EL MARTILLO DE LUCIFER

Escrito por: Federivo Hernán Bravo:

Comentarios en: federicohernan2005@gmail.com

        

CAPITULO 2

 

EL SG-1

El Prometeo era una de las naves más poderosas que existen. Concebido con la ayuda de los Asgard, el impresionante navío espacial abandonó el Hiperespacio apenas alcanzó las coordenadas del sistema de Tanabris… solo para encontrarse de cara a una nube de plasma, asteroides flotantes y ni un solo rastro de planetas… o de un Sol.

-¿Qué rayos pasó aquí? – preguntó Mitchell, desde el Puente de Mando, junto con el resto de sus compañeros. Todos observaban el insólito paisaje a través de las ventanas principales, consternados - ¡Parece que hubiera pasado un equipo de demolición! – se volvió hacia Carter - ¿Son estas las coordenadas reales o hay algún error en la maquina?

Carter, sentada ante una terminal de computadora, escaneó lo que tenia en frente.

-Pues no. Todo esta bien… Este es el sistema de Tanabris – sentenció, leyendo los resultados que aparecían en una pantalla – Al menos, debería serlo.

-No hay planetas – Jackson, desde su puesto en el Puente de Mando, señaló a los asteroides – Pero estas rocas flotantes sugieren que si los hubo… alguna vez.

-¿Qué diablos pasó, entonces? Digo, los planetas no desaparecen así nomás… ¡Ni los soles!

Carter introdujo más datos en su computadora y obtuvo resultados.

-Bien, esto es… insólito.

-¿Qué cosa? – Mitchell conocía aquel tono de voz. Sam lo usaba siempre que descubría cosas generalmente no muy buenas.

-De acuerdo con los datos de los sensores del Prometeo, hubo una detonación solar de enormes proporciones en 1.8 en la escala estelar…

-¿Qué traducido seria…?

-Volaron el Sol de Tanabris en pedazos y el resultante halo de fuego cósmico se tragó al planeta y a todo el sistema entero – dijo Teal'c, parado con los brazos cruzados cerca de Mitchell. La expresión de su rostro era grave… más que la de costumbre.

A Mitchell el almuerzo de la mañana amenazó con írsele a la garganta.

-¿Cuándo dices que volaron ese Sol…? – empezó a preguntar, pero se cortó por la mitad, temeroso de seguir.

El Jaffa, sin embargo, le respondió igual.

-Lucifer tiene efectivamente un arma… capaz de destruir sistemas planetarios enteros, si.

El silencio invadió al Puente de Mando del Prometeo. Ni los operarios ni los técnicos que trabajaban habitualmente allí se animaron a decir algo. La vista de todos estaba puesta en la nube de escombros espaciales que antes fue Tanabris, su Sol y demás.

Mitchell apretó los puños, crispados de la ira, antes de volver a decir algo.

-¿Dónde esta esa rata? ¿Dónde se esconde?

Carter pidió más datos a su computadora.

-Hay un rastro de fotones… Lo que indica que una nave pasó por aquí – dijo – Puedo calcular su trayectoria subespacial con los sensores de largo alcance del Prometeo.

-Adelante.

Un desfile de datos invadió la pantalla. Carter leyó.

-Va a la Tierra – disparó, sintiendo como un nudo de hielo se formaba en su estomago.

Mitchell corrió hasta un panel de control. Presionó un botón.

-¡Puente de Mando a Sala de Maquinas! ¡Hiper-impulsión total! ¡¡Todo mundo prepárense para saltar al Hiperespacio!! ¡YA!

Como un animal obediente, la formidable astronave retrocedió, dio media vuelta y saltó en un flash de luz hacia su nuevo destino…

Mientras viajaban, Mitchell deseó que esta vez llegaran a tiempo.

***

 

TANITH

Desperté en una mazmorra.

Era un lugar tenebroso, con poca iluminación y con paredes metálicas reforzadas a prueba de escape. Me dolía el cuerpo y todavía estaba mareado por culpa de la descarga Zat.

…Ahora si estaba totalmente desarmado…

Se habían llevado mi brazalete con su cuchilla.

Calculé que de nada me servia, dada la actual situación de las cosas: prisionero, en una nave Goa'uld repleta de clones de Lucifer…

¡Clones!

Si mi suposición era correcta (y nada parecía contradecirla) los duplicados estarían efectivamente por todos lados. Podía matar a uno, pero otro ocuparía su lugar, probablemente.

En un lindo lío estaba.

Y sumado a eso, la nave se movía. Podía estar seguro que atravesábamos distancias incalculables a velocidad luz en dirección a la Tierra y su Sol, donde “El Martillo de Lucifer” volvería a demostrar su destructivo poder.

No había nada que yo pudiera hacer para impedirlo.

-Eh, amigo… ¿Necesitas una mano?

Creo que la expresión Tau'ri “me quedé helado” podía aplicarse a ese momento cuando aquella voz, que surgió de lo mas oscuro de la mazmorra, se dirigió a mí.

Muy despacio, me volví para confrontar al dueño de aquellas palabras, temiendo una nueva trampa o tortura de Lucifer. Nada de eso ocurrió. Resultó ser que el que había hablado era un muchacho que se asomaba con expresión curiosa a través de un panel de metal corrido a un costado, en la pared del fondo.

-¿Y tú quien eres? – pregunté.

El chico sonrió.

-¿Eres el famoso prisionero del que tanto hablan, no? Tanith el Cazador.

Me quedé callado. Estudié al chico con la mirada, tratando de evaluar quien demonios era… y por qué me resultaba morbosamente familiar.

Era un muchacho menudo. A lo mínimo de 15 o 16 años de edad y tenia el cabello largo y negro. Vestía con un traje de trabajador, con manchas de aceite pegadas.

De pronto, comprendí lo que me perturbaba y al hacerlo, el asombro me pegó varias cachetadas al rostro…

¡EL CHICO ERA OTRO CLON DE LUCIFER!

-¡Eres un clon! – exclamé.

-¿Ya te diste cuenta? ¡Rayos! Debe ser algo de la nariz… Dicen que es muy parecida a la de él – hizo una pausa. Puso los brazos en jarras y enarcó una ceja – Si, soy un clon de Lucifer… ¡Pero te juro que no heredé ni pizca de su maldad! Ellos dicen que por eso, soy fallado – meneó la cabeza, disgustado - ¡Fallado! ¿Solo por querer divertirme y no tener ganas de matar a medio mundo? ¡Vaya falla!

Del asombro pasé al humor, casi a mi pesar. ¡Un clon juvenil de un déspota espacial que odiaba la guerra! El Universo estaba lleno de sorpresas.

Decidí ir a lo más práctico. Después de todo, tenia una misión.

-¿Puedes sacarme de aquí sin que los guardias se enteren?

-¿Bromeas? – señaló a la salida por donde había aparecido – Conozco cada ducto de ventilación o corredor secreto de esta nave. ¡Vamos! Te sacare de aquí.

-Gracias, pero… ¿No tendrás problemas por esto?

Como toda respuesta, el muchacho silbó.

-Si me atrapan, seguramente… pero vivo en las exclusas de aire desde hace meses, así que… - se encogió de hombros mientras penetrábamos en un conducto metálico negro y sucio – Tiene sus ventajas: viajas gratis, robas la comida de la exclusa de la cocina y nadie te dice que hacer… No pido nada mas – se detuvo, como si recordara algo y me tendió una mano - ¡Por cierto! Me llamo L.

-“L” – se la estreché. Sonrió y continuamos la marcha – Es un nombre… muy particular.

-Bueno, en realidad debería ser “Lucifer-13”, pero como te darás cuenta, estoy tomando cierta distancia con mi fuente genética original. Además… L suena misterioso. A las chicas podría gustarles… Digo, si encontráramos alguna en esta nave de porquería – bufó, molesto – Desgraciadamente solo somos tú, yo y como cientos de clones-Lucifer en esta nave… Eso sin contar al gordo asqueroso ese… Nerus. ¡Que tipo tan desagradable! Come como un ejército.

Lo sostuve de un hombro. Se detuvo y me miró.

-Necesito que me lleves ante algún intercomunicador espacial. Es MUY urgente que pueda pedir refuerzos entre mis amigos… y advertir a los Tau'ri lo que se viene.

-¿Los Tau'ri? ¿Los de la Tierra?

-Así es.

-¡Claro! Pero me encantaría conocer ese planeta. ¿Tú crees que por allá hay chicas?

Reí.

-Unas cuantas, creo.

Su juvenil rostro se iluminó.

-¡Vamos! No perdamos más tiempo – señaló a una exclusa cercana – Es por aquí…

 

***

De camino al intercomunicador espacial, Lucifer-13 (O “L”, como decía llamarse) me contó toda su historia y el objetivo de los clones luciferinos…

Todo nació como un plan alternativo de emergencia del Lucifer Original. Entre muchas cosas, previó su derrota a manos del SG-1 y por eso se duplicó mediante tecnología de clonación genética robada a los Asgard hace mucho. El Primer Clon que creó, tenía como objetivo alcanzar la evolución final mediante la Ascensión.

Si el Primer Clon fallaba, debía volver a la Fabrica de Clones (enclavada en un planetoide artificial) y despertar al Segundo, el cual, activaría a todos los demás para ponerse a trabajar en un nuevo plan de venganza…

El plan consistía en la creación de “El Martillo de Lucifer”, la súper arma que había visto en acción, construida con la ayuda del Goa'uld Nerus, el Glotón.

-El tipo lo pensó todo – decía L mientras nos arrastrábamos por otro corredor sucio de grasa – Él (me refiero al Original) esta muerto, pero su memoria vive en diferentes copias genéticas… Sea como sea, cualquiera tendría éxito en sus planes en algún momento.

-¿Y que hay contigo?

L había sido creado como cualquier otro clon, me dijo, pero había surgido de la crio-cámara de gestación antes de tiempo. Sumado a su personalidad inestable… fue considerado obsoleto.

Se ordenó su muerte, la que no se llevó a cabo, dado que L escapó y se escondió en la nave, donde había sobrevivido “de contrabando”.

La historia era fascinante, pero debió ser interrumpida puesto que habíamos llegado al intercomunicador.

Un solo guardia, enfundado en armadura negra, custodiaba el aparato. Fue fácil tomarlo desprevenido y dejarlo inconsciente. Bajo la mascara de su traje, había otro clon de Lucifer…

Sin obstáculos, manipulé el aparato enviando una señal a los Tau'ri de la Tierra.

…Ojala pudieran localizarla…

 

***

EL SG-1

El Prometeo salió del Hiperespacio en la orbita terrestre, solo para encontrarse con la nave pirámide de su enemigo flotando ya en posición…

-¡Todos a sus puestos! ¡Activen el Alerta Roja! – ordenó Mitchell, mientras la alarma sonaba en el Puente de Mando y una luz rojiza lo iluminaba todo - ¿Situación?

-La nave Goa'uld elevó sus escudos – informó Carter desde su puesto – No hay señales de armas cargándose ni apuntándonos.

-¡Muy bien! ¡Seamos los primeros en darle al granuja la bienvenida! – Mitchell se dirigió a un operario del Puente - ¡Carguen torpedos de fotones! ¡Disparen en cuanto estén listos!

-Tenemos una señal radiada desde la nave – Jackson consultó su pantalla – Hum… esto … Mejor suspender la orden de disparo, Mitchell.

-¿Qué pasa? ¿Por qué?

-Tanith, el Cazador Tok'ra, esta abordo… y quiere comunicarse.

Mitchell se volvió a toda prisa hacia el operario del Puente.

-¡Cancelen la orden! ¡Aborten los disparos!

-¡Abortados, señor!

-Jackson, ponme con Tanith en pantalla.

-Muy bien. Tanith en línea…

Un monitor se encendió. Con algo de estática, la imagen del Tok'ra apareció ante todos.

-Soy el Coronel Cameron Mitchell, del SG-1…

-Soy Tanith, Coronel Mitchell. Me alegro contactarlos a tiempo. Tengo muchas cosas que contarles…

CAPITULO 3 

TANITH

-El Martillo de Lucifer tiene la capacidad de convertir soles en bombas destructivas devora-planetas – informé a la imagen del Coronel Mitchell. Me llegaba con estática, pero fuerte – Nerus, un Goa'uld renegado, le ha ayudado a construirla.

-¿Nerus? – el Coronel frunció el ceño – Le creíamos muerto, en la nave de Baal. ¿Esta seguro de que es él, Tanith?

-Muy seguro, amigo – recordaba bastante bien el aroma de aquel personaje como para olvidarlo tan rápido – Nerus esta abordo, pero… hay más.

-Dinos.

-Hay… Lucifer tiene cientos de clones suyos aquí. Es todo parte de su plan de trascender a pesar de su muerte. En este momento, ellos ocupan y gobiernan esta nave y preparan el ataque contra la Tierra, destruyendo al Sol.

Mitchell desvió su atención de mí. Alguien a su lado le comentó algo. Aproveché la pausa para volverme a mirar a L. El chico había tomado el arma del soldado caído y custodiaba la puerta más cercana, por si venían refuerzos.

Y yo sabía que vendrían. Lucifer (todos ellos) debía saber en este momento de mi fuga y de la transmisión que estaba haciendo a la nave de los Tau'ri. Me llamaba la atención poderosamente que no la hubieran interceptado, todavía…

-Nosotros sabíamos de un clon de ese granuja – dijo Mitchell, volviendo a hablar conmigo – Ignorábamos que hubiera mas.

-Creame, Coronel. Son cientos. Yo maté a uno, pero tiene muchos de reemplazo. Cuando cae uno, otro ocupa su lugar.

-Muy bien, Tanith. Le sacaremos de ahí… en cuanto podamos fijarlo en el teletransportador que tenemos.

-No podrán – intervino L, acercándose – Con los escudos de la nave levantados, imposible transportar nada afuera.

-¿Y ese quien es?

Apoyé una mano sobre el hombro de L.

-Coronel, este es L y por imposible que parezca, es un clon de Lucifer.

-¿Cómo dice?

-¡Pero no soy como él! ¿Eh? Yo solo quiero salir de este cacharro de metal y divertirme – se apresuró a decir el muchacho – Quiero ir a la Tierra… ¡Y conocer a muchas chicas!

La cara de Mitchell fue un canto a la confusión. Pobre tipo. No podía culparlo.

-Ya hablaremos de eso mas tarde – prometió – Ahora, Tanith, lo importante es que salgan de ahí cuanto antes…

La imagen del Coronel desapareció en una lluvia de estática. Lo habían hecho: interrumpieron la transmisión.

-¡Tenemos compañía! – me avisó L, señalando al corredor cercano.

Una tropa de guardias luciferinos se acercaba.

-¡Demonios!

***

EL SG-1

Cuando la imagen de Tanith desapareció, Mitchell supo que las cosas se pondrían feas.

-¡Eleven escudos! Carter, ¿algo acerca de cómo podemos hacer el rescate? – preguntó.

-Con los escudos de la nave puestos, imposible. Necesitaríamos que los desconectaran desde allí.

-¡Coronel! ¡Recibimos una nueva señal desde la nave alienígena! – avisó un operario del Puente, sentado delante de su computadora.

-¿Tanith?

-Negativo, señor… mejor vealo usted mismo.

La imagen volvió a la gran pantalla… pero esta vez no era el Tok'ra quien allí se encontraba. En esta ocasión, era una nitidísima toma desde la sala de trono de Lucifer, con el Lord Goa'uld (o una de sus nuevas copias) sentado en él y acompañado por el prominente y difícil desapercibido Nerus, quien parado a su lado, masticaba otra vez una pata de pollo.

-¡Saludos, amigos míos! Lamento haberlos hecho esperar tanto para disfrutar de mi ilustre presencia. Asuntos pendientes requerían mi atención, pero ya estoy con vosotros – dijo, burlándose.

Mitchell se encaró con la imagen del déspota alienígena, furioso hasta la medula.

-¡Maldito engendro del Infierno, hijo de…!

Una salva de carcajadas fue la respuesta que el Coronel recibió de esta muestra de enojo, por parte de los Goa'ulds en la pantalla. En mitad de la risotada, Nerus se atragantó con su pollo y tosió ruidosamente…

-Bien, como ya sabrán, hoy veré realizado mis sueños de destruir a los que osaron desafiarme, para siempre…

-¡Ni siquiera eres el verdadero Lucifer! ¡Solo eres una burda copia!

Los ojos del villano refulgieron súbitamente, encendidos por la rabia.

-¿Cómo te atreves? ¡Yo SOY Lucifer! ¡Soy más que cualquiera de ustedes, insectos patéticos! ¡Hoy lo comprobaran al sufrir la más dolorosa de las muertes como recompensa por las ofensas cometidas hacia mí en el pasado! ¡Una vez que “El Martillo de Lucifer”, mi súper arma destructora de soles se active, su sistema planetario se vera reducido a partículas! ¡¡Nada quedara de la Tierra ni de sus descendientes, los sucios y apestosos Tau'ri!! ¡Este será el FINAL de toda la Humanidad, en un torrente de fuego líquido!

-¡Y no hay nada que puedan hacer para evitarlo, ja! – Nerus rió, pero esta vez lo hizo solo. Lucifer se volvió hacia él, disgustado.

-Perdón… Yo… ¿Dije algo malo?

Carter aprovechó aquel momento para acercarse a Mitchell y susurrarle algo al oído…

-No podemos quedarnos de brazos cruzados. ¡Tenemos que atacar!

-Lo sé, Sam, pero… ¿Y que hay de Tanith? Sigue abordo, ¿recuerdas?

Carter se mordió el labio inferior, pero dijo aquellas palabras que, una vez salidas de su boca, adquirieron un tinte profético.

-Sé que sonara mal, pero… ¡La Tierra es prioridad! ¡Si no detenemos a Lucifer, una vez que la súper arma detone al Sol, no habrá vuelta atrás!

A Mitchell tomar aquella decisión le era difícil, pero no podía dilatarla por mas tiempo.

Miró rápidamente al resto de sus compañeros de equipo. Teal'c asintió, mientras que Jackson también lo hizo. En los rostros de ambos podía ver parte de su propia mortificación por tener que sacrificar una vida para que millones pudieran vivir.

No era una bonita decisión.

-Eleven escudos – ordenó a los operarios del Puente – Corten la comunicación con estos zánganos y carguen armas – se sentó en la silla del capitán del Prometeo – Señores, entramos en guerra.

 

***

TANITH

Eran muchos.

El arma que L tenía servia para mantenerlos a raya, pero la tropa clónica nos cercaba cada vez más. En poco tiempo, nos darían caza y exterminarían.

-¡No podemos seguir así! ¡Hay que cambiar de estrategia! – grité, en mitad de los disparos de energía.

-¡Ríndanse! – gritó a su vez el líder de los guardias. No llevaba mascara sobre su negra armadura y el rostro de Lucifer, duplicado hasta el mas pequeño detalle, nos miraba desafiante y sarcástico, desde su cuerpo.

…Fue en ese momento en que la nave se tambaleó…

Los soldados atacantes cayeron al suelo y casi me ocurrió lo mismo, si no me hubiera sostenido de una baranda de metal. A mi lado, L aflojaba uno de los paneles de la pared como vía de escape.

-¡Vamos! – vociferó, indicándome la salida. Disparé una ráfaga de láser a nuestros atacantes y le seguí.

Habíamos escapado por los pelos.

En mitad de los ductos, mientras nos arrastrábamos lejos de allí, comprendí que los Tau'ri atacaban la nave, para impedir que la súper arma de Lucifer fuera activada. Algo tenía que hacer y tomé a toda prisa mi decisión…

-L, indicame adonde tienen guardada el arma – le pedí – Es hora de terminar con esto.

-No me digas: vas a destruirla.

-Exacto.

L señaló a un conducto ubicado a mi izquierda, con cierto desgano.

-Es por ahí… pero es un camino sin retorno.

-Lo sé.

El chico pareció consternado.

-Pero… ¿Y la Tierra? Si te vas, ¿Cómo podré ir a la Tierra?

-No te preocupes, muchacho. Mientras yo destrozo ese aparato, necesito que tú desactives los escudos de la nave – lo miré a los ojos – Será riesgoso, pero es realmente necesario. ¿Podrás hacerlo?

-Pan comido. No me insumira ni el mas mínimo esfuerzo… pero, Tanith… ¿Y si no llegas a tiempo?

Meneé la cabeza, sin responder a aquello. Comencé a arrastrarme en la dirección indicada.

-Cuando los escudos se hayan ido, los Tau'ri te sacaran de aquí… y si tenemos éxito, esta pesadilla terminará. Buena suerte, chico… espero verte de nuevo.

 

***

LUCIFER

Estaba furioso.

¡Los Tau'ri atacaban su nave! A pesar de saber que el fin estaba a la vuelta de la esquina, osaban desafiarlo una y otra vez. Su furia era tal que los haría pagar de una buena vez con sangre.

-¿Cuándo falta para que el arma este lista para usar, Nerus? – preguntó a su compañero Goa'uld.

Nerus hizo unos rápidos cálculos mentales.

-Como un par de segundos. Una vez que cargue energía estelar en sus cristales, se disparara automáticamente al Sol y… ¡PUM! – dijo, riéndose.

Lucifer asintió, complacido.

-Me has servido bien, amigo. Jamás lo hubiera logrado sin ti.

Nerus enrojeció un poco. Sacando su prominente barriga, bajó la vista y trató darse aires de humildad…

-Oh, bueno… Yo se lo dije al viejo Baal, ¿sabes? Pero el muy cretino no quiso hacerme caso… ¡Quiso matarme, fíjate!

Lucifer no lo estaba escuchando. Mientras el gordezuelo hablaba, el Lord Goa'uld sacaba de entre los pliegues de su túnica una curiosa y bella daga tallada en un metal extraterrestre.

-Baal era un tonto. ¡Debió reconocer mi genio cuando pudo! Pero no. ¡Intentó matarme!

-Me imagino.

Nerus vio aquel puñal extraño que su compañero llevaba entre sus manos. Ahora dirigía la hoja del arma hacia él.

-Hey, Lucy… ¿Qué haces?

-Cierro nuestro pacto, por supuesto. ¡Ya no te necesito!

Nerus retrocedió, aterrorizado.

-¡Vamos, Lucy! ¡Deja eso! P-Por favor… ¡Somos amigos! A-Además… - tragó saliva, mientras trataba de esbozar una sonrisa – Además, sigo siendo muy valioso para ti, ¿recuerdas?

Como toda respuesta, Lucifer se abalanzó sobre su gordo cuerpo y enterró la daga en el centro de su pecho. Por una herida abierta, mucha sangre comenzaba a emanar, salpicando el suelo…

-Te equivocas… Ya no vales nada.

Los ojos de Nerus brillaron, solo un par de segundos, antes de que su asesino lo soltara. Como una montaña de carne, el Goa'uld cayó al piso, en mitad del charco provocado por sus propios fluidos, completamente muerto.

Dos clones, vestidos de guardia, se acercaron a la escena.

-Saquen ese horrible cadáver de mi vista – ordenó Lucifer – Tenemos asuntos mas importantes que atender ahora.

…Fuera, en el espacio y mientras este pequeño drama se desarrollaba, la batalla había comenzado…