AMAZONAS

Escrito por: Amaunet / Retoques por: Marita

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        CAPITULO 11

        El silencio era sepulcral. Ninguno se atrevió a moverse. O'Neill miró a la joven tratando de estudiar en unos segundos la táctica a tomar. Quizá la vida de todo el equipo, además de la de aquel niño, dependiera en ese instante de una simple opción que él debía tomar.
        La joven les miraba desafiante. Sujetaba sin que sus músculos temblaran el arma lanzadera, apuntando con ella hacia el pequeño Harsesis. Teal'c sujetaba al niño con fuerza, quizás con un rápido movimiento podría soltar aquel pesado cinturón y proteger con su propio cuerpo al bebé. Miró por unos segundos hacia el doctor Jackson, su expresión ante la situación era de terror ante lo que podría ocurrir si aquella mujer disparaba. No estaba dispuesto a fallarle. Había tenido que tomar decisiones difíciles en su vida que habían afectado a Jackson, y a pesar de todo, muchas veces le había demostrado que le apreciaba. Aquel hombre le había perdonado aún sabiendo que él había sido el que eligió a su esposa para ser poseída por una larva goa'uld. Él mismo también hubo de disparar contra ella acabando con su vida, para protegerle de una muerte segura. Y aún habiendo perdido a lo más importante para él, Jackson nunca tuvo en cuenta todas aquellas circunstancias y le veía como a un amigo y un miembro muy importante dentro del equipo. Moriría sin dudarlo por defender a aquel niño que el doctor tanto había deseado proteger.
        Daniel sintió como los músculos de su cuerpo se entumecían. No se atrevía ni a hablar, aunque él era quién normalmente establecía las relaciones sociales cuando llegaban a un nuevo planeta y conocían a sus inquilinos. El sólo hecho de perder a aquel pequeño por un disparo de lanzadera, le mantenía quieto y en silencio, pensando sólo en la promesa que le hizo a Sha're para protegerle. No podía faltar a su palabra. Ella luchó antes de morir para comunicarle aquello y ahora cumplirla dependía de la decisión de disparar o no aquel arma goa'uld.
        Carter trató por su parte de intentar ver en O'Neill cualquier atisbo de un intento de defenderse. A cualquier gesto extraño que él hiciera, estaba preparada pera reaccionar como militar y defender la vida de los demás. Ni siquiera tenía un arma eficaz contra la que ahora les amenazaba, pero no era una razón suficiente como para no luchar.
        Aquella era una gran oportunidad. Quizás no debería pararse a pensar qué hacían aquellos hombres en el templo de Artemisa, por qué iban vestidos como si fueran Jaffas y por qué cargaban con ellos al niño y el cinturón de su diosa. Quizás no debía ni tan siquiera preguntar, y disparar contra aquel bebé que jamás sería el suyo, acabando con su vida y quitándose de encima, aquel resentimiento que la invadía. Aquel era el momento ideal, y quizás no volviera a tener jamás una oportunidad como esa. Mientras esos pensamientos la invadían y convencida por completo en su decisión vio un símbolo que llamó su atención y en décimas de segundos la hizo cambiar de opinión. El hombre que sujetaba al niño llevaba la marca.
- Apophis...- dijo mirando el tatuaje de color oro de la frente de Teal'c.- Mi diosa creyó ser clara cuando os dijo que no quería Jaffas de su corte en nuestro poblado.
- Ahm... ya.- comenzó a decir O'Neill pensando en que quizás tenían una oportunidad al ver la confusión de ella.- Ordenes... ya sabes.- Carter miró al coronel, no estaba segura de que ella tragara el anzuelo.
- ¿A qué os envía? A robar ¿no? Apophis ha traicionado a mi diosa al mandaros para llevaros al niño... y el cinturón de su poder. ¿Y tú les has ayudado?.- dijo señalando a Carter con la mirada.- Hermana, serás castigada...- dijo mientras la miraba tratando de recordar su cara y su grupo dentro de su tribu.- Yo misma hablaré con Shekmet y le pediré su aprobación para poder acabar contigo por traición. Sabes que ella no me niega nada. Sabes que soy su brazo ejecutor.
- Hipólita.- dijo Daniel pensativo. La joven le miró con sorpresa. O'Neill se giró para mirarle con enfado. El nombrarla había echado por tierra su primer intento por salir de allí.
- ¿Cómo... cómo sabes mi nombre?.- dijo ella empuñando con más fuerza el arma. O'Neill pensó con rapidez, quizás era el momento de decir la verdad y esperar que aquella mujer lo pensara dos veces antes de masacrarlos, o confundirla de tal forma que pudiera echarse sobre ella y reducirla.
- Hemos conocido a tu esposo.- dijo O'Neill. La mujer le miró con enfado.
- Yo pertenezco a este lugar. No tengo esposo, soy una mujer guerrera.
- Yolao aún te espera. Tiene la esperanza de que comprendas que éste no es tu sitio.- dijo Daniel. La mujer le miró con desconfianza. Empezaba a formularse preguntas que no le agradaban.
- Habláis demasiado. Y no me decís lo que deseo saber.
- Hemos hablado con tu esposo. Desea que vuelvas a su lado.- trató de convencerla Daniel.
- Jamás. Este es mi pueblo. Mis hermanas son las únicas a las que debo protección y mi diosa es a la única a la que debo devoción.
- Siento decirte esto pero... tu diosa no es lo que dice ser.
- Jack...- trató de detenerle Jackson.
- ¿Cómo os atrevéis a entrar aquí, robarnos y para colmo blasfemar sobre nuestras creencias?.- dijo mirando a Teal'c.- Tú eres un guardia de Apophis. No puede enviaros él si habláis de esa manera.
- Somos amigos de Yolao, y queremos ayudarle a que todo vuelva a ser como era antes.- dijo Daniel.
- ¿Cómo antes?.- preguntó ella.
- Como antes de que esa... goa'uld os convenciera de una revolución contra vuestro propio pueblo para acabar sirviéndola a ella.- dijo Jack.
- No éramos tratadas con respeto.
- Pero vuestros hombres ahora quieren enmendar el error.- dijo Carter. La joven la miró desafiante.
- No puedes vestir esas ropas y decir eso, hermana.
- ¡Por todos los diablos! ¡No es tu hermana!.- exclamó Jack perdiendo la paciencia.- Y el resto de vosotras estáis sometidas a los caprichos de un parásito. ¿Crees que has mejorado al pasar del yugo de tu esposo al yugo de esa supuesta diosa?.- Hipólita le miró con ojos de ira.
- Por supuesto.
- Eres el brazo derecho de Shekmet. ¿Déjame adivinar? ¿Te ordena cuidar de Harsesis?.- preguntó Daniel. La joven le miró.
- Cumplo sus órdenes.
- Debe ser bastante desagradable si en vuestra tribu los hombres son tratados como inferiores.
- Es un honor para mi servir a mi diosa.
- ¿Y tu hija piensa lo mismo?.- preguntó Carter.
- No tengo hijos.- Daniel se quedó pensativo ante sus palabras.
- ¿Y cómo has conseguido pues tu rango? Yolao nos dijo que aquellas de vosotras que traen al mundo niñas, ascienden a tu posición.
- Shekmet confía en mi...
- ¡Esa bruja no confía ni en su sombra!.- la interrumpió O'Neill.- Cosa que entiendo, porque es tan retorcida que seguro que hasta su sombra tiene una larva en la cabeza.
- ¡Basta!.- exclamó ella con furia.- Entregadme al niño inmediatamente y soltad el cinturón de mi diosa.- dijo avanzando un paso. Al hacerlo Jack tuvo un segundo para abalanzarse sobre ella. En ese instante, Hipólita apretó el disparador del arma. Un rayo salió de él dirigido hacia abajo. Teal'c, se lanzó al suelo para proteger al niño mientras Daniel y Carter se agacharon para protegerse. El disparo dio de lleno al peltac que se cargó de una energía azul antes de producir un fuerte chasquido y quedar quemado en una de sus zonas. Jack la agarró con fuerza para reducirla mientras la joven se resistía.
- ¡Sólo queremos ayudarte!.- dijo golpeándola en un brazo para que soltara el arma.- Si no, ¿por qué íbamos a hablarte de tu marido aún apuntándonos con ese arma?.- Daniel se acercó agachado junto a Teal'c que parecía ileso igual que el niño. Carter miró a su alrededor.
- Señor, tenemos que salir de aquí.- dijo pensando que en cualquier momento alguien entraría a aquella sala atraída por el jaleo.
- Escucha esto Hipólita. Lleváis años sin ser atacadas porque vuestros hombres han permanecido sumisos sin oponerse a nada. Hemos venido de muy lejos para tratar de proteger a este niño del poder de Apophis y del de Shekmet, para ayudar a Yolao a hacer comprender a vuestra gente que no vivís en el mundo perfecto que pensáis.- Daniel se incorporó del suelo para mirarla mientras Jack la sujetaba con fuerza.- Ambos os han robado la libertad y hecho creer mentiras para odiaros entre vosotros. Shekmet seguro disfruta viendo doblegarte al tener que cuidar de Harsesis contra lo que ella misma te ha enseñado y tú, a pesar de ello, la defiendes. Creer en ella os ha apartado a todas de vuestras casas, de vuestros maridos y de vuestros hijos que seguro abandonáis a su suerte por no poder tenerlos aquí.
- ¡¡No!!.- gritó ella tratando de zafarse de la fuerza del coronel. La mujer trató de mantenerse firme, pero las palabras de Daniel resonaban en su cabeza trayendo recuerdos demasiado dolorosos.
- No la adoras Hipólita, la temes.- dijo Jack. En ese momento sintió un fuerte dolor en el cuello que le hizo caer de rodillas al suelo, arrastrando con él a Hipólita. Carter trató de avanzar hacia él para recoger el arma lanzadera de Hipólita del suelo, cuando una nueva mujer entró en la sala golpeándola en el estómago con la lanzadera que ella llevaba en la mano haciéndola caer hacia atrás. Segundos después, Hipólita se alejó arrastrándose de O'Neill que permanecía en el suelo inconsciente, mientras miraba hacia quién había hecho que ambos cayeran. Shekmet les miró mientras sus ojos se iluminaban y dos nuevas guardias amazonas entraban a la sala, una apuntó a Jackson con su arma dejando ésta a sólo unos centímetros de su cuello, mientras la otra arrebataba a Harsesis de los brazos de Teal'c sin que éste pudiera hacer nada por impedirlo.

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        Carter se sentía furiosa. La situación se les había escapado de las manos tan sólo por unos segundos. La mayor, en el suelo, sentía un fuerte dolor en el estómago propinado por aquella guardia y para colmo parecía que el coronel estaba inconsciente por el golpe que le había dado Shekmet en el cuello. Se mantenía inmóvil y no podía saber, desde donde se encontraba, si por lo menos él estaba bien.
- Mi señora...- comenzó a decir Hipólita levantándose del suelo y acercándose a ella.
- ¿Qué rebelión es esta?.- exclamó con furia.- ¿Y qué hacen estos hombres aquí?
- Trataban de llevarse al niño, mi señora.- dijo ella agachando la cabeza. Daniel no podía creerlo. Sus esfuerzos no habían servido de mucho.- Los sorprendí al entrar en la sala.- de nuevo los ojos de Shekmet se iluminaron con furia.
- ¿Quiénes sois? ¿Y cómo osáis desafiarme?.- Daniel miró hacia Jack. Normalmente era él quién trataba de arreglar aquellas situaciones, pero estaba claro que esta vez no podría ser.- ¿Es que no vais a contestarme?.- Daniel permaneció en silencio igual que los demás. Dijera lo que dijera no serviría de nada. A lo sumo enfadarla más de lo que estaba, pero en esos momentos, eso tampoco importaba demasiado.
- Traté de averiguarlo, mi señora. Tampoco a mi me dijeron nada. Pero llevan la marca de Apophis.- dijo señalando a Teal'c. Shekmet le miró para comprobar lo que ella le decía.
- ¿Apophis trata de traicionarme?.- Se percató entonces de que el cinturón de oro estaba en el suelo. Avanzó hacia él y lo recogió para después ponérselo en la cintura.- Le costará caro su intento fallido. No ha podido arrebatarme el cinturón que mantenía nuestra alianza.- Miró entonces hacia una de las mujeres guerreras, la que llevaba al niño en brazos.- Set Jaffa, Kree.- la dijo. Ella la miró.- Lleva al niño a mis aposentos, después ordena que las guerreras a mis órdenes en el templo se unan a mi aquí.
- Sí, mi señora.- dijo la Jaffa mientras avanzaba para sacar al niño de la sala. Daniel hizo un ademán, más como un acto reflejo que como un intento de permitir aquello. La guerrera que le apuntaba le amenazó con el arma haciendo que Daniel volviera a quedarse inmóvil al sentir apoyarse la fría lanzadera en su garganta. La mujer salió con el niño mientras Shekmet se acercó a Hipólita.
- Saca a estos hombres de aquí. Este lugar es sagrado y su presencia es una ofensa. Ordena que los lleven al poblado y se les trate como lo que son. Salvo a él.- dijo mirando a Teal'c.- Como guardia de Apophis va a tener que contarme muchas cosas. Mantenlo encerrado y con vigilancia a la espera de mis órdenes.
- Sí, mi señora.- dijo Hipólita haciéndole un gesto a la mujer guerrera que apuntaba a Daniel para que lo hiciera andar.
- Y en cuanto a ti, querida...- dijo mirando a Carter.- Tu traición hacia nosotras la pagaras con tu vida.- Dos mujeres guerreras más armadas entraron en la sala. Sujetaron ambas a O'Neill inconsciente en el suelo, por los hombros para sacarlo de allí. A la vez, la guardia que mantenía a Daniel vigilado, sin quitarle el arma del cuello, se colocó tras él y lo empujó para que se moviera y siguiera a las dos compañeras que arrastraban a O'Neill fuera de la sala. Hipólita se acercó a la Jaffa que apuntaba a Carter tras recoger su arma del suelo. La miró entonces fijamente. Ésta tercera guardia se acercó a Teal'c y le golpeó con su lanzadera de mano en las piernas para que se pusiera en pie y la siguiera. Carter miró a Hipólita desafiante aún desde el suelo. Tras apuntarla la amazona con su arma, la hizo un gesto con la cabeza para que se levantara. Sam no tuvo otra opción. Seguirla.

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        Daniel caminaba en silencio vigilado de cerca por aquella joven amazona. Quizás no tuviera más de veinte años, pero manejaba con destreza el arma lanzadera con el que ahora le amenazaba para que no dejara de andar. Aunque pudiera hacer algo por deshacerse de ella, temía que su intento fuera después vengado, acabando con la vida de Jack, que era arrastrado por otras dos jóvenes delante de él. Miró a su alrededor en varias ocasiones tratando de saber en qué parte de aquel lugar habrían llevado a Harsesis. Las tres amazonas los condujeron de nuevo a la zona en la que hacía solo unos momentos ellos mismos habían usado los anillos. Precisamente en ese lugar se detuvieron. La carcelera de Daniel le empujó por detrás para que se colocara junto a sus compañeras y a O'Neill. Sin duda les iban a sacar de aquel lugar y llevarlos al poblado. Los anillos se pusieron en marcha y segundos después pisaba de nuevo el suelo de mármol del templo, justo debajo de la nave de aquella goa'uld. La amazona le empujó para que siguiera a sus compañeras fuera del lugar. Esperaba que Jack despertara lo antes posible, sin duda estaban en un buen aprieto y quizás sólo él sabía lo que debían hacer para salir de allí ahora que aquellas mujeres les habían separado.


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        Yolao se sentía inquieto. Levantó la vista hacia el cielo para tratar de calcular el tiempo que había pasado desde que los extranjeros le habían dejado allí. Miró una vez más por el aparejo que O'Neill le había entregado. No parecía que nada hubiera cambiado durante todo ese tiempo, y no sabía ya si eso era bueno o malo. Al mirar hacia la entrada del templo, se percató de que un pequeño grupo salía de allí. Al manejar el aparato consiguió acercar su vista un poco más. Su respiración casi se cortó al ver cómo dos amazonas sacaban a O'Neill de allí aparentemente muerto, y el doctor Jackson caminaba detrás con otra joven. Se quitó los prismáticos de los ojos y respiró con fuerza. Shekmet les había atrapado. Había pensado en aquella posibilidad pero, había suplicado a los dioses que no ocurriera. Siguió de nuevo con el aparato extranjero al pequeño grupo de rehenes. Tras cruzar parte del poblado llegaron a una zona no muy alejada del río. Allí había varias antorchas encendidas y varios postes habían sido clavados en el suelo. Vio cómo mientras dos de las amazonas registraban a O'Neill, le quitaban el sudario para comprobar que no escondía nada bajo las ropas quedándose ellas con el botín del registro. Junto a ellos la tercera amazona le hablaba a Jackson. Al parecer le ordenaba que se quitara el sudario como sus compañeras habían hecho con el otro rehén. Daniel no pareció titubear y obedeció dejando a la vista sus vestimentas con las que él les había conocido. Notó movimiento entonces en la puerta del templo. Al mirar hacia allí vio salir a dos amazonas más, una de ellas era sin duda la mayor Carter y portaba ropas de las mujeres de aquella tribu. Fue entonces cuando se percató de que Hipólita, su esposa, era quién la acompañaba. Le indicó que caminara justo hacia el lado contrario al que habían llevado a sus compañeros. Un fulgor blanco inundó la zona. Yolao miró hacia el cielo, a lo lejos podía ver una masa de nubes acercarse avisando de una tormenta. No podía quedarse allí quieto. Debía hacer algo, si no aquellos extranjeros con tantas ansias por ayudarle, quizás no vieran un nuevo día.


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        Carter se giró para mirar a Hipólita. Había perdido la pista de O'Neill y de Daniel justo cuando alcanzaban el pasillo y antes de utilizar ellas mismas el mismo medio de transporte para salir de la nave.
- ¿Dónde han llevado a los otros?.- preguntó aún sabiendo que no obtendría la respuesta que ella esperaba.
- Las preguntas las formulo yo.- dijo Hipólita con seriedad. Por más que la miraba no conseguía recordar a qué zona del poblado pertenecía.- Aún no puedo creer que tuviéramos a una traidora entre nosotras.
- Tú eres aquí la traidora.- dijo Carter.- Traicionaste a tu pueblo real para unirte a una causa en contra de ellos. Y lo peor es que tu marido aún cree que podía convencerte de desistir.
- ¡Cállate y camina!.- le gritó.- No me creo tus mentiras.
- ¿Mentiras? ¿Piensas que tu esposo es ahora una mentira? Él está preocupado por ti, aunque quizás debería preocuparse por él mimo, dado que tú haces lo mismo.- Hipólita la empujó con su arma para hacerla callar.- Nunca te mentimos. Si no les creíste a ellos por el simple hecho de ser hombres, por lo menos escúchame a mí.
- ¿Escuchar a una traidora?
- Escuchar a quién pudo ver en los ojos de tu esposo la pena y la angustia en querer ayudarte y no poder hacer nada. Esos hombres a los que habéis abandonado por unas creencias infundadas, se sienten tan arrepentidos y tienen tanto miedo de revelarse...
- Tienen miedo porque son cobardes.
- Te equivocas. Tienen miedo porque si se revelan, quizás Shekmet pague con vuestras vidas su valentía.
- Ella vive para cuidar de nosotras.
- Ella vive para que la sirváis.- dijo Carter.- Si eres incapaz de ver que os utiliza para su propio beneficio entonces no eres tan inteligente como Yolao nos dijo. Si él no ha hecho nada, es por temor a que salgáis heridas en esta contienda, sabe que Shekmet tiene un gran poder y la teme. No por él, sino por ti.- la joven la miró con furia.
- Deja de preocuparte por los demás y empieza a hacerlo por ti misma.- la dijo haciéndola un gesto para que mirara hacia delante. Carter la miró extrañada. Al girar la cabeza para comprobar hacia dónde la llevaba vio con sus propio ojos el que iba a ser por el momento su lugar de encierro. Construido con gruesos palos de madera, que aquellas mujeres habían unido con cuerdas, tenían ante sí una cárcel de forma cuadrada y de baja altura. Casi parecía más una jaula para animales que para personas.- Para empezar pasarás lo que queda de noche aquí, querida. Shekmet ordenará tu ejecución mañana, aunque espero convencerla de que no use ese método contigo.- Empujó a Carter para que se agachara y entrara en aquella ratonera.- Le suplicaré si es necesario para ser yo misma la que acabe con tu vida.- dijo cerrando la jaula y dejando a la mayor sentada dentro en un espacio tan reducido, que aún manteniéndose encorvada, le faltaba espacio.- Quizás la convenza para un duelo entre ambas. Duelo que te será difícil ganar cuando salgas de ahí con los músculos agarrotados.- La joven la sonrió con sarcasmo. Un resplandor iluminó el poblado y segundos después se escuchó un gran trueno. La tormenta se acercaba. Sam miró a la joven alejarse. Después miró los barrotes a su alrededor. Tras ella sólo había un montón de frondosos árboles a unos cuantos metros. Pero no podría salir de allí sin ayuda.


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        Teal'c miró a aquella goa'uld sabiendo que no sería compasiva con él. Había sufrido durante años viendo como aquellos que se hacían llamar sus dioses, eran crueles con cualquier ser del Universo. Se creían con poder suficiente para dominar a todas las especies y en esos momentos él era un simple rehén, igual que sus compañeros. Estaba casi convencido de que él era el único que aún seguía en la nave de Shekmet. Le habían despojado del sudario que llevaba para ocultar sus ropas, y la joven que lo había llevado hasta aquella sala tan oscura le había registrado, quitándole no sólo las armas, también el chaleco con la radio. De pie, subido sobre un pequeño pedestal vio entrar a Shekmet en la sala mientras la joven le apuntaba con su lanzadera de mano. La diosa le miró desafiante, sus ojos se iluminaron. Le hizo un gesto a la joven, que sin soltar la lanzadera y de un tirón brusco, hizo de la camiseta negra que Teal'c llevaba encima un enorme jirón, dejando el torso del hombre al descubierto y con ello su cicatriz en forma de cruz.
- Tú eres el único que porta a un hijo de los dioses.- dijo Shekmet mirando su cicatriz.- Eres el único Jaffa entre tu grupo.- Teal'c le miró sin contestar. Shekmet le hizo un nuevo gesto a la joven para que se apartara. Esta obedeció de inmediato. Se acercó a una pequeña columna en donde activó varios símbolos en ella, y varios rayos salieron del techo de la nave formando una cárcel alrededor de Teal'c. Conocía aquella estructura. Si tocaba las paredes recibiría una gran descarga. Aquella era una de las muchas formas que tenían los goa'uld para sacar información a sus rehenes. En esos momentos dudaba entre la estrategia que debía tomar. Habían sido capturados, seguramente harían todo lo posible para conseguir información. Por el momento pensaban que Apophis les había enviado y al haber destruido Hipólita el peltac de la nave con su disparo, estaban incomunicados y también inmóviles. Al igual que ellos no podrían comunicarse con Apophis para engañarlo, aquellas mujeres no podrían verificar el engaño. Parte del plan del coronel O'Neill seguía adelante, aunque sin duda con algunas modificaciones. No entraban en los planes caer en manos de aquella goa'uld. Shekmet se acercó entonces a su cárcel.- Sabes que tendrás que colaborar. De ti depende que sea más o menos doloroso.- le dijo.- ¿En qué parte de la galaxia se esconde ese traidor?.- le preguntó. Sin duda se refería a Apophis.
- Soy sólo un Jaffa. Sólo cumplo órdenes.
- ¿Qué órdenes?.- preguntó de nuevo.
- Llevarme al Harsesis y el cinturón.- contestó con frialdad. La mujer le miró desafiante.
- ¿Por qué? ¿Por qué Apophis ha cambiado de opinión?.- preguntó ella. Teal'c se quedó pensativo. No debía bajar la guardia, no debía serle fácil sacarle información. Si conseguía engañarla quizás tuvieran una oportunidad.- ¡Kree Jaffa!.- exclamó con furia.- Sabes que tengo métodos para sacarte esa información. ¿No querrás probarlos, verdad?.- Teal'c guardó silencio. En esos momentos su resistencia debía permitirles ganar tiempo. Shekmet no tomaría una decisión hasta saber con seguridad cuáles eran los planes de su rival.- Me han dicho que los guardias del dios serpiente son fuertes y valientes. Dicen que son de los mejores preparados entre los Jaffas.- la mujer se acercó a los mandos que segundos antes la guardia amazona había manejado.- Sabes que será un placer para mi comprobarlo. De ti depende el experimento.- El Jaffa permaneció impasible y Shekmet sonrío.- Como desees.- Luego apretó uno de los botones del pequeño cuadro de mando y un rayo amarillo inundó el pequeño receptáculo en el que Teal'c permanecía en pie. El Jaffa gritó ante el dolor que aquel rayo torturador le producía. Su larva sufría en esos momentos aquel mismo dolor, pero debía resistir. Debía tratar de convencer a aquella goa'uld que podía tener información que le interesara. Resistir era lo más importante en esos momentos y si era necesario, hacerlo antes de morir.

 

        CAPITULO 12

        El doctor Jackson miró hacia el cielo cuando notó que comenzaba a llover, segundos después un chaparrón comenzó a caer con furia sobre él. Atado a un poste, permanecía inmóvil mientras se mojaba y en segundos el agua de lluvia le calaba. Miró al poste de al lado de él en el que O'Neill también atado, permanecía aún inconsciente. Le habían quitado como a él la camiseta tras un registro exhaustivo que impidiera que escondieran algún tipo de utensilio para liberarse. Tiró de sus ataduras en las manos pero sólo conseguía hacerse daño con ellas. El agua helada le corría por la espalda desnuda haciendo que su piel se erizara. A Jack le habían sujetado por la cintura al poste además de por las piernas y por los brazos, para mantenerlo en posición erguida. Daniel tenía atadas sólo las manos y los pies, que ya era suficiente para no permitirle ninguna movilidad. Miró hacia atrás esperando ver alguna forma de escapar de allí, pero a algunos metros sólo había matorrales tan altos, que le impedían ver qué había al otro lado. Escuchó, tras un fuerte trueno en el cielo, lo que parecía un quejido y miró de nuevo a Jack que parecía salir, gracias a la lluvia helada, de su inconsciencia.
- ¡Jack!.- exclamó esperando así que espabilara.- ¡¡Jack!!.- El coronel levantó la cabeza aturdido. Tenía un fuerte dolor en el cuello. Al mirar a su alrededor trató de situarse.- Jack, ¿estás bien?.- le preguntó, aunque por la expresión de su rostro estaba seguro que tendría un terrible dolor de cabeza. El golpe que le había propinado Shekmet le había dejado fuera de combate desde hacía por lo menos media hora. Aunque el arqueólogo había tratado de despertarlo llamándole, no lo había conseguido. Sólo el agua helada de aquella tormenta le había hecho espabilar. El coronel le miró tratando de ver entre el aguacero que en ese momento les caía encima.
- Daniel...- dijo mirando a su alrededor y viéndose inmovilizado.- ¿Qué ha pasado?.- preguntó esperando que el lingüista le informara.
- ¿No lo recuerdas?.- preguntó Jackson con preocupación.- ¿No recuerdas lo ocurrido?
- Podría ponerme a pensar Daniel... pero prefiero que me ahorres el trabajo.- dijo a la vez que tiraba de las cuerdas de sus manos.- Me duele la cabeza.
- Shekmet te golpeó por detrás. Llevas inconsciente mucho tiempo. Empezabas a preocuparme.
- ¿Y... Carter?.- dijo mirando a su alrededor.
- Fue llevada a otro lugar. Igual que Teal'c. Jack, nos han separado.
- Eso lo noto.- dijo en un grito a la vez que un estruendoso trueno resonaba en la zona. Miró hacia el cielo. Tenían la tormenta encima, le dolía la cabeza y encima estaba empapado. Sentía un frío intenso y el hecho de llevar tan sólo las botas y el pantalón de campaña no ayudaba demasiado. Miró entonces a Daniel.- ¿Tú estás bien?.- le preguntó. Daniel le miró pensativo.
- Ahm... bueno, he estado en mejores situaciones.- comentó casi con un suspiro.- Creo que sólo recuerdo una vez en la que he estado igual de empapado.- O'Neill le miró, la verdad es que él no recodaba en ese momento ninguna situación tan húmeda, aunque sí alguna tan fría. Pero las situaciones que sí le venían a la cabeza eran aquellas en la que tantas veces habían tratado de ayudar a algún pueblo, que al principio se mostraba hostil: y esa era una más de aquellas situaciones.- ¿Cómo vamos a salir de aquí, Jack?.- preguntó el joven arqueólogo. El coronel le miró con sorpresa. Sabía que su posición como comandante en jefe de aquel equipo le hacía tener que tomar la iniciativa muchas veces. Aquella era una de ellas, aunque sin duda mucho más complicada. Aún así su forma de ser le hacía siempre ser un hombre positivo, aún en momentos tan difíciles como ese.
- Estoy pensando, Daniel.- dijo frunciendo el ceño.
- Ya... pues espero que dentro de tu "cavilación" esté el objeto "cuchillo" o algo parecido para soltarnos de aquí.- el joven le miró con cierto enfado. O'Neill sintió en su voz incluso algún tipo de desilusión.
- Lo siento... - dijo entonces.- Me han quitado todo lo que llevaba encima, incluida mi navaja "mil funciones". Habrá que buscar otro método para escapar sin contar con ella.- Daniel se percató de que su tono no había sonado demasiado bien. Estaba furioso consigo mismo. Como siempre se había dejado llevar por la posibilidad de la comunicación con el pueblo que acababa de conocer. Sin embargo, esta vez no había resultado cómo él esperaba. Se había equivocado, y quizás por su culpa se encontraban en ese momento en una situación tan complicada. Empezaba a pensar en tener que obedecer a Jack cuando le recordaba una y otra vez que abandonara la diplomacia en ese tipo de circunstancias y tratara de pensar como un militar aunque no lo fuera.
- No... - comenzó a modo de disculpa.- Perdóname tú a mí. Me siento... frustrado. Pensé que la convenceríamos. Me equivoqué. Y ahora: míranos. Cada uno por un lado, y nosotros a punto de coger una pulmonía.- O'Neill le miró pensativo. Bien sabía Dios que los científicos y él no eran muy amigos. Pero aquel "científico" que tenía delante era capaz de reconocer un error, y era su amigo. Sonrió abiertamente mientras una fina lluvia caía en ese momento.
- Bueno, miremos el lado positivo.- Daniel le miró con un interrogante en su expresión.
- Ah... ¿pero hay lado positivo en esta situación?
- Por supuesto. Siempre lo hay. En este caso y a pesar de las circunstancias contradictorias... estamos los dos juntos.- Jackson arqueó las cejas sin comprender muy bien lo que quería decirle.- Dos cerebros piensan mejor que uno. Así que ponte a pensar cómo demonios desatarnos, alejarnos de aquí, salvar a Carter, buscar a Teal'c y al niño y robarle a Shekmet el cinturón y a su amigo Apophis el hacha. ¡Ah! Derrocarlos a la vez si es posible y volver a casa antes de cenar.- Jackson le miró para después reír ante lo que acaba de oír.- ¿Qué?.- preguntó él con sorpresa. El arqueólogo negó con la cabeza mientras sonreía. A veces su impasividad y su negación a las teorías que formulaba porque sencillamente le aburrían le exasperaba, pero tenía algo claro, no cambiaría a aquel hombre por ningún otro en situaciones de ese tipo. Era el mejor.


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       El gran salón real de la diosa Shekmet estaba preparado para recibir su presencia. Hipólita miraba a sus compañeras guardias, listas con sus atuendos de cuero de lucha y todas con sus armas lanzadera en la mano. Cada una de ellas portaba en la frente el símbolo de la diosa, una cabeza de leona de perfil que las daba ese honor. Las diez mejores de aquellas mujeres esperaban ahora órdenes de Shekmet para poner en marcha a sus respectivas Jaffa a sus órdenes, para no dudar un segundo en realizar los planes de su diosa. Hipólita no poseía aquella identificación, pero era la única amazona en la sala que portaba un arma lanzadera en la mano aunque su atuendo era idéntico al de sus hermanas del poblado. Ella tenía el honor de no necesitar estar marcada como aquellas para ser la mano derecha de Shekmet. Un pequeño cortejo de cuatro mujeres vestidas con túnicas blancas entró en la sala. Aquella era la vestimenta de las sacerdotisas del templo, y sabía que sin duda Shekmet saldría tras ellas. Vestida con su traje de ceremonia de amazona, y un enorme tocado en la cabeza, el cinturón de oro en sus caderas y con su brazalete puesto, se acercó con paso tranquilo hacia su trono. Toda la sala se agachó ante su presencia con una reverencia, incluida la propia Hipólita. La diosa se sentó en el trono con una gran sonrisa e hizo un gesto con su brazo para que ellas se levantaran. Obedecieron en segundos. Los ojos de la diosa se iluminaron.
- He tomado una decisión tras pensar con detenimiento la situación que acabamos de vivir. Estas son mis órdenes: Apophis nos ha retado. Sin duda ha pensado que puede reírse de nosotras, y ese ha sido su error. Hemos reunido durante este tiempo fuerzas suficientes como para hacerle frente. Por ello quiero que mis diez cabecillas se encarguen de preparar en breve un ataque contra éste. Desplegaremos toda la flota de planeadores en su contra. Sólo una mínima parte permanecerá en Termodonte para proteger el templo. No permitáis que se burle de nosotras. Somos independientes y autosuficientes ahora, y es el momento de demostrarle quiénes son las Amazonas. En cuanto a los prisioneros... también he pensado en su futuro inmediato. Seguiremos tratando de sacarle información al Jaffa y una vez lo consigamos decidiremos qué hacer con él. En cuanto a la amazona rebelde... morirá en combate y sin ninguna dignidad. Una de vosotras acabará con su vida. Se realizará una gran ceremonia en el poblado para ese evento. La vencedora dispondrá a su antojo de uno de los dos prisioneros hombres, yo misma dispondré a mi capricho del otro. Mientras que aquella que consiga sacarle información al Jaffa dispondrá de él, no me importan los métodos a usar para conseguirlo.- De nuevo las diez amazonas volvieron a agacharse dando a entender que en ese mismo momento comenzaban a cumplir las órdenes de su diosa. En fila, las diez salieron de la sala. Shekmet miró a Hipólita.- Dispónlo todo como deseo.
- Sí, mi señora.- dijo agachando la cabeza. Después salió de la sala. Shekmet se quedó sola en aquella habitación. Sabía que las fuerzas de Apophis eran muchas, pero estaba segura de que sus mujeres lucharían hasta morir por cumplir sus ordenes. Aquella era una gran oportunidad. Había esperado mucho tiempo para conseguir una excusa como la que ahora se le brindaba y de esa forma acabar con el pacto que hizo con Apophis hacía tanto tiempo. Había llegado el momento de conseguir derrocarle y de esa forma, alzarse con su poder. Sería reverenciada hasta los confines de la Galaxia, y aquel había sido su único objetivo: desde siempre.

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       La sala en la que se encontraba volvía a abrirse. Estaba convencido de que alguna de aquellas mujeres volvería a entrar para torturarle. Quizás fuera el momento de llevar un paso más adelante el plan del coronel O'Neill. Teal'c miró a la joven que entró en ese momento. Aquella era nueva. Hasta ese momento era la primera vez que la veía. Se acercó al panel de control y le miró desde allí. Iba armada como un Jaffa, con la lanzadera que apoyó sobre la pared mientras le observaba con detenimiento. Teal'c había visto aquella expresión multitud de veces en las gentes de su propio pueblo. Los Jaffas de Chulak habían creído ciegamente en ser los brazos ejecutores de las órdenes de su dios Apophis. En esos momentos veía aquella misma mirada en los ojos de aquella joven. Rubia, de tez blanquecina tecleó en el panel aunque no tuvo ningún efecto sobre la cárcel que en aquel momento aprisionaba a Teal'c. Quizás fuera aquel el momento de empezar a plantear él las preguntas.
- ¿Quién sois?.- preguntó no esperando recibir respuesta de la mujer. Esta dejó de teclear en el panel para mirarle con frialdad. Luego le sonrió. No era una sonrisa que expresara ni mucho menos alegría, era sencillamente una sonrisa malévola.
- Si lo sabes Jaffa, ¿por qué preguntas?.- Teal'c la miró pensativo.- Como tú porto el emblema de mi dios, y cómo tu voy a defenderlo hasta la muerte si es preciso.
- Lo único que yo sé es que vuestros planes no os llevarán a un buen final.
- Te equivocas. Tú mismo podrás comprobar el poder de nuestras fuerzas cuando veas en la cárcel junto a la tuya, al mismísimo Apophis arrodillado pidiendo clemencia.- la joven volvió a centrar su atención frente al teclado de la sala. Teal'c se quedó pensativo. Sin duda aquella mujer estaba convencida de poder ganar en una batalla contra el que fue su dios.
- Eres tú la que comete un gran error. Apophis os vencerá si pretendéis atacarle. Lo único que obtendréis es ver como caéis unas tras otras frente a su soberanía. Posee al ejército de Heru-ur y el de Sokar a su disposición, y el vuestro jamás podría acabar con la potencia de sus naves.- la joven se echó a reír.
- Quizás tengas algo más que decir cuando vengan a sonsacarte información. Algo más que todas esas fanfarronadas sobre la superioridad de Apophis. En estos momentos sabemos perfectamente dónde está y pronto... sabrá de nosotras.- sin decir una sola palabra más salió de la sala cogiendo de nuevo el arma lanzadera que había dejado apoyada en la sala. Teal'c estaba completamente seguro. Si Shekmet había pensado en atacar a Apophis con sus armas, no ganaría. Apophis vendría hasta allí a vengarse de ella. Esa posibilidad era tan buena como mala, buena porque atraería hasta Termodonte a aquel que portaba en esos momentos el hacha que ahora ellos buscaban, y mala porque acabarían en medio de una guerra entre dos poderosos goa'uld sin poseer las armas necesarias para derrocarles.

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- Oye Jack, estoy pensando... que tal vez... debería intentar algo diferente.- dijo Daniel mientras dejaba de tratar de frotar las cuerdas sobre la madera que lo tenía apresado consiguiendo sólo hasta el momento, clavarse aún más las cuerdas en sus muñecas ya enrojecidas. Por ese camino no llegarían demasiado lejos. Por lo menos había dejado de caer aquella incómoda y fina lluvia, aunque la noche no era precisamente apacible. La oscuridad había caído en la zona y el fulgor de la luna llena no podía dejarse apenas ver debido a los nubarrones que tenían aún encima. No le extrañaba que en cualquier momento volviera a comenzar a llover, y la verdad, ya tenía bastante agua acumulada en los pantalones de campaña y las botas como para recibir más. Además, la brisa que corría en esos momentos era helada, o por lo menos así lo sentía en los brazos y el pecho. Estaba seguro que Jack también tendría la piel erizada por culpa del frío. Si no morían en manos de esas mujeres, morirían ahogados o de una neumonía al paso que iban.
- Bien, ¿en qué has pensado?.- dijo parando de frotar las cuerdas. El dolor de cabeza parecía por lo menos haberse apaciguado un poco. Aunque el hecho de pensar en el destino de su amigo Teal'c o en el de su oficial no eran precisamente pensamientos alentadores para su cabeza.
- Bueno, si Harsesis ha podido comunicarse conmigo y dado el vínculo que él parece tener a través de mí, quizás ésta vez debería ser yo quién pruebe a comunicarse con él.- Jack le miró frunciendo el ceño.
- Vale, ¿y después de eso? ¿En que buen plan has pensado para salir de aquí?
- Jack, tal vez él pueda ayudarnos.
- Por el amor de Dios, Daniel. ¿Y si puede por qué no lo hizo antes?
- Bueno, no lo sé. Quizás le pilló de sorpresa como a nosotros.- O'Neill le miró nada convencido.- Vamos Jack, tú lo viste igual que los demás. Harsesis tiene grandes poderes. Hizo levitar el cinturón delante de nuestras narices. Y eso sin contar que abrió sólo el dispositivo en donde estaba escondido.
- Mira, está claro que eso no puedo explicarlo Daniel, pero de algo estoy seguro. Si hubiera podido ayudarnos cuando nos apresaron, no comprendo por qué se puso a jugar con un cajón y un cinturón y no nos dio oportunidad con su "magia" para defendernos de esas mujeres.- Jackson le miró pensativo. Él también lo había pensado y la verdad es que sólo se le había ocurrido una explicación.
- Bueno, cómo tú dices, sólo es un niño. Quizás todo lo vea como un juego.- Jack le miró de nuevo tras haber vuelto a comenzar a tratar de soltarse. Daniel sabía que por aquel camino no lograría convencerle de ninguna forma. Jack era demasiado escéptico, como él lo había sido hasta sufrir lo que el niño le había provocado hasta ese momento.- Oye, no pierdo nada por intentarlo dado que el método de la fuerza no funciona.
- Como quieras "pequeño saltamontes". Veo que nada puedo hacer para impedir que vuelvas a caer inconsciente o que te pongas a gritar como poseído si es tu gusto.- Daniel ni siquiera escuchó lo último que el coronel le dijo. Cerró los ojos y trató de concentrarse. No sabía si aquella era la forma correcta de hacerlo o si en realidad iba a funcionar, pero era lo único que se le ocurría dada la situación. Jack paró de nuevo al sentir como las cuerdas empezaban a hacer mella en sus muñecas y le levantaban la piel humedecida por el agua de lluvia. Miró a Jackson que permanecía con los ojos cerrados como si tratara de meditar. Negó con la cabeza sintiendo que aquello no iba a funcionar. Daniel le preocupaba, pero al fin y al cabo estaba con él, en esos momentos sólo podía pensar en la forma más rápida de escapar de allí y buscar a Carter y a Teal'c. Tenía el presentimiento de que tampoco estarían mucho mejor de lo que en esos momentos, ellos se encontraban.
Daniel trató de dejar la mente en blanco. Eran sin duda una tarea complicada teniendo en cuenta el momento que vivía, pero debía por lo menos tratar de intentarlo. Procuró pensar en el niño. Aquel que él mismo trajo al mundo, el que había tratado de proteger a costa de lo que fuera, incluso de creer que podía tener poderes especiales para ello. Oma Desala le mostró su poder y él creyó ser poseedor de aquellas virtudes. Y en cambio, al final pudo comprender que la lección a aprender era muy diferente. Que ella era la poseedora del don y que debía ser la encargada de proteger al pequeño. Recordó por un instante la misión de Kheb junto al maestro y mentor de Teal'c, Brata'c. Pero aquellos recuerdos eran suyos, no estaba consiguiendo entrar en la mente del niño. Cuando trataba de hacerlo lo único que veía era oscuridad.
- Mierda.- dijo entre dientes a la vez que abría los ojos. Jack le miró sonriente. Jackson se quedó pensativo.- Vale, lo mío no es la meditación trascendental.
- Bueno, no seas duro contigo mismo. Tienes otras… virtudes.- dijo O'Neill con una sonrisa.
- Ya, pero ninguna que nos haga salir de aquí por el momento. O por lo menos no a corto plazo.
- Bueno, parece que nuestra suerte cambia.- dijo mirando hacia el fondo del pequeño camino que les había llevado hasta allí. Hipólita, se acercaba a ellos caminando sin demasiada prisa.- Quizás lo haya pensado mejor y venga a soltarnos.
- ¿Tú crees?.- dijo Jackson sin ningún animo de creer aquello.
- Oye, no serás bueno en meditaciones, pero tú eres el mejor en discursos… rollos. Yo antes te habría dado por lo menos el beneplácito de la duda.
- Ya…- dijo Jackson mientras sonreía sin muchas ganas al ver que Hipólita se paraba frente a ellos.
- Vengo a traeros noticias.- dijo con sequedad.
- Has cambiado de opinión y vas a soltarnos de aquí para ayudarnos.- dijo O'Neill con una sonrisa de oreja a oreja. La joven le miró desafiante.
- A traeros malas… noticias.- dijo de nuevo ella.
- Ah… Shekmet ha tropezado con su capa, que no le sirve para volar, y se ha partido el cuello.- dijo de nuevo. La joven le miró sin contestar.- Ya… malas noticias para nosotros no para ti. De acuerdo…- se quedó pensativo durante un momento.- Chica, no se me ocurre qué, estoy en blanco.
- No sé como aún en vuestra situación osáis reír.- comentó ella con una sonrisa.
- Bueno, en realidad yo sólo muevo los labios. Él es el que habla.- Jackson arqueó las cejas cuando la joven le miró.
- ¿Qué otra opción nos dejas, Hipólita?.- comenzó a decir.- Te hemos contado toda la verdad y tú no crees nuestras palabras.- Ella se echó a reír.
- Ni las tuyas, ni las de nadie como tú.
- Oh, por todos los diablos, ¡deja ese rollo feminista!, ¿Quieres? Cuando esa a la que llamáis vuestra diosa no os necesite, os enviará a todas al infierno.
- Eso no es cierto.
- ¿Es eso lo que crees? Pues con esa actitud sólo verás morir a todas tus compañeras en las manos de una mujer que nunca, y repito, ¡nunca! ha hecho nada por los demás. Sólo para su propio beneficio.- dijo O'Neill enfadado.
- Ella nos protege.
- ¿A costa de qué? ¿De matar a vuestros hijos? ¿De manteneros aisladas de vuestros esposos? ¿De esclavizar a vuestras hijas?.- dijo Jackson.
- Ha asegurado nuestra protección durante años. Y va a seguir haciéndolo siempre. Cuando acabe con Apophis, su poder se extenderá más allá aún y…
- Esclavizará a otras como tú por gusto.- la interrumpió Daniel.
- ¿Qué va a atacar a Apophis?.- dijo O'Neill con sorpresa.- ¡Eso es un suicidio!
- Nuestras guerreras ganaran.
- Ya, y como está tan segura de ganar, ella no va a la batalla. Se queda aquí protegida por el resto de vosotras.
- ¡Ella se queda aquí para presenciar cómo vais a morir!.- dijo con enfado ante las palabras del coronel. Ambos se quedaron en silencio. La joven sonrió al ver que aquello había hecho cambiar la actitud de los dos prisioneros.- Presenciará el combate en el que la traidora perderá. La ganadora hará su antojo con uno de vosotros, Shekmet se quedará con el otro.
- Estupendo… esto va a ser mejor que los espectáculos de las Vegas.- dijo O'Neill con sarcasmo. Luego miró a Jackson.- Sólo que nosotros somos el premio.
- Déjame adivinar… - comenzó a decir Daniel.- Vamos a pasar de prisioneros a esclavos, por orden de Shekmet.
- ¿Esclavos?.- dijo O'Neill mirando a Jackson.- No fastidies. Nunca se me dio bien la cocina, aunque soy bastante mañoso a la hora de planchar…
- No ese tipo de esclavo, Jack.- le dijo Daniel.
- Vosotros nos proporcionaréis esta vez la posibilidad de tener hijos.- O'Neill levantó las cejas y rompió a reír. Tras unos segundos, y viendo que Daniel no parecía afectado por lo que ella acababa de decir, se quedó en silencio.
- ¿Es en serio?.- Jackson afirmó con la cabeza la pregunta del coronel.
- Aunque más bien diría yo, que más que hijos serán hijas. Si son varones Shekmet os obligará a deshaceros de ellos aún sabiendo que son niños inocentes.- Hipólita se quedó en silencio ante lo que el joven acababa de decir. Daniel la miró. En ese momento supo que quizás aquel era el punto débil de esa mujer. Supo que escondía algo que tal vez pudiera servirles de ayuda.- ¿Por qué eso será lo que hará, verdad? Quizás esta vez no los devuelva al poblado de hombres, dado que no son sus hijos. Es muy posible que por esta vez, vidas inocentes mueran por culpa de tu "piadosa" Diosa…- la joven se quedó pensativa. En sólo unos segundos volvió a revivir la muerte de su bebé.
- Me parece abominable que podáis seguir y defender a una arpía capaz de acabar con la vida de niños…
- Ya lo ha hecho.- le interrumpió Jackson casi con un hilo de voz. La joven le miró con sorpresa.- Shekmet ya ha matado a niños en vez de devolverlos al poblado.- la joven se quedó en silencio. Sentía una fuerte punzada en el pecho al escucharle.
- ¿Lo ha hecho?.- preguntó O'Neill tratando de entender lo que Jackson pensaba en ese momento.
- Dios… ¡¿ese es el precio que has tenido que pagar para ascender a tu puesto?! ¡¿Matar a tu hijo?! ¿Pero qué…?
- ¡Basta!.- exclamó con furia.- ¡Una palabra más y os amordazaré la boca para impedir que habléis hasta que sea elegido vuestro destino!.- Jackson miró sus ojos un segundo. Sin duda era capaz de hacerlo, pero en ese momento sólo podía pensar en lo que acababa de descubrir.
- Hasta ahora no comprendía cómo era posible que fueras la mano derecha de Shekmet, sin haber tenido ninguna hija. ¡Pero ahora lo comprendo todo! ¿Lo mataste por orden suya o ella misma lo hizo ante tus ojos?.- La mujer sacó un afilado cuchillo de su cinturón con los ojos llenos de ira. El filo resplandeció con la escasa luz de la luna, a la vez que los ojos de Daniel se abrían como platos al comprender en un solo segundo lo que iba a ocurrir.
- ¡Te atravesaré el corazón como a un lechón, aunque mi acto se convierta en un castigo por desobedecer las órdenes de mi diosa!.- dijo ella acercándose amenazadora.
- ¡Vale, es un bocazas! Ha quedado claro.- dijo O'Neill con rapidez a la vez que ella le miraba con furia.- Escucha, no nos importa. Nada… de verdad. Nos da igual. Ya nos has dado las noticias… así que ahora… puedes volver a… tus deberes. No queremos que por nuestra culpa Shekmet te castigue. No nos gustan… los castigos corporales. Aceptamos pues nuestro… destino y… ya está.- la joven pareció contener su ira por un momento ante las palabras entrecortadas del coronel.
- Por una vez dices algo sensato. Matarlo ahora no me ofrecerá ningún placer. Yo misma participaré en esa ceremonia, acabaré con la traidora y dispondré a mi antojo de ti antes de quitarte la vida.- la joven guardó el cuchillo de nuevo mientras miraba al arqueólogo. Jackson respiró con fuerza al ver que lo hacía. Por un segundo pensó que se abalanzaría sobre él para cumplir su amenaza.- Iré a informar a la traidora de su destino.- dijo dándose la vuelta y echando a andar por donde había venido. O'Neill miró a Daniel que resopló con fuerza al ver que ella se alejaba.
- ¡Dios… Daniel! ¡Casi te mata en el momento! ¿Te has vuelto loco?.- dijo tratando de respirar con normalidad después de aquella situación tan embarazosa.
- Sí… - dijo con un hilo de voz.- Creí que lo haría.
- Bueno, lo hará. Al parecer te ha elegido como premio. Tú sabes cómo complacer a una chica, Daniel. Te has ganado su corazón antes del tan esperado combate.
- Ahora tenemos un arma para contraatacar.
- ¡¿Qué?!.- preguntó con asombro ante las palabras de Jackson.
- Esa es la única forma de convencerla de que Shekmet no es un dios, mató a su hijo.
- ¡Y casi te mata a ti! No la importa Daniel… en absoluto.
- En eso estás equivocado. La importa. Y mucho. Vi su expresión de odio ante Harsesis. La han hecho cuidar de él al traerlo y no le permitieron hacer lo mismo con su hijo. Shekmet posiblemente lo mató como muestra de su fidelidad haciéndola su brazo derecho. Ahora estoy seguro.
       Escucharon entonces ruido de hojas y pisadas tras ellos. O'Neill se giró para tratar de mirar unos metros más allá, hacia los enormes matorrales que había tras ellos y tras los postes a los que permanecían atados, tratando de esa forma de ver quién se acercaba. En esos momentos sólo les faltaba que alguna fiera de aquel bosque se echara sobre ellos, atados y totalmente indefensos.

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