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CAPITULO
11
El
silencio era sepulcral. Ninguno se atrevió a moverse. O'Neill miró
a la joven tratando de estudiar en unos segundos la táctica a tomar.
Quizá la vida de todo el equipo, además de la de aquel niño,
dependiera en ese instante de una simple opción que él debía
tomar.
La
joven les miraba desafiante. Sujetaba sin que sus músculos temblaran
el arma lanzadera, apuntando con ella hacia el pequeño Harsesis.
Teal'c sujetaba al niño con fuerza, quizás con un rápido
movimiento podría soltar aquel pesado cinturón y proteger
con su propio cuerpo al bebé. Miró por unos segundos hacia
el doctor Jackson, su expresión ante la situación era de
terror ante lo que podría ocurrir si aquella mujer disparaba. No
estaba dispuesto a fallarle. Había tenido que tomar decisiones
difíciles en su vida que habían afectado a Jackson, y a
pesar de todo, muchas veces le había demostrado que le apreciaba.
Aquel hombre le había perdonado aún sabiendo que él
había sido el que eligió a su esposa para ser poseída
por una larva goa'uld. Él mismo también hubo de disparar
contra ella acabando con su vida, para protegerle de una muerte segura.
Y aún habiendo perdido a lo más importante para él,
Jackson nunca tuvo en cuenta todas aquellas circunstancias y le veía
como a un amigo y un miembro muy importante dentro del equipo. Moriría
sin dudarlo por defender a aquel niño que el doctor tanto había
deseado proteger.
Daniel
sintió como los músculos de su cuerpo se entumecían.
No se atrevía ni a hablar, aunque él era quién normalmente
establecía las relaciones sociales cuando llegaban a un nuevo planeta
y conocían a sus inquilinos. El sólo hecho de perder a aquel
pequeño por un disparo de lanzadera, le mantenía quieto
y en silencio, pensando sólo en la promesa que le hizo a Sha're
para protegerle. No podía faltar a su palabra. Ella luchó
antes de morir para comunicarle aquello y ahora cumplirla dependía
de la decisión de disparar o no aquel arma goa'uld.
Carter
trató por su parte de intentar ver en O'Neill cualquier atisbo
de un intento de defenderse. A cualquier gesto extraño que él
hiciera, estaba preparada pera reaccionar como militar y defender la vida
de los demás. Ni siquiera tenía un arma eficaz contra la
que ahora les amenazaba, pero no era una razón suficiente como
para no luchar.
Aquella
era una gran oportunidad. Quizás no debería pararse a pensar
qué hacían aquellos hombres en el templo de Artemisa, por
qué iban vestidos como si fueran Jaffas y por qué cargaban
con ellos al niño y el cinturón de su diosa. Quizás
no debía ni tan siquiera preguntar, y disparar contra aquel bebé
que jamás sería el suyo, acabando con su vida y quitándose
de encima, aquel resentimiento que la invadía. Aquel era el momento
ideal, y quizás no volviera a tener jamás una oportunidad
como esa. Mientras esos pensamientos la invadían y convencida por
completo en su decisión vio un símbolo que llamó
su atención y en décimas de segundos la hizo cambiar de
opinión. El hombre que sujetaba al niño llevaba la marca.
- Apophis...- dijo mirando el tatuaje de color oro de la frente de Teal'c.-
Mi diosa creyó ser clara cuando os dijo que no quería Jaffas
de su corte en nuestro poblado.
- Ahm... ya.- comenzó a decir O'Neill pensando en que quizás
tenían una oportunidad al ver la confusión de ella.- Ordenes...
ya sabes.- Carter miró al coronel, no estaba segura de que ella
tragara el anzuelo.
- ¿A qué os envía? A robar ¿no? Apophis ha
traicionado a mi diosa al mandaros para llevaros al niño... y el
cinturón de su poder. ¿Y tú les has ayudado?.- dijo
señalando a Carter con la mirada.- Hermana, serás castigada...-
dijo mientras la miraba tratando de recordar su cara y su grupo dentro
de su tribu.- Yo misma hablaré con Shekmet y le pediré su
aprobación para poder acabar contigo por traición. Sabes
que ella no me niega nada. Sabes que soy su brazo ejecutor.
- Hipólita.- dijo Daniel pensativo. La joven le miró con
sorpresa. O'Neill se giró para mirarle con enfado. El nombrarla
había echado por tierra su primer intento por salir de allí.
- ¿Cómo... cómo sabes mi nombre?.- dijo ella empuñando
con más fuerza el arma. O'Neill pensó con rapidez, quizás
era el momento de decir la verdad y esperar que aquella mujer lo pensara
dos veces antes de masacrarlos, o confundirla de tal forma que pudiera
echarse sobre ella y reducirla.
- Hemos conocido a tu esposo.- dijo O'Neill. La mujer le miró con
enfado.
- Yo pertenezco a este lugar. No tengo esposo, soy una mujer guerrera.
- Yolao aún te espera. Tiene la esperanza de que comprendas que
éste no es tu sitio.- dijo Daniel. La mujer le miró con
desconfianza. Empezaba a formularse preguntas que no le agradaban.
- Habláis demasiado. Y no me decís lo que deseo saber.
- Hemos hablado con tu esposo. Desea que vuelvas a su lado.- trató
de convencerla Daniel.
- Jamás. Este es mi pueblo. Mis hermanas son las únicas
a las que debo protección y mi diosa es a la única a la
que debo devoción.
- Siento decirte esto pero... tu diosa no es lo que dice ser.
- Jack...- trató de detenerle Jackson.
- ¿Cómo os atrevéis a entrar aquí, robarnos
y para colmo blasfemar sobre nuestras creencias?.- dijo mirando a Teal'c.-
Tú eres un guardia de Apophis. No puede enviaros él si habláis
de esa manera.
- Somos amigos de Yolao, y queremos ayudarle a que todo vuelva a ser como
era antes.- dijo Daniel.
- ¿Cómo antes?.- preguntó ella.
- Como antes de que esa... goa'uld os convenciera de una revolución
contra vuestro propio pueblo para acabar sirviéndola a ella.- dijo
Jack.
- No éramos tratadas con respeto.
- Pero vuestros hombres ahora quieren enmendar el error.- dijo Carter.
La joven la miró desafiante.
- No puedes vestir esas ropas y decir eso, hermana.
- ¡Por todos los diablos! ¡No es tu hermana!.- exclamó
Jack perdiendo la paciencia.- Y el resto de vosotras estáis sometidas
a los caprichos de un parásito. ¿Crees que has mejorado
al pasar del yugo de tu esposo al yugo de esa supuesta diosa?.- Hipólita
le miró con ojos de ira.
- Por supuesto.
- Eres el brazo derecho de Shekmet. ¿Déjame adivinar? ¿Te
ordena cuidar de Harsesis?.- preguntó Daniel. La joven le miró.
- Cumplo sus órdenes.
- Debe ser bastante desagradable si en vuestra tribu los hombres son tratados
como inferiores.
- Es un honor para mi servir a mi diosa.
- ¿Y tu hija piensa lo mismo?.- preguntó Carter.
- No tengo hijos.- Daniel se quedó pensativo ante sus palabras.
- ¿Y cómo has conseguido pues tu rango? Yolao nos dijo que
aquellas de vosotras que traen al mundo niñas, ascienden a tu posición.
- Shekmet confía en mi...
- ¡Esa bruja no confía ni en su sombra!.- la interrumpió
O'Neill.- Cosa que entiendo, porque es tan retorcida que seguro que hasta
su sombra tiene una larva en la cabeza.
- ¡Basta!.- exclamó ella con furia.- Entregadme al niño
inmediatamente y soltad el cinturón de mi diosa.- dijo avanzando
un paso. Al hacerlo Jack tuvo un segundo para abalanzarse sobre ella.
En ese instante, Hipólita apretó el disparador del arma.
Un rayo salió de él dirigido hacia abajo. Teal'c, se lanzó
al suelo para proteger al niño mientras Daniel y Carter se agacharon
para protegerse. El disparo dio de lleno al peltac que se cargó
de una energía azul antes de producir un fuerte chasquido y quedar
quemado en una de sus zonas. Jack la agarró con fuerza para reducirla
mientras la joven se resistía.
- ¡Sólo queremos ayudarte!.- dijo golpeándola en un
brazo para que soltara el arma.- Si no, ¿por qué íbamos
a hablarte de tu marido aún apuntándonos con ese arma?.-
Daniel se acercó agachado junto a Teal'c que parecía ileso
igual que el niño. Carter miró a su alrededor.
- Señor, tenemos que salir de aquí.- dijo pensando que en
cualquier momento alguien entraría a aquella sala atraída
por el jaleo.
- Escucha esto Hipólita. Lleváis años sin ser atacadas
porque vuestros hombres han permanecido sumisos sin oponerse a nada. Hemos
venido de muy lejos para tratar de proteger a este niño del poder
de Apophis y del de Shekmet, para ayudar a Yolao a hacer comprender a
vuestra gente que no vivís en el mundo perfecto que pensáis.-
Daniel se incorporó del suelo para mirarla mientras Jack la sujetaba
con fuerza.- Ambos os han robado la libertad y hecho creer mentiras para
odiaros entre vosotros. Shekmet seguro disfruta viendo doblegarte al tener
que cuidar de Harsesis contra lo que ella misma te ha enseñado
y tú, a pesar de ello, la defiendes. Creer en ella os ha apartado
a todas de vuestras casas, de vuestros maridos y de vuestros hijos que
seguro abandonáis a su suerte por no poder tenerlos aquí.
- ¡¡No!!.- gritó ella tratando de zafarse de la fuerza
del coronel. La mujer trató de mantenerse firme, pero las palabras
de Daniel resonaban en su cabeza trayendo recuerdos demasiado dolorosos.
- No la adoras Hipólita, la temes.- dijo Jack. En ese momento sintió
un fuerte dolor en el cuello que le hizo caer de rodillas al suelo, arrastrando
con él a Hipólita. Carter trató de avanzar hacia
él para recoger el arma lanzadera de Hipólita del suelo,
cuando una nueva mujer entró en la sala golpeándola en el
estómago con la lanzadera que ella llevaba en la mano haciéndola
caer hacia atrás. Segundos después, Hipólita se alejó
arrastrándose de O'Neill que permanecía en el suelo inconsciente,
mientras miraba hacia quién había hecho que ambos cayeran.
Shekmet les miró mientras sus ojos se iluminaban y dos nuevas guardias
amazonas entraban a la sala, una apuntó a Jackson con su arma dejando
ésta a sólo unos centímetros de su cuello, mientras
la otra arrebataba a Harsesis de los brazos de Teal'c sin que éste
pudiera hacer nada por impedirlo.
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Carter
se sentía furiosa. La situación se les había escapado
de las manos tan sólo por unos segundos. La mayor, en el suelo,
sentía un fuerte dolor en el estómago propinado por aquella
guardia y para colmo parecía que el coronel estaba inconsciente
por el golpe que le había dado Shekmet en el cuello. Se mantenía
inmóvil y no podía saber, desde donde se encontraba, si
por lo menos él estaba bien.
- Mi señora...- comenzó a decir Hipólita levantándose
del suelo y acercándose a ella.
- ¿Qué rebelión es esta?.- exclamó con furia.-
¿Y qué hacen estos hombres aquí?
- Trataban de llevarse al niño, mi señora.- dijo ella agachando
la cabeza. Daniel no podía creerlo. Sus esfuerzos no habían
servido de mucho.- Los sorprendí al entrar en la sala.- de nuevo
los ojos de Shekmet se iluminaron con furia.
- ¿Quiénes sois? ¿Y cómo osáis desafiarme?.-
Daniel miró hacia Jack. Normalmente era él quién
trataba de arreglar aquellas situaciones, pero estaba claro que esta vez
no podría ser.- ¿Es que no vais a contestarme?.- Daniel
permaneció en silencio igual que los demás. Dijera lo que
dijera no serviría de nada. A lo sumo enfadarla más de lo
que estaba, pero en esos momentos, eso tampoco importaba demasiado.
- Traté de averiguarlo, mi señora. Tampoco a mi me dijeron
nada. Pero llevan la marca de Apophis.- dijo señalando a Teal'c.
Shekmet le miró para comprobar lo que ella le decía.
- ¿Apophis trata de traicionarme?.- Se percató entonces
de que el cinturón de oro estaba en el suelo. Avanzó hacia
él y lo recogió para después ponérselo en
la cintura.- Le costará caro su intento fallido. No ha podido arrebatarme
el cinturón que mantenía nuestra alianza.- Miró entonces
hacia una de las mujeres guerreras, la que llevaba al niño en brazos.-
Set Jaffa, Kree.- la dijo. Ella la miró.- Lleva al niño
a mis aposentos, después ordena que las guerreras a mis órdenes
en el templo se unan a mi aquí.
- Sí, mi señora.- dijo la Jaffa mientras avanzaba para sacar
al niño de la sala. Daniel hizo un ademán, más como
un acto reflejo que como un intento de permitir aquello. La guerrera que
le apuntaba le amenazó con el arma haciendo que Daniel volviera
a quedarse inmóvil al sentir apoyarse la fría lanzadera
en su garganta. La mujer salió con el niño mientras Shekmet
se acercó a Hipólita.
- Saca a estos hombres de aquí. Este lugar es sagrado y su presencia
es una ofensa. Ordena que los lleven al poblado y se les trate como lo
que son. Salvo a él.- dijo mirando a Teal'c.- Como guardia de Apophis
va a tener que contarme muchas cosas. Mantenlo encerrado y con vigilancia
a la espera de mis órdenes.
- Sí, mi señora.- dijo Hipólita haciéndole
un gesto a la mujer guerrera que apuntaba a Daniel para que lo hiciera
andar.
- Y en cuanto a ti, querida...- dijo mirando a Carter.- Tu traición
hacia nosotras la pagaras con tu vida.- Dos mujeres guerreras más
armadas entraron en la sala. Sujetaron ambas a O'Neill inconsciente en
el suelo, por los hombros para sacarlo de allí. A la vez, la guardia
que mantenía a Daniel vigilado, sin quitarle el arma del cuello,
se colocó tras él y lo empujó para que se moviera
y siguiera a las dos compañeras que arrastraban a O'Neill fuera
de la sala. Hipólita se acercó a la Jaffa que apuntaba a
Carter tras recoger su arma del suelo. La miró entonces fijamente.
Ésta tercera guardia se acercó a Teal'c y le golpeó
con su lanzadera de mano en las piernas para que se pusiera en pie y la
siguiera. Carter miró a Hipólita desafiante aún desde
el suelo. Tras apuntarla la amazona con su arma, la hizo un gesto con
la cabeza para que se levantara. Sam no tuvo otra opción. Seguirla.
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Daniel
caminaba en silencio vigilado de cerca por aquella joven amazona. Quizás
no tuviera más de veinte años, pero manejaba con destreza
el arma lanzadera con el que ahora le amenazaba para que no dejara de
andar. Aunque pudiera hacer algo por deshacerse de ella, temía
que su intento fuera después vengado, acabando con la vida de Jack,
que era arrastrado por otras dos jóvenes delante de él.
Miró a su alrededor en varias ocasiones tratando de saber en qué
parte de aquel lugar habrían llevado a Harsesis. Las tres amazonas
los condujeron de nuevo a la zona en la que hacía solo unos momentos
ellos mismos habían usado los anillos. Precisamente en ese lugar
se detuvieron. La carcelera de Daniel le empujó por detrás
para que se colocara junto a sus compañeras y a O'Neill. Sin duda
les iban a sacar de aquel lugar y llevarlos al poblado. Los anillos se
pusieron en marcha y segundos después pisaba de nuevo el suelo
de mármol del templo, justo debajo de la nave de aquella goa'uld.
La amazona le empujó para que siguiera a sus compañeras
fuera del lugar. Esperaba que Jack despertara lo antes posible, sin duda
estaban en un buen aprieto y quizás sólo él sabía
lo que debían hacer para salir de allí ahora que aquellas
mujeres les habían separado.
...
..................................
Yolao
se sentía inquieto. Levantó la vista hacia el cielo para
tratar de calcular el tiempo que había pasado desde que los extranjeros
le habían dejado allí. Miró una vez más por
el aparejo que O'Neill le había entregado. No parecía que
nada hubiera cambiado durante todo ese tiempo, y no sabía ya si
eso era bueno o malo. Al mirar hacia la entrada del templo, se percató
de que un pequeño grupo salía de allí. Al manejar
el aparato consiguió acercar su vista un poco más. Su respiración
casi se cortó al ver cómo dos amazonas sacaban a O'Neill
de allí aparentemente muerto, y el doctor Jackson caminaba detrás
con otra joven. Se quitó los prismáticos de los ojos y respiró
con fuerza. Shekmet les había atrapado. Había pensado en
aquella posibilidad pero, había suplicado a los dioses que no ocurriera.
Siguió de nuevo con el aparato extranjero al pequeño grupo
de rehenes. Tras cruzar parte del poblado llegaron a una zona no muy alejada
del río. Allí había varias antorchas encendidas y
varios postes habían sido clavados en el suelo. Vio cómo
mientras dos de las amazonas registraban a O'Neill, le quitaban el sudario
para comprobar que no escondía nada bajo las ropas quedándose
ellas con el botín del registro. Junto a ellos la tercera amazona
le hablaba a Jackson. Al parecer le ordenaba que se quitara el sudario
como sus compañeras habían hecho con el otro rehén.
Daniel no pareció titubear y obedeció dejando a la vista
sus vestimentas con las que él les había conocido. Notó
movimiento entonces en la puerta del templo. Al mirar hacia allí
vio salir a dos amazonas más, una de ellas era sin duda la mayor
Carter y portaba ropas de las mujeres de aquella tribu. Fue entonces cuando
se percató de que Hipólita, su esposa, era quién
la acompañaba. Le indicó que caminara justo hacia el lado
contrario al que habían llevado a sus compañeros. Un fulgor
blanco inundó la zona. Yolao miró hacia el cielo, a lo lejos
podía ver una masa de nubes acercarse avisando de una tormenta.
No podía quedarse allí quieto. Debía hacer algo,
si no aquellos extranjeros con tantas ansias por ayudarle, quizás
no vieran un nuevo día.
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Carter
se giró para mirar a Hipólita. Había perdido la pista
de O'Neill y de Daniel justo cuando alcanzaban el pasillo y antes de utilizar
ellas mismas el mismo medio de transporte para salir de la nave.
- ¿Dónde han llevado a los otros?.- preguntó aún
sabiendo que no obtendría la respuesta que ella esperaba.
- Las preguntas las formulo yo.- dijo Hipólita con seriedad. Por
más que la miraba no conseguía recordar a qué zona
del poblado pertenecía.- Aún no puedo creer que tuviéramos
a una traidora entre nosotras.
- Tú eres aquí la traidora.- dijo Carter.- Traicionaste
a tu pueblo real para unirte a una causa en contra de ellos. Y lo peor
es que tu marido aún cree que podía convencerte de desistir.
- ¡Cállate y camina!.- le gritó.- No me creo tus mentiras.
- ¿Mentiras? ¿Piensas que tu esposo es ahora una mentira?
Él está preocupado por ti, aunque quizás debería
preocuparse por él mimo, dado que tú haces lo mismo.- Hipólita
la empujó con su arma para hacerla callar.- Nunca te mentimos.
Si no les creíste a ellos por el simple hecho de ser hombres, por
lo menos escúchame a mí.
- ¿Escuchar a una traidora?
- Escuchar a quién pudo ver en los ojos de tu esposo la pena y
la angustia en querer ayudarte y no poder hacer nada. Esos hombres a los
que habéis abandonado por unas creencias infundadas, se sienten
tan arrepentidos y tienen tanto miedo de revelarse...
- Tienen miedo porque son cobardes.
- Te equivocas. Tienen miedo porque si se revelan, quizás Shekmet
pague con vuestras vidas su valentía.
- Ella vive para cuidar de nosotras.
- Ella vive para que la sirváis.- dijo Carter.- Si eres incapaz
de ver que os utiliza para su propio beneficio entonces no eres tan inteligente
como Yolao nos dijo. Si él no ha hecho nada, es por temor a que
salgáis heridas en esta contienda, sabe que Shekmet tiene un gran
poder y la teme. No por él, sino por ti.- la joven la miró
con furia.
- Deja de preocuparte por los demás y empieza a hacerlo por ti
misma.- la dijo haciéndola un gesto para que mirara hacia delante.
Carter la miró extrañada. Al girar la cabeza para comprobar
hacia dónde la llevaba vio con sus propio ojos el que iba a ser
por el momento su lugar de encierro. Construido con gruesos palos de madera,
que aquellas mujeres habían unido con cuerdas, tenían ante
sí una cárcel de forma cuadrada y de baja altura. Casi parecía
más una jaula para animales que para personas.- Para empezar pasarás
lo que queda de noche aquí, querida. Shekmet ordenará tu
ejecución mañana, aunque espero convencerla de que no use
ese método contigo.- Empujó a Carter para que se agachara
y entrara en aquella ratonera.- Le suplicaré si es necesario para
ser yo misma la que acabe con tu vida.- dijo cerrando la jaula y dejando
a la mayor sentada dentro en un espacio tan reducido, que aún manteniéndose
encorvada, le faltaba espacio.- Quizás la convenza para un duelo
entre ambas. Duelo que te será difícil ganar cuando salgas
de ahí con los músculos agarrotados.- La joven la sonrió
con sarcasmo. Un resplandor iluminó el poblado y segundos después
se escuchó un gran trueno. La tormenta se acercaba. Sam miró
a la joven alejarse. Después miró los barrotes a su alrededor.
Tras ella sólo había un montón de frondosos árboles
a unos cuantos metros. Pero no podría salir de allí sin
ayuda.
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Teal'c
miró a aquella goa'uld sabiendo que no sería compasiva con
él. Había sufrido durante años viendo como aquellos
que se hacían llamar sus dioses, eran crueles con cualquier ser
del Universo. Se creían con poder suficiente para dominar a todas
las especies y en esos momentos él era un simple rehén,
igual que sus compañeros. Estaba casi convencido de que él
era el único que aún seguía en la nave de Shekmet.
Le habían despojado del sudario que llevaba para ocultar sus ropas,
y la joven que lo había llevado hasta aquella sala tan oscura le
había registrado, quitándole no sólo las armas, también
el chaleco con la radio. De pie, subido sobre un pequeño pedestal
vio entrar a Shekmet en la sala mientras la joven le apuntaba con su lanzadera
de mano. La diosa le miró desafiante, sus ojos se iluminaron. Le
hizo un gesto a la joven, que sin soltar la lanzadera y de un tirón
brusco, hizo de la camiseta negra que Teal'c llevaba encima un enorme
jirón, dejando el torso del hombre al descubierto y con ello su
cicatriz en forma de cruz.
- Tú eres el único que porta a un hijo de los dioses.- dijo
Shekmet mirando su cicatriz.- Eres el único Jaffa entre tu grupo.-
Teal'c le miró sin contestar. Shekmet le hizo un nuevo gesto a
la joven para que se apartara. Esta obedeció de inmediato. Se acercó
a una pequeña columna en donde activó varios símbolos
en ella, y varios rayos salieron del techo de la nave formando una cárcel
alrededor de Teal'c. Conocía aquella estructura. Si tocaba las
paredes recibiría una gran descarga. Aquella era una de las muchas
formas que tenían los goa'uld para sacar información a sus
rehenes. En esos momentos dudaba entre la estrategia que debía
tomar. Habían sido capturados, seguramente harían todo lo
posible para conseguir información. Por el momento pensaban que
Apophis les había enviado y al haber destruido Hipólita
el peltac de la nave con su disparo, estaban incomunicados y también
inmóviles. Al igual que ellos no podrían comunicarse con
Apophis para engañarlo, aquellas mujeres no podrían verificar
el engaño. Parte del plan del coronel O'Neill seguía adelante,
aunque sin duda con algunas modificaciones. No entraban en los planes
caer en manos de aquella goa'uld. Shekmet se acercó entonces a
su cárcel.- Sabes que tendrás que colaborar. De ti depende
que sea más o menos doloroso.- le dijo.- ¿En qué
parte de la galaxia se esconde ese traidor?.- le preguntó. Sin
duda se refería a Apophis.
- Soy sólo un Jaffa. Sólo cumplo órdenes.
- ¿Qué órdenes?.- preguntó de nuevo.
- Llevarme al Harsesis y el cinturón.- contestó con frialdad.
La mujer le miró desafiante.
- ¿Por qué? ¿Por qué Apophis ha cambiado de
opinión?.- preguntó ella. Teal'c se quedó pensativo.
No debía bajar la guardia, no debía serle fácil sacarle
información. Si conseguía engañarla quizás
tuvieran una oportunidad.- ¡Kree Jaffa!.- exclamó con furia.-
Sabes que tengo métodos para sacarte esa información. ¿No
querrás probarlos, verdad?.- Teal'c guardó silencio. En
esos momentos su resistencia debía permitirles ganar tiempo. Shekmet
no tomaría una decisión hasta saber con seguridad cuáles
eran los planes de su rival.- Me han dicho que los guardias del dios serpiente
son fuertes y valientes. Dicen que son de los mejores preparados entre
los Jaffas.- la mujer se acercó a los mandos que segundos antes
la guardia amazona había manejado.- Sabes que será un placer
para mi comprobarlo. De ti depende el experimento.- El Jaffa permaneció
impasible y Shekmet sonrío.- Como desees.- Luego apretó
uno de los botones del pequeño cuadro de mando y un rayo amarillo
inundó el pequeño receptáculo en el que Teal'c permanecía
en pie. El Jaffa gritó ante el dolor que aquel rayo torturador
le producía. Su larva sufría en esos momentos aquel mismo
dolor, pero debía resistir. Debía tratar de convencer a
aquella goa'uld que podía tener información que le interesara.
Resistir era lo más importante en esos momentos y si era necesario,
hacerlo antes de morir.
CAPITULO
12
El
doctor Jackson miró hacia el cielo cuando notó que comenzaba
a llover, segundos después un chaparrón comenzó a
caer con furia sobre él. Atado a un poste, permanecía inmóvil
mientras se mojaba y en segundos el agua de lluvia le calaba. Miró
al poste de al lado de él en el que O'Neill también atado,
permanecía aún inconsciente. Le habían quitado como
a él la camiseta tras un registro exhaustivo que impidiera que
escondieran algún tipo de utensilio para liberarse. Tiró
de sus ataduras en las manos pero sólo conseguía hacerse
daño con ellas. El agua helada le corría por la espalda
desnuda haciendo que su piel se erizara. A Jack le habían sujetado
por la cintura al poste además de por las piernas y por los brazos,
para mantenerlo en posición erguida. Daniel tenía atadas
sólo las manos y los pies, que ya era suficiente para no permitirle
ninguna movilidad. Miró hacia atrás esperando ver alguna
forma de escapar de allí, pero a algunos metros sólo había
matorrales tan altos, que le impedían ver qué había
al otro lado. Escuchó, tras un fuerte trueno en el cielo, lo que
parecía un quejido y miró de nuevo a Jack que parecía
salir, gracias a la lluvia helada, de su inconsciencia.
- ¡Jack!.- exclamó esperando así que espabilara.-
¡¡Jack!!.- El coronel levantó la cabeza aturdido. Tenía
un fuerte dolor en el cuello. Al mirar a su alrededor trató de
situarse.- Jack, ¿estás bien?.- le preguntó, aunque
por la expresión de su rostro estaba seguro que tendría
un terrible dolor de cabeza. El golpe que le había propinado Shekmet
le había dejado fuera de combate desde hacía por lo menos
media hora. Aunque el arqueólogo había tratado de despertarlo
llamándole, no lo había conseguido. Sólo el agua
helada de aquella tormenta le había hecho espabilar. El coronel
le miró tratando de ver entre el aguacero que en ese momento les
caía encima.
- Daniel...- dijo mirando a su alrededor y viéndose inmovilizado.-
¿Qué ha pasado?.- preguntó esperando que el lingüista
le informara.
- ¿No lo recuerdas?.- preguntó Jackson con preocupación.-
¿No recuerdas lo ocurrido?
- Podría ponerme a pensar Daniel... pero prefiero que me ahorres
el trabajo.- dijo a la vez que tiraba de las cuerdas de sus manos.- Me
duele la cabeza.
- Shekmet te golpeó por detrás. Llevas inconsciente mucho
tiempo. Empezabas a preocuparme.
- ¿Y... Carter?.- dijo mirando a su alrededor.
- Fue llevada a otro lugar. Igual que Teal'c. Jack, nos han separado.
- Eso lo noto.- dijo en un grito a la vez que un estruendoso trueno resonaba
en la zona. Miró hacia el cielo. Tenían la tormenta encima,
le dolía la cabeza y encima estaba empapado. Sentía un frío
intenso y el hecho de llevar tan sólo las botas y el pantalón
de campaña no ayudaba demasiado. Miró entonces a Daniel.-
¿Tú estás bien?.- le preguntó. Daniel le miró
pensativo.
- Ahm... bueno, he estado en mejores situaciones.- comentó casi
con un suspiro.- Creo que sólo recuerdo una vez en la que he estado
igual de empapado.- O'Neill le miró, la verdad es que él
no recodaba en ese momento ninguna situación tan húmeda,
aunque sí alguna tan fría. Pero las situaciones que sí
le venían a la cabeza eran aquellas en la que tantas veces habían
tratado de ayudar a algún pueblo, que al principio se mostraba
hostil: y esa era una más de aquellas situaciones.- ¿Cómo
vamos a salir de aquí, Jack?.- preguntó el joven arqueólogo.
El coronel le miró con sorpresa. Sabía que su posición
como comandante en jefe de aquel equipo le hacía tener que tomar
la iniciativa muchas veces. Aquella era una de ellas, aunque sin duda
mucho más complicada. Aún así su forma de ser le
hacía siempre ser un hombre positivo, aún en momentos tan
difíciles como ese.
- Estoy pensando, Daniel.- dijo frunciendo el ceño.
- Ya... pues espero que dentro de tu "cavilación" esté
el objeto "cuchillo" o algo parecido para soltarnos de aquí.-
el joven le miró con cierto enfado. O'Neill sintió en su
voz incluso algún tipo de desilusión.
- Lo siento... - dijo entonces.- Me han quitado todo lo que llevaba encima,
incluida mi navaja "mil funciones". Habrá que buscar
otro método para escapar sin contar con ella.- Daniel se percató
de que su tono no había sonado demasiado bien. Estaba furioso consigo
mismo. Como siempre se había dejado llevar por la posibilidad de
la comunicación con el pueblo que acababa de conocer. Sin embargo,
esta vez no había resultado cómo él esperaba. Se
había equivocado, y quizás por su culpa se encontraban en
ese momento en una situación tan complicada. Empezaba a pensar
en tener que obedecer a Jack cuando le recordaba una y otra vez que abandonara
la diplomacia en ese tipo de circunstancias y tratara de pensar como un
militar aunque no lo fuera.
- No... - comenzó a modo de disculpa.- Perdóname tú
a mí. Me siento... frustrado. Pensé que la convenceríamos.
Me equivoqué. Y ahora: míranos. Cada uno por un lado, y
nosotros a punto de coger una pulmonía.- O'Neill le miró
pensativo. Bien sabía Dios que los científicos y él
no eran muy amigos. Pero aquel "científico" que tenía
delante era capaz de reconocer un error, y era su amigo. Sonrió
abiertamente mientras una fina lluvia caía en ese momento.
- Bueno, miremos el lado positivo.- Daniel le miró con un interrogante
en su expresión.
- Ah... ¿pero hay lado positivo en esta situación?
- Por supuesto. Siempre lo hay. En este caso y a pesar de las circunstancias
contradictorias... estamos los dos juntos.- Jackson arqueó las
cejas sin comprender muy bien lo que quería decirle.- Dos cerebros
piensan mejor que uno. Así que ponte a pensar cómo demonios
desatarnos, alejarnos de aquí, salvar a Carter, buscar a Teal'c
y al niño y robarle a Shekmet el cinturón y a su amigo Apophis
el hacha. ¡Ah! Derrocarlos a la vez si es posible y volver a casa
antes de cenar.- Jackson le miró para después reír
ante lo que acaba de oír.- ¿Qué?.- preguntó
él con sorpresa. El arqueólogo negó con la cabeza
mientras sonreía. A veces su impasividad y su negación a
las teorías que formulaba porque sencillamente le aburrían
le exasperaba, pero tenía algo claro, no cambiaría a aquel
hombre por ningún otro en situaciones de ese tipo. Era el mejor.
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El
gran salón real de la diosa Shekmet estaba preparado para recibir
su presencia. Hipólita miraba a sus compañeras guardias,
listas con sus atuendos de cuero de lucha y todas con sus armas lanzadera
en la mano. Cada una de ellas portaba en la frente el símbolo de
la diosa, una cabeza de leona de perfil que las daba ese honor. Las diez
mejores de aquellas mujeres esperaban ahora órdenes de Shekmet
para poner en marcha a sus respectivas Jaffa a sus órdenes, para
no dudar un segundo en realizar los planes de su diosa. Hipólita
no poseía aquella identificación, pero era la única
amazona en la sala que portaba un arma lanzadera en la mano aunque su
atuendo era idéntico al de sus hermanas del poblado. Ella tenía
el honor de no necesitar estar marcada como aquellas para ser la mano
derecha de Shekmet. Un pequeño cortejo de cuatro mujeres vestidas
con túnicas blancas entró en la sala. Aquella era la vestimenta
de las sacerdotisas del templo, y sabía que sin duda Shekmet saldría
tras ellas. Vestida con su traje de ceremonia de amazona, y un enorme
tocado en la cabeza, el cinturón de oro en sus caderas y con su
brazalete puesto, se acercó con paso tranquilo hacia su trono.
Toda la sala se agachó ante su presencia con una reverencia, incluida
la propia Hipólita. La diosa se sentó en el trono con una
gran sonrisa e hizo un gesto con su brazo para que ellas se levantaran.
Obedecieron en segundos. Los ojos de la diosa se iluminaron.
- He tomado una decisión tras pensar con detenimiento la situación
que acabamos de vivir. Estas son mis órdenes: Apophis nos ha retado.
Sin duda ha pensado que puede reírse de nosotras, y ese ha sido
su error. Hemos reunido durante este tiempo fuerzas suficientes como para
hacerle frente. Por ello quiero que mis diez cabecillas se encarguen de
preparar en breve un ataque contra éste. Desplegaremos toda la
flota de planeadores en su contra. Sólo una mínima parte
permanecerá en Termodonte para proteger el templo. No permitáis
que se burle de nosotras. Somos independientes y autosuficientes ahora,
y es el momento de demostrarle quiénes son las Amazonas. En cuanto
a los prisioneros... también he pensado en su futuro inmediato.
Seguiremos tratando de sacarle información al Jaffa y una vez lo
consigamos decidiremos qué hacer con él. En cuanto a la
amazona rebelde... morirá en combate y sin ninguna dignidad. Una
de vosotras acabará con su vida. Se realizará una gran ceremonia
en el poblado para ese evento. La vencedora dispondrá a su antojo
de uno de los dos prisioneros hombres, yo misma dispondré a mi
capricho del otro. Mientras que aquella que consiga sacarle información
al Jaffa dispondrá de él, no me importan los métodos
a usar para conseguirlo.- De nuevo las diez amazonas volvieron a agacharse
dando a entender que en ese mismo momento comenzaban a cumplir las órdenes
de su diosa. En fila, las diez salieron de la sala. Shekmet miró
a Hipólita.- Dispónlo todo como deseo.
- Sí, mi señora.- dijo agachando la cabeza. Después
salió de la sala. Shekmet se quedó sola en aquella habitación.
Sabía que las fuerzas de Apophis eran muchas, pero estaba segura
de que sus mujeres lucharían hasta morir por cumplir sus ordenes.
Aquella era una gran oportunidad. Había esperado mucho tiempo para
conseguir una excusa como la que ahora se le brindaba y de esa forma acabar
con el pacto que hizo con Apophis hacía tanto tiempo. Había
llegado el momento de conseguir derrocarle y de esa forma, alzarse con
su poder. Sería reverenciada hasta los confines de la Galaxia,
y aquel había sido su único objetivo: desde siempre.
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La
sala en la que se encontraba volvía a abrirse. Estaba convencido
de que alguna de aquellas mujeres volvería a entrar para torturarle.
Quizás fuera el momento de llevar un paso más adelante el
plan del coronel O'Neill. Teal'c miró a la joven que entró
en ese momento. Aquella era nueva. Hasta ese momento era la primera vez
que la veía. Se acercó al panel de control y le miró
desde allí. Iba armada como un Jaffa, con la lanzadera que apoyó
sobre la pared mientras le observaba con detenimiento. Teal'c había
visto aquella expresión multitud de veces en las gentes de su propio
pueblo. Los Jaffas de Chulak habían creído ciegamente en
ser los brazos ejecutores de las órdenes de su dios Apophis. En
esos momentos veía aquella misma mirada en los ojos de aquella
joven. Rubia, de tez blanquecina tecleó en el panel aunque no tuvo
ningún efecto sobre la cárcel que en aquel momento aprisionaba
a Teal'c. Quizás fuera aquel el momento de empezar a plantear él
las preguntas.
- ¿Quién sois?.- preguntó no esperando recibir respuesta
de la mujer. Esta dejó de teclear en el panel para mirarle con
frialdad. Luego le sonrió. No era una sonrisa que expresara ni
mucho menos alegría, era sencillamente una sonrisa malévola.
- Si lo sabes Jaffa, ¿por qué preguntas?.- Teal'c la miró
pensativo.- Como tú porto el emblema de mi dios, y cómo
tu voy a defenderlo hasta la muerte si es preciso.
- Lo único que yo sé es que vuestros planes no os llevarán
a un buen final.
- Te equivocas. Tú mismo podrás comprobar el poder de nuestras
fuerzas cuando veas en la cárcel junto a la tuya, al mismísimo
Apophis arrodillado pidiendo clemencia.- la joven volvió a centrar
su atención frente al teclado de la sala. Teal'c se quedó
pensativo. Sin duda aquella mujer estaba convencida de poder ganar en
una batalla contra el que fue su dios.
- Eres tú la que comete un gran error. Apophis os vencerá
si pretendéis atacarle. Lo único que obtendréis es
ver como caéis unas tras otras frente a su soberanía. Posee
al ejército de Heru-ur y el de Sokar a su disposición, y
el vuestro jamás podría acabar con la potencia de sus naves.-
la joven se echó a reír.
- Quizás tengas algo más que decir cuando vengan a sonsacarte
información. Algo más que todas esas fanfarronadas sobre
la superioridad de Apophis. En estos momentos sabemos perfectamente dónde
está y pronto... sabrá de nosotras.- sin decir una sola
palabra más salió de la sala cogiendo de nuevo el arma lanzadera
que había dejado apoyada en la sala. Teal'c estaba completamente
seguro. Si Shekmet había pensado en atacar a Apophis con sus armas,
no ganaría. Apophis vendría hasta allí a vengarse
de ella. Esa posibilidad era tan buena como mala, buena porque atraería
hasta Termodonte a aquel que portaba en esos momentos el hacha que ahora
ellos buscaban, y mala porque acabarían en medio de una guerra
entre dos poderosos goa'uld sin poseer las armas necesarias para derrocarles.
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- Oye Jack, estoy
pensando... que tal vez... debería intentar algo diferente.- dijo
Daniel mientras dejaba de tratar de frotar las cuerdas sobre la madera
que lo tenía apresado consiguiendo sólo hasta el momento,
clavarse aún más las cuerdas en sus muñecas ya enrojecidas.
Por ese camino no llegarían demasiado lejos. Por lo menos había
dejado de caer aquella incómoda y fina lluvia, aunque la noche
no era precisamente apacible. La oscuridad había caído en
la zona y el fulgor de la luna llena no podía dejarse apenas ver
debido a los nubarrones que tenían aún encima. No le extrañaba
que en cualquier momento volviera a comenzar a llover, y la verdad, ya
tenía bastante agua acumulada en los pantalones de campaña
y las botas como para recibir más. Además, la brisa que
corría en esos momentos era helada, o por lo menos así lo
sentía en los brazos y el pecho. Estaba seguro que Jack también
tendría la piel erizada por culpa del frío. Si no morían
en manos de esas mujeres, morirían ahogados o de una neumonía
al paso que iban.
- Bien, ¿en qué has pensado?.- dijo parando de frotar las
cuerdas. El dolor de cabeza parecía por lo menos haberse apaciguado
un poco. Aunque el hecho de pensar en el destino de su amigo Teal'c o
en el de su oficial no eran precisamente pensamientos alentadores para
su cabeza.
- Bueno, si Harsesis ha podido comunicarse conmigo y dado el vínculo
que él parece tener a través de mí, quizás
ésta vez debería ser yo quién pruebe a comunicarse
con él.- Jack le miró frunciendo el ceño.
- Vale, ¿y después de eso? ¿En que buen plan has
pensado para salir de aquí?
- Jack, tal vez él pueda ayudarnos.
- Por el amor de Dios, Daniel. ¿Y si puede por qué no lo
hizo antes?
- Bueno, no lo sé. Quizás le pilló de sorpresa como
a nosotros.- O'Neill le miró nada convencido.- Vamos Jack, tú
lo viste igual que los demás. Harsesis tiene grandes poderes. Hizo
levitar el cinturón delante de nuestras narices. Y eso sin contar
que abrió sólo el dispositivo en donde estaba escondido.
- Mira, está claro que eso no puedo explicarlo Daniel, pero de
algo estoy seguro. Si hubiera podido ayudarnos cuando nos apresaron, no
comprendo por qué se puso a jugar con un cajón y un cinturón
y no nos dio oportunidad con su "magia" para defendernos de
esas mujeres.- Jackson le miró pensativo. Él también
lo había pensado y la verdad es que sólo se le había
ocurrido una explicación.
- Bueno, cómo tú dices, sólo es un niño. Quizás
todo lo vea como un juego.- Jack le miró de nuevo tras haber vuelto
a comenzar a tratar de soltarse. Daniel sabía que por aquel camino
no lograría convencerle de ninguna forma. Jack era demasiado escéptico,
como él lo había sido hasta sufrir lo que el niño
le había provocado hasta ese momento.- Oye, no pierdo nada por
intentarlo dado que el método de la fuerza no funciona.
- Como quieras "pequeño saltamontes". Veo que nada puedo
hacer para impedir que vuelvas a caer inconsciente o que te pongas a gritar
como poseído si es tu gusto.- Daniel ni siquiera escuchó
lo último que el coronel le dijo. Cerró los ojos y trató
de concentrarse. No sabía si aquella era la forma correcta de hacerlo
o si en realidad iba a funcionar, pero era lo único que se le ocurría
dada la situación. Jack paró de nuevo al sentir como las
cuerdas empezaban a hacer mella en sus muñecas y le levantaban
la piel humedecida por el agua de lluvia. Miró a Jackson que permanecía
con los ojos cerrados como si tratara de meditar. Negó con la cabeza
sintiendo que aquello no iba a funcionar. Daniel le preocupaba, pero al
fin y al cabo estaba con él, en esos momentos sólo podía
pensar en la forma más rápida de escapar de allí
y buscar a Carter y a Teal'c. Tenía el presentimiento de que tampoco
estarían mucho mejor de lo que en esos momentos, ellos se encontraban.
Daniel trató de dejar la mente en blanco. Eran sin duda una tarea
complicada teniendo en cuenta el momento que vivía, pero debía
por lo menos tratar de intentarlo. Procuró pensar en el niño.
Aquel que él mismo trajo al mundo, el que había tratado
de proteger a costa de lo que fuera, incluso de creer que podía
tener poderes especiales para ello. Oma Desala le mostró su poder
y él creyó ser poseedor de aquellas virtudes. Y en cambio,
al final pudo comprender que la lección a aprender era muy diferente.
Que ella era la poseedora del don y que debía ser la encargada
de proteger al pequeño. Recordó por un instante la misión
de Kheb junto al maestro y mentor de Teal'c, Brata'c. Pero aquellos recuerdos
eran suyos, no estaba consiguiendo entrar en la mente del niño.
Cuando trataba de hacerlo lo único que veía era oscuridad.
- Mierda.- dijo entre dientes a la vez que abría los ojos. Jack
le miró sonriente. Jackson se quedó pensativo.- Vale, lo
mío no es la meditación trascendental.
- Bueno, no seas duro contigo mismo. Tienes otras
virtudes.- dijo
O'Neill con una sonrisa.
- Ya, pero ninguna que nos haga salir de aquí por el momento. O
por lo menos no a corto plazo.
- Bueno, parece que nuestra suerte cambia.- dijo mirando hacia el fondo
del pequeño camino que les había llevado hasta allí.
Hipólita, se acercaba a ellos caminando sin demasiada prisa.- Quizás
lo haya pensado mejor y venga a soltarnos.
- ¿Tú crees?.- dijo Jackson sin ningún animo de creer
aquello.
- Oye, no serás bueno en meditaciones, pero tú eres el mejor
en discursos
rollos. Yo antes te habría dado por lo menos
el beneplácito de la duda.
- Ya
- dijo Jackson mientras sonreía sin muchas ganas al ver
que Hipólita se paraba frente a ellos.
- Vengo a traeros noticias.- dijo con sequedad.
- Has cambiado de opinión y vas a soltarnos de aquí para
ayudarnos.- dijo O'Neill con una sonrisa de oreja a oreja. La joven le
miró desafiante.
- A traeros malas
noticias.- dijo de nuevo ella.
- Ah
Shekmet ha tropezado con su capa, que no le sirve para volar,
y se ha partido el cuello.- dijo de nuevo. La joven le miró sin
contestar.- Ya
malas noticias para nosotros no para ti. De acuerdo
-
se quedó pensativo durante un momento.- Chica, no se me ocurre
qué, estoy en blanco.
- No sé como aún en vuestra situación osáis
reír.- comentó ella con una sonrisa.
- Bueno, en realidad yo sólo muevo los labios. Él es el
que habla.- Jackson arqueó las cejas cuando la joven le miró.
- ¿Qué otra opción nos dejas, Hipólita?.-
comenzó a decir.- Te hemos contado toda la verdad y tú no
crees nuestras palabras.- Ella se echó a reír.
- Ni las tuyas, ni las de nadie como tú.
- Oh, por todos los diablos, ¡deja ese rollo feminista!, ¿Quieres?
Cuando esa a la que llamáis vuestra diosa no os necesite, os enviará
a todas al infierno.
- Eso no es cierto.
- ¿Es eso lo que crees? Pues con esa actitud sólo verás
morir a todas tus compañeras en las manos de una mujer que nunca,
y repito, ¡nunca! ha hecho nada por los demás. Sólo
para su propio beneficio.- dijo O'Neill enfadado.
- Ella nos protege.
- ¿A costa de qué? ¿De matar a vuestros hijos? ¿De
manteneros aisladas de vuestros esposos? ¿De esclavizar a vuestras
hijas?.- dijo Jackson.
- Ha asegurado nuestra protección durante años. Y va a seguir
haciéndolo siempre. Cuando acabe con Apophis, su poder se extenderá
más allá aún y
- Esclavizará a otras como tú por gusto.- la interrumpió
Daniel.
- ¿Qué va a atacar a Apophis?.- dijo O'Neill con sorpresa.-
¡Eso es un suicidio!
- Nuestras guerreras ganaran.
- Ya, y como está tan segura de ganar, ella no va a la batalla.
Se queda aquí protegida por el resto de vosotras.
- ¡Ella se queda aquí para presenciar cómo vais a
morir!.- dijo con enfado ante las palabras del coronel. Ambos se quedaron
en silencio. La joven sonrió al ver que aquello había hecho
cambiar la actitud de los dos prisioneros.- Presenciará el combate
en el que la traidora perderá. La ganadora hará su antojo
con uno de vosotros, Shekmet se quedará con el otro.
- Estupendo
esto va a ser mejor que los espectáculos de las
Vegas.- dijo O'Neill con sarcasmo. Luego miró a Jackson.- Sólo
que nosotros somos el premio.
- Déjame adivinar
- comenzó a decir Daniel.- Vamos
a pasar de prisioneros a esclavos, por orden de Shekmet.
- ¿Esclavos?.- dijo O'Neill mirando a Jackson.- No fastidies. Nunca
se me dio bien la cocina, aunque soy bastante mañoso a la hora
de planchar
- No ese tipo de esclavo, Jack.- le dijo Daniel.
- Vosotros nos proporcionaréis esta vez la posibilidad de tener
hijos.- O'Neill levantó las cejas y rompió a reír.
Tras unos segundos, y viendo que Daniel no parecía afectado por
lo que ella acababa de decir, se quedó en silencio.
- ¿Es en serio?.- Jackson afirmó con la cabeza la pregunta
del coronel.
- Aunque más bien diría yo, que más que hijos serán
hijas. Si son varones Shekmet os obligará a deshaceros de ellos
aún sabiendo que son niños inocentes.- Hipólita se
quedó en silencio ante lo que el joven acababa de decir. Daniel
la miró. En ese momento supo que quizás aquel era el punto
débil de esa mujer. Supo que escondía algo que tal vez pudiera
servirles de ayuda.- ¿Por qué eso será lo que hará,
verdad? Quizás esta vez no los devuelva al poblado de hombres,
dado que no son sus hijos. Es muy posible que por esta vez, vidas inocentes
mueran por culpa de tu "piadosa" Diosa
- la joven se quedó
pensativa. En sólo unos segundos volvió a revivir la muerte
de su bebé.
- Me parece abominable que podáis seguir y defender a una arpía
capaz de acabar con la vida de niños
- Ya lo ha hecho.- le interrumpió Jackson casi con un hilo de voz.
La joven le miró con sorpresa.- Shekmet ya ha matado a niños
en vez de devolverlos al poblado.- la joven se quedó en silencio.
Sentía una fuerte punzada en el pecho al escucharle.
- ¿Lo ha hecho?.- preguntó O'Neill tratando de entender
lo que Jackson pensaba en ese momento.
- Dios
¡¿ese es el precio que has tenido que pagar
para ascender a tu puesto?! ¡¿Matar a tu hijo?! ¿Pero
qué
?
- ¡Basta!.- exclamó con furia.- ¡Una palabra más
y os amordazaré la boca para impedir que habléis hasta que
sea elegido vuestro destino!.- Jackson miró sus ojos un segundo.
Sin duda era capaz de hacerlo, pero en ese momento sólo podía
pensar en lo que acababa de descubrir.
- Hasta ahora no comprendía cómo era posible que fueras
la mano derecha de Shekmet, sin haber tenido ninguna hija. ¡Pero
ahora lo comprendo todo! ¿Lo mataste por orden suya o ella misma
lo hizo ante tus ojos?.- La mujer sacó un afilado cuchillo de su
cinturón con los ojos llenos de ira. El filo resplandeció
con la escasa luz de la luna, a la vez que los ojos de Daniel se abrían
como platos al comprender en un solo segundo lo que iba a ocurrir.
- ¡Te atravesaré el corazón como a un lechón,
aunque mi acto se convierta en un castigo por desobedecer las órdenes
de mi diosa!.- dijo ella acercándose amenazadora.
- ¡Vale, es un bocazas! Ha quedado claro.- dijo O'Neill con rapidez
a la vez que ella le miraba con furia.- Escucha, no nos importa. Nada
de verdad. Nos da igual. Ya nos has dado las noticias
así
que ahora
puedes volver a
tus deberes. No queremos que por
nuestra culpa Shekmet te castigue. No nos gustan
los castigos corporales.
Aceptamos pues nuestro
destino y
ya está.- la joven
pareció contener su ira por un momento ante las palabras entrecortadas
del coronel.
- Por una vez dices algo sensato. Matarlo ahora no me ofrecerá
ningún placer. Yo misma participaré en esa ceremonia, acabaré
con la traidora y dispondré a mi antojo de ti antes de quitarte
la vida.- la joven guardó el cuchillo de nuevo mientras miraba
al arqueólogo. Jackson respiró con fuerza al ver que lo
hacía. Por un segundo pensó que se abalanzaría sobre
él para cumplir su amenaza.- Iré a informar a la traidora
de su destino.- dijo dándose la vuelta y echando a andar por donde
había venido. O'Neill miró a Daniel que resopló con
fuerza al ver que ella se alejaba.
- ¡Dios
Daniel! ¡Casi te mata en el momento! ¿Te
has vuelto loco?.- dijo tratando de respirar con normalidad después
de aquella situación tan embarazosa.
- Sí
- dijo con un hilo de voz.- Creí que lo haría.
- Bueno, lo hará. Al parecer te ha elegido como premio. Tú
sabes cómo complacer a una chica, Daniel. Te has ganado su corazón
antes del tan esperado combate.
- Ahora tenemos un arma para contraatacar.
- ¡¿Qué?!.- preguntó con asombro ante las palabras
de Jackson.
- Esa es la única forma de convencerla de que Shekmet no es un
dios, mató a su hijo.
- ¡Y casi te mata a ti! No la importa Daniel
en absoluto.
- En eso estás equivocado. La importa. Y mucho. Vi su expresión
de odio ante Harsesis. La han hecho cuidar de él al traerlo y no
le permitieron hacer lo mismo con su hijo. Shekmet posiblemente lo mató
como muestra de su fidelidad haciéndola su brazo derecho. Ahora
estoy seguro.
Escucharon
entonces ruido de hojas y pisadas tras ellos. O'Neill se giró para
tratar de mirar unos metros más allá, hacia los enormes
matorrales que había tras ellos y tras los postes a los que permanecían
atados, tratando de esa forma de ver quién se acercaba. En esos
momentos sólo les faltaba que alguna fiera de aquel bosque se echara
sobre ellos, atados y totalmente indefensos.
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