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CAPITULO
13
O'Neill
miró tratando de ver entre la tenue oscuridad. Sin duda algo se
acercaba. Jackson trató también de agudizar su vista para
por lo menos estar preparado si algo les atacaba, aunque las circunstancias
les harían perder casi sin ninguna duda. Se acercaba con pasos
muy sigilosos, y no parecía tratarse de una amazona, pues sus pisadas
hubieran sido mucho más ligeras. De repente, el silencio se hizo
de nuevo. Ambos hombres permanecieron inmóviles casi sin atreverse
a respirar. Los arbustos se apartaron de golpe y un rostro apareció
entre la maleza.
- ¡Eh!.- dijo algo al otro lado de las altas matas en un susurro.
O'Neill cerro los ojos con cierto alivio. Jackson trató de respirar
más despacio. Por un momento creía que el corazón
se le iba a salir del pecho.- ¿Os encontráis bien?
- Yolao, nos has dado un susto de muerte.- dijo Jack también en
un susurro.- ¿Crees que podrías echarnos una mano?.- Jackson
miró a su alrededor, parecían estar solos, pero no debían
confiarse, y las matas no estaban suficientemente cerca como para mantener
a Yolao oculto todo el tiempo. Si quería liberarles tendría
que acercarse, corriendo el riesgo de ser capturado también. En
un movimiento rápido el joven consiguió alcanzar el poste
de Jackson y se agachó con sigilo tras él.
- Escucha Yolao. Hemos tratado de convencer a Hipólita, pero es
reacia a creernos.
- Más bien no cree una sola palabra de lo que le hemos contado.-
dijo el coronel.
- Las Amazonas creen en Artemisa como única salvadora.- comentó
Yolao en un susurro.
- Pues más bien deberían hacerlo como única suicida.
Va a llevarlas a la muerte Yolao.- dijo Daniel.- Shekmet va a enfrentarse
a Apophis y sin duda no tienen ninguna oportunidad.- Yolao se quedó
pensativo, si no hacia algo, muchas de las mujeres del poblado iban a
caer en una batalla inútil.
- Tengo que hablar con ella.- dijo con nerviosismo.- He de tratar de convencerla
- Espera
- dijo Jackson tratando de tranquilizarle aunque sólo
fuera por unos segundos.- Hay algo más.- El joven le miró
esperando que le contará las novedades.- Escucha Yolao, ¿sabes
por qué Hipólita es el brazo derecho de Shekmet?.- el joven
le miró durante unos segundos y después sonrío.
- Ella me lo ha negado
pero, entonces
tengo una hija.- dijo
pensativo.
- No exactamente.- comentó Jackson tratando de encontrar las mejores
palabras para darle la noticia al joven.- Verás, creo que Hipólita
tuvo un bebé, pero fue un niño
- No puede ser. Si fuera así, me habrían llevado al bebé
al poblado. Ellas no permiten hombres en su tribu.
- Me temo que Hipólita no pudo hacer eso Yolao, porque Shekmet
la ordenó acabar con la vida del niño.
- ¡¿Qué?!.- exclamó el joven casi en un grito.
- Daniel cree que es posible Yolao, pero sólo ella tiene la respuesta.-
dijo O'Neill viendo la cara de pavor del joven ante la posibilidad de
que aquello fuera cierto.
- He de conseguir
hablar con ella.- comentó de nuevo casi
con un hilo de voz.
- Al parecer ha ido a buscar a Carter.- dijo O'Neill.- Nos ha dicho que
se realizará un combate entre una de las amazonas contra ella.
Al parecer nosotros somos el botín.
- Vi desde la ladera dónde la tienen.- dijo pensativo.
- ¿Dónde?.- preguntó Jackson con preocupación.
- En una celda al otro lado del poblado.
- ¿Y Teal'c?.- preguntó O'Neill.
- No le vi salir del templo. Supongo que aún sigue dentro.- dijo
cogiendo un cuchillo de mango de marfil que sacó de una de sus
botas. Se lo colocó en las manos a Daniel.- Iré a buscarla.
Vosotros escapad.
Mientras decía aquello echó a correr de nuevo hacia la maleza.
O'Neill le miró alejarse, quizás no fuese tan buena idea
que fuera al encuentro de ella. Existía la posibilidad de que le
apresaran a él también. Durante un segundo pensó
en aquella posibilidad y sólo de algo estaba seguro. Tampoco hubiera
podido impedírselo. Mientras, Jackson había girado el cuchillo
entre sus manos hasta lograr acercar el filo a las cuerdas que le aprisionaban
produciéndole un fuerte dolor en las muñecas. Lo movió
con la mayor agilidad que pudo para comenzar a cortarlas.
- Date prisa, no sé de cuánto tiempo dispondremos.- comentó
O'Neill mirando a su alrededor por si alguien se acercaba.
- Vale, calma, no me metas prisa, ¿quieres?.- se quejó Daniel
que sentía cómo las cuerdas se aflojaban poco a poco.
- Venga
- insistió O'Neill con nerviosismo.
- Un momento, estas cuerdas son muy fuertes
- de repente sintió
como la circulación volvía a la punta de sus dedos y sus
manos heladas sentían de nuevo el riego sanguíneo. Trató
de cortar las ataduras más deprisa, con un movimiento brusco, el
cuchillo se le escapó de las manos. O'Neill que miraba hacia otro
lado, escuchó el sonido de algo al caer. Miró al arqueólogo
frunciendo el ceño.- Oh oh.- dijo Daniel mirando alrededor de sus
pies buscando el mango de marfil en el suelo.
- ¿Y ahora qué pasa?.- preguntó el coronel.
- Se me ha caído el cuchillo.- dijo éste tratando de encontrar
el cuchillo en el suelo.
- ¿Qué?.- dijo O'Neill mirando hacia el pie del poste de
Daniel para ver si alcanzaba a verlo.- No es el momento de bromear Daniel.
- No bromeo. Se me ha caído el cuchillo.- dijo deslizándose
por el poste hasta acuclillarse todo lo que le permitían las cuerdas
de sus pies y tratando de tantear el suelo en busca del arma. Al hacerlo
se arañó la espalda con el poste, pero apenas sintió
el dolor debido al nerviosismo que sentía en ese momento.
- No me lo puedo creer, ¿pero cómo lo has dejado caer?
- ¿Acaso tu tienes sensibilidad en los dedos? Porque yo hasta hace
sólo unos segundos, tenía dormidas las manos ¿sabes?.-
tanteó el suelo tratando de buscarlo.- Además, no soy nada
habilidoso para los trabajos manuales.
- No hace falta que me lo jures.- dijo O'Neill con sarcasmo.
- Es Sam
la mañosa
Yo sólo soy un pobre arqueólogo
helado de frío y calado hasta los huesos.- dijo haciendo un esfuerzo
tratando de llevar sus manos todo lo lejos que podía. Al mirar
tras él, Jack divisó el único utensilio en esos momentos
que podía sacarles de allí.
- Detrás de ti, está detrás de ti.- dijo con nerviosismo.
- Ya, eso lo sé.- dijo Jackson sin dejar de tantear. Pero lo único
que alcanzaban sus manos era la arena de la zona.
- Un poco más allá.- dijo viendo que aún le quedaba
un trozo para alcanzarlo.- Más a tu derecha.- Jackson trató
de seguir las indicaciones del coronel, pero el cuchillo había
caído muy lejos de su alcance.
- ¡¡Mierda!!.- exclamó Jackson con furia.- ¿Por
qué diablos me dio el cuchillo a mí?.- dijo. O'Neill se
quedó pensativo. En ese momento aquello poco importaba.
- Da igual.- dijo tratando de que se sintiera mejor.- Buscaremos otra
forma. Es posible que Yolao vuelva de nuevo.
- Ya, y también es posible que yo haga levitar el cuchillo.- dijo
Jackson con enfado. O'Neill le miró pensativo.- Tranquilo. Es sólo
una forma de hablar. No tengo ninguna intención de perder el tiempo
intentándolo.- Dijo a la vez que propinaba un tirón a las
ataduras. Tan sólo había conseguido que la circulación
sanguínea corriera de nuevo por sus doloridas manos. Ya no se le
clavaba la fibra de la cuerda en sus enrojecidas muñecas. Pero
ambos brazos aún seguían unidos a aquel poste sin posibilidad
de soltarse, o por lo menos hasta que alguien viniera a ayudarle.
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Estaba
demasiado cansada para pensar. Tenía completamente dormidas ambas
piernas. Había tratado de tumbarse en aquel pequeño cubículo
intentando así sentirse un poco más cómoda. Lo único
que había conseguido al hacerlo era que ahora todo el brazo derecho,
desde el hombro hasta la punta de los dedos, se le hubiera quedado adormecido
lo que le hacía sentir un incómodo hormigueo. Trató
de incorporarse de nuevo y al hacerlo, se golpeó la cabeza con
los barrotes superiores. Se agachó con un movimiento instintivo.
Aquello empezaba a ser mucho más que una tortura. La mitad de sus
músculos estaban agotados, y la otra mitad completamente adormecidos.
No podía moverse sin sentir dolor, y tampoco podía poner
una parte del cuerpo más cómoda sin acabar dolorida la otra.
Trató de pensar en el destino de sus compañeros. Ni siquiera
podía saber si estaban tan mojados y helados como ella. Además,
aquella ropa de cuero no ayudaba a darla algo de calor. Agradecía
por lo menos que hubiera dejado de caer agua tan torrencialmente. Por
sólo uno segundos pensó que el barro que se había
formado alrededor de la pequeña cárcel de madera, la haría
desaparecer como si de arenas movedizas se trataran. Sabía que
aquello no podría durar mucho. Miró hacia el cielo. En sólo
unas horas amanecería. Estaba segura de que la sacarían
de allí. Además, tarde o temprano, descubrirían que
no era una amazona y quizás de esa forma, la llevarían junto
al coronel y Daniel donde quiera que estuvieran. Estar completamente sola
en un planeta desconocido no le hacía ninguna gracia.
Mientras
pensaba en aquella posibilidad, fue entonces cuando se dio cuenta de que
alguien se acercaba. Por el mismo camino que hacía unas horas ella
misma había cruzado junto a su carcelera, se aproximaba la silueta
de una mujer. Se percató de quién era cuando estuvo lo suficientemente
cerca como para que la luz del satélite de aquel planeta la dejara
ver. Con paso firme, Hipólita se acercaba a su cárcel de
barrotes de madera. Se paró justo delante de ella sin decir una
sola palabra. Carter la miró tratando de levantar la cabeza hacia
la cara de la joven. Aquella posición hacía que se le agarrotaran
los músculos del cuello. Entonces llegaron hasta sus oídos
unos zumbidos que le fueron familiares. Trató de mirar hacia dónde
se escuchaban, pero unas edificaciones de paja, junto a la incómoda
celda, se lo impedía. Hipólita miró hacia allí.
Sabía perfectamente qué era lo que ocurría. Segundos
después el cielo se llenó de planeadores que comenzaron
a salir en formación. Junto a ellos, salieron además del
templo, todo un despliegue de naves de carga y por último unas
extrañas naves que Sam no había visto nunca. En forma de
platillo y mucho más veloces que todas las anteriores, surcaron
el cielo alejándose del planeta.
- Ahí van las naves que harán de las de Apophis sólo
basura en mitad del espacio.- comentó Hipólita sin dejar
de mirar hacia el firmamento.
- ¿Shekmet pretende atacar a Apophis?.- preguntó Carter
con un hilo de voz y tratando de dejar que los dientes la castañetearan
por el frío que sentía.
- ¿Te sorprende?.- preguntó Hipólita con una sonrisa.
- Lo que me sorprende es que tú no te hayas percatado de que esas
naves van hacia una muerte segura.- dijo Carter.- Apophis las destruirá.
Sabes que su contingente en mucho mayor.
- Pero será pillado por sorpresa. Y por supuesto, Apophis no tiene
todas su naves aquí. Ha traído sólo una pequeña
parte. Lo hemos detectado en nuestras pantallas. Ni siquiera se ha alejado
demasiado de nuestro planeta.
- La nave de Shekmet está inutilizada.- dijo Carter.- Si os atacan
no tendréis escapatoria.
- No atacará. No le dará tiempo a reaccionar. Y en cuanto
al peltac, estamos trabajando para arreglarlo. ¿Acaso no quieres
saber cuál es tu destino?.- le preguntó de repente.
- Por lo que veo
- dijo haciendo una parada para tratar de mover
el cuello dolorido.- El mismo de siempre. La sumisión a las órdenes
absolutas de Shekmet. Al parecer nuestro destino está en sus manos.-
Hipólita sonrió ante sus palabras.- Es curioso. Yolao aseguró
que sólo ellos disponían de su propio destino, y que sólo
de ellos dependía que eso cambiara.
- Esos son historias muy antiguas ¿no te parece? Eso cambió
hace ya mucho tiempo.
- Es verdad. Cambió por culpa de Shekmet desde hace demasiado tiempo.
Tú lo llamas Destino. Yo lo llamo Libertad.- la joven se la quedó
mirando.- Libertad para elegir a quién querer, a quién adorar,
qué camino escoger
pero está claro que Shekmet ha
hecho olvidar esa palabra a todo el poblado.
- Antes éramos esclavas de nuestros maridos
- Claro, y por eso elegiste la esclavitud menos degradante de Shekmet.
Pero recuerda, son historias antiguas. Antes podrías haber elegido.
Haber hablado con tu esposo y haber exigido otro trato mejor. Ahora no
podéis elegir porque ella decide por todas a su antojo.
- Parece mentira que esas palabras puedan salir de una amazona.- dijo
ella con sorpresa.
- Será porque en estos momentos no pienso como amazona sometida,
sino como una simple mujer. Hasta de ese derecho básico ha privado
Shekmet a las amazonas.
- No pienso quedarme aquí a escuchar tus insensateces.- dijo ella.-
Esos hombres te han lavado la cabeza con ideas descabelladas. Sólo
estoy aquí para anunciarte que Shekmet ha decidido tu Destino.
Cuando amanezca se comenzará a preparar una Gran Ceremonia. La
propia Shekmet estará presente. En ella tendrás que luchar
contra una de nosotras. La amazona que te venza podrá disponer
de uno de los hombres, el otro quedará a disposición de
Shekmet. En cuanto al Jaffa, si no conseguimos la información que
queremos de él es muy posible que Shekmet ordene que se le extraiga
a su dios de su interior, aunque si le arrancamos una confesión,
aquella que lo consiga, podrá decidir su Destino.- Carter la escuchaba
con detenimiento. Su futuro no era muy alentador, aunque era mejor que
el de O'Neill, Daniel o Teal'c. Estaba muy claro que aquellas mujeres
no soportaban a los hombres entre ellas. Aquella era una prueba evidente.
- ¿Y qué pasa si gano yo?.- preguntó de repente Sam.
La amazona la miró unos segundos antes de romper a reír
en carcajadas.
- ¿Hablas en serio?.- preguntó.- ¿Crees que cuando
salgas de esa cárcel de madera podrás tenerte en pie?
- Me enseñaron a no subestimar a mi oponente.- dijo Sam pensativa.-
No sé si tú has aprendido demasiado bien esa lección.
- Si remotamente eso ocurriera. Shekmet decidirá. Teniendo en cuenta
tu traición, no creo que sea justa.- De repente Hipólita
se quedó en silencio. Igual que Sam había notado que alguien
se acercaba por detrás. La joven se giró de golpe sorprendida
agarrando con fuerza la lanzadera de mano.
- ¿Vas a matarme?.- le preguntó una voz que Carter identificó
enseguida. Hipólita miró a su interlocutor con sorpresa.
- O eres muy valiente o muy estúpido para atreverte a venir hasta
aquí.- dijo con sequedad.
- Estoy aquí para hablar contigo Hipólita. Necesito que
me escuches y dejes de empuñar ese arma contra mí.- la joven
río.
- Podría matarte ahora mismo por tu osadía
- Podrías, pero te aseguro que si eso es lo que decides hacer,
no lo harás antes de haberme escuchado.- la amazona le miró
pensativa. Sin duda desconfiaba sobre qué hacer.- He venido hasta
aquí para decirte que siento mucho haber tardado tanto en decirte
lo equivocado que estaba. Mis palabras son además en nombre de
todos los hombres que hemos sido abandonados en Heraclea por razones que
quizás entendí en su momento, pero que ahora no comprendo
y temo. Sé que no nos comportamos correctamente, que hicimos muy
mal en trataros cómo lo hicimos pero
créeme cuando
te digo que estoy muy arrepentido.
- Tarde Yolao. Esas disculpas ya las he escuchado. Fue tarde entonces
y más tarde es ahora.
- Es posible que ninguno de nosotros os merezca. Comprendemos la decisión
y hemos aprendido a vivir con ella. Decidisteis escapar de nuestro lado
por el trato que os dábamos. Y os unisteis a esta causa que os
hace tan poderosas guerreras, pero tan abandonadas y solas en mitad de
este lugar
- No estamos solas. Shekmet nos protege y acompaña. Siempre.
- Antes
jamás hubiera osado decirte esto Hipólita.
Pero después de ver como habéis tratado a los extranjeros
en contra de todo lo que nos enseñó nuestro mentor
- ¡Que era un hombre!
- Fue quién nos dio un lugar en el que vivir. El que buscó
este planeta para nosotros apartando de él todo el antiguo mal.
Aquel al que vosotras os habéis unido ahora. Heracles acabó
en otras ocasiones con los intentos de conquistas de esos dioses. He temido
por tu vida desde que saliste de nuestro hogar para unirte a esta causa.
Siempre he sabido que eras una mujer muy fuerte
ahora sé
que no lo eres. Eres débil. Los extranjeros me lo han mostrado.
- ¿Qué?.- preguntó ella sin entender.
- Has dejado que tu diosa acabe con la vida de nuestro hijo. De esa forma
tienes el puesto que ahora dices llevar con orgullo. A costa de nuestro
hijo, de mí hijo. No tengo ningún derecho hacia ti. Pero
en cambio, sí lo tengo sobre aquel que nació del fruto de
ambos. Y tú has permitido que acaben con él.- La joven le
miró con total perplejidad. No podía creer que Yolao supiera
aquello.
- Eso no es verdad.
- ¿Qué no es verdad Hipólita? ¿Qué
tuviste un niño o que Shekmet lo mató para darte el puesto
que hoy ostentas? ¿Dime?
- Yo quise que él estuviera contigo pero
no pude elegir.
- Pudiste hacerlo Hipólita.- interrumpió Carter en ese momento.
Aquellas nuevas revelaciones quizás sirvieran para convencer a
aquella mujer de su error.- Fue Shekmet la que decidió por ti y
pudiste decidir en ese momento en vez de doblegarte.- Hipólita
miró a Sam. Las dudas que sentía crecían por momentos.
Su hijo. Jamás debió tener un hijo. Si hubiera sido una
niña todo hubiera sido muy diferente.
- Ella
ella me prometió que me daría el mayor don
que podría recibir en vida. Cuando nació el niño
me ordenó deshacerme de él. Pensé en llevártelo
para que tu te encargaras de él dado que aquí sólo
pueden quedarse las niñas pero
ella dijo que debía
hacer un sacrificio en su honor. Que sólo así me concedería
el don que me hubiera dado siendo pura y habiendo tenido en mi seno una
guerrera.
- ¿Y te ordenó matar a tu hijo?.- preguntó Carter.
La joven no contestó. Se limitó a afirmar con la cabeza.
- Escúchame Hipólita. ¿Crees que un Dios de verdad,
un Dios misericordioso y bueno, que según tú trata de cuidaros
por encima de todo, permitiría ver cómo una madre pierde
a un hijo de esa forma? ¿Matándolo con sus propias manos?
- Y después te obliga a cuidar de un niño que te entrega
sabiendo que tú perdiste al tuyo y no te dejó tenerlo contigo.-
le recordó Carter.
- Es el hijo de Apophis. Él es
- Es un niño Hipólita. Un niño con el que Apophis
pretende dominar haciendo el mal en toda la Galaxia.- dijo Carter.
- Shekmet va a acabar con él. Ha mandado a nuestras naves contra
Apophis.
- No va a vencer.
- Nosotras nos alzaremos con el poder.
- Os perderemos a todas si seguís obedeciéndola ciegamente.
Perderemos nuestro hogar también y todos quedaremos bajo el yugo
de Artemisa. Heracles nos lo dijo una vez, los dioses quieren tener el
control de los hombres. Está ocurriendo Hipólita. Tratan
de dominarnos como antaño.- las dudas pesaban demasiado sobre la
joven. No podía creer que en ese momento estuviera dudando de la
fe que le procesaba a su diosa. Se estaba dejando llevar por mentiras,
tenían que serlo. No podía dejarse caer.
- Tratáis de confundirme eso es todo.
- Tratamos de ayudarte.- dijo Carter.
- No. Tú has traicionado a tus hermanas y te has dejado convencer
por esos hombres.
- Ella ni siquiera es una amazona.- la interrumpió Yolao.- Vino
junto a los otros tres hombres para abrirnos los ojos en Heraclea y para
tratar de hacerte comprender lo confundida que estás.- La joven
miró a Carter con sorpresa. Por eso no conseguía recordar
a qué grupo de la gran tribu de Amazonas pertenecía. Ni
siquiera era una de ellas.- Ha arriesgado su vida, igual que los otros
para hacernos llegar el mensaje y rescatar al niño que te ordenaron
cuidar.
- No hemos venido a haceros daño.- dijo Carter esperando convencerla.
Ahora que Yolao había desvelado su verdadera identidad esperaba
lograrlo.- Si hubiéramos querido hacerlo, no me habría hecho
pasar por una de vosotras. Hubiéramos acabado con la vida de la
joven que portaba estas ropas que ahora yo llevo puesta. Ella está
junto al río. Tuvimos que amordazarla para impedir que nos delatara.
- Y así accedisteis al poblado.- dijo ella pensativa.- Ahora entiendo
por qué tus palabras eran tan diferentes.
- Y podríamos pensar igual si me hicieras caso. En mi planeta yo
decido igual que un hombre e incluso hago su trabajo.- la joven la miró
con sorpresa.- Eso mismo podría ocurrir aquí.
- ¿Su trabajo?
- Yo lo he visto.- dijo Yolao.- Es una mujer guerrera en su planeta. Ella
y los hombres vinieron a través del "Zaras Jastrasi"
buscando salvar a ese niño. Lo han secuestrado para hacer el mal
y debemos ayudarles a impedirlo.- En ese momento Hipólita sólo
podía pensar que tenía encerrada en aquella cárcel
a una mujer que no sólo la había engañado haciéndose
pasar por una de sus hermanas, sino que además ni siquiera era
de Termodonte y que para colmo, aseguraba ser una mujer guerrera en su
mundo, donde quisiera que aquello estuviera. Entonces pensó en
los dos hombres que tenía atados a los postes por orden de Shekmet
y al hacerlo, no comprendió cómo habían permitido
ellos que aquella mujer tuviera un mismo nivel social. Sam sintió
que por fin la estaban haciendo dudar, acababa de echar por tierra toda
la base que hasta ahora ella creía su verdad universal. Su dios
al parecer no lo era, y su inferioridad era algo que podía cambiar
sin necesidad de llevarlo a tal extremo. Daniel la hubiera dicho que estaba
a punto de acabar con la ideología de una raza, claro que aquello
no la importaba si con ello conseguía hacer lo justo y sobre todo
salir de aquel atolladero.
- Has de hacer algo.- dijo de repente Yolao sacándola de sus pensamientos.
Hipólita le miró, estaba demasiado confundida para pensar,
demasiado aturdida para entender y diferenciar lo que estaba ocurriendo.
- Vete de aquí Yolao.- dijo con un hilo de voz.- Vete antes de
que me arrepienta de haberte dejado escapar debido a la confusión
que en estos momentos tengo
vete.- el joven no parecía dispuesto
a contradecirle aquellas palabras. Sam pensó que quizás
era lo mejor. Si por lo menos no la convencían, al dejarle libre,
tendrían una oportunidad de que él mismo llevara a cabo
su fuga. Tras mirarla unos segundos el joven sonrío con dulzura
y después se giró para echar a correr hacia la espesura
de las matas. Hipólita se giró entonces para mirar a Sam.-
He de hablar con
Shekmet.- Carter se sobresaltó ante sus
palabras.
- Si la revelas lo que te hemos dicho, te matará. No lo dudará.-
Hipólita se limitó a mirarla sin decir una sola palabra.
Se giró para regresar por el mismo camino por el que había
venido dejando de nuevo a la mayor allí sola. Estaba decidida,
hablaría con Shekmet. En esos momentos su cabeza estaba llena de
demasiadas preguntas sin respuestas. No comprendía dónde
encajaba en toda aquella historia el Jaffa de Apophis que vino según
Yolao también con los dos hombres y la mujer, no entendía
por qué aquella historia la hacía sentir tan débil
y tampoco podía saber en ese momento cuál era la mejor forma
de resolver todas aquellas cuestiones. De algo si estaba segura, había
dado su vida por lo que ahora era, y estaba dispuesta a todo por defender
lo que creía siempre y cuando no fuera una creencia infundada.
Quizás Shekmet tuviera alguna respuesta.
..
Toda
aquella flota salió a un tiempo del hiperespacio para impedir de
esa forma que su presencia les delatara. El viaje espacial les había
llevado en sólo unas horas a un gigantesco planeta azul con un
enorme satélite girando a su alrededor. La comandante principal
de las amazonas miró el panel de control de su nave, rápida
y ligera. Todo estaba preparado. Desde su posición podía
ver la enorme nave del dios Apophis que permanecía estática
en la órbita del planeta, sin ninguna intención de moverse
de allí por el momento. Las órdenes eran precisas, y todas
ellas conocían qué debían hacer. Por medio de aquel
ataque sorpresa acabarían con él. Las naves salieron del
hiperespacio prácticamente en formación, tal y como habían
entrado en él. Acto seguido se lanzaron contra su objetivo. La
nave de Apophis tardó unos segundos en reaccionar, el tiempo necesario
para que su pequeña nave ligera se lanzara junto a las otras de
su misma forma, contra las compuertas por donde el dios serpiente podría
ordenar salir a su flota. Con disparos certeros, las naves de las amazonas
acabaron con la posibilidad de que aquella enorme nave ha'tak dejara salir
de su interior a las flotas de planeadores que podrían echar por
tierra su plan.
Apophis dirigía desde el puente de mando el intento por sofocar
aquel ataque del que desconocía su procedencia.
- Ordena hacer salir toda la flota.- le gritó al Jaffa encargado
del peltac mientras sus ojos se iluminaban llenos de furia.
- Mi señor, han disparado con naves muy rápidas las compuertas
de las salas de despegue de la nave. Están tratando de solucionar
el problema.
- ¡¿Cómo es posible?!.- exclamó Apophis con
ira.- Esas compuertas están ubicadas en lugares donde un rayo de
un planeador no puede alcanzarlas. Además, no tienen suficiente
potencia.
- Mi señor, manejan unas naves diferentes.- dijo a la vez que ponía
en pantalla una de aquellas estructuras.- Señor, manejan Al-kesh
. Son rápidos y maniobrables
- ¡Sé lo que son!.- exclamó Apophis con rabia. No
podía creer lo que estaba ocurriendo. Él mismo había
conseguido hacerse con el poder de aquella tecnología. En esos
momentos sólo había en la Galaxia alguien que poseyera aquellas
mismas naves.- ¡Sekhmet nos ha traicionado! ¿Cómo
se ha atrevido? Debí suponer que si veía en Harsesis un
poder tan grande podría intentar esto. ¡¡Acabad con
esas naves!!
- Sí, mi señor.- dijo el Jaffa tecleando a toda velocidad
en el peltac para informar al resto de la nave de la decisión de
su dios.
En mitad del espacio, y junto a aquel planeta, los disparos del hat'ak
comenzaron a tratar de acabar con las naves enemigas. Quizás no
pudiera despegar sus naves de asalto, pero aquella estructura era autosuficiente
para acabar con aquellas pequeñas naves, nada podrían hacer
ni los planeadores, ni los Al-kesh, ni las naves de carga, por muchas
que fueran.
La comandante de las amazonas, ahora que había visto cumplida la
primera parte del plan, sólo pensaba en tratar de acabar con los
disparos que los enormes tanques que la propia nave ha'tak de Apophis
tenía en su estructura desde los que disparaba contra ellas. Ya
había dado la orden. Tras inmovilizar sus tropas ahora debían
inmovilizar su armamento. Si trabajaban en grupos bien organizados, vencerían.
Apophis miró a través del enorme ventanal de la nave lo
que ocurría fuera de esta.
- Ordena inmediatamente el regreso de todas las naves que estén
en el exterior.- dijo mientras no perdía de vista el exterior.
- Sí, mi señor.- contesto el Jaffa. Éste mandó
entonces un mensaje a través del peltac. Un grupo de Jaffas, que
habían aterrizado en el planeta más cercano en ese momento
por orden de Apophis, para conseguir algún anfitrión más
entre la población no tardaron demasiado en regresar a sus naves
que esperaban inmóviles cerca del Stargate del planeta. Con ojos
aterrorizados, en un rincón oscuro del santuario, Diana, sacerdotisa
de Bastet, vio como aquellos guardias en vez de caminar hacia el templo,
regresaban a toda velocidad de nuevo a sus naves. Se llevó las
manos al pecho tratando de respirar con normalidad. Sin duda la diosa
Bastet estaba de su lado impidiendo por alguna razón que aquellos
guardias entraran en el templo justo cuando ella y un grupo de sacerdotisas
más, se disponían a realizar el rito del amanecer. Las naves
se pusieron en marcha, dos enormes planeadores y una nave de carga se
elevaron en el cielo saliendo a gran velocidad hacia el espacio. Diana
se levantó del suelo y trató de asomarse por la puerta del
templo para mirar lo que en realidad ocurría. El viento hizo que
su traje de lino se pegara a su cuerpo. Miró hacia el firmamento.
A pesar de la luz del sol, podía ver como extraños fogonazos
cruzaban el cielo a gran velocidad. Alguien atacaba a Apophis con naves
más pequeñas. Por eso aquellos guardias habían sido
convocados de nuevo a regresar. Quizás aquello les hubiera salvado
por el momento del asalto. Ahora dependían de la derrota de aquella
enorme nave que amenazaba su seguridad desde que los extranjeros cruzaran
el gran anillo.
CAPITULO
14
Sehkmet
no parecía nerviosa, a pesar de no poder tener noticias de cómo
iba el ataque que había lanzado contra el ahora su oponente, Apophis.
Desde sus aposentos, una enorme sala con una gigantesca cama en uno de
sus lados, y varias estatuas enormes, con cuerpo humano y cabeza de leona
dominaban la habitación. Sobre el lecho adornado con largas tiras
de lino, yacía el camastro del pequeño Harsesis. La diosa
ni siquiera se preocupaba en esos momentos de él. Miraba por un
gigantesco ventanal hacia el poblado de las Amazonas. Había hecho
de aquellas mujeres grandes guerreras. Sabía que no la defraudarían
en la batalla. Quizás tuviera sus dudas en ganar, pero ahora tenía
al niño en sus manos, y sin ninguna intención de entregárselo
a su progenitor. Aquel sería ahora su heredero. El que dominaría
toda la Galaxia junto a ella. Como diosa goa'uld tenía el poder
de dar la vida a las larvas de los dioses. Se había vuelto la diosa
más importante del sistema desde la muerte de Hathor, la que fue
su única rival directa. Ahora sólo la diosa Nirrti podía
preocuparla, aunque sin duda ella le haría sombra gracias al niño.
Se haría con el poder de los Señores del Sistema si jugaba
bien sus cartas. Tenía muy claro lo que debía hacer. Primero
acabar con Apophis, después hacerse con el hacha de poder que uniría
a su propio cinturón de oro para dominar, junto al niño,
al que ella misma enseñaría según creciera, toda
la infinidad de la Galaxia. También había pensado en el
futuro de aquellos hombres. Elegiría entre ellos al más
fuerte para conseguir su código vital y así crear larvas
más fuertes aún. Desde que estaba en aquel planeta, entre
tantas mujeres, aquel ritual no era seguido como ella hubiera deseado.
Debía mantenerse fuerte ante ellas, hacerlas ver que no necesitaban
a los hombres, salvo para lo que ellas desearan. Hasta ese momento se
había conformado con agricultores mediocres para rearmarse e introducir
en aquellas mujeres que hubieran tenido hijas, las larvas que ella misma
había creado. Su plan de conquista debía seguir un curso
marcado. Cuando Apophis hubiera pasado a la historia y tuviera bajo su
dominio el cinturón, el hacha y a Harsesis, comenzaría su
verdadera toma de poder. Por el momento dejaría que las Amazonas
se pegaran por poseer a cualquiera de aquellos hombres, sin duda mataría
a la traidora, después ella misma decidiría. Quizás
se quedara con los tres
aunque pensándolo mejor, al Jaffa
de Apophis era mejor darle muerte. Estaba convencida de que tan fuerte
como era, no se doblegaría ante otro dios que no fuera el suyo.
Si todo salía bien, las Amazonas que había enviado a dar
muerte al dios serpiente la traerían esa hacha que ahora ella necesitaba.
Sabía que aquel dispositivo era muy peligroso, pero igual que Herishef
lo utilizó para impedir que los goa'uld accedieran a aquel mundo,
ella lo usaría en su propio beneficio. Conocía las antiguas
historias que rodeaban a aquellos utensilios perfectamente. No estaba
dispuesta a permitir que volviera a ocurrir lo mismo de hacía tanto
tiempo. Miró entonces hacia el camastro del Harsesis. En tiempos
antiguos Herishef, aun teniendo en sí el poder de los goa'uld,
se decantó por su poder humano debido a malas influencias, y no
por su gran poder goa'uld. No permitiría que aquello ocurriera
de nuevo con Harsesis. Desde que Herishef pereció dando la libertad
a aquel planeta del yugo goa'uld, el hecho de poder tener hijos entre
anfitriones y huéspedes había sido prohibido. Ahora de nuevo
la historia había dado un giro trascendental. Tenía en sus
manos al único ser capaz de poder manejar aquellas armas, como
Herishef lo hiciera en su día, sólo que esta vez ella sería
su mentora para apoderarse de tan preciado poder. Mientras pensaba en
todo aquello escuchó el sonido de la puerta de la sala deslizarse.
Al girarse vio a Hipólita en el umbral esperando que le diera una
señal para acercarse.
- ¿Se tienen noticias del ataque?.- preguntó a la vez que
volvía a mirar hacia el ventanal para ver los primeros rayos del
día comenzando a iluminar el lugar.
- Se sigue trabajando en conseguir establecer comunicaciones, mi señora.-
dijo Hipólita en un tono suave. No podía evitarlo, quizás
la respetaba tanto porque la temía. Miró entonces hacia
el camastro, el niño no parecía moverse.
- Pronto será nuestra la victoria Hipólita.- dijo.- ¿Te
encargaste de todo lo que te pedí?
- Sí, mi señora. El Jaffa no ha proporcionado aún
nueva información. Y yo misma me encargué de contarles el
Destino a los hombres.
- ¿Está todo preparado en el poblado?
- Casi lo está, mi señora. Ya ordené preparar cada
detalle y se trabaja para que todo esté listo en unas horas. Mi
señora
¿qué haremos cuando la victoria sea
nuestra?.- la diosa se giró altiva ante la pregunta.
- Dominaremos primero el planeta, y llevaremos nuestras victorias más
allá. Somos un pueblo guerrero que hará saber su poder mucho
más lejos de sus fronteras.
- Los hombres aquí ya nos temen, mi señora.
- No hablo sólo de estos hombres, hablo de todos los hombres. Son
iguales, ya lo sabes. Sólo el niño nos servirá para
conseguir nuestros propósitos.- la joven la miró frunciendo
el ceño, no tenía demasiado claro a qué se refería
Shekmet al decir aquello. La diosa volvió a girarse para mirarla.-
También dominaremos a ese niño. ¿Conoces las viejas
historias Hipólita?.- la joven se quedó pensativa, sin duda
se refería a aquellas que hablaban del que fue portador del hacha
y el cinturón.
- Sí, las conozco. El hacha y el cinturón han formado parte
de nuestra historia desde que Heracles las entregó a mi pueblo
para defendernos. El cinturón ha sido símbolo de las Amazonas
desde que nuestro pueblo decidió separarse de las órdenes
de los hombres para dirigir su destino por si sólo.
- Nos hicimos con él y le entregamos el hacha a Apophis para impedir
que éste nos pudiera atacar, dado que ambos utensilios juntos son
peligrosos. Ese niño será quién porte ambas armas
para hacernos vencedoras.
- Pero es un hombre
.- dijo Hipólita pensativa.
- Un hombre que lograremos dominar con nuestras enseñanzas y doblegarle
a nuestra voluntad. Sólo él puede manejar ambas armas juntas,
nosotras le enseñaremos y haremos que lo utilice a nuestro favor.-
la joven se quedó de nuevo pensativa.- ¿Has logrado saber
por qué esa amazona nos ha traicionado?.- preguntó de repente.
Hipólita la miró sin saber qué contestar. Aquel era
el momento en que debía decidir si contarle o no la verdad de todo
lo que sabía a Shekmet.- Contesta
.- le dijo esperando una
respuesta.
- No es una amazona mi señora.- le dijo decidiéndose. Shekmet
la miró a la vez que sus ojos se iluminaban.
- ¿Y entonces?
- Supe que ella y los dos hombres cruzaron el Stargate junto al Jaffa
viniendo de otro planeta.- dijo esperando ver la reacción en ella.-
El Jaffa asegura ser Primado de Apophis, lo que no sé es si él
los ha enviado o no.- Shekmet se quedó pensativa.
- Vaya
.- comentó sonriente.- De todas formas, vengan de
donde vengan, no volverán a ver a Apophis. Esa mujer, luchará
como estaba planeado contra una de vosotras para decidir el Destino de
los hombres.
- ¿Y si vence?.- Shekmet se echó a reír ante las
palabras de la joven.
- ¿Dudas de tu capacidad y la de tu pueblo, Hipólita?
- No mi señora, pero ella me aseguró ser guerrero en su
mundo.
- Mentiras. Esa mujer está bajo el yugo de esos hombres, como siempre.
La han traído hasta aquí para morir. Si cruzaron con un
Jaffa es probable que sean guardias de Apophis.
- Pero sólo uno de ellos porta a un hijo de los dioses.
- Supongo que Apophis pretendía darles ese honor si lograban su
objetivo. Robarnos el cinturón de poder y al niño. Se arrepentirá
de haberlo tan siquiera pensado. Y si esa... mujer gana en la batalla,
pensaré en hacerla portadora de uno de los hijos de los dioses.
Quizás incluso podamos unirla a nuestra causa, ¿no te parece?.-
Hipólita miró a Shekmet. En ese momento su confusión
era absoluta. Era como si toda aquella historia hubiera hecho cambiar
a su diosa de un solo golpe. En vez de deshacerse de los hombres como
hasta ahora habían hecho, los utilizaba a su favor. Y a aquella
mujer, en vez de darla muerte, si vencía la ofrecería unirse
como guerrera Jaffa sin tan siquiera pasar por el ritual del parto de
una niña, como ella debió pasar sin poder cumplir. Necesitaba
pensar en todo aquello. Agachó la cabeza ante ella tratando de
que ésta no notara su angustia. Por un segundo la punzada de temor
la hizo pensar que como diosa lo sabría todo, incluso sus pensamientos.
- Se hará como disponga.- dijo en un hilo de voz.
- Retírate a prepararlo todo. Que me avisen cuando tenga que acercarme
al poblado para esa celebración.- dijo a la vez que se giraba perdiéndola
de vista. Hipólita levantó la cabeza extrañada. Quizás
fuera sólo una ilusión pero, en esos momentos su diosa no
sabía lo que estaba pensando. Y eso la hizo salir del cuarto mucho
más confusa de lo que había entrado en él.
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Yolao
había corrido durante toda la noche para lograr alcanzar el poblado
de Heraclea a tiempo, necesitaba llegar cuanto antes y convencer a su
pueblo de que tenían una oportunidad de persuadir a sus mujeres
de que volvieran a casa, y con ello, salvar a los extranjeros que le habían
hecho ver la realidad. El sol estaba saliendo y aún le quedaba
un trecho por recorrer. Aceleró la marcha aún más.
Tenía que llevarles las noticias de lo ocurrido a su gente. Si
no hacían nada muchas de sus mujeres morirían. Quizás
en estos momentos gran parte de ellas jamás volverían a
casa. Debían de conocer lo que estaba ocurriendo y oponerse a las
decisiones de Artemisa. No podían dejar que por su mandato, sus
mujeres murieran en una batalla inútil. Mientras corría
pensando en aquello, tropezó y estuvo a punto de caer. Consiguió
recuperar el equilibrio y continuar corriendo. Ahora no podía parar.
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Los
planeadores del dios Apophis cruzaron el cielo a gran velocidad perdiéndose
en la altura. La guerrera de las amazonas miraba en ese momento el radar
de su propia nave. Enemigos se acercaban a ellas y aún no habían
conseguido acabar con el enorme poder de aquella nave ha'tak, debían
actuar deprisa. Habían perdido muchas naves en aquella lucha, y
una llegada de apoyo enemigo no era precisamente lo que les convenía
en aquellos momentos. Pero, ¿qué debía hacer? Quizás
la única solución era una retirada pero aquello supondría
una deshonra ante su diosa. Ganar en la batalla o morir en ella, eso era
lo que Shekmet la había enseñado. Y era sin duda lo que
iba a hacer.
- El apoyo está en camino mi señor.- dijo el Jaffa mirando
la pantalla de control del peltac.
- Estupendo.- dijo Apophis con una sonrisa.- En cuanto acabemos con esas
naves quiero que pongas rumbo a Termodonte inmediatamente.
- La avería de las salas de despegue están a punto de ser
solventada mi señor, pero...
- ¡Pero qué!.- exclamó con furia a la vez que sus
ojos se iluminaban.
- Mi señor, me veo en el deber de recomendarle que tratemos de
arreglar los posibles desperfectos de la nave antes de partir a esa batalla.-
Apophis levantó la cabeza altivo. La verdad es que aquel pequeño
inconveniente no le parecía muy importante. Tiempo tenía
de sobra, y Shekmet tarde o temprano acabaría bajo su yugo.
- ¡Jaffa Kree!.- exclamó de repente.- Quiero estar en Termodonte
con esta nave a pleno rendimiento. Si lo crees necesario... se harán
esos arreglos durante el viaje. Sólo ese tiempo tendrás
para solventarlos. Pero antes de atacar... un grupo de guerreros me traerá
al niño, y el cinturón de Shekmet.
- Sí, mi señor. Como ordene.- dijo el Jaffa tratando de
ocuparse todo lo deprisa que podía de las peticiones de su dios
para estar preparados cuando antes. Nos les llevaría demasiado
tiempo destruir a aquellas naves enemigas.
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El
sol había salido hacía sólo unos minutos. Jackson
estaba exhausto en su intento por conseguir alcanzar el arma que podría
sacarles de aquel lugar. Tras pensar unos segundos en un nuevo plan, y
no conseguir ninguno, había optado por tratar de volver a intentar
alcanzar el cuchillo.
- ¡Eh! Daniel...- musitó el coronel de repente mientras él
miraba hacia atrás tratando de llegar hasta el utensilio cortante.
- Lo siento Jack, no consigo alcanzarlo.
- Daniel... tenemos compañía.- el arqueólogo levantó
la cabeza para mirar al frente. Trató de incorporarse de su incómoda
posición en cuclillas de forma que no levantara sospechas. Un grupo
de unas diez mujeres ataviadas con extrañas corazas de plumas,
con collares y ornamentos de todo tipo hechos de madera, así como
con el rostro y parte del cuerpo pintados con diferentes colores, se acercaban
a ellos.- ¿El circo llega al lugar?.- preguntó O'Neill mirando
a Daniel.
- Van preparadas para realizar algún tipo de ritual.
- ¿No me digas? ¿Te refieres a la repartición de
prisioneros sin notario?.- preguntó O'Neill con sarcasmo. El grupo
se dispersó por una zona del terreno no muy lejos de donde ellos
estaban. En una zona abultada con grandes ramas sobre el suelo, el grupo
de amazonas comenzó a retirarlas y a amontonarlas, dejando al descubierto
un montón de troncos sobre lo que parecía un enorme foso.
- Oh-oh.- dijo Daniel casi en un susurro. Por su expresión O'Neill
supo que aquello no era nada bueno.
- ¿Qué pasa?.- preguntó sabiendo que no le daría
buenas noticias.
- Es un foso.
- ¿Y?
- Bueno...- dijo él tratando de que su voz no sonara demasiado
catastrófica.- Las Amazonas, por lo menos las mitológicas
de la Tierra, realizaban ejercicios físicos para potenciar su poder
y habilidad en la guerra, que normalmente era contra Grecia.
- ¿Ejercicios físicos?
- Ya sabes, se ejercitaban para el tiro con arco, para aumentar su rapidez...
Eran muy buenas. Eran ágiles porque se ejercitaban en el foso o
con otras compañeras. Muchas veces incluso a muerte. Pero bueno,
son sólo referencias mitológicas de la Tierra. En nuestro
planeta eran un mito, ni siquiera se sabe muy bien, si de verdad existieron
o donde estaban ubicadas territorialmente, se piensa que en el Mar Muerto
y...
- Ya. Pero eso es un foso, ¿no?
- Sí Jack, creo que sí.
- Entonces el mito se convierte en realidad. Por lo menos aquí.
Y con ese nombre, "foso" lo que viene después sé
que no me va a gustar nada, porque tiene que ver con "muertos"
y no es precisamente el mar...- respiró con fuerza tratando de
pensar con frialdad, ante lo que se les avecinaba.- ¿Intentas decirme
que Carter va a tener que saltar sobre esos troncos, sobre ese foso, defendiéndose
de una de esas "rostros pintados"?
- Creo que sí.
- Estupendo...- dijo cerrando los ojos.- ¡Para partirse el cuello!
- Bueno, no exactamente.
- ¿Ah no?
- La verdad es que si la caída no te mataba lo hacía...-
dijo a la vez que señalaba hacia el grupo de mujeres que comenzaban
a lanzar teas ardiendo al interior del foso al parecer repleto de leña
que había comenzado a arder con furia. O'Neill agachó la
cabeza con desasosiego.
- Tenemos que escapar como sea Daniel. Porque si no... Carter va a morir
o "chamuscada" o de la parada repentina contra ese agujero.
- Estamos de acuerdo. ¿Alguna idea?.- El coronel miró hacia
el cuchillo tan alejado de ellos.- No, esa no sirve, ya lo he intentado.-
Miró a Daniel tratando de pensar todo lo rápido que podía.-
No.- dijo el arqueólogo de golpe.- La telepatía tampoco
funciona.- Jack cerró los ojos y luego suspiró. No podía
creer que no tuvieran ninguna suerte en aquella situación. En ese
momento comenzaron a llegar muchas más mujeres. Sin duda estaban
a punto de reunirse allí mismo. Un pequeño grupo acompañado
de la propia Hipólita traían sobre sus hombros la jaula
de Carter usando para ello dos largas barras de madera. O'Neill miró
hacia allí. Por lo menos estaban casi al completo de nuevo. Las
Amazonas dejaron a la mayor junto a ellos sin sacarla de su pequeña
prisión.
- Me alegro de veros.- dijo con una sonrisa. Sabía que la situación
no les era para nada favorable, pero estar con ellos le hacía por
lo menos que no fuera tan desastrosa.
- ¿Estás bien?.- le preguntó Jackson.
- Veo que con el mismo frío que vosotros, aunque un poco más
encogida.
- Id a terminar de preparar la ceremonia.- dijo Hipólita ordenando
a las mujeres que se alejaran de ellos. Luego miró a Carter.- Aún
no hemos tenido noticias de nuestras guerreras.- dijo con un hilo de voz.
- Ni lo tendréis. Apophis las habrá aniquilado, y luego
vendrá a por vosotras.
- Escúchale Hipólita.- dijo Jackson esperando que ella hiciera
caso de lo que el coronel le acaba de decir.- Quizás aún
no sea tarde y podamos ayudaros.
- ¿Y por qué pensasteis que necesitábamos ayuda?
- Porque ni no fuera así... no dudarías.- dijo el coronel.
Hipólita le miró pensativa.
- Si me pongo en contra de mi dios, ella lo sabrá, y nos matará
a todos.
- No.- dijo Jackson.- Ella no es un dios. Sólo os lo ha hecho creer.
No puede saber lo que piensas.
- Nos matarán a todos si no nos sacas de aquí y nos dejas
ayudarte.- dijo Carter.
- Déjanos que te demostremos que ella no es un dios. Que no puede
manejaros a su antojo. Que sois libres.- le dijo Daniel.
- Tuya es la decisión.- le dijo el coronel.- De ti depende que
viváis o que todas muráis.
- La ceremonia va a comenzar en breve. Shekmet estará presente.
- Convéncela para que tú seas la primera en luchar.- dijo
O'Neill de repente.- Ella confía en ti. Carter luchará contigo.
- ¿Lo haré, señor?.- preguntó esta con sorpresa.
- Si yo se lo pido no me dirá que no.- dijo Hipólita.- ¿Pero
ella aguantará?
- Siempre y cuando no sea en ese foso, aguantará.- dijo el coronel.
- Quiere hacerla sacerdotisa ahora que sabe que no es de la tribu.
- Perfecto. Convéncela para luchar juntas. No en el foso. Tú
ganaras Hipólita, ella se dejará vencer.
- ¿Lo haré, señor?
- Claro Carter. De esa forma seremos libres nosotros también. Después
buscaremos a Teal'c. Por cierto, ¿alguien sabe dónde está?
- En el templo. Seguirán tratando de sacarle información.
- ¿Tortura?.- preguntó Jackson con sorpresa. La joven asintió.-
Dios...
- Ahora le habrán dejado solo, pues todas hemos sido convocadas
aquí.
- No tenemos mucho tiempo.- dijo O'Neill.- Apophis hará acto de
presencia en cualquier momento. Y si eso ocurre... estaremos perdidos.
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Apophis
sonrió con maldad. Había costado algunas bajas entre sus
mejores pilotos, pero aquello ya no importaba. Habían reducido
a polvo espacial aquellas naves enemigas. Ahora iría a recuperar
lo que era suyo y reclamaría además las tierras y posesiones
de Shekmet. Le había atacado y estaba en disposición de
poder permitírselo. Aquel planeta de mujeres caería bajo
su poder y haría de ellas futuras sacerdotisas a sus servicios.
Se doblegarían a su voluntad, de eso estaba seguro. Las que dudaran,
morirían.
- Mi señor, ponemos rumbo a Termodonte.
- Bien...- dijo sentándose en su trono frente al peltac de su nave.-
Máxima velocidad.
- Sí, mi señor. Máxima velocidad sin alcanzar el
hiperlanzamiento.- el Jaffa manejó con soltura el peltac para hacer
que la gran nave de Apophis saliera de la órbita de aquel planeta
a la máxima velocidad de los motores sin llegar a entrar en el
hiperespacio. De esa forma tratarían de alcanzar el planeta mientras
arreglaban los desperfectos ocasionados por los planeadores y naves de
Shekmet.
- Que las naves de asalto estén listas para alcanzar el planeta
antes y buscar a Harsesis y el cinturón.- dijo Apophis levantando
altivo la cabeza. El Jaffa que estaba junto a él en el trono afirmó
con la cabeza y se golpeó el pecho con el brazo derecho en señal
de obedecer, saliendo segundos después a cumplir la orden. Si nada
lo impedía, y eso era improbable dado las bajas con las que Shekmet
ahora contaba, la victoria sería suya una vez más. Cuando
acabara con ella todas sus posesiones pasarían a su poder, y ya
no tendría que disimular ante aquella goa'uld para conseguir nada
nunca más. Si era necesario la mataría por su osadía
con sus propias manos.
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Unos
tambores comenzaron a sonar con fuerza a un ritmo vertiginoso. Un grupo
de mujeres comenzaron a danzar frenéticamente delante del foso.
Jackson se hubiera sentido feliz de disfrutar de aquel rito ancestral
llevado por aquellas guerreras si no fuera porque en esos momentos sus
ansias de salir con vida de allí superaban con mucho a las de su
insaciable curiosidad arqueológica. Un planeador salió en
ese momento de la nave ha'tac y se dirigió hacia allí a
gran velocidad. Vieron como se detenía justo encima de una gran
plataforma de piedra en donde había un gran trono de madera adornado
con flores y plantas. Los anillos del pequeño planeador se pusieron
en marcha. Segundo después de aquel zumbido, la goa'uld Shekmet
ataviada con un enorme casco color oro con forma de cabeza de leona, vestida
de amazona con plumas de gala, portando en su cintura el enorme cinturón
de oro y una enorme capa de piel de león, hizo acto de presencia.
O'Neill la miró desde su posición detenidamente. Sin duda
era altiva como todas las reinas goa'uld que había conocido hasta
entonces. Los tambores detuvieron su sonido y el grupo de bailarinas dejó
de danzar. Shekmet avanzó entonces hacia el trono y se sentó
en él. Hipólita se colocó a su lado derecho portando
su arma lanzadera en la mano derecha. Carter trató de ver en ella
de nuevo la duda que hacía sólo unos segundos les había
mostrado. Aún no estaba convencida de que aquella mujer cediera
al plan que habían trazado tan deprisa. No quería admitirlo,
pero en ese momento dependían de lo que ella hiciera para salir
vivos de allí. Shekmet se puso en pie y todas las amazonas se agacharon
a la vez en un acto de reverencia. Se llevó la mano derecha portando
el ribbon device al cinturón y se dispuso para hablar a todas aquellas
mujeres.
- Aún esperamos recibir noticias de nuestras guerreras que seguro
vencieron en esa batalla contra aquel que quiso doblegarnos. Celebramos
este día que quedará en el recuerdo de todas nosotras, como
el día en que Apophis cayó ante nuestra supremacía
y para ello usaremos a aquellos que ha enviado en nuestra contra.- Miró
entonces hacia los postes y la jaula en el que Jack, Sam y Daniel veían
casi en primera fila cómo se desarrollaba la ceremonia. Los tambores
volvieron a sonar.
- Pero será... engreída, presuntuosa... vanidosa... presumida...
- musitó O'Neill enfadado.
- Además de petulante, envanecida, fatua y pretenciosa.- comentó
Jackson con desdén.
- Idiota.- alegó O'Neill mirando a Daniel.- Tonta de capirote.-
Jackson afirmó aquellas palabras convencido.
- Parece muy segura de sí misma.- comentó Carter sin perderla
de vista.
- Es una goa'uld. Se supone que ese es su papel.- dijo Jackson pensativo.
- ¿Y si ha vencido?.- preguntó de repente Carter.
- ¿Lo cree posible, mayor?.- dijo O'Neill esperando que ésta
la contestara.
- Bueno, sí sabía que Apophis era muy superior, ¿por
qué arriesgarse? Algo tendría a su favor para intentarlo,
digo yo.- contestó ella.
- ¿Aparte de su ego?.- dijo Daniel en tono sarcástico.-
Egocéntrica... eso también la pega.- En ese momento los
tambores se detuvieron de nuevo. Shekmet levantó el brazo para
avisar de nuevo que iba a hablar.
- He decidido por tanto sus Destinos. La mujer luchará con una
de vosotras. La vencedora tendrá la oportunidad de disfrutar a
su gusto con uno de los hombres aquí presentes. Todas tendréis
oportunidad para poder sonsacarle información al Jaffa y aquella
que lo consiga será suyo. Yo dispondré del que sobra. Y
en cuanto a la mujer... si pierde se la hará portadora de un hijo
de los dioses para unirse a nosotras aunque sea como esclava, y si gana,
cosa improbable... yo misma la mataré.
- Vaya.- musitó Sam con un suspiro.- No tengo muchas opciones.-
O'Neill la miró. Esperaba que aquello no ocurriera. Debía
de impedirlo a como diera lugar.
- ¿Quién de vosotras desea darla muerte?.- preguntó
de repente. Varias mujeres dieron un paso adelante.
- Será un honor vencerla en el foso, mi señora.- dijo una
de ellas. Shekmet sonrió.
Hipólita miró hacia los prisioneros. ¿Qué
era lo que debía hacer? Aquella pregunta la hacía sentirse
muy pequeña al lado de Shekmet de pie a su lado. Debía decidir
entre permanecer en su posición privilegiada hasta el momento a
las órdenes de su diosa, o ayudar a aquellos extranjeros a escapar
y conseguir una supuesta libertad para ella y el resto de las Amazonas
sin saber siquiera si era sólo una simple artimaña. O'Neill
miró hacia la joven. Si no hacía algo, aquella Amazona no
lo iba a hacer por ellos. Todos morirían en aquel lugar y no estaba
dispuesto a que aquello ocurriera, no sin tener la oportunidad de lucha.
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