.
- Gracias.- dijo Teal'c, aunque todos ellos sabían que aquel goa'uld que él transportaba sólo podía llevarlo dentro de sí durante un tiempo. Aunque habían tratado de extirparlo, la operación no había tenido éxito. Teal'c sabía que aquella forma larval de los dioses era por el momento su condena, y lo había aceptado. Sabía que sin ella su vida podía peligrar, y sabía también que los habitantes de la Tierra harían todo lo posible por encontrar la forma de acabar con esa dependencia.
Daniel apareció en ese momento por el umbral de la puerta de la sala.
- Jack.
- Dinos que te parece, Daniel. Teal'c y yo hemos estado estudiando la situación...
- ¿Estudiando la situación?- Preguntó con sorpresa a la vez que llegaba a su lado corriendo.
- Sí, ¿tan raro es?.- dijo mirando a su amigo.
- No hay nada que estudiar Jack. Harsesis es el primer niño fruto de la unión de dos anfitriones humanos poseídos por goa'uld. Ese niño lleva en sus genes tanta memoria genética sobre ellos y sobre nosotros, que Apophis podría estudiarla y utilizarla en nuestra contra. Se le escondió para que jamás pudieran llevar a cabo sus planes.
- Sé perfectamente hasta qué punto la situación es grave.-dijo con seriedad.- Creo que lo primero es ir a la Tierra e informar al general de lo ocurrido, tal vez necesitemos la ayuda de los otros equipos. Hemos de encontrar a ese crío lo antes posible.- Skaara entró corriendo en busca del coronel, la mayor Carter le seguía detrás.
- O'Neill, ya ha llegado la caravana. Mi padre ha traído gente del poblado para ayudar a los heridos.
- Bien.- miró luego a Carter.- ¿Cuántos heridos y cuántas bajas?
- La reunión era importante. Por lo menos hay veinte muertos, los que pudieron sobrevivir al ataque presentan quemaduras bastante importantes.
- Enviaremos a nuestros médicos aquí para ayudar a esta gente. Daniel, marca a casa.
- ¿Pero cuál es el plan?.- el coronel se quedó pensativo mirando al joven Skaara. No pareció escuchar la pregunta del lingüista.- ¿Jack? ¿Volvemos a casa y...?-dijo esperando respuesta que no obtuvo.- No podemos volver aún, hay que averiguar a dónde han llevado al niño.- el coronel seguía sin parecer hacerle caso. Miró el marcador y luego miró al joven de nuevo.
- Skaara, ¿estuviste presente durante el ataque, verdad?
- Sí, junto a mi padre. Él estaba en el suelo inconsciente. Un guardia me agarró hasta que cruzaron la puerta.- Jack miró la posición del marcador al lado derecho del Stargate. Daniel comprendió en ese momento las intenciones del coronel.
- ¿Viste a dónde marcaban?.- preguntó de repente. Skaara le miró entonces.
- Uno de los guardias apretó los símbolos del aparato.
- ¿Viste qué símbolos? ¿Podrías recordarlos?.- el joven asintió pensativo.- Ven, ven, ven.- dijo el arqueólogo con nerviosismo a la vez que se acercaba al marcador. El resto se acercó también.
- ¿Puedes señalar qué símbolos se iluminaron?.- le preguntó Carter.
- Sí, creo que sí.
- Skaara, necesitamos que nos los des en el mismo orden... si no, no servirán.- el joven miró al coronel. Sin entender muy bien el mecanismo de aquel aparato, en ese preciso momento era el único que podía ayudarles.-Piénsalo bien, ¿vale?.
Skaara intentó recordar. Había mirado hacia allí mientras el guardia marcaba, tenía que acordarse. Con lentitud, y haciendo pausas para pensarlo bien, el joven fue señalando uno a uno varios símbolos hasta que completó los siete. Daniel había sacado una pequeña libreta y apuntaba las indicaciones silenciosas del joven. Cuando acabó miró a O'Neill.
- ¿Estás seguro de que esos eran los símbolos?.- el joven miró de nuevo el aparato, luego miró al coronel.
- Sí.
- ¿Hemos estado en este sitio?.- preguntó O'Neill.
- No.- dijo Daniel casi con total seguridad.- Bueno, tenemos siete símbolos. Si se equivoca en la colocación de alguno tendremos que visitar una combinación de siete elementos tomados de siete en siete.
- Cuarenta y nueve planetas posibles.-apuntó Carter.- Suponiendo que sea sólo uno el mal colocado.
- Chicos, chicos... seamos un poco más optimistas, ¿de acuerdo?.- dijo mirando a Skaara.- Es lo mejor que tenemos. Marquemos a casa y después busquemos al niño.
        Minutos después Daniel marcaba en el Dispositivo de Llamada la dirección de la Tierra, llegar al otro lado e informar de lo ocurrido allí era ahora lo más importante.