AMAZONAS

Escrito por: Amaunet / Retoques por: Marita

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        CAPITULO 15

        ¡Eh! ! ¡Fiera!.- exclamó de repente O'Neill a voz en grito y haciendo que todas las miradas del poblado se fijaran en ellos.- Sí tú, alimaña... con bicho en el cerebro y casco hortera en la cabeza.
- ¡Jack...!.- dijo Daniel tratando de disimular al ver que Shekmet miraba hacia allí con furia.
- Vamos... ¿por qué no dejas en paz a estas pobres esclavas y dejas de mentirlas? No eres nadie. Eres menos que nadie. Eres... la forma más patética de asqueroso goa'uld que he visto en mi vida. Y mira que he visto ya muchos ¿eh?
- ¡Seger !.- exclamó con furia a la vez que sus ojos se iluminaban.
- Oh, jerga goa'uld... ¿sólo sabes decir eso? Yo puedo decirte cosas peores. No te temo. No eres un dios y todo aquel que lo cree está equivocada y sirve como esclava a tus órdenes.
- Jack, por favor...- volvió a insistir Jackson.
- Acabaré contigo con mis propias manos.- le amenazó Shekmet.
- "No es tan fiero el león como lo pintan", ¿no te lo han dicho nunca?.- Jackson cerró los ojos, era una tontería tratar de insistir, Jack no le haría ningún caso. Carter miró a Hipólita, los ojos de la Amazona estaban a punto de salirse de sus órbitas ante lo que estaba ocurriendo.
- Suplicarás que te mate.- dijo Shekmet.
- No lo creo, en todo caso tu te arrepentirás el resto de tu... corta existencia a partir de hoy por haberme conocido. Oh, vamos. Hazte un favor. No me aguantarías. Ni a mi ni a él.- dijo señalando a Jackson con la mirada.- Yo soy un bocazas y él un tostón. Te hablará de un montón de cosas de las que jamás has oído pronunciar en tu vida. Tendrás que escuchar aburridos discursos que te levantaran dolor de cabeza. Te confundirá con sus argumentos, ya lo verás. A mi me tiene siempre confundido. No te parará de hablar sin parar, te lo digo yo, bla, bla, bla, bla, bla, bla... Es bueno en eso.
- ¡Yo misma os arrancaré la lengua a ambos!.- exclamó con furia.
- Es la verdad.- dijo de repente Jackson apoyando la conducta de O'Neill.- Yo le haría caso si estuviera en tu lugar. Puede llegar a ser realmente insistente cuando se lo propone. Y no creo que te agrade su conducta discrepante todo el tiempo. Además, su humor es demasiado... peculiar. Te aburrirá con sus comentarios siempre irónicos y sarcásticos, por cierto, casi siempre fuera de lugar. No creo que alguien como tú pudiera entender sus argumentos completamente ilógicos que incluso llegan a rozar la extravagancia.
- Eh, eh... te estás pasando ¿no te parece?.- O'Neill miró a Daniel de reojo. La verdad es que no lo hacía nada mal.
- Perdona. Sólo quería que estuviera advertida, nada más.
- ¡¡Silencio!!.- exclamó Shekmet cansada de escucharles.
- ¡Qué temperamento!.- susurró O'Neill entre dientes mientras Jackson le miraba.
- Mi señora...- dijo de repente Hipólita. Shekmet la miró con furia.- Deja que sea yo quién acabe con la vida de la mujer y haga que ese hombre se arrepienta de sus palabras.- La diosa le miró levantando la cabeza altiva. Carter miró al coronel que en ese momento dibujaba una sonrisa en su rostro.- Permite que sea yo, tu mejor y más fiel Amazona la que luche con la mujer.- Shekmet se sentó en su trono complacida ante las palabras de la joven.- Yo la daré muerte sobre la arena ya que ni siquiera es de nuestra tribu. Acabaré con ella sin necesidad de foso, yo venceré y la entregaré a tus pies para que la hagas portadora, y con ello esclava como deseas.- Jackson lanzó una mirada fugaz hacia Carter. Metida en aquella pequeña jaula durante tantas horas... esperaba que tuviera fuerzas suficientes como para por lo menos, tratar de convencer a aquellas mujeres y que no sospecharan. Ahora posiblemente, la vida de Hipólita estaba en sus manos. Si Shekmet sospechaba algo, los mataría a todos.
- Muy bien Hipólita. Cumpliré tu deseo.- dijo moviendo un brazo en señal de que dejaran salir a Sam de su pequeño recinto de tortura. Un par de jóvenes vestidas con los trajes ceremoniales se acercaron a ellos.
- Vale, Carter...- dijo O'Neill mirándola con una sonrisa.- Que no se diga, ¿eh?.- Sam le miró de reojo. Sabía lo que debía de hacer. La pregunta era si Hipólita había dicho todo aquello de verdad, o sólo estaba siguiendo el plan establecido. En aquella lucha ella debía perder pero, ¿estaría Hipólita fingiendo en serio?
Dos amazonas se arrodillaron junto a la pequeña portezuela de barrotes de madera y cortaron con un cuchillo las enormes cuerdas que mantenían cerrada la cárcel. Carter prácticamente se arrastró fuera de aquel lugar. Le costó bastante conseguir mantener el equilibrio una vez estuvo en pie. Tenía entumecidos todos los músculos del cuerpo. Las dos mujeres la tomaron por los hombros y prácticamente la arrastraron hacia el centro del recinto dejando a un lado aquel enorme foso. Los tambores comenzaron a sonar de nuevo para detenerse tras unos segundos. Hipólita miró a Shekmet. La diosa levantó su brazo para decir algo antes de que comenzara el combate.
- Dos grandes honores recibirás si vences a la mujer, Hipólita. No sólo podrás escoger a uno de los hombres, también se te permitirá, como ya sabes, portar el cinturón de nuestra tribu. Sé que para ti es un gran honor, pues ya en otras ocasiones has vencido en combate y yo misma te lo he cedido hasta la finalización de la celebración.
- Será todo un honor, mi señora.- dijo agachando la cabeza con una reverencia. Luego caminó despacio en dirección a donde Carter la esperaba para el combate. Sam la miró de arriba abajo cuando la tuvo enfrente. Iba igualmente engalanada que sus compañeras, aunque la majestuosidad de sus adornos era mucho mayor. O por lo menos eso era lo que a ella le parecía. Ambas mujeres se miraron. Hipólita le hizo un gesto a una de las compañeras al lado de Carter. Mientras una se alejaba, la otra les acercó las armas del combate. Sam sujetó con fuerza una larga vara del mismo material que las lanzaderas goa'uld, la diferencia estaba en los extremos. Ambos lados del arma terminaban en una forma de gancho que inexplicablemente a la mayor le resultaba familiar. Hipólita giró a ambos lados su arma, y apretó con fuerza el centro de ésta, en el que había una zona más ancha. Al hacerlo, ambos ganchos de los extremos dejaron escapar un resplandor anaranjado. Con aquel movimiento de su contrincante, Carter supo el manejo de aquel aparato. Apretando su centro dejaba salir descargas como la que podía producir una barra de tortura goa'uld. Jack y Daniel veían desde su posición perfectamente todo lo que ocurría, todo el poblado se había reunido allí para ver el espectáculo.
- Ese chisme debe de hacer daño ¿no?.- preguntó casi en un susurro a Daniel que no perdía detalle de lo que ocurría pocos metros más allá. Jackson le miró sin decir una sólo palabra pero sentenciando una respuesta afirmativa con la expresión de sus ojos.- Carter sabe defenderse.- dijo casi en un hilo de voz. Una de las Amazonas que se habían agolpado alrededor de ellos para ver lo que iba a ocurrir le miró.- La va a dar una paliza.- dijo con una sonrisa.- ¿No se hacen apuestas en este tipo de celebraciones?.- la joven volvió a mirar hacia el lugar del encuentro ignorando por completo sus palabras.- Que poca competitividad.- En ese momento Hipólita acercó su arma a la de Carter y dejó que ambas armas se chocaran. Luego se alejó con un movimiento rápido haciendo girar su vara a velocidad vertiginosa mientras giraba alrededor de Carter inmóvil pero sin perderla de vista. Sam trató de estudiar los movimientos de la joven. Su entrenamiento militar incluía la lucha personal. El primer paso era estudiar cómo se movía y buscar sus puntos débiles... si los tenía. Hipólita lanzó con un movimiento rápido un extremo de su vara contra la de Carter. Ésta en un movimiento rápido detuvo el golpe con su propia vara. Trató de imitar los movimientos de la Amazona. Esperaba de esa forma conseguir que la sangre volviera a regar todos sus músculos hasta ahora inmovilizados por el encierro. El hormigueo casi había cesado. Hipólita giró sobre sí misma y la golpeó en la espalda con la vara. Carter sintió el topetazo y una fuerte descarga. Hipólita apartó su barra del cuerpo de la mayor que trató de no perder el equilibrio. Carter se sintió aturdida por unos segundos. Después trató de contraatacar, pero la joven amazona detuvo su golpe con destreza. Con un giro rápido Carter tuvo que saltar por encima de la barra que Hipólita le había lanzado a los pies esperando con ello tirarla al suelo. Hipólita sin duda no esperaba su agilidad, momento en el que Sam trató de nuevo de contraatacar. Golpeó a Hipólita por la espalda con su vara bajando con rapidez el arma y colocándola a los pies. La amazona a penas tuvo unos segundos para reaccionar. Se hizo un ovillo rodando por el suelo. Sam trató de saltar sobre ella para poder colocarla el arma a la altura del cuello y encenderlo. La barra chisporroteó un fulgor anaranjado delante de la cara de la joven. Hipólita la miró jadeante desde su posición, sentada en el suelo y con el arma sobre su cara.
- Golpéame.- dijo Carter en un susurro casi imperceptible mientras respiraba con fuerza debido al ejercicio físico. La joven la miro con sorpresa. Hubiera podido matarla pero... iba a seguir el plan de su líder aún sabiendo cuales podían ser las consecuencias.- Vamos...- insistió. Hipólita con un golpe certero de su pie golpeó el arma de Carter y a la vez rodó por el suelo con su propia arma en la mano golpeando a Sam en las rodillas. Aquel movimiento rápido hizo a Carter caer al suelo sin posibilidad alguna de sujetarse. Hipólita había tardado sólo unos segundos en levantarse y apuntarla con su arma mientras Sam se quedaba inmóvil en el suelo y desarmada. La joven levantó la cabeza y miro a Shekmet.
- Mi señora... aquí os ofrezco a la vencida en combate para ser portadora de uno de los dioses tal y cómo esperabais de mi.- Shekmet sonrió con altanería. Hizo luego un gesto con el rostro y dos jóvenes amazonas se acercaron a Sam y la levantaron del suelo sujetándola con fuerza mientras Hipólita se acercaba a la diosa. Ésta se llevó las manos hacia la parte de atrás de su cintura para soltar de su cuerpo el pesado cinturón.
- La vencedora. Vuestra líder. Porta hoy el cinturón de nuestra tribu como símbolo de supremacía.- dijo a la vez que la joven se agachaba y tomaba entre sus manos la pesada joya. Segundos después la colocaba alrededor de su talle para después levantar con un brazo el arma con la que había vencido haciendo que todas las Amazonas de la tribu comenzaran a gritar y los tambores resonaran de nuevo. Shekmet hizo un gesto para detener el alboroto y luego miró a la joven.- Elige.- Miró entonces hacia los dos prisioneros. Era el momento en que podía escoger a uno de ellos, pero... no sabía muy bien a cuál. Pensó por unos segundos. Shekmet se quedaría con el que sobrara, y posiblemente estaba furiosa con ambos. Avanzó entonces hacia los postes despacio mientras pensaba cuál sería la mejor elección. Una vez estuvo frente a ellos dudó un poco menos.
- Lo elijo a él.- dijo señalando a O'Neill con un dedo de su mano.
- Tu elección es aceptada.- dijo Shekmet.- Llevad a la vencida junto al Jaffa. Yo misma elegiré su portador.- dijo a la vez que varias de ellas empujaban a Carter alejándola de allí. Soltaron a O'Neill del poste mientras Hipólita le apuntaba con su vara. El coronel miró a Daniel.
- Procura no aburrirla.- dijo en tono muy serio.- Y no la mientas. La relación no funcionaria.- Una de las jóvenes le empujo por detrás para que avanzara.- Chicas, chicas... tranquilas. Una a una.- dijo en tono burlón.
- Espero no tener que recordarte que sólo hasta el atardecer se te permite tener a un hombre a tu lado.
- Lo sé, mi señora.
- Aunque dudo... que te dure tanto.- dijo a la vez que la miraba con una sonrisa malévola y sus ojos se iluminaban. Daniel miró a su alrededor buscando a Sam, pero ya la habían sacado de la zona. Probablemente la llevarían a la nave de Shekmet. Después vio como la propia Hipólita arrastraba a Jack delante de ella.


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        Teal'c se sentía débil. La tortura había sido permanente hasta hacía sólo unas horas. Si pudiera descansar un poco más aunque fuera en aquella cárcel, su anfitrión podría curarle sus heridas. Tumbado en el suelo de la nave y rodeado por el haz de luz en forma de barrotes que le impedían salir, permanecía inmóvil. Escuchó entonces el ruido de la puerta de entrada a la estancia al deslizarse. Por un momento creyó estar delirando. La mayor Carter era empujada hasta un pedestal la lado suyo. Sam le vio en seguida y no le pareció que tuviera demasiado buen aspecto.
- Teal'c.- dijo esperando que éste le contestara y saber si estaba vivo. Una de las amazonas la sujetaba con fuerza mientras la otra manipulaba el cuadro de mandos. Segundos después Sam era rodeada por un haz de luz anaranjada a su alrededor en la que al parecer iba a ser su nueva cárcel.- ¿Qué le habéis hecho?.- preguntó con furia.
- Es muy fuerte.- dijo una de las jóvenes mirándola.- Por el momento ha aguantado la tortura mucho más de lo que cualquiera hubiera podido.
- ¿Teal'c?.- volvió a preguntar ella con un hilo de voz.
- Mayor Carter...- dijo el Jaffa con un susurro mirando hacia dónde ella estaba. En ese momento ambas amazonas se inclinaron. Sam miró hacia la puerta, Shekmet acababa de entrar escoltada por dos mujeres más.
- Mi señora, el Jaffa no ha dicho ni una sola palabra más.- comentó la joven que había manipulado el cuadro de mandos a la vez que mantenía la cabeza agachada sin mirarla.
- Lo suponía.- dijo Shekmet acercándose a ambas cárceles.- Por algo los guardias de Apophis dicen ser los más fuertes y temidos. Veremos si temen de verdad a la muerte... lenta.- comentó con una gran sonrisa.- Quiero que preparéis la sala con todo lo necesario para hacer una implantación.
- ¿Implantación?.- preguntó la amazona que había llevado a Carter hasta su nueva prisión.
- Dado que ninguna pudo sacarle información, su Destino estás ahora en mis manos. Se le extraerá al dios que lleva dentro. Ella será su nueva portadora.- dijo mirando a Carter. Shekmet la miró de reojo.- No es la primera vez que lleva a un dios en su interior. Aunque esta vez se conformará con llevarlo como sacerdotisa.
- Sí, mi señora.
- Preparad lo necesario inmediatamente para hacerla portadora. Tú querida, llevarás a ese goa'uld hasta que madure. Y él... morirá.- Shekmet no dijo ni una sola palabra más, se giró con altanería mientras Carter miraba a Teal'c con total impotencia. Si algo no ocurría, ella sería una sacerdotisa Jaffa portando el goa'uld de su amigo, que sin otra larva, moriría.

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        Hipólita empujó a O'Neill siendo acompañada por una amazona más hasta las afueras de su choza. Una vez allí, los tres accedieron a la pequeña cabaña.
- Eres afortunada Hipólita.- dijo la joven a la vez que empujaba a O'Neill para que se arrodillara en el suelo. Luego tomó un trozo de gruesa cuerda que llevaba en su cinto para inmovilizar las manos del coronel.
- ¿Tú crees?.- preguntó O'Neill mirándola de reojo. La joven no hizo caso al comentario.
- Muchas darían cualquier cosa por estar en tu lugar.
- Ya.- dijo ella mientras acariciaba con sus manos el cinturón de oro en su talle.
- Hace muchas estaciones que no atacamos el poblado de los hombres debido al trabajo en el campamento. Shekmet nos ha exigido mucho estos últimos días.
- Hemos trabajado duro.- dijo.
- Y hoy Shekmet te ha recompensado. Luchaste bien.- dijo sonriente.
- Auw...- dijo O'Neill al sentir las cuerdas raspando su piel.- Siento interrumpir pero ... eso duele.- la joven sonrió con desgana ante su expresión.
- No te preocupes. Dejará de hacerlo cuando Hipólita se encargue de ti.- luego miró a la joven.- ¿Quieres que lo amarre a...?
- No.- contestó Hipólita con rapidez a la vez que veía como la joven señalaba una de los postes de la cabaña.
- Ya nos apañamos, gracias.- dijo O'Neill sonriente.- Qué amable de tu parte sugerir amarrarme al poste para mayor ... ¿diversión?
- Puedes irte.- le dijo a la joven.- Ya me encargo yo.
- Como quieras.- dijo la joven con una gran sonrisa a la vez que se dirigía a la salida de la choza.
- ¡Gracias! Pensaremos en ti y en tus compañeras cuando... bueno cuando...- comenzó a decir a la vez que la joven salía y él buscaba el término adecuado en ese momento. La joven cerró la choza cuando estuvo fuera. Hipólita miró a O'Neill en silencio.- Ahora en serio... Gracias.- la joven se acercó a él de pie en medio de la choza.
- ¿Por qué? ¿Por qué lo haces?.- dijo ella.
- Es... mi naturaleza. No lo puedo evitar. Las mujeres adoran mi...
- Ayudarnos.- O'Neill la miró al interrumpirle, esta vez con seriedad.
- Porque conocemos muy bien el trato que esa "apestosa" diosa os da y sabemos que es todo una gran mentira. Hemos ayudado a otros pueblos como el tuyo a librarse del yugo de los de su especie.- la joven le miró tratando de comprender sus palabras.- Los goa'uld son sólo unos parásitos que sin gente como tú o como Teal'c no serían nada. Se apoyan en la debilidad humana para sus propósitos. Pero sin infectar... no son nada. Se hacen pasar por dioses allá donde van cuando en realidad no son más humanos que tú y que yo.
- Pero yo la he visto obrar con sus poderes...
- Es sólo tecnología Hipólita. Y para colmo, ni siquiera es suya. Como parásitos, roban a otras culturas cuando cruzan el Stargate y si no consiguen lo que quieren, matan sin pensarlo. Mi pueblo lucha contra ellos para liberar a gente como vosotros de todas esas patrañas.- la joven agachó la cabeza.- Sé que lo que te cuento... echa por tierra las creencias de tu pueblo, pero es la verdad. Y cuanto antes lo sepáis, antes podréis ser libres.
- Mató... a mi hijo. Me hizo darlo en sacrificio como símbolo de mi fe hacia ella.
- Eso no es un símbolo de fe Hipólita. A eso en mi planeta lo llamamos símbolo de terror. De esa forma te controla. El temor hace débil al más fuerte. Apophis vendrá, te lo aseguro. Él es tan despreciable como Shekmet. Destruirá a tu pueblo sin pensarlo si no hacemos algo para impedirlo.
- ¿Pero cómo?
- Yolao nos contó la historia de ese cinturón.- dijo señalando con la mirada el pesado utensilio.- Creemos que es un arma que si se combina con el hacha puede acabar con ellos.- la joven sonrió ante las palabras del coronel.
- ¿Me hablas de que los goa'uld no son dioses y me cuentas como librarnos de ellos por medio de una leyenda?
- No todo son leyendas, Hipólita. Pensamos que esa parte de vuestra historia antigua puede ser cierta. Bueno, en realidad quién piensa eso es Daniel. Es un experto... aunque no lo parezca.- la joven se acercó a él y le desató las manos.- Necesito saber exactamente dónde están cada uno de los miembros de mi equipo.
- La mujer ha sido llevada junto al Jaffa. Están en el templo. En cuanto a... ese al que llamas Daniel. Ha sido llevado en presencia de Shekmet.
- Bien. Daniel la entretendrá... espero. ¿Y el niño?.- la joven le miró con sorpresa.- Ese bebé es muy importante Hipólita.
- Él... está en el templo. Es un Harsesis. Es hijo de Apophis. Él mismo lo trajo.- dijo la joven.
- Es una historia muy larga de contar, pero para que te hagas una idea... la esposa de Daniel fue tomada como anfitriona por Apophis a la fuerza. Llevó durante mucho tiempo al goa'uld Amaunet en ella y ambos tuvieron a ese hijo. La esposa de Daniel, antes de morir, le pidió que ayudara al niño. Es un ser inocente en todo esto. Apophis lo quiere para hacer el mal. Por eso le buscamos.
- Él... tiene poderes.- comentó la joven con un susurro.- Mueve objetos.
- Ya. También a nosotros nos hizo una demostración. Esa es otra larga historia de contar. Si cae en manos de Apophis su poder aumentará y nuestra lucha será en vano. ¿Comprendes?.- la joven afirmó con timidez.
- ¿Y qué vamos a hacer?
- Para empezar ... mi ropa.- dijo mirándose así mismo.- Luego necesito rescatar a mi equipo y nuestras armas. Y para todo eso... necesito tu ayuda.- La joven le miró. Hacía mucho tiempo que no pensaba en tener que confiar en un hombre. Pero en esos momentos y después de lo que había vivido con aquellos extranjeros, necesitaba confiar en alguien tras escuchar su historia. Quizás aquel era el momento.

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        Daniel permaneció inmóvil en aquella sala con las manos atadas. Dos mujeres le habían arrastrado hacia allí y le habían dejado completamente solo. Caminó de un lado a otro por aquellos aposentos pero no encontró la forma de salir de allí. Además, estaba seguro de que al otro lado de la puerta tendría compañía. No podía creer su suerte. Estaba a punto de vérselas con la mismísima Shekmet, allí, completamente aislado. Pensó durante unos segundos las últimas palabras que Jack le había dicho. Aunque el carácter del coronel muchas veces le confundía con sus bromas o frases fuera de lugar, a la hora de trazar un plan de escape, Jack jamás bromeaba. Segundos antes de separarse de él, le había dado algo más que una frase al azar para los demás, "procura no aburrirla, y no la mientas". Casi se podía decir que era una orden. No era militar, pero conocía lo suficientemente bien a Jack para que, las pocas veces que hablaba en serio, poderle leerle entre líneas. Estaba claro que si conseguía mantener entretenida a la goa'uld, él vendría a buscarle. Y al parecer no quería que la mintiera.
Al recordar aquello le vino a la cabeza la imagen del pequeño Harsesis. Siempre pensó que aquel bebé estaría siempre seguro cuando consiguió encontrarlo. Al fin y al cabo le había dejado en manos de Oma Desala, aquella enigmática entidad de Kheb, por esa misma razón. Su propia seguridad. Había renunciado a él cuando le encontraron en aquel planeta temido por los goa'uld. Aquella fue una lección que jamás olvidaría. Aquel monje que le enseñó la existencia de la entidad y su poder. Una fuerza tal, que acabó con la vida de aquellos que vinieron a hacerle daño. Tras aquello perdió de vista al hijo de su esposa. Volvió a saber de él cuando encontraron por casualidad el planeta donde ésta lo había vuelto a esconder, justo la misión anterior a la que ahora vivía y de la que habían traído tan increíbles pruebas arqueológicas en vasijas de cerámica. Ella les recibió allí sonriente, aún sin decir ni una sola palabra, momento en el cuál se decidió que el niño tuviera la oportunidad de ser presentado en sociedad en Abydos por su abuelo y su tío Skaara. Por lo menos se lo debía a ellos. Oma les dejó llevarse al niño dando su consentimiento, quizás porque ya lo creía suficientemente preparado para protegerse. Y pensar que si no lo hubiera sacado de aquel lugar para aquella celebración, quizás ahora nada de aquello hubiera ocurrido. Si de verdad como él creía, el niño se había comunicado con Apophis como lo había hecho con él, si éste hubiera intentado algo, Oma le habría defendido hasta la muerte. Ahora estaba en manos de otro goa'uld quizás tan desdeñable como Apophis. Por unos segundos recordó que si Oma le había mostrado a él su poder, quizás hubiera enseñado a Harsesis a tener esos mismos poderes para poder defenderse. Pero si así era... ¿Por qué no los había usado hasta entonces? ¿Por qué se había dejado secuestrar? Era capaz de mover objetos con la mente o de enviar imágenes de lo que vivía por medio de algún tipo de telepatía. Pero en vez de usarlos en el momento de ser secuestrado, no lo había hecho hasta ahora. La única solución que se le ocurría a la pregunta sobre si Oma le hubiera enseñado aquello, era que el niño hubiera empezado a aprender y que esto sólo fuera una prueba para él. Quizás al usar este poder, atrajo sin querer a Apophis que tal vez hubiera sufrido lo mismo que él había pasado. La preocupación se apoderó de su pensamiento en ese momento. ¿Cómo sabrían que Harsesis no estaría informando de forma inconsciente a Apophis en ese preciso momento? Sumido en estos pensamientos escuchó el sonido del gran portón de entrada que se abrió sacando a Jackson de sus especulaciones. Shekmet entró sonriente al lugar a la vez que él retrocedía unos pasos.
- "Empieza el juego".- dijo para sí el arqueólogo.
- No te veo muy nervioso querido...- dijo ella a la vez que se quitaba el casco de la cabeza y lo dejaba sobre una repisa.
- Ahm... apariencias.- comentó pensativo. La larga melena rubia de la joven cayó sobre sus hombros. Luego tiró de una parte de su indumentaria de celebración despojándose de ella a la vez que le miraba. Jackson sonrío al no saber muy bien donde acabaría aquello. Los ojos de la goa'uld se iluminaron a la vez que se acercaba despacio ataviada con su indumentaria de amazona aunque en vez de en cuero, en color dorado, símbolo sin duda de su supremacía con respecto a ellas.
- La verdad es que yo en tu lugar lo estaría.
- ¿Por qué? ¿Por qué va a matarme o a drogarme?.- la joven le miró con expresión de sorpresa, a la vez que Jackson sonreía.- ¿Cree que desconocemos quién es? Como reina goa'uld tendrá poderes parecidos a otras, ¿no?
- ¿Conoces a las de mi raza?
- Por supuesto. He conocido a varias. No es que me haya gustado la verdad... entre otras cosas porque una intentó acabar con nosotros y la otra nos drogó con el mismo propósito. Tenéis unas tendencias un tanto homicidas, ¿no le parece?.- La goa'uld rió con fuerza a la vez que le empujaba con una de sus manos. Jackson perdió el equilibrio cayendo sobre el lecho que había detrás de él.
- Viendo que sabes tanto sobre mi... quizás sería justo que yo supiera por lo menos tanto como tú conoces sobre mi persona, ¿no te parece?
- Bueno, es una historia larga de contar. ¿Si tiene tiempo...?
- Si consigues divertirme, quizás me lo piense dos veces antes de separarte la cabeza del cuerpo.
- Oh... vaya.- dijo Jackson pensativo. El arqueólogo tragó saliva.- Entonces... trataré de hacerlo lo mejor posible.
- Sospecho que nada tenéis que ver con Apophis.- dijo ella.- Aunque no tengo muy claro de dónde habéis salido. La única opción posible es que cruzarais el Chaapa'ai de Termodonte.
- Pues sí... en eso tiene razón. Es muy suspicaz. Entre otras cosas porque si sabe eso, entonces decidió con premeditación... y alevosía... mandar a las guerreras contra Apophis siendo sólo una excusa algo... estúpida, si me permite la expresión.
- ¿Eso crees?.- preguntó ella con una sonrisa de malicia a la vez que se acercaba a un mostrador y llenaba una copa de incrustaciones en oro con lo que parecía agua de una jarra del mismo material.
- Bueno, no sería de extrañar. Al fin y al cabo es una goa'uld... con instintos de ese tipo. Ha mandado a las guerreras a la muerte y... Apophis debe estar en camino.
- No atacará.- Jackson la miró pensativo sentado en el lecho de la sala.
- El niño. ¿Piensa escudarse con el niño?.- Daniel comenzó a respirar con nerviosismo ante aquella posibilidad.- Es un grave error...
- ¿Sabes lo que es el niño?
- Un ser inocente...
- Es un Harsesis.- Le interrumpió tras acercarse unos metros con la copa en la mano.- Sus poderes son tan fuertes que el propio Apophis me temerá cuando yo misma lo domine. Y tras él, todos los Señores del Sistema. Yo reinaré sobre todos ellos con el poder del Harsesis a mi lado. Ha sido la oportunidad que tanto he esperado.- Jackson negó con la cabeza con nerviosismo.
- El niño posiblemente, atrajo a Apophis para que supiera dónde estaba y lo secuestrara. Quizás incluso supo que usted se encargaría de su cuidado. Él también me trajo a mi hasta aquí.
- ¿Insinúas que el niño lo ha hecho a propósito?.- Jackson no contestó. La goa'uld rompió a reír.
- Quizás sea su Destino.- contestó él pensativo.- Interferir en esta situación para acabar con vosotros. Es el fruto entre un goa'uld y un anfitrión. Tiene los secretos de ambas razas. Vosotros os creéis dioses y el es hijo de un "dios" y una mortal.
- Hablas como en tiempos de Herishef. ¿Piensas que es tan poderoso como él?.- Jackson se quedó pensativo ante los que ella acababa de decir.- Herishef se reveló contra aquellos que le dieron vida, pero esta vez, yo no permitiré que eso vuelva a ocurrir. Esta vez será diferente.
- ¿Herishef? Espere... ¿Fue real? No fue una leyenda.- dijo aturdido.
- Creí que lo sabías todo sobre los goa'uld.- dijo ella tras beber de la copa y dejarla en una repisa.
- Él fue el primer Harsesis.- dijo Jackson pensativo ante la nueva revelación.- Fue fruto de un goa'uld y una anfitriona. Herishef es el nombre egipcio de Heracles. Se reveló contra los goa'uld a favor de su parte humana. Por eso tenéis prohibido tener hijos humanos entre vosotros, porque aquel primer Harsesis, fue un fracaso y puso en peligro vuestra supervivencia.
- Herishef fue débil. Pero yo haré de Harsesis fuerte. Acabaré con su parte humana a favor de nuestra raza y un día se alzará con el poder.
- No lo permitiré.- sentenció Jackson poniéndose en pie. La goa'uld se acercó a él sonriente al ver su semblante serio.
- ¿Te crees capaz de impedírmelo?.- dijo acercándose despacio hacia él, adelantando su mano derecha hacia delante con el brazalete puesto. Este se iluminó en su centro mientras Shekmet miraba a Daniel dispuesta a todo. Jackson lo miró con desesperación sin poder alejarse del brazalete de la go'auld. Si lo usaba contra él... estaría perdido.

CAPITULO 16

        Un zumbido ensordecedor hizo detener la tortura sobre la sien de Jackson con el brazalete que la diosa portaba en su mano. El arqueólogo cayó al suelo aturdido mientras ella se dirigía hacia uno de los ventanales de los aposentos para poder mirar a través de él lo que ocurría fuera. Dos planeadores sobrevolaban el poblado y se disponían a girar para sobrevolarlo de nuevo. La puerta de los aposentos se abrió en ese momento. Jackson levantó la cabeza y trató de mirar hacia allá esperando que fuera su rescate. Una amazona armada entró jadeante.
- Mi Señora.- dijo clavando la rodilla en el suelo al verla.- Una escolta Jaffa trata de acceder al poblado. Han llegado en una nave de transporte y tratan de asediarnos.- En ese momento el sonido de disparos de lanzadera se escuchó fuera de las dependencias, Shekmet miró hacia allí viendo como un pequeño grupo de Jaffas luchaba contra sus guerreras que también se defendían
- Acabad con ellos.- dijo fríamente.- ¿Se han concluido los trabajos de reparación?
- Recibimos señal de lo que hay en órbita sobre el planeta mi señora. Creemos que más naves se acercan.
- Preparaos para luchar cuerpo a cuerpo. Ordena a las sacerdotisas que lleven a cabo mis órdenes. Quiero que la implantación se lleve acabo cuanto antes. Ordena a Hipólita venir a mi presencia para ultimar los detalles de defensa del templo. Quiero establecer las comunicaciones del peltac inmediatamente y que esta nave puedas despegar. Si Apophis viene en camino... se llevará una gran sorpresa.
- Sí, mi señora.- dijo la joven saliendo a toda prisa de los aposentos para cumplir las órdenes que acababa de recibir. Jackson podía volver a pensar con claridad, o por lo menos eso creía. Sentía su cuerpo aún convulsionarse por culpa de aquel brazalete. No era la primera vez que lo utilizaban contra él, y aquella tampoco había sido agradable.
- ¿Don... dónde está el niño?.- preguntó tratando de centrar su mente en ella para poder articular palabras. La diosa le miró altiva.
- Deberías pensar en cuál será la forma que utilizaré para acabar contigo en vez de preocuparte por él.
- Apophis está en camino. Y no podrá hacer nada por impedirlo.- dijo él tratando de incorporarse del suelo.
- Ese niño dejó de entrar en sus planes cuando yo supe de su existencia y su poder. Me aseguró que quería que lo entrenara para que fuera su sucesor... pero sé que mentía.
- ¿Mentía?.- preguntó Jackson sentándose en el lecho para no caer de nuevo al suelo. Se sentía mareado todavía.
- Su sucesor, Klorel... fue débil. Más de lo que él lo es. No dejará que de nuevo implanten a Klorel en el cuerpo de ese niño. Necesita alguien mejor.
- Él mismo.- dijo Jackson casi en un susurro. La goa'uld le miró.- Ahm... su plan siempre fue ese. Usar al niño como su futuro anfitrión. Dado su poder sería invencible. Para eso lo engendró.
- ¿Y de dónde has sacado tú esa información... humano?.- le preguntó acercándose de nuevo con curiosidad.
- Ese canalla utilizó a mi esposa para engendrar a ese niño.
- ¿La reina de Apophis era tu esposa?.- la goa'uld soltó una sonora carcajada.
- Mi esposa, Sha're, portaba a la reina de Apophis, Amaunet. La apartó de mi lado motivo por el cual desprecio a los de su raza hasta tal punto que he viajado a través del Chapaa'ai con el sólo motivo de encontrarla.
- Me temo querido que tu amada... ha muerto.
- Lo sé. Estuve presente el día de su muerte. El Jaffa al que tortura la mató delante de mi para salvarme la vida. Pero antes de morir mi esposa pudo darme un mensaje. Que buscara al niño y que lo protegiera. Hasta ahora lo he podido conseguir, pero Apophis me lo arrebató y ahora quiero recuperarlo. Está bastante claro que metió la pata al confiárselo.
- No permitiré que te lo lleves. Apophis ha tratado siempre de manejarnos a su antojo. Hasta ahora he cedido dado que mi poder era inferior. Ahora las cosas han cambiado. He sido consentidora de sus planes hacia mi porque me convenía. Ahora se doblegará ante mi poder. Haré de ese niño mi arma para acabar con él y tú... no podrás impedirlo.


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        O'O'Neill miró a través del pequeño ventanuco de la cabaña para sopesar lo que ocurría fuera. Hipólita le había dejado sólo. Estaba seguro que la había convencido para ir a buscar las armas que les habían quitado. La puerta se abrió en ese momento y la joven entró corriendo cargada con parte del material.
- Estupendo.- dijo él recogiendo de sus manos su chaqueta del uniforme y uno de los P-90 que ella llevaba en la manos. O'Neill cogió también uno de los sudarios que habían traído con ellos y se lo colocó encima.
- Una escolta Jaffa nos ataca. Tengo que salir a combatir...
- Te ayudaré.- dijo O'Neill a la vez que cargaba su arma.- Si me indicas dónde están mis compañeros, también nos ayudaran a libraros de ellos.
- He conseguido sus ropas y los sudarios que llevabais encima, además de dos armas más como la tuya. Puedo conseguirle una lanzadera al Jaffa sin problema.
- Estupendo.
- Esto es una locura.- dijo mirando hacia la ventana y viendo como sus compañeras se defendían de los Jaffas.
- Y eso que aún no ha empezado la fiesta.- dijo abriendo la puerta y saliendo de allí a toda prisa. O'Neill corrió cargando varias de las armas mientras Hipólita, cargada con el resto de material, salió detrás de él. El coronel disparó varias ráfagas con su arma haciendo que varios Jaffas cayeran al suelo muertos. Se ocultaron entonces tras una pila de madera para protegerse de los disparos de lanzadera. Un Jaffa apuntó hacia allí con su arma, justo en ese momento se escucharon unos gritos de guerreros. Jack asomó la cabeza y vio como el Jaffa se giraba para disparar contra todo un batallón de campesinos armados con lo primero que habían encontrado en sus granjas. Yolao iba entre ellos.
- Pero qué...- dijo la joven al ver lo que ocurría.
- Llega la caballería.- Yolao usó su espada con destreza para clavarla en uno de los Jaffas. Gracias a la ayuda de aquellos hombres aquel pelotón no les duraría demasiado. Jack corrió entonces a su encuentro.- ¡Yolao!
- Coronel O'Neill. Hemos venido a ayudarle...- su voz se entrecortó al ver a Hipólita tras él.
- Yolao.- dijo ella.
- Estamos aquí para ayudaros. Aunque sabemos que no necesitáis nuestra ayuda.- dijo él bajando la cabeza.
- Me temo que esta vez tendréis que colaborar chicos. No tardarán en enviar una nueva escolta mucho mayor y tenéis que prepararos.- Hipólita miró a su guerreras que tras acabar con los Jaffas con la ayuda de los hombres se habían quedado paradas.
- ¡Amazonas!.- gritó para que todas la atendieran.- Como portadora del cinturón debéis obedecerme. Estos hombres están aquí para ayudarnos a acabar con la opresión a la que hemos sido sometidas. No tenemos porqué seguir sintiéndonos inferiores antes nadie. Los extranjeros me han enseñado que nuestra vida no tiene porqué seguir siendo sumisa. Y nuestros hombres han venido a ayudarnos para demostrarlo.
- Shekmet nos castigará por oponernos a su voluntad.- dijo una joven.
- Ella no hará nada porque no es nada sin nosotras. Somos su guardia y su escolta y hasta ahora su protección no ha servido de mucho. Apophis está en camino y si la apoyamos, todas moriremos aquí y ahora.
- ¡Escuchadla!.- gritó O'Neill.- ¿Qué más pruebas necesitáis? Ha enviado a muchas de vosotras a luchar contra Apophis sabiendo que no podríais vencer. Os ha enviado a una batalla perdida de antemano. No le importáis salvo si es para cumplir su voluntad. En nuestro mundo al otro lado del Stargate, somos libres y los goa'uld no nos dominan. Y hombres y mujeres conviven en armonía en igualdad de condiciones. Eso mismo es posible aquí si lo deseáis.
- Yo misma entrego mi arma a Yolao para que pueda ayudarnos en esta lucha.- dijo Hipólita tendiéndole su lanzadera. Las jóvenes amazonas se miraron las unas a las otras. Aquel paso sirvió para que algunas de ellas la imitaran.
- Yolao, encárgate de que tus hombres lleven lanzaderas y no armas de madera como las que ahora llevan. Eso no servirá cuando Apophis envíe a más de sus guardias.- El hombre afirmó con la cabeza.
- Yo te llevaré junto a los tuyos.- dijo Hipólita.- Hemos de darnos prisa. Shekmet me ha mandado llamar, y tus amigos están en peligro. Alguno de ellos de muerte.
- Bien.- los dos echaron a correr hacia el templo mientras Yolao ayudado por las amazonas comenzaba a armar a los campesinos con armas capaces de acabar con aquellos que trataran de someterlos. Justo antes de entrar en el templo se escuchó un fuerte ruido, como de un trueno y varios fogonazos en el cielo. Los dos miraron hacia una zona en la que las nubes parecían ser desplazadas.
- ¿Qué ocurre?.- preguntó Hipólita sorprendida al ver que algo entraba en la atmósfera del planeta.
- Apophis. Ya está aquí. No tenemos mucho tiempo. Vamos.- tras dejar pasar a la joven primero, O'Neill entró tras ella cargado con las armas de sus compañeros. Tenía que encontrarlos lo antes posible. Ahora que aquellas gentes les apoyaban era el mejor momento para tratar de acabar con Apophis y con aquella nueva goa'uld.

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- Teal'c, ¿cómo te sientes?.- dijo la mayor mirando hacia la celda de su amigo. La puerta de la sala se abrió en ese momento. Habían estado solos hasta hacía sólo unos minutos. Cinco jóvenes vestidas con sudarios blancos y unas cintas de color oro en la frente entraron en la sala. Una de ellas portaba una bandeja de color plata con un cuchillo acabado en dos puntas. Sam sintió una sacudida al verlo. A veces sentía aquellas cosas dado que llevaba en su interior los recuerdos de Jolinar, y en esa ocasión a su memoria le vino la imagen de cómo usaban aquel artefacto para extraer la larva de un Jaffa. Cerró los ojos ante la desagradable imagen. Teal'c trató de incorporarse, se sentía con uno poco más de fuerza. Su larva trataba de curarle pero para ello necesitaba tiempo y no disponían demasiado en esos momentos.- ¡No permitiré que le saquéis su larva!.- exclamó Carter con enfado. Ninguna de aquella jóvenes habló. Se limitaron cuatro de ellas a repartirse de dos en dos y acercarse a las cárceles portando cada una de ellas un arma zat'n'ktel dispuesta a disparar si se movían, y una tercera manejó el cuadro de mandos. Los rayos de ambas cárceles desaparecieron a la vez. Sam se puso en pie pero ante la amenaza de ser disparada con aquella arma se quedó inmóvil. Una de las jóvenes sin pensarlo dos veces disparó su zat contra Teal'c en el suelo de su pequeña celda que se debatió ante el dolor producido quedando prácticamente inconsciente.- ¡No!.- exclamó Sam tratando de salir de allí para ayudar a su amigo. Una de las jóvenes levantó su arma apuntando a la cara de la mayor que volvió a quedarse inmóvil. Sam la miró unos segundos. Sus ojos parecían perdidos como si hiciera aquello sin ningún control sobre sus actos. Luego, entre dos de ellas sujetaron a Teal'c y una tercera agarró con destreza el cuchillo acercándolo a la cicatriz del Jaffa en su estómago. Estaba dispuesta a clavárselo cuando la puerta de la sala se abrió de nuevo.
- ¡Eh!.- O'Neill disparó su zat contra el grupo de mujeres alrededor de Teal'c. Consiguió hacer que dos de ellas cayeran al suelo aturdidas. La sacerdotisa que apuntaba a Carter se giró para dispararle. O'Neill saltó al suelo disparando desde allí y haciendo que ésta cayera mientras Hipólita sujetaba con fuerza a la sacerdotisa que se encontraba junto a los mandos para impedir que los manejara. Carter saltó desde su pedestal contra la única joven que había quedado en pie algo aturdida por la situación inesperada. Tras caer ambas al suelo, Sam la giró poniéndose en pie para golpearla. La muchacha la miró con expresión de no poder defenderse.- ¿Mayor, se encuentra bien?
- Si, señor... están como... idas.- dijo mirándola sin que ella opusiera resistencia. O'Neill se acercó corriendo donde Teal'c permanecía tumbado.
- Teal'c, amigo. ¿Cómo estás?.- preguntó esperando respuesta. El Jaffa abrió los ojos y le mira algo aturdido aún por la sacudida del arma.
- Me alegra verte O'Neill.- dijo tratando de incorporarse.
- ¿Y Junior?.- dijo del coronel.- ¿Podrá ayudarte?
- Lo hará.- dijo Teal'c apoyándose en él para levantarse.
- ¿Qué... qué ha pasado?.- preguntó una de las jóvenes tras levantar la cabeza y mirarles con expresión de no comprender qué había ocurrido.- ¿Dónde estamos?
- El poder de Shekmet las domina.- dijo Hipólita.
- Dominaba.- la corrigió Carter.- Señor, creo que esa goa'uld debe de estar usando algún tipo de droga que la zat ha eliminado.
- ¿Cómo Seth?.- preguntó O'Neill ayudando a una de las jóvenes a levantarse. Sam tomó el arma de la sacerdotisa y disparó la zat contra ella. La joven se debatió unos segundos.
- O como Apophis usó contra el hijo de Teal'c, o Hathor con los hombres de la base, señor.
- ¿No estamos en casa?.- preguntó otra de ellas.
- No.- dijo O'Neill.- Aparta Hipólita.- le dijo para que soltara a la joven a la que sujetaba. La joven se apartó y Jack disparó contra ella cayendo al suelo.
- Apophis las trajo junto al niño.- dijo Hipólita.- Shekmet las recibió y las hizo sus sacerdotisas y ellas aceptaron ese don.
- Las drogó Hipólita. Esa Shekmet debe de usar algún tipo de droga como hizo Hathor y Seth con nosotros.- comentó O'Neill.- Ese poder no es real. Ya lo ves.
- Creo que son las compañeras de Diana.- dijo Teal'c recuperando poco a poco sus fuerzas.
- ¿Dónde está Diana?.- pregunta una tercera joven.
- A salvo y lejos de aquí. No os preocupéis. Os llevaremos a casa.- O'Neill comenzó a repartir armas entre la mayor y Teal'c para que pudieran defenderse.- Tenemos poco tiempo. Daniel está en un lío y tenemos que ayudarle. Para colmo, Apophis se ha unido a la fiesta llegando hace un momento al planeta.
- ¿Cuál es el plan, señor?.- preguntó ella.
- Primero buscar a Daniel. No creo que se esté divirtiendo nada con Shekmet.- dijo pensativo.- Tenemos que conseguir acceder a la nave de Apophis para quitarle el hacha. Hipólita, entrégale el cinturón a Carter. Hemos de llevar a estas muchachas fuera de la nave, a un lugar seguro. Y después buscaremos a Daniel.- La joven afirmó sin pestañear. La verdad no podía aún creer lo que estaba haciendo. Tras soltar el cinturón de su talle se lo pasó a Carter que lo cogió en sus manos. Aún sin saber seguro si estaba haciendo lo correcto, se dejó guiar por lo que acababa de ver y que le demostraba que aquellos extranjeros luchaban por la vida. Y ella quería vivir.

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        Shekmet golpeó con furia el cristal que tenía delante. A pesar de todo, era el momento ideal. Ella tenía el poder de someter a cualquiera para hacer su voluntad, e iba a usar ese poder para llevar acabo su plan. Apophis ya estaba allí e inexplicablemente sus Amazonas no luchaban solas. Todo el poblado de hombres se había adentrado en su territorio para luchar. Cuando acabara con Apophis, ella misma los mandaría matar por su osadía. Aquellas eran tierras sagradas y ningún hombre salvo que ella lo dispusiera, podía pisar su poblado. Castigaría a sus Amazonas por admitirlo, eso lo tenía muy claro.
- Yo las creé y yo puedo destruirlas .- dijo con tono de enfado entre su voz característica de goa'uld.
- Ya... eso dijo su padre.- La goa'uld se giró al escuchar las palabras de Daniel.- Oh, ¿no se lo he comentado? Jack y yo lo eliminamos. Él también me dijo algo parecido. Se creía con el poder de destruirnos sólo por el hecho de según él, habernos creado.
- ¿Ra os sometió?
- Lo intentó... pero no salió bien. Somos un pueblo fuerte pero sobre todo... libre. Le hicimos volar por los aires en su bonita nave espacial. Si tiene tiempo... puedo contarle los detalles. Aunque no creo que le guste el final.- Los ojos de la goa'uld se iluminaron con furia.- Lo que me recuerda también que acabamos con Seth, con Sokar y con su encantadora "hermana" Hathor. Eso sin contar con que a Apophis lo hemos "eliminado" varias veces. El problema es que es bastante testarudo y no le gusta demasiado perder.
- ¡Silencio!
- Ya veo que a ti tampoco...- comentó casi en un susurro. Después la sonrió esperando que aquellos comentarios que acababa de hacer no la enfadaran demasiado como para aniquilarle.- "¿Dónde demonios estás Jack...?.- se dijo para sí inquieto al ver que el tiempo pasaba y nadie venía a echarle una mano con aquella goa'uld. Quizás debería plantearse el tratar de derrotarla solo. Claro, que por el momento no se le ocurría ninguna forma para hacerlo. Si por lo menos consiguiera sonsacarla dónde tenía escondido a Harsesis...
- Empieza a aburrirme tu compañía.- dijo a la vez que se acercaba a él.
- Lo siento.- dijo Jackson.- Ahm... quizás deberíamos cambiar de tema.
- Oh quizás... debería plantearme el hacerte mi faraón.- Jackson resopló al escucharla.- Tus conocimientos sobre los humanos son muchos y podrían servirme en mis propósitos. Servirías a mi lado portando en tu interior a mi amado Ptah por toda la eternidad.
- ¿Creí que no se permitían "faraones" en ésta tribu?.- comentó con desgana.
- Yo puedo cambiar esa ley... en cuanto me proclame vencedora. Él volverá a estar a mi lado en ti. Tengo el poder y sé cómo emplearlo.
- Me lo creo, aunque sinceramente es demasiado tiempo para mi.- la goa'uld levantó el brazalete contra una mampara en una de las paredes del cuarto. Al hacerlo, una parte del muro se desplazó a un lado. Jackson trató de mirar dentro de él. Shekmet acercó su mano para extraer un cetro largo con una cabeza de león en oro macizo en su parte superior. Sobre la cabeza del león reposaba un enorme circulo con dos bifurcaciones a los lados. Sin duda a Daniel le era muy familiar. Ese mismo símbolo lo había visto como adorno sobre el propio Ra. La diosa agarró con fuerza el cetro acercándose a él.
- Ahora comprobarás mi poder.
- El Disco Solar... el Ojo de Ra.- dijo casi en un susurro. Shekmet le miró sonriente.
- Ya no me sorprende lo que puedas saber sobre mi querido. Ahora lo compartirás todo conmigo.
- ¿Déjeme adivinar? ¿Se lo robó a Ra?.- la diosa le miró ofendida.
- No... él mismo me lo entregó cuando me ordenó acabar con vuestro planeta al osar alzaros sobre él.
- Conozco la historia.- dijo Jackson pensativo.- Los hombres se burlaron de Ra y éste la mandó llamar. Le ordenó aniquilar a la humanidad. Ahora entiendo porqué la hacían llamar el Ojo de Ra .
- Justo cuando me dirigía a cumplir esas órdenes que él mismo me dio, cambió de opinión. Fue la oportunidad para hacerme con el planeta y enfrentarme a él, pero Ra me engañó. Él se retiró con un grupo de humanos a Abydos y me envió aquí con mi compañero. Conseguí escapar de mi encierro y tomé el control del lugar y de sus gentes. Tuve que hacer pactos para lograrlo, pactos muy caros. Uno de ellos fue no poder tener a mi amado Ptah a mi lado. Llevo aquí desde entonces a la espera de mi oportunidad para revelarme contra los más fuertes Señores del Sistema y cambiar esa situación. Ese momento ha llegado.- Jackson la miró con desconfianza. Trató de recordar todo lo que pudo sobre su historia antigua en el Egipto de los faraones, para en esos segundos saber qué podría hacer. La situación no era precisamente alentadora y sin tensión como para poder concentrarse y pensar. La goa'uld tiró en ese momento de una parte de su escudo de oro que la cubría es estómago dejando al descubierto un brazalete que la rodeaba con una gigantesca piedra anaranjada en su centro. Por su forma era idéntico al que Jack le había descrito de su encuentro con Hathor. El centro del cristal se iluminó y a la vez el disco solar que rodeaba el cetro con cabeza de leona se iluminó dejando escapar un fuerte fulgor anaranjado que iluminó los aposentos. Jackson dio un paso atrás recordando que era llamada "experta en magia", si era capaz de hacer aquello no era de extrañar. Era además la poseedora de la sabiduría para curar y también para enfermar si se enfadaba.
- Escuche... no creo que esto sea una buena idea... -comenzó Jackson a decir entrecortándose al hablar.- La verdad es que no tengo don de mando...- en ese momento un extraño gas anaranjado comenzó a salir de la boca de la figura con forma de león del cetro.
- El poder del Ojo del que yo Shekmet, soy portadora. Que da y quita la vida, que hace siervo al amo y esclavo al señor. Que sume en un sueño al sumiso para hacerle mi humilde servidor y portador de mi otra alma, Ptah, quedando unido a mi para siempre.- La intensidad del extraño gas aumentó y aunque Jackson trató de no respirar aquello que sin duda era nocivo, ya le envolvía un extraño sopor que parecía apoderarse poco a poco de su cuerpo. Segundos después cayó de rodillas ante la diosa. Los ojos de la goa'uld se iluminaron al ver que una parte de la transformación ya se había cumplido. Primero le haría su esclavo, como antes ya había hecho con aquellas mujeres, y si le convenía, haría de él el portador de su amado Ptah al que había mantenido a su lado sin anfitrión a la espera de encontrar a alguien lo suficientemente bueno para llevarlo. Quizás aquel humano era él que tanto había buscando. Una vez fuera portador, lucharían juntos por hacerse de nuevo un sitio entre los Señores del Sistema, y esta vez nada podría detenerles. En ese momento unos fuertes golpes se escucharon al otro lado de la puerta. Sin duda alguien había conseguido llegar hasta sus aposentos, se había desecho de sus guardias a la entrada y estaba a punto de entrar. El gran portón se abrió con fuerza. Shekmet se llevó la mano al brazalete activando el campo de protección a su alrededor por si quién entraba trataba de herirla. Hipólita fue la primera en entrar en sus aposentos, la expresión de la diosa cambió al verla. El grupo de humanos entró tras ella. Jack abrió fuego contra la goa'uld, pero las balas rebotaron en el campo. Sam miró a Daniel de rodillas en el suelo, por lo menos parecía estar bien físicamente.
- Se acabó la juerga, Shekmet.- dijo O'Neill apuntándola con el arma aún sabiendo que no era demasiado efectiva. Se llevó la mano al cinturón preparándose para lanzar su cuchillo si aquella mujer hacía cualquier movimiento en falso. Quizás las balas no le hicieran nada pero le clavaría el arma blanca entre los dos ojos, si intentaba cualquier cosa extraña. La diosa le miró sonriente, Jack dudó sus intenciones.
- Amado mío... los rebeldes tratan de hacernos daño.- dijo casi en tono de burla. De repente Jackson se levantó del suelo poniéndose en pie.
- Daniel, nos vamos.- dijo O'Neill sin perder de vista a la goa'uld. Con un movimiento rápido Jackson examinó a los agresores y de un salto se lanzó contra O'Neill derribándolo al suelo. Teal'c miró a Jackson rodar por el suelo con el coronel, llevó su arma hacia ellos esperando disparar su zat, aunque sin tener muy claro lo que debía hacer.
- ¡Daniel!.- exclamó Carter al ver la reacción del arqueólogo.
- ¡Ahora es su servidor!.- dijo Hipólita mirando a Shekmet que levantó su cetro dispuesta a usarlo de nuevo. La diosa sonrío ante la expresión de sorpresa de sus atacantes. En unos segundos todos ellos le servirían, como su futuro compañero lo hacía ahora.