EL MARTILLO DE LUCIFER

Escrito por: Federivo Hernán Bravo:

Comentarios en: federicohernan2005@gmail.com

        

CAPITULO 4

 

EL SG-1

 Si bien el Prometeo fue el primero en atacar, la replica no se hizo esperar. De un momento a otro, las dos astronaves se bombardearon con toda la potencia de su artillería.

El Puente de Mando era un hervidero de actividad frenética. Con cada sacudida provocada por una explosión, una lluvia de chispas caía sobre las cabezas de todos los que allí se encontraban.

Mitchell, desde el asiento del capitán, daba órdenes para salvaguardar lo más que podía a la integridad de la nave y de su tripulación, encontrándose ante una tarea de proporciones titánicas que excedía su propia experiencia militar.

Carter, Jackson y Teal'c hacían todo humanamente posible por ayudarle, pero para ellos era también la mas negra de las horas. Los sacudones que envolvían al Prometeo al recibir su escudo ataques directos del enemigo ocasionaban cada vez mas temor entre la gente que trabajaba en ese lugar y hacia pensar, amargamente, que esta vez el orgullo de la flota espacial del SGC no duraría intacto mucho tiempo.

Solo un milagro podría salvarlos a todos ahora.

***

TANITH

 El arma se erguía ante mí como un tótem desafiante de avanzada tecnología. La tenían en un compartimiento especial, de enorme tamaño, con una compuerta de metal que seguramente, se abría hacia el vacío sideral por donde saldría hacia el Sol a cumplir con su cometido de muerte.

Tenia forma de esfera.

En un panel frontal, brillaban unas luces. Por los símbolos que desfilaban por él, podía ver que estaba lista para entrar en acción en un par de segundos, nada más.

No perdí más tiempo. Con la ayuda de una palanca de hierro, separé el panel y me enfrenté al complicado sistema interno de cables, cristales y placas cibernéticas.

Mis conocimientos técnicos eran básicos, pero sabia que por su diseño, el arma usaba aquellos cristales que allí veía para captar la energía estelar que le servia de alimento. Los localicé, entre el mar de circuitos uno por uno, y los arranqué.

…“El Martillo de Lucifer” quedo automáticamente reducido a la inutilidad…

-Pon esos cristales en su sitio, por favor – me dijo una voz tenebrosa a mis espaldas. Me di vuelta, enfrentándolo. Lucifer, acompañado de su tropa de clones estaba ahí. Me impedían toda vía de escape posible…

Sonreí y levanté los cristales en mi mano.

-¿Qué pasa si no lo hago?

Los clones alzaron sus armas, apuntándome.

-¡Entonces morirás! – bramó el Goa'uld, con rabia contenida - ¡Pon esos cristales en su lugar! ¡YA!

No hice caso. Los solté en el piso, donde al caer, se hicieron añicos.

-Acabas de cometer un GRAN error, Tok'ra – Lucifer se dirigió hacia sus guardias - ¡ELIMINENLO!

Estaba preparado. Sabia que iba a morir y rogué que fuera rápido, pero en ese momento se produjo un destello cegador y todo tembló.

-¡Han desconectado los escudos! – oí gritar a alguien y sonreí para mis adentros al entender que L había cumplido con su misión.

-¡Reestablézcanlos! ¡¡AHORA!!

Me complació secretamente ver a Lucifer (solo un mísero clon suyo, en realidad) sudar de los nervios. Aquello era un autentico imprevisto para todos sus planes.

No tuvieron tiempo de restablecer los escudos… ni tan siquiera, de volver a amenazarme, porque en ese momento fui teleportado fuera de la nave por los Tau'ri, lejos de su alcance…

***

EL SG-1 

La tripulación del Prometeo no podía creer su suerte.

Cuando los escudos de la Ha'tak enemiga se fueron, Mitchell dio la orden de proceder a la localización y teleportación de Tanith y su compañero juvenil.

Esta rápida acción fue premiada con la rematerializacion del Tok'ra en el Puente de Mando, donde finalmente se veía reunido con sus salvadores y colegas…

-Bienvenido abordo – lo saludó el Coronel – Le hemos sacado a usted y al chico a tiempo, parece. ¿Esta bien?

-Coronel, el arma de Lucifer ha sido neutralizada. Ya no puede ir a su Sol y destruirlo – Tanith, viéndose a salvo, decidió que la primera prioridad era informar todo lo necesario para vencer al enemigo – Los escudos han sido totalmente desconectados también, pero me temo que no será por mucho… cuando salí de allí ya estaban intentando restablecerlos.

Mitchell miró a sus compañeros del SG-1.

-¡Es ahora o nunca! ¡Borremos a esa rata y a todas sus copias de la existencia!

-¡Preparando torpedos! ¡Armas listas! – exclamó Carter, desde su consola.

-¡Disparen!

Las cargas explosivas salieron del Prometeo, impulsadas a toda velocidad hacia la nave pirámide. Con un fogonazo tremendo, dieron en el blanco…

La nave enemiga desapareció tragada por una bola de luz de tamaño impresionante. Desde la Tierra, cualquier observador casual solo vería el destello como una nueva y repentina estrella en el firmamento del anochecer.

La visión de la victoria final fue contemplada en directo desde el Puente de Mando y recibida con un júbilo tremendo.

¡Al fin!

Lucifer y todas sus copias habían sido destruidos para siempre.

La batalla había terminado.

***

TANITH Y EL SG-1

(Tiempo después) 

El General Landry leyó el informe completo de la misión y asintió, satisfecho. Nos encontrábamos en el interior del cuartel subterráneo del SGC, en una sala para conferencias y tanto yo, como el SG-1 y L ocupábamos lugares ante la mesa.

-Muy bien – Landry depositó el informe sobre la mesa. Nos miró – Con la amenaza de Lucifer terminada, creo que volvemos a nuestras actividades normales, parece – hizo una pausa, pensativo - ¿Están seguros en verdad que realmente…?

-La nave fue destruida hasta la ultima partícula- dijo la Coronel Carter – No hubo transporte de emergencia de ella ni teleportacion de ningún tipo, señor.

-Además – intervine – gracias a la ayuda de L, sabemos la dirección del planetoide donde esta la Fabrica de Clones. Si no me equivoco, en estos momentos el Alto Consejo Tok'ra envió a un destacamento a destruir el lugar pieza por pieza.

-Crealo, señor. Lucifer es historia – Mitchell se sentía complacido. No era para menos. Comandó con suma eficacia una batalla peligrosa contra una nave madre Goa'uld y salio con su tripulación intacta. Si eso no es un mérito, pues…

En aquel momento de la charla, L (el ultimo clon de Lucifer, técnicamente hablando) se removió inquieto en su asiento.

Landry fijó su atención en él.

-Jamás lo hubiéramos podido lograr sin tu ayuda- le dijo – Te estamos agradecidos por todo, chico.

-Hey, solo cumplí con mi deber… Además, tenia que venir a la Tierra… para conocer chicas, digo, je.

El comentario irreverente del muchacho hizo que todo el SG-1 pusiera diferentes expresiones. Por mi parte, en lo personal, me costó bastante mantener la seriedad y no echarme a reír.

-Podrás hacerlo, hijo, pero quiero ser franco contigo – Landry se encaró con él – Te harán algunas pruebas… Test y esas cosas. Sé que no será bonito ni rápido, pero… compréndenos, es que provienes de una fuente genética un tanto… uh este … ¿Cómo decirlo?

-Ya, ya… lo entiendo – L bufó, divertido ante la cara del General – Mi pasado me condena. ¿Qué le vamos a hacer? Pasare todas las pruebas que quieran, señor, con tal de poder tener una vida tranquila más o menos en su planeta.

-Así será, chico… Yo mismo te lo prometo – Landry se puso de pie. Todos le imitamos – Tanith, ha sido un placer trabajar con usted en esta misión – dijo, dirigiéndose a mí – Ojala su viaje de regreso con los Tok'ra sea agradable.

-General, el placer de luchar a su lado ha sido mío – repliqué, estrechándole la mano – Estaremos en contacto.

El se me acercó. Nos miramos un rato en silencio.

¡Que irónico que era el Universo! El ultimo clon de Lucifer y no había heredado ni pizca de la maldad de su progenitor. Quizás era una buena señal… Algo que indicaba que las cosas no estaban del todo perdidas.

-Chico, cuídate, ¿quieres?

-Ya sabes que es lo mejor que sé hacer – se rió – Suerte, Tanith.

Estiró su mano hacia mí. Yo decidí abrazarlo, a modo de despedida.

Unos momentos mas tarde, fui conducido a la sala de embarque del StarGate, en donde ya el Portal me llevaría hasta casa…

Mientras el anillo giraba marcando símbolo tras símbolo, no pude dejar de pensar en las vidas perdidas desde que esta historia comenzó.

Tanabris.

Ayleen.

Un sistema solar entero desaparecido, como legado de terror de un enemigo que ahora si, estaba derrotado para siempre.

Esta había sido quizás la misión más difícil y más dolorosa que tuve que enfrentar, pero valió la pena. Valió la pena si podía contar con seres como L, que podían torcer el destino de maldad que venia de sus genes. Valió la pena si después de tantas perdidas, el horror no se repetiría más.

Suspiré y cuando el resplandor del Portal abierto me permitió el paso, lo crucé con un sentimiento de esperanza en mi alma…

Las cosas tendrían que ir bien.

***

Lo vio partir por uno de los vidrios de la cabina de control del StarGate.

Sonrió, pero lo hizo secretamente. No era tan tonto para demostrar a la vista de todos sus verdaderos sentimientos e intenciones.

Querían hacerle pruebas. No le importaba, las pasaría a todas.

Ante sus ojos, solo era un pobre muchacho, un pequeño clon defectuoso. Incluso, sus compañeros genéticos lo habían marginado, considerándolo torpe e inútil.

Obsoleto.

¿Obsoleto?

Ja.

Ninguno se dio cuanta nunca. Ninguno se daría cuenta nunca. A si como había manipulado en secreto su pasaje de viaje a la Tierra, también manipularía a todos los que le rodeaban. A diferencia de sus compañeros clones, él sabia perfectamente como debía manejarse, como conducirse.

¡La Tierra era un mundo tan bello!

Un planeta con un potencial increíble. ¡Había que estar demente para querer destruirla!

Mientras caminaba hacia la habitación que le habían preparado, la sonrisa interna de L se ensanchó hasta el infinito. En la Tierra él podía lograr muchas cosas…

Las religiones (todas, no importaban cuantas hubiera) serian su campo de acción.

El mundo pronto conocería a su Salvador…

… y le adoraría eternamente.

 

FIN