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UnderGround
Escrito
por: Amaunet / Retoques por: Marita
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en: lasextaraza@hotmail.com
CAPITULO
13
Habían
llegado hasta allí para descubrir con sorpresa algo que no esperaban.
Albrüna era una persona, y para colmo una elfa como aquellos que
les habían desarmado y traído hasta un lugar en busca de
una utopía. Jack no podía creerlo. Se había dejado
arrastrar por los comentarios de un anciano que les aseguró que
en aquel lugar encontrarían la solución al problema. Que
una vez Albrüna había encerrado a Amón para siempre.
Y en vez de una potente arma que hiciera aquello, encuentran a una mujer
que aún con algún poder para curar, se presentaba ante ellos
como si el problema fuera menor de lo que realmente era. La elfa les miró
y sonrió ante el silencio de los cuatro humanos, sin duda sorprendidos
por el descubrimiento. O'Neill miró a Algosel, su expresión
no era muy diferente de la de la mujer.
- ¿Por qué no nos dijo esto antes? - le preguntó
Jack con enfado. Algosel le miró sin inmutarse ante su tono.
- ¿Decirles qué? - preguntó Algosel.
- Qué ella era Albrüna. Que era una... de ustedes.
- Me limité a traerles hasta aquí, tras escuchar su historia
y saber lo que buscaban.- respondió éste con serenidad.
- Pero nunca nos dijo que Albrüna no era un arma.- contestó
con tono enfadado de nuevo.
- Nunca preguntaron qué era. Sólo dijeron querer llegar
hasta Albrüna por mandato de Myrddin.
- Si no preguntamos, quizá fuera porque no son precisamente habladores.-
replicó esperando por lo menos una reacción de aquel tipo
contra él.
- Si usted es Albrüna... y Myrddin no nos mintió...- trató
de enlazar Jackson.- ¿Usted salvó a su pueblo de Mannanan?
- la elfa hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
- ¿Cómo es posible? - preguntó Carter con curiosidad.
- De la misma forma que Myrddin ha retenido el ataque del pueblo de Tintagel
¿no? - Jack miró a Daniel al ver que él iba comprendiendo
aquella locura un paso por delante de él.
- ¿De la misma forma que ha curado a Teal'c? - preguntó
la mayor mirando a su amigo.
- Quizás no debieron juzgar tan a la ligera.- dijo ella sonriendo.
- Por todos los diablos, ¿quiere explicarme alguien de que habláis?
- dijo Jack con enfado. Sus compañeros le miraron.
- Bueno, creo señor... que esta gente tiene poderes. Ya lo ha visto,
han curado a Teal'c.
- Sí, mayor eso lo entiendo. Agradezco lo que han hecho pero deseo
saber el cómo.
- Hemos sido bendecidos por Freyr.
- ¿No me diga? - dijo O'Neill llevando su mirada hacia Algosel
al escucharle.- ¿El tipo bajito, gris de ojos grandes, dos orificios
diminutos por nariz y sin... orejas? - Algosel sonrió ante su descripción.-
Quieren saber algo, me importa un comino quién les trajo a este
mundo. Estamos aquí porque hay gente en peligro, ellos, ustedes
y nosotros mismos. Amón es un ser despiadado. No dudará
un segundo en someter a toda la población para conseguir sus propósitos.
Cometimos un error, lo asumimos. Por salvar nuestras vidas pusimos en
peligro las suyas. Pero estamos aquí porque queremos ayudar con
el problema. Les estamos agradecidos por lo que han hecho con las heridas
de Teal'c, pero les aseguro que ese es el menor de los problemas. Este
es... grande. Un lío enormemente grande.
- Lo sabemos.- dijo ella en tono dulce.- Lo sabíamos antes de que
llegaran, por eso estamos aquí.- Jack la miró con sorpresa.
Luego miró a Daniel.
- ¿Tu crees que hablamos el mismo idioma...? - le preguntó
casi en un susurro.
- Myrrdin nos habló de un... augurio, ¿a eso se refiere?
- preguntó Jackson.
- En tiempo remotos, Amón fue el señor de Tintagel. Dominaba
a su pueblo por la fuerza junto a su compañera.
- Amaunet...- dijo Jackson casi en un susurro. La elfa le miró
unos segundos.
- Una parte de ella fue su esposa.- le dijo. Daniel la miró con
sorpresa. Hasta ahora sólo Amón sabía en aquel planeta
aquello. Ni siquiera se lo habían dicho a los elfos de Algosel
al encontrarlos, ni a Myrddin.
- ¿Cómo saben eso? - preguntó Jack por él.
- Los Señores del Sistema temían a Amón. Era uno
de los más poderosos. Hubo entonces un complot para derrocarle.
Apophis se enamoró de la compañera de su enemigo y ella
sintió lo mismo por él.
- ¿Nos dice que esos goa'uld pueden amar? - preguntó O'Neill
con sarcasmo. La elfa le miró.
- Ese sentimiento está en todas y cada una de las cosas creadas
en el Universo. Y ese sentimiento universal ha de luchar contra su peor
enemigo también universal... el odio. Apophis quiso apoderarse
de la esposa de su enemigo al que odiaba, porque la amaba. Entre los dos
trazaron un plan para derrocarle. Amón mandó ampliar su
palacio en Tintagel y los conspiradores crearon una trampa en él.
- El lugar donde esta el Stargate y el sarcófago.- La elfa afirmó
las palabras de la mayor.- Pero la trampa no funcionó.
- No. Pero Amón sufrió heridas mortales. Necesitó
un tiempo en su sarcófago para volver a la vida. Tras su recuperación
y ante la traición, usó su odio contra aquellos que aún
le servían. Hasta que un día, la Skidbladnir de Freyr, cruzó
el cielo de Tintagel y al ver su sufrimiento decidió intervenir.
Nosotros, Los Elfos de la Luz, somos su pueblo y ayudamos en la salvación
del pueblo oprimido. Freyr nos ordenó encerrar a Amón en
su propio palacio al saber que el Stargate había quedado inoperativo
puesto que su marcador había sido destruido. De allí no
podría salir. Usé pues mi poder para honrar a Freyr en su
petición, encerrando al que más tarde sería conocido
como Mannanan por las gentes de este planeta. Freyr nos advirtió
que aquel encierro no duraría eternamente. Que era posible que
un día, alguien cruzara el Stargate al usarlo desde fuera de nuestro
hogar.
- Nosotros...- dijo Teal'c pensativo.
- Y por eso en la pared de Annoeth había escritura diferente a
la Goa'uld. Ustedes la pusieron.- corroboró Jackson comenzando
a poder enlazar la información dada.
- Si alguna raza cruzaba el anillo debería poder tener una oportunidad
de vivir. Mannanan no podría salir de allí dado que desconocía
nuestra lengua. Si alguna vez el muro de Annoeth fuera desvelado, el pueblo
de Tintagel debería estar preparado para luchar contra Mannanan
de nuevo. Por eso mi pueblo decidió quedarse aquí, para
enseñarles a defenderse.
- Ese momento ha llegado.- corroboró Teal'c.- Amón es libre.
- Myrddin conocía esa posibilidad. Nos envió aquí
para avisarles, pero al parecer ustedes ya saben lo que ocurre.- dijo
la mayor.
- Así es. Pero si Mannanan intenta un nuevo ataque contra el pueblo
de Tintagel quizás no puedan detenerlo.
- ¿Y si es así? ¿Qué se supone que van a hacer?
- preguntó el coronel.
- Detenerlo. Myrddin les envió para que ayudáramos primero
a su amigo. Ahora él también puede ayudarnos a devolverle
al lugar de donde no volverá a salir.
- ¿Avisarán a Freyr para que nos ayude? - preguntó
Jackson.
- No es necesario. Estamos preparados para enfrentarnos a Mannanan.- dijo
Algosel seguro de sí mismo. Jack le miró mientras veía
como sujetaba el arco y el carcaj a su espalda.
- ¿Va a amenazarle con una de sus flechas amigo? - el elfo le miró
ante su pregunta con tono de reproche.- No crea que porque funcionó
con nosotros será lo mismo con él. Usará su bonito
escudo de fuerza y sus flechas sólo servirán para despuntarse.
- La puntería de un elfo es mucho mejor que la de cualquier humano.
Quizás no le de tiempo a prepararse.- le replicó ante sus
palabras.
- Elfos y Humanos son amigos en este lugar.- les interrumpió Albrüna.-
No debe desconfiar de nosotros, como nosotros no desconfiamos de ustedes.-
Hizo un gesto con la mano y varios elfos se acercaron portando las armas
que les habían entregado. Tras devolverles las zats y los P-90,
además de a Teal'c su lanzadera, Jack miró a la joven. Estaba
claro que con aquel gesto parecían dispuestos a todo. A O'Neill
comenzaba a preocuparle que aquella mujer se adelantara a sus pensamientos.-
Los Elfos de la Luz, aquí presentes, llevamos siglos preparándonos
para este momento.
- ¿Siglos? - preguntó Jackson confuso - ¿Han estado
esperando este momento desde hace siglos?
- La eternidad nos persigue.- Jack miró a la mujer con perplejidad,
luego miró a Sam.
- ¿Insinúa que son Inmortales? - la mujer afirmó
con la cabeza. De nuevo Jack miró a Carter.
- ¿Nada les puede matar? - preguntó el coronel aturdido
y comprendiendo en parte la arrogancia de aquellas gentes. Si nada podía
matarles, nada debían temer de lo que Amón pudiera hacer.
- Sí, lo mismo que a ustedes: flecha, espada o el disparo de una
de sus armas. Podemos caer en batalla, pero no enfermamos ni morimos si
no son por estas causas.- le explicó Algosel.- ¿Será
un impedimento para ustedes ayudar a Albrüna a acabar con Mannanan?
- Jack le miró. Jackson parecía ensimismado, jamás
habían conocido a unas gentes como aquellas en sus anteriores viajes
a través del Stargate. Aquella Elfa era eterna como el resto de
aquellos seres llenos de belleza, y con habilidades que por el momento
sólo alcanzaban a ver en parte.
- Somos tan guerreros como ustedes en nuestro mundo. Somos la causa de
este mal y queremos luchar para acabar con él.- dijo Teal'c seguro
de que el coronel estaría de acuerdo.
- Así es.- corroboró O'Neill.- Pueden contar con nosotros
para encerrar de nuevo a Amón en su cárcel.
- Hombres y Elfos lucharán esta vez juntos como antaño para
lograrlo.- dijo Albrüna.- El guardián de Alfheim, Algosel
hijo de Hantruild, nos acompañará junto a su grupo de elfos
hasta Tintagel y allí haremos frente a Mannanan cuando vuelva.-
el elfo agachó la cabeza ante la sacerdotisa en señal de
aprobación.- Partiremos inmediatamente.
- El recorrido a pie será largo.- comentó el coronel mirando
a Algosel.- Pero estamos preparados.
- No iremos a pie.- le aseguró la elfa.- Usaremos un transporte
algo más rápido.- Jack la miró pensativo. Dado lo
que había visto hasta ahora la verdad es que no se le ocurría
que tendría aquella mujer en la cabeza pero de algo estaba seguro:
Fuera lo que fuera procuraría no sorprenderse.
*
* * * * * * * * * * *
El
general Hammond, en su despacho, escuchaba al otro lado del teléfono
rojo las explicaciones que le daban. Aquel teléfono había
sido en más de una ocasión la salvación y también
la condena en alguna misión. Pero la mayoría de las veces,
había sido beneficioso, así que una vez más, hablaba
con su superior para informarle de todo lo acontecido hasta ahora.
- Sí señor Presidente. Trabajamos en encontrar más
opciones. Sé que lo hasta ahora planteado no es mucho, pero le
aseguro que tengo a mis mejores hombres buscando nuevas soluciones al
problema.- Esperó la respuesta del Presidente de los Estados Unidos
al otro lado. No era la primera vez que hablaba con él de una situación
de gravedad y sabía que él apreciaba tanto al SG-1 como
toda la base del Comando Stargate.- Por supuesto señor, le mantendré
informado de todo lo que ocurra con respecto al coronel O'Neill y sus
hombres en cuanto sepamos más.- dijo con rotundidad.- Gracias señor,
eso esperamos.- Tras decir aquello colgó el teléfono. Sabía
que podía contar con el Presidente en cuanto surgieran nuevos datos.
La puerta de su despacho sonó, alguien llamaba.- Pase.- La puerta
se abrió y la doctora Fraiser apareció bajo el umbral.
- General, ¿tiene un minuto? - le preguntó.
- Pase doctora, ¿algún problema? - preguntó con cierto
tono de preocupación. La doctora Fraiser era la médico jefe
de las instalaciones, encargada de la salud de sus hombres en la base.
- No, señor.- contestó ella acercándose a la mesa
de su despacho. Con ojos de impaciencia miró al general esperando
que pudiera resolver sus dudas.- Estoy al tanto de lo ocurrido, general.
Acabo de pasar el reconocimiento a los hombres del equipo de Coburn señor,
están listos para una misión de rescate en cuanto lo ordene.
- Excelente.- dijo con satisfacción.- Gracias doctora.
- En realidad señor...- comenzó a decir ella de nuevo con
cierta impaciencia.- vine además para saber si había alguna
novedad. ¿Se sabe si el coronel O'Neill está vivo, general?
- Me temo que no tengo respuesta aún a eso, doctora. Espero de
corazón que así sea. Confío plenamente en las habilidades
del coronel y de todo su equipo para salir de este aprieto y regresar
sanos y salvos a casa.- la doctora bajo la cabeza con preocupación
ante la respuesta que el general le había dado. Sin duda, no era
lo que ella esperaba oír. Había tenido la esperanza de que
en aquellas horas en las que no había recibido más información
desde su puesto en la enfermería, se hubiera sabido algo más
de ellos.
- Señor, he estado pensando en ello y...- dijo con dudas ante lo
que trataba de decir.
- Diga doctora, cualquier cosa podría valernos.
- Vera, por lo que sé la situación es parecida a la ocurrida
en Edora hace tiempo, señor. El Stargate quedó enterrado
en aquella ocasión como ahora, y se usó un acelerador de
partículas que la mayor Carter preparó para abrir un hueco
delante del Stargate.
- Así es. La mayor usó el acelerador para calentar el naqahdah
a modo de iris que se formó delante de la puerta de Edora cuando
quedó enterrada tras la caída de un meteorito.
- ¿No podríamos usar ese mismo método, señor?
- preguntó con timidez.
- El teniente Simmons ha estudiado esa posibilidad, doctora Fraiser. En
este caso el hueco ya está abierto, el Stargate está dentro
de una oquedad, encerrado en una habitación sin salida debido a
que el vórtice de la puerta, al abrirse, cristalizó la arena
que había caído sobre el Stargate.- la doctora se quedó
pensativa. El general tenía razón, no necesitaban un hueco
dado que ya lo tenían. El problema era enviar a alguien hasta allí
para abrirse paso y conseguir salir antes de que el oxígeno del
lugar se agotara. El general miró su expresión y sintió
admiración por aquellos hombres y mujeres que luchaban por lograr
ayudar en lo que podían.
- Entiendo, señor.- dijo ella casi en un susurro.
- Todos estamos preocupados por la suerte del coronel y los suyos doctora,
y me siento orgulloso de los hombres y mujeres de esta base porque se
ve que también lo están.- la doctora le miró con
expresión sincera.
- El coronel ha salvado a este mundo muchas veces señor. Él...
y su equipo son indispensables.
- Lo sé, y le aseguro que si hay una mínima oportunidad
de realizar un rescate se hará.- La doctora sonrió ante
sus palabras. Ella apreciaba al equipo de O'Neill. Teal'c se había
ganado su confianza y se lo había demostrado, Jackson la había
ofrecido su ayuda cuando cargó con la responsabilidad de Cassandra,
la joven manipulada por Nirrti. Sam y ella habían sido amigas y
compañeras en aquella base desde el principio, dado que fueron
de las primeras mujeres en ser destinadas al Comando Stargate, y en cuanto
al coronel... Jack era especial para todo el mundo, aunque para unos más
que para otros, eran muchos lo que apreciaban su estilo. Ella se incluía
entre los que pensaban lo especial que podía ser y lo imprescindible
que podía resultar. Recordó las veces en que había
estado en peligro, y las veces en las que gracias a su habilidad como
militar y estratega había conseguido salir airoso de la situación.
El hecho de pensar que quizás aquella hubiera sido su última
misión la mortificaba. Aquel no era un final para el SG-1, Jack
O'Neill no podía haber muerto. Debía volver a la Tierra
con el resto de su equipo. Mientras el general la miraba esperando que
de nuevo ella aportara alguna idea, el sonido de las alarmas del silo
la sacaron de sus pensamientos. El corazón le dio un vuelco al
pensar en la remota posibilidad que en ese momento se abría.
- ¿Hay misiones de regreso? - preguntó ella extrañada
al no recordar que en su parte del día tuviera que atender la llegada
de ningún equipo.
- Activación extraterrestre no programada.- se escuchó a
pleno volumen por todos los altavoces del silo.-
- No.- le respondió el general levantándose de su asiento
dispuesto a salir del despacho. Ambos salieron del cuarto y se dirigieron
hacia la sala de control tan deprisa como pudieron. Allí la actividad
era de nuevo frenética ante la puesta en marcha del Stargate que
ya había ajustado los siete chevrones y se había abierto
el agujero de gusano cuando ambos alcanzaron al sargento Davis y al teniente
Simmons en los controles.
- ¿El coronel O'Neill? - preguntó la doctora al teniente
al llegar a la sala esperando con ansias que la respuesta fuera afirmativa.
- Estamos esperando la señal del transmisor para abrir el Iris.-
le contestó el teniente. Aunque las alarmas sonaban a volumen extremo
la sala de control se quedó en silencio a la espera de que los
monitores indicaran que el SG-1 enviaba el código de apertura del
Iris que hiciera dar la señal para abrir la pantalla de titanio
y naqahdah que impedía el paso de alguien a través del Stargate
sin permiso autorizado. Quizás el SG-1 había encontrado
la forma de volver y ahora llamaban a casa.
- Señor.-dijo el sargento Davis consultando el ordenador.- Recibimos
una señal de radio.
- Active el audio sargento.- le ordenó Hammond. Davis tecleo en
su ordenador y se escuchó un chasquido en los altavoces.
- Aquí Hantdyl de la Tok'ra llamando a la Tierra, ¿me reciben?
- se escuchó al otro lado. Janet bajó la cabeza al escuchar
la voz del miembro de la Tok'ra y comprender que nadie cruzaría
el Stargate, y que por tanto, el coronel no regresaría con su equipo.
- Soy el general Hammond, comandante en jefe de la base Stargate de la
Tierra, le escuchamos.- se escuchó silencio al otro lado durante
unos segundos.
- General, es un honor hablar con usted. Me comunico con ustedes para
informarles que Selmak ha conseguido información crucial tras recibir
su comunicación.
- ¿Se sabe algo del SG-1 en P3X-710? - preguntó de nuevo
con impaciencia.
- Por el momento no, general. Desconocemos la suerte del equipo del coronel
O'Neill pero sí tenemos información de ese planeta. Un pequeño
contingente de naves de Anubis se dirige en estos momentos hacia allí.
- ¿Anubis? - preguntó la doctora con asombro ante la información
dada.
- Selmak logró información a través de varios espías
en las tropas de ese goa'uld. Osiris, que trabaja para Anubis, ha recibido
la orden de ir a ese planeta para recoger a alguien.
- ¿Es posible que sea el SG-1? - preguntó el general con
impaciencia.- ¿Qué hayan sido hechos prisioneros?
- No señor, la información que nos ha llegado es que un
nuevo goa'uld ha entrado en circulación. En estos momentos estoy
aterrizando en uno de los planetas del sistema Risa de la Tok'ra en una
nave de carga. He ordenado que abrieran el Stargate para poder informarles
inmediatamente y pedirles permiso para poder cruzar al otro lado e informales
personalmente, en nombre de Selmak.
- Muy bien Hantdyl, esperamos su llegada, use el código de la Tok'ra
para cruzar el Stargate.- le dijo Hammond.
- En cuanto salga de la nave general, cruzaré el Stargate. Cambio
y Corto.- la comunicación se cerró y el general miró
al sargento Davis.- Avise al mayor Coburn que se presente en la sala de
reuniones. Teniente le espero a usted también.- luego se giró
hacia Janet.- Doctora, si lo desea puede estar presente. Yo mismo recibiré
en la sala de embarque al miembro de la Tok'ra.- el sargento miró
hacia el Stargate aún abierto esperando la señal para abrir
el Iris, la doctora y el teniente salieron de la sala mientras el sargento,
sin perder de vista la pantalla, tomó el micrófono que tenia
a su lado.
- Mayor Coburn a la sala de reuniones inmediatamente.- dijo el sargento.-
Coburn a la sala de reuniones.- El general había salido de la sala
inmediatamente bajando las escaleras que conducían a la sala de
embarque. Cruzó una de las puertas del silo justo cuando el sargento
recibió la señal de la Tok'ra en su pantalla.
- General, la Tok'ra envía su señal.- dijo el sargento por
el altavoz. El General miró hacia la sala mientras se acercaba
a la rampa del Stargate.
- Abra el Iris, sargento.- Este colocó la mano sobre un lector
que hizo que el Iris de protección de la Tierra se retirara dejando
ver el horizonte resultante del Stargate. El general miró hacia
allí, segundos después un hombre alto y corpulento, de ojos
azules intensos y pelo castaño claro, cruzó el umbral. La
puerta se cerró tras él y el miembro de la Tok'ra, vestido
con el traje de los miembros de esta raza agachó la cabeza en señal
de saludo al ver al general. Hammond no conocía a este miembro
de la Tok'ra, pero al parecer él si tenía referencias de
él.
- General, es un honor visitar la Tierra, aunque tanto yo como Hantdyl,
hubiéramos preferido que fuera en otras circunstancias.- la voz
del miembro de la Tok'ra sonaba diferente, lo que indicaba que ahora era
su huésped quién hablaba.
- Bienvenido a la Tierra.- dijo el general. Vio como Hantdyl cerraba los
ojos y agachaba la cabeza, eso era signo de que su anfitrión iba
a hablarle. Al levantar la cabeza miró al general y sonrió.
- Mi huésped Ermiom se siente desanimada al traer noticias a este
lugar que no son buenas para ninguno de ambos pueblos.-dijo con su voz
ya normal.
- Acompáñeme por favor.- le dijo el general. Hantdyl afirmó
y siguió al general. Segundos después, ambos salían
juntos de la sala de embarque y usaban las escaleras de comunicación
entre la sala de control y la sala de reuniones para acceder a esta última.
Cuando ambos llegaron, allí ya se encontraban esperando. Hantdyl
miró a los presentes que se encontraban esperándolos en
la sala, y el general le señaló un asiento junto a la alargada
mesa.- Hantdyl, ellos son miembros del Comando Stargate, el mayor Coburn,
el teniente Simmons y ella es la doctora Fraiser. Tome asiento por favor.-
el miembro de la Tok'ra agachó la cabeza a modo de saludo y los
cinco tomaron asiento.
- Ha dicho por radio que se han enterado de la aparición de un
nuevo go'auld.
- Así es... doctora.- dijo con una sonrisa.- Le comentaba al general
las desgraciadas condiciones en que vengo a visitarles. Gracias a un espía
de la Tok'ra con el que Selmak ha podido contactar, ahora sabemos que
Anubis se dirige con una nave nodriza a P3X-710 para rescatar a un goa'uld
que creíamos asesinado.
- ¿Tienes más datos? - preguntó el mayor.
- Por lo que hemos podido saber, se trata de Amón. Es quizás
un goa'uld tan antiguo como Anubis y que en su tiempo tuvo un poder casi
incomparable.
- ¿Y por qué hace aparición ahora? - preguntó
el general.
- La última información que tenemos es que Amón contactó
con Osiris, que como saben, sirve a Anubis, para que enviara tropas a
ese planeta en el que al parecer lleva confinado mucho tiempo. La Tok'ra
creía que Amón había sido asesinado por Apophis o
por lo menos que él fue el responsable de su desaparición.
Según el propio Apophis proclamó en su momento ante el resto
de Señores del Sistema, él mismo se encargó de enterrarlo
para siempre. Nunca más se supo de él hasta ahora. El propio
espía de la Tok'ra no daba crédito a lo que oía cuando
escuchó la orden de dirigirse a ese planeta a buscarlo.
- Si es tan poderoso... ¿por qué pide ayuda a Anubis? ¿Y
por qué Anubis le tiende su ayuda? - preguntó la doctora
con preocupación.
- Desconocemos aún muchos detalles. Sabemos que Amón debe
tener graves problemas si está vivo para poder salir de ese lugar
y que quizás por ello se ha rebajado a pedirle ayuda a Anubis.-
El general miró al mayor, parecía como si ambos pensaran
lo mismo.
- ¿Es posible general? - preguntó la doctora viendo como
ambos oficiales se miraban y adivinando que ambos pensaban lo mismo.-
¿Es posible que el SG-1 sea el causante de esos problemas y que
Amón esté pidiendo ayuda fuera?
- ¿Qué poder tiene ese goa'uld? - preguntó el teniente
Simmons.
- Bueno, conocemos su historia casi olvidada porque la Tok'ra ha pasado
esa información por generaciones. Ya saben que no usamos las técnicas
de los goa'uld para vivir eternamente. Nuestra longevidad está
sujeta a que no usamos sarcófagos como ellos pero aún así,
los más ancianos entre nosotros les contaron a generaciones posteriores
que Amón tenía tal poder que otros Señores del Sistema
le temían y que sólo Osiris, Seth y Anubis osaban desafiarle.
- Quizás su poder ya no sea el que fue entonces. ¿La Tok'ra
sabe si hay habitantes en ese planeta? - preguntó la doctora.
- Eso aún no lo sabemos. Pero creemos que algo grave debe ocurrir
para que Amón se doblegue a pedirle ayuda a un enemigo.
- Debe ser el coronel O'Neill, señor.- dijo la doctora Fraiser.-
Es posible que lograran salir de ese lugar y se toparan con ese goa'uld.
Quizás lograran poner en su contra a toda la población,
si es que existe. Ya lo hicieron una vez, con Ra.
- Hay algo que no comprendo.- dijo el general pensativo.- Si ese goa'uld
ha estado fuera de circulación todo este tiempo... ¿qué
le ha hecho salir? ¿por qué ahora?
- Eso no lo sabremos hasta que alcancemos las coordenadas del planeta
con una nave.- dijo Hantdyl.- Por el momento, tenemos un par de infiltrados
en la nave que Anubis ha enviado con Osiris al planeta. Selmak sigue a
ese pequeño contingente en una nave de carga junto a varios miembros
de la Tok'ra. Por desgracia no podemos hacer mucho más. Sabemos
por ustedes que el Stargate de ese lugar no está operativo por
lo que sólo podemos llegar en una nave y el propio Selmak se está
encargando de ello.- Janet miró al miembro de la Tok'ra, estaba
convencida de que la aparición de aquella nueva amenaza para la
Tierra no había sido casual y que quizás O'Neill y el resto
de su equipo, tenían que ver con ello. Aquella nueva información
la hacia sentirse mucho más nerviosa aún... ¿qué
estaba pasando en aquel planeta?
CAPITULO
14
Myrddin
permanecía permanecía sentado delante de un enorme roble,
colocaba su mano sobre un símbolo triskel dibujado en él
por medio del algún tipo de pintura. Nigel, a varios metros del
druida, lo observaba. Aquel árbol era tan antiguo como la propia
ciudad de Tintagel y en ese momento su maestro se concentraba. Sabía
que no debía molestarle, pues trataba de ponerse en contacto con
aquellos que les protegían. Su pueblo había estado unido
desde hacía siglos a la cultura que envolvía a todo lo que
les rodeaba. Usaban aquello que la Naturaleza les proporcionaba y gracias
a ella habían conseguido sobrevivir. La propia Naturaleza les había
otorgado ciertos dones, como premio al respeto que la profesaban... Myrddin
era uno de ellos. Los protectores de aquel lugar, los señores de
Alfheim, habían concedido a su pueblo muchas ventajas, incluida
la de deshacerse de Mannanan. Desde entonces su pueblo había olvidado
a los antiguos dioses que antaño les sometieron y fueron fieles
a aquellos que un día lograron enterrar a aquel goa'uld bajo tierra
y honraban su presencia en aquel lugar. Vivían lejos y a la vez
muy cerca de ellos, sin molestarles ni involucrarse en sus vidas. Eran
justos y siempre se habían portado muy bien con ellos. Nigel había
escuchado de boca del propio Myrddin historias de Elfos valientes, de
aquellos que un día liberaron a su pueblo del yugo. Sólo
el druida había visto a aquellos que hoy les protegían.
Nigel sabía que eran parecidos a hombres, que eran altos, esbeltos
y ágiles como gatos, con grandes habilidades con el arco o los
cuchillos largos, capaces de rastrear, predecir el tiempo o de ver más
allá de lo que la vista de un humano podía tan siquiera
soñar alcanzar, y además eran poseedores de una belleza
pura. Myrddin les había hablado millones de veces del poder de
Albrüna, la reina elfa. Y también de las hazañas de
Algosel, el guardián del bosque de Alfheim y de aquellos que junto
a Albrüna lograron que Mannanan fuera confinado en Annoeth: la gran
señora Wëraen o el valiente Hantruild. La aspiración
de un bardo como él, era llegar algún día a saber
tanto como su maestro druida y por supuesto... poder contemplar con sus
propios ojos a los elfos que tanto admiraba. Mientras pensaba aquello
el druida se giro de repente y le miró. Luego se acercó
hacia él apoyándose en su vara con seguridad.
- Reúne a los cinco bardos más antiguos, incluyéndote
a ti.- le dijo.- Debemos partir inmediatamente.
- ¿Hacia dónde? - preguntó Nigel con curiosidad.
No preguntes aún y obedece. Recuerda: sólo cinco bardos,
tú deberás elegir a tus cuatro compañeros. Elige
con cautela y guíate por tu corazón. Esta será una
prueba definitiva para vosotros.- le contestó a la vez que se alejaba
de él. Nigel le miró aturdido. No sabía hacia donde
irían pero algo tenía claro, aquello significaba que él
y sus cuatro compañeros bardos tendrían la oportunidad de
ascender un nivel en su escala. Había dejado a su elección
decidir entre los de su clase quiénes le acompañarían,
y si había entendido bien a Myrddin, les preparaba una prueba definitiva,
precisamente la que él tanto esperaba.
*
* * * * * * * * * * *
El
coronel O'Neill miró a la elfa interrogante. Hasta ahora les habían
demostrado que eran mucho más avanzados de lo que pudieran parecer
a primera vista. Podían curar imponiendo las manos, tenían
algún tipo de poder que había ayudado a repeler el ataque
que Amón había provocado sobre el pueblo de Tintagel, poseían
información sobre ellos que en ningún momento se la habían
proporcionado a los elfos y para colmo, ahora se disponían quizás
a usar algún tipo de transporte rápido para alcanzar el
poblado principal de aquel planeta, y tratar de repeler junto a su colaboración,
un posible nuevo ataque. Con lo que hasta ahora habían descubierto
sobre los habitantes de aquel extraño bosque, según ellos
inmortales, y la sorpresa que se habían llevado al saber que el
arma que esperaban encontrar era una elfa, Jack se moría de impaciencia
por saber qué método usarían para ir más rápido
hasta el poblado. La joven elfa le habló en su idioma a Algosel
que tras escucharla se alejó de ellos con dos de sus hermanos allí
presentes y pertenecientes a la escolta que les había localizado
a la entrada del bosque de Alfheim.
- Mannanan atacará de nuevo... o por lo menos volverá a
intentarlo.- dijo la elfa mirando hacia O'Neill de nuevo.
- Estaremos preparados para impedir que haga daño a nadie.- le
contestó O'Neill.- Nuestras armas son... poderosas ante él.
O por lo menos... las teme... un poco.- La Elfa avanzó hacia ellos
y sonrió. Carter la miró extrañada, tenia la sensación
de que sabía mucho más de lo que estaba contándoles,
ya les habían demostrado que poseían más capacidades
de las que dejaban ver, aunque no creía que decírselo sirviera
para que se lo confirmara.
- ¿Cuándo nos vamos? - preguntó Carter con una sonrisa.
En ese momento Algosel apareció con dos corceles a cada lado. Varios
de sus hermanos tiraban de las riendas de varios caballos más.
En total traían nueve ejemplares con ellos. O'Neill abrió
los ojos desmesuradamente ante lo que estaba viendo, Jackson le miró
y frunció el entrecejo con confusión.
- ¿Ese será nuestro... fantástico medio de... transporte?
- preguntó O'Neill casi titubeando.
- Son caballos.- afirmó Jackson con rotundidad.
- ¿No me digas? - preguntó O'Neill con sarcasmo.
- Yo nunca he montado antes a caballo.- afirmó de nuevo con confusión
ante la pregunta del coronel. Algosel se detuvo con dos de los animales,
uno a cada lado, mientras los sujetaba por las riendas, uno era pardo,
el otro blanco. Jack miró a Daniel, recordó cuando le conoció
y viajó con él por primera vez a Abydos y un animal de tiro
lo arrastró varios kilómetros por la arena del desierto
de aquel planeta. Aquel animal no era un caballo pero era lo más
parecido que tenían a uno en aquel lugar.
- Has sido arrastrado con una cuerda por algo más feo y grande
que un caballo. Es comprensible tu problema.- Daniel miró a Jack
sin tan siquiera haber escuchado lo que éste había dicho,
tras haber contemplado con estupor a uno de aquellos animales tan de cerca.
- Son enormes...- dijo Jackson casi con admiración mirando al coronel.
- ¿Qué? - preguntó O'Neill sin entender la conversación
de Daniel que para él ni siquiera venía al caso. Jackson
le miró confuso al notar que había dicho algo y que él
no había estado pendiente.
- ¿Qué? - preguntó también esperando una respuesta.
Jack se echó las manos a la cara.
- Dígame que vuelan.- dijo el coronel mirando a la Elfa. Carter
se acercó a uno de los caballos para acariciarlo. Ella sí
sabía montar. Miró a Teal'c que no tenía expresión
de que aquella situación le gustara mucho.
- Son los más veloces.- le contestó la Elfa. De repente
la mujer cerró los ojos y se quedó en silencio. Carter miró
al coronel, mientras mantenía su mano sobre el corcel blanco, aquella
situación comenzaba a desconcertarla.
- ¿Qué? - preguntó el coronel casi en un susurro.
La mayor se encogió de hombros, luego miró a Algosel que
no parecía inmutarse ante los que ocurría. Por su expresión,
parecía algo normal. Mientras continuaba acariciando suavemente
al animal, el elfo le devolvió la mirada a la mayor.
- ¿Ocurre algo? - le preguntó esperando que éste
le respondiera. Algosel la miró unos segundos sin hacer comentarios,
luego la sonrió. Sam se quedó pensativa, el comportamiento
de aquellas gentes la dejaba asombrada. Miró de nuevo a Albrüna
que mantenía los ojos cerrados sin decir una sola palabra. Quizás
se sintiera mal, aunque la verdad parecía algo bastante improbable.
Carter se dispuso a preguntarla si se encontraba bien cuando Algosel colocó
su mano sobre la de ella.
- Se encuentra bien. No debe preocuparse.- Dijo con tono suave. Carter
abrió los ojos como platos. Aquello corroboraba la extraña
sensación que ya había tenido en alguna situación
anterior de que los elfos sabían más de lo que ellos podían
llegar a imaginarse.
- ¿Sabes lo que estoy pensando? - le preguntó directamente.
- Los humanos decís más con la mirada que con las palabras.-
le respondió. Sam frunció el entrecejo confundida, no tenía
muy claro qué había querido decir con aquello. Alejó
su mano de debajo de la de Algosel que ahora le sonreía. De repente
Albrüna abrió los ojos y miró a sus invitados.
- Mannanan ya no está en Tintagel. Le vieron huir hacia Annoeth.-
dijo con contundencia.- Nos dirigiremos hacia allí. Algosel y tres
de sus guardianes vendrán con nosotros... a caballo. Debemos darnos
prisa.
- ¿Cómo sabe eso? - preguntó Teal'c con curiosidad.
- Pueden leer la mente.- casi exclamó Carter al escucharla.- Por
eso saben de nosotros, por eso puede saber dónde está Amón.
- ¿Cómo? - preguntó O'Neill sacudiendo la cabeza.
- No sé como lo hacen coronel... pero lo hacen.- corroboró
Sam mirando a Algosel.
- ¿Es eso cierto? - preguntó Teal'c.
- Por eso sabían lo de mi esposa...- dijo Jackson en un susurro
pensando en alto.
- ¿Pueden leer la mente de Amón? - preguntó Jack
con expresión de asco.
- No.- respondió Albrüna.- Él tiene dos mentes y ambas
se confunden.
- Pero pueden leer las nuestras.- corroboró Jackson.
- Sólo vemos lo que se deja ver.- dijo Albrüna acercándose
al caballo blanco que Algosel había traído con él.
El elfo le tendió las riendas del otro caballo que llevaba, este
de color pardo oscuro, a Carter. Albrüna montó su corcel que
parecía tranquilo. Algosel se acercó a uno de los animales
que traía uno de sus hermanos, uno color castaño y se subió
en él. Cada elfo entregó la rienda de un caballo a cada
miembro del SG-1. A Jack le tendieron un caballo negro, a Teal'c uno color
bayo, a Jackson le tendieron las riendas de un corcel gris moteado en
blanco de largas crines también blancas. El animal sacudió
la cabeza con fuerza ante la mirada de estupefacción de su jinete.
Los tres compañeros elfos montaron en caballos alazanes. Sólo
los corceles que el SG-1 llevaba poseían silla de montar. Los cinco
elfos montaban a pelo, armados con sus arcos, sus carcaj llenos de flechas
y un par de espadas cortas cada uno con mangos de madera y filigranas
en color oro. Jack se subió a su caballo. Él sí había
montado alguna vez antes de alistarse al ejército, cuando vivía
en Minnesota. No es que fuera aficionado, pero se defendía. Miró
a Teal'c nada convencido en subirse a aquel enorme animal.
- Tranquilo Teal'c, no muerde.- le dijo mientras el Jaffa le miraba arqueando
su ceja derecha. En ese momento se escuchó un fuerte estornudo.
El caballo de Daniel echó las orejas hacia atrás ante el
sonido producido por su futuro jinete que ahora se tapaba la nariz tratando
de respirar sin volver a estornudar.
- Dios mío...- dijo tratando de contenerse. Teal'c imitó
a O'Neill para subirse sobre su caballo y Carter subió en el suyo
tras él. El caballo de Jackson relinchó con las orejas hacia
atrás a la espera de que su jinete se decidiera a montar sobre
él.
- Añade a tu lista de alergias, junto a las flores y los viajes
por el Stargate, a los animales de cuatro patas.- dijo O'Neill mirándole.
Jackson volvió a estornudar aparatosamente y el caballo sacudió
la cabeza con fuerza.
- Sólo suba, y agárrese.- le dijo Algosel acercándose
con su caballo al de Daniel y tendiéndole la mano para ayudarle
a subir.- Yo le guiaré.
- Gracias.- contestó Jackson tapándose la nariz con ambas
manos y tratando de no volver a estornudar de nuevo. Colocó el
pie en el estribo y agarrándose a la silla, consiguió pasar
el pie al otro lado y quedarse sentado inmóvil sobre el animal
que no se movió. Algosel tomó las riendas del caballo de
Daniel y le dijo algo al animal en su idioma.
- Oh oh oh.- exclamó Jackson al ver que el caballo que montaba
comenzaba a moverse detrás del caballo del guardián del
bosque de Alfheim. Algosel le miró y sonrió.
- Relájese.- le dijo mientras ambos avanzaban primero.
- Ya.- contestó Jackson con nerviosismo.
- Será un bonito paseo.- dijo O'Neill caminando con su caballo
tras ellos.- Lástima que no trajera la cámara de fotos...-
Teal'c trató de imitar a sus compañeros ayudado por Carter
que le indicaba qué hacer. De esa forma la comitiva de humanos
y elfos se puso en camino hacia Annoeth. Albrüna conocía el
camino más corto, a un buen paso... no tardarían mucho en
llegar.
*
* * * * * * * * * * *
Amón
se había sentado en su trono a pensar sobre el plan que llevaría
acabo cuando su nuevo aliado viniera a buscarle. Por el momento le interesaba
que creyera en su lealtad. Una vez tuviera su confianza no dudaría
un segundo en traicionarle. Pero lo primero era lograr hacerse con el
control de la situación de aquel lugar. Dado que parecía
a primera vista imposible atacar de nuevo Tintagel, estaba convencido
de que los habitantes de aquel poblado no se quedarían quietos
sabiendo que él era una amenaza. Ese problema sería solucionado
cuando Anubis llegara con sus naves. Haría desaparecer aquella
población con su infraestructura. Pero necesitaba conseguir el
premio que le abriera las puertas de la confianza a aquel goa'uld. Al
parecer, y según la expresión de Osiris, el SG-1 de Tauri
era suficiente como presente. Tenía que conseguir atraparlos a
como diera lugar. Ellos no eran tan poderosos ni tenían ese poder
que el pueblo de Tintagel ostentaba. Si huyó en un principio fue
al verse indefenso sin su pectoral que tanto poder le daba. Ahora estaba
convencido de que posiblemente con el poder de su brazalete que aún
conservaba con él, aquellos Tauri no tendrían muchas opciones.
Sus armas no podían dañarle gracias a su campo de fuerza.
Eran los únicos indefensos en aquel planeta. Aunque en un principio
se decantó por poseer primero al pueblo, ahora que vendrían
a buscarle, sus prioridades habían cambiado. Mientras sujetaba
la bola de comunicación goa'uld en su mano trataba de ordenar un
plan para conseguir atraparlos. Necesitaba saber dónde estaban.
Si hubieran estado en el poblado, seguro que habrían salido a ayudar
a aquel anciano, pero ninguno de ellos estaba allí. Seguramente
andarían perdidos por aquel planeta buscando una forma de salir
de aquel lugar. En ese momento la bola de comunicación se activó.
Amón la giró para poder mirar de nuevo a Osiris, que trataba
de comunicarse con él.
- Anubis ha aceptado.- le dijo secamente.- En estos momentos me dirijo
hacia el lugar en el que te encuentras.
- Excelente.- contestó Amón complacido.- Tu señor
no se arrepentirá de esa decisión. Podrás disparar
contra la población en cuanto llegues. Esas gentes son peligrosas.
- ¿Qué hay del SG-1? - preguntó Osiris con curiosidad.
- Deben de andar perdidos en algún lugar de este condenado planeta.
No estaban en el poblado. Podrás usar a tus guerreros para una
ofensiva y hacer todos los prisioneros que desees. Yo trataré de
encargarme del grupo de Tauri. Se los llevaré a tu señor
personalmente. Será mi forma de agradecerle... su inestimada ayuda.-
Osiris le miró con desconfianza. Amón siempre había
sido un embaucador capaz de conseguir sus propósitos si se lo proponía.
Pero desconocía algo que ella si sabía: los Tauri habían
avanzado lo suficiente como para presentar batalla. El haber estado encerrado
tanto tiempo, le impedía por lo que parecía, tener en cuenta
ese detalle. Osiris sonrió mirando a su interlocutor.
- Encárgate pues de ese problema. Pronto verás mi ha'tak
en el cielo de ese planeta.- Amón frunció el entrecejo al
escucharla.
- ¿Sólo una nave? - preguntó enfadado.- ¿Ese
es el gran poder que Anubis envía? ¿Tan sólo una
con uno de sus sirvientes?
- Por el momento no eres ni su prioridad, ni su plan más reciente.
Dado que es algo interesante que ha surgido... confórmate con saber
que yo me encargaré de ir a buscarte, y no te pudrirás en
ese planeta de mala muerte.- le contestó Osiris ofendida. Amón
pensó un segundo en la situación, tampoco había muchas
alternativas. Una nave de todas formas sería más que suficiente
si iba bien equipada para acabar con el problema.
- Está bien pues...- dijo él.- Me encargaré del SG-1
mientras espero tu llegada.- Osiris le miró complacida. Pasó
la mano por el comunicador y este se apagó. Estaba lista para salir
hacia su misión. Se giró y miró al Jaffa que se encargaba
del control del pel'tak de la nave.
- Jaffa... máxima velocidad en el hiperespacio.- dijo mientras
miraba hacia el ventanal de la nave ha'tak que navegaba a velocidad de
crucero.
- Si, mi señor.- contestó el Jaffa colocando sus manos sobre
el pel'tak para cumplir sus órdenes. La ha'tak se activó
abriendo una ventana al hiperespacio y entrando en ella a la velocidad
de la luz. Tardarían aún varias horas en llegar, el planeta
donde Amón había sido desterrado no estaba precisamente
cerca de su posición. Cumpliría las órdenes de Anubis,
destruiría la amenaza, traería al SG-1 y a Amón con
ella. Él... ya se encargaría de la suerte de ambos, aunque
suponía cuál sería. Esperaba por lo menos, poder
pedirle a Anubis una recompensa por su trabajo bien hecho, y tenía
muy claro qué era lo que quería. Haría de Daniel
Jackson el portador de su nueva venganza. La que le llevaría de
nuevo al poder, y la que traicionaría a aquel al que hasta ahora
había servido. Sonrió para si misma al pensar en sus nuevos
planes. Juntos... tendrían a la Galaxia y a los Señores
del Sistema en su puño. Y además... disfrutarían
juntos de los placeres humanos. Su anfitrión se hubiera sentido
feliz de saberse unida de nuevo a aquel que amó una vez. Lástima
que él dominara aquel cuerpo y eso le impidiera disfrutarlo plenamente,
pero sacaría provecho de aquella situación. Su plan era
perfecto: Él, el gran Osiris, pasaría al cuerpo del Tauri
Jackson, con conocimientos amplios en la cultura Tauri y en el Comando
Stargate de la Tierra, algo importante para su plan de venganza. Y a la
que ahora era su anfitrión, le reservaba al goa'uld que ya había
elegido para uqe fuera su compañera. Hubiera preferido poder poner
en ella a su amada Isis, pero ya no estaba para saciar su vacío.
Pero larvas no le faltaban y ya había escogido en secreto... a
su futura reina.
*
* * * * * * * * * * *
Sentada
en la enfermería, la doctora Fraiser trataba de ordenar sus pensamientos.
Se sentía desconcertada al ver que el tiempo pasaba y no surgía
un plan coherente para rescatar a O'Neill. Por el momento, parecía
que la mejor opción era la confianza en la Tok'ra, aunque aquello
no era para ella un plan muy de fiar. Era cierto que aquellos goa'uld
renegados les habían ayudado en bastantes ocasiones. En realidad,
había sido el propio padre de Carter, el general Jacob Carter,
portador de Selmak, el que más veces había dejado claro
que estaba allí para sacarles de los más complicados asuntos.
Janet confiaba plenamente en Jacob, pero no podía decir lo mismo
del resto de la Tok'ra. Sólo en otra ocasión habían
llegado a confiar plenamente en otro miembro de la Tok'ra. Su nombre era
Martouf y en su interior portaba a la larva Lantash. Si había confiado
en él, era porque la propia Sam lo hacía, dado que ella
llevó en su interior una vez a Jolinar, la amante del propio Martouf.
Él había ayudado a la Tierra en muchas ocasiones. Pero Martouf
había muerto y ahora Jacob y su anfitrión Selmak, eran la
baza a usar entre las filas de los rebeldes. Si él podía
hacer algo, no dudaría en llevarlo acabo.
¿Pero qué podía hacer ella por ayudar al equipo de
O'Neill? ¿Qué podía hacer para traer al coronel de
vuelta? Aunque era médico, también era militar y había
estado en operaciones especiales del ejército. En el Comando Stargate
solicitó entrada como médico en jefe de las instalaciones,
esperando poder ejercer su profesión, aquella que amaba, dentro
del proyecto secreto más importante del planeta. Y allí
estaba, entre radiografías, informes médicos y expedientes
de misiones de los diferentes equipos del Comando. Pero eso no ayudaba
a traer a Jack de vuelta. Su preocupación por la suerte que él
podía correr, era mucho más intensa aún debido a
lo que por él sentía, aún a sabiendas de que aquello
era imposible. Ya no sólo por el hecho de que tanto el coronel
como ella eran militares profesionales y aquello ya era una barrera casi
infranqueable. Más que por aquello, era porque sabía, que
en el corazón del coronel había otra persona, y no era precisamente
ella, aunque se negara a admitirlo. Su mejor amiga, su mejor compañera
de trabajo estaba en el pensamiento del coronel igual que él en
los de ella, y aquella era una barrera insuperable.
CONTINUARÁ...

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