SUPERMANvsStargate

Escrito por: Federivo Hernán Bravor

Comentarios en: federicohernan2005@gmail.com

CAPITULO 2 

CUARTEL GENERAL DEL SGC

SALA DE EMBARQUE DEL STARGATE

P arado delante de la rampa de acceso al Portal espacial apagado y admirando el anillo giratorio plagado de símbolos extraterrestres, Lex Luthor, con un pulcro traje de negocios oscuro, se felicitaba internamente por el éxito de su misión…

No podía ser para menos. Lex era un autentico estratega, en lo que a negocios y pactos comerciales se referían. Normalmente, siempre bromeaba sobre que hasta, incluso, de trabar una sociedad comercial con el mismo Dios, si la ocasión se prestaba, saldría ganando y mucho con creces.

Claro que esto era una auténtica exageración.

Luthor no creía en Dios realmente.

…pero si creía en el Poder…

El Poder, el dinero, el lujo.

Luthor se permitió una pequeña sonrisa de satisfacción. Solo los grandes hombres seguros de si mismos sonreían así… Y Lex se consideraba, justamente, un gran hombre.

El más GRANDE de todos.

Lex Luthor nació pobre. Vino al mundo y vivió los primeros años de su vida en el Distrito Suicida, en Metrópolis. El Distrito era la zona más carenciada de la gran ciudad, solo equiparable con el barrio Harlem o el Bronx en Nueva York.

Pese a la adversidad su padre, Lionel Luthor, se fijo una meta y no tardó en cumplirla: sacar a su mujer y a su hijo de la situación precaria en que vivían sumergidos.

Lionel era un tipo astuto. Prosperó, en cierta forma, y entonces toda la familia y él consiguieron escapar del Distrito, mudándose fuera de Metrópolis por un tiempo e instalándose en un pequeño y tranquilo pueblecito de Kansas con muchas oportunidades.

Un pueblo llamado Smallville.

LuthorCorp se estaba gestando. Lionel la comenzó como empresa agraria, pero seria su hijo el que la llevaría al pináculo del poder.

Para Lex (un joven Lex, por aquel entonces con una espesa cabellera roja) Smallville significó un respiro. El poblado, a diferencia de la gran ciudad, era tranquilo. Allí trabó una suerte de amistad por un tiempo con un muchachito llamado Clark Kent (convertido ahora en un gran periodista) y una suerte de romance con Lana Lang, compañera de estudio de ambos en la Secundaria Smallville…

Lo de “romance” realmente seria subjetivo, ya que Lana estaba más que interesada en Kent que en él… lo que de alguna manera provocó los primeros sentimientos de humillación y aversión al fracaso en la vida de Luthor.

El idilio en Smallville terminó pronto. Lionel y sus negocios no descansaban. La familia Luthor volvió a mudarse… Desgraciadamente para Lex, sus padres morirían en un confuso accidente de transito.

Encontrándose solo en la vida, Lex tuvo que crecer de golpe. Aprendió todo lo referente al mundo de los negocios y reflotó a LuthorCorp. De su mano fue que la empresa mejoró tanto, hasta convertirse en el vasto conglomerado que ahora era.

Desde la Torre Lex, en Metrópolis, Luthor era el Numero Uno en la ciudad…

…Hasta que llego aquel alienígena vestido de rojo y azul, y le robo el puesto…

La sonrisa de Lex se borró de sus labios, con el amargo recuerdo de Superman. Su odio contra aquel pretendido héroe era tal que solo eso podía arruinarle el día.

Decidió dejar el pasado donde estaba. Desvió su mirada del StarGate desactivado hacia la puerta de salida de la habitación, flanqueada por soldados armados. Cuando pasó a través de ellos, entrechocaron las botas y lo saludaron con el clásico gesto militar de respeto.

“Así me gusta”, pensó de camino a su despacho, “Que todo marche correctamente, tal y cómo debe ser… Después de todo, por algo soy el jefe, ¿no?”

* * *

OFICINA DEL GENERAL LANDRY, SGC

EN ESE MOMENTO

Landry no lo podía creer.

Incluso, mientras abría los cajones de su escritorio y sacaba sus cosas, se negaba a creer que aquello había ocurrido.

Su semblante se puso serio, ensombrecido. Recordar la reunión que hacia poco se había llevado a cabo y el fracaso de sus intentos para detener lo que se vino, solo hacia que se sintiera todavía peor.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió y los ojos del General quedaron fijos con los del hombre calvo.

Hubo un momento de silencio y mientras Luthor sonreía, Landry continuó retirando objetos de su mesa…

-Solo quiero dejar en claro una cosa – dijo, al recién llegado – Quiero que sepas el ASCO que me da saber que quedas a cargo de todo esto. Nada más.

-Vaya – Lex se cruzó de brazos, irónico – Gracias por la franqueza, General. No esperaba menos de ti.

Landry le dio la espalda. Se fijó de nuevo en el escritorio si se había olvidado algo.

…La placa de bronce con su nombre…

Alargó una mano para retirarla y guardarla con el resto de sus cosas, pero entonces Lex lo aferró de ella con la suya, fuertemente.

-No tan rápido – dijo, hablando por lo bajo - ¿Te crees muy listo, verdad Landry? A mi no me engañas… Estas dejando que cuestiones de índole personal nublen tus percepciones.

-¡Suéltame en este instante! – Landry forcejeó, pero Luthor no lo liberó - ¡Te lo advierto, Lex! ¡Todavía soy un General del Ejército!

-Oh, si… un General retirado – la boca de Luthor se ensanchó en una mueca cruel y feroz – Si fueras mas listo, sabrías que siempre consigo lo que quiero, no importa lo imposible que sea.

-No me caben dudas. Y si no lo consigues, seguramente lo compras, como en este caso, ¿no? ¿Me equivoco?

Luthor liberó a Landry. El General tomó su placa de bronce y la guardó.

-Yo no compre a nadie – aseguró Lex, los brazos en jarras, la mirada desafiante – El Presidente y yo somos MUY buenos amigos y él tanto como yo mismo, sabemos que al acoplar LuthorCorp con el Proyecto StarGate, el pueblo de Norteamérica se beneficiara al máximo.

Landry rió.

-¿Qué es tan gracioso?

-Tú, Lex Luthor. ¡Vamos! ¡Todo el mundo sabe que ambicionas el puesto de Presidente de este país desde hace tiempo!

Silencio. No hubo respuestas.

-Veo que acerté en algo – Landry se plantó delante de Lex – Puede que creas, en esa retorcida cabeza calva tuya, que me has ganado. Te diré una cosa – agitó un dedo ante su cara – Apelare al Comité. Juntare a West, a Hammond y a O'Neill, de ser necesario… a todos los Generales en Jefe que el SGC ha tenido. Te sacaremos de aquí, Lex… ya lo veras.

Fue el turno de Luthor de reír.

-West esta retirado, amigo. ¿Hammond? Es un perrito faldero del Gobierno. Se jacta de tener carácter, pero está mas preocupado por no perder su nueva posición entre los “peces gordos” del Pentágono. Y O'Neill… ¿De veras piensas que me asusta un payaso incompetente como él? ¿Un muñeco inestable con propensiones al extremismo sin sentido? No, Landry, estas MUY equivocado. He venido para quedarme.

-Ya lo veremos.

El General dio la media vuelta y comenzó a abandonar la oficina. Indolente, Luthor ocupó su sillón, divertido por como se desarrollaban los acontecimientos, y dijo:

-Por cierto… Lam trabaja aquí, ¿no? Y es tu hija… ¿Lo sabe el resto del personal de la base?

Landry se detuvo. Se volvió y había una expresión de furia en su rostro.

-¡Deja a mi hija fuera de esto, maldito! ¡Si te metes con ella, te juro que…!

Luthor alzó una mano, acallándolo.

-Lam esta a salvo aquí. Afortunadamente, para ella, no culpo a los hijos de las tonterías de los padres… pero a ti no quiero verte más por estas instalaciones. Si vuelves, bueno… ¿Ir a una Corte Marcial por desacato, tal vez te disuada?

Landry salió del despacho. Si seguía ahí, iba a cometer un acto de locura…

Luthor se arrellanó en su sillón, complacido. La segunda fase de su plan conjunto con Baal, había sido un éxito rotundo.

Él había triunfado “limpiamente”.

El SGC era suyo.

¿Cómo le iría a Baal con Superman?

* * *

CIUDAD DE METROPOLIS

CASI AL MISMO TIEMPO

La impresionante nave pirámide Goa'uld flotaba, suspendida sobre la cima de los altos rascacielos de Metrópolis.

Abajo, en las calles, una multitud era presa del pánico, huyendo en estampida de debajo de la sombra del monstruoso navío extraterrestre.

Desde el Puente de Mando de la Ha'tak, Baal contemplaba todo con deleite… y esperaba.

-Mi Lord Baal, algo se acerca – anunció un Jaffa ante los controles de navegación – Un objeto veloz emerge directo desde la ciudad.

Los ojos de Baal brillaron.

-Es él –dijo – Vamos a darle una calida bienvenida y de paso, un poco de diversión.

* * *

Superman volaba, a toda velocidad, hacia la nave pirámide. A su paso, su capa roja ondeaba con fuerza y el aire parecía abrirse, hendido.

Se detuvo, flotando a escasos kilómetros del vehículo alienígena gigante y utilizó su visión de rayos X para ver en su interior, tras las paredes de metal.

-Demonios – murmuró, cuando solo obtuvo de resultado nada – Recubrimiento de plomo… Muy ingenioso, Baal. Me pregunto que ocultas ahí dentro…

La respuesta llegó pronto al Hombre de Acero cuando una compuerta se abrió y cientos de Planeadores de la Muerte salieron vomitados al exterior.

Superman debió esquivarlos a todos. Luego, se lanzó a perseguirlos cuando se dirigieron a los edificios de Metrópolis, abriendo fuego.

Los disparos de los Planeadores destruían indiscriminadamente las fachadas de todos ellos, provocando terribles incendios. Volando entre la formación de naves, Superman golpeó a una con toda su súper fuerza, desviándola de trayectoria.

…Inmediatamente los pilotos Jaffa de las demás dirigieron su atención hacia él. Súbitamente sorprendido, el Hombre de Acero se vio envuelto en un brutal ataque de rayos energéticos.

Desde la tierra, los metropolitanos observaron como el héroe desaparecía bajo una cortina de explosiones, fuego y humo… solo para salir indemne e intacto de ellas segundos después.

A velocidades supersónicas, el Ultimo Hijo de Krypton chocó contra cuatro Planeadores de la Muerte cercanos. Como una bola de bowling golpeando unos pinos, las aeronaves se desparramaron estrellándose en sectores de la ciudad que Superman se había asegurado, no hubieran heridos.

En mitad de su vuelo, el kryptoniano dio rienda suelta a otro de sus poderes para abatir a sus enemigos: su visión de calor .

La enfocó en el primer Planeador que se puso a su alcance y la usó a máxima potencia. Dentro del vehículo volador, el Jaffa que lo manejaba se asombró al derretírsele los controles de repente…

Varias naves cayeron, victimas de este ataque. De un escuadrón de más de cien, ahora solo quedaban cincuenta… y su número seguía bajando.

Los pilotos cambiaron de táctica. En vez de concentrar su fuego contra Superman, lo hicieron contra los edificios de Metrópolis otra vez. El elegido para el bombardeo fue el del diario El Planeta…

Los rayos de energía destrozaron su fachada y el gran globo de bronce giratorio de la cima también fue alcanzado. Se desplomó al vacío, como un bólido de destrucción imparable.

-¡No!

Superman fue tras él. Se colocó debajo y lo frenó. El globo gigante quedo suspendido en el aire sostenido por el Hombre de Acero. Cuando iba a devolverlo a su sitio, los Planeadores volvieron a concentrar sus disparos contra él…

Soportando cientos de explosiones en cadena sobre su cuerpo, el Hombre del Mañana intentó salvar el eterno símbolo del periódico metropolitano al cual amaba y en donde trabajaba cuando asumía la personalidad de Clark Kent. Cuando se hizo evidente que no podría, decidió utilizarlo muy a su pesar para barrer de una vez a sus atacantes.

…Sosteniendo la mole metálica, Superman se volvió hacia las aeronaves que quedaban...

Utilizó su visión telescópica para calcular la trayectoria… y arrojó el globo en contra de sus enemigos.

El resultado no se hizo esperar: los deslizadores Goa'uld que quedaban fueron literalmente barridos del cielo.

El globo, roto y chamuscado, cayó al mar en las costas de Metrópolis. El fuego que lo envolvía se apagó provocando grandes nubes de vapor.

Agotado y flotando lentamente, Superman concentró su atención en la ciudad dañada. Había incendios por todos lados y su súper oído le traía los lamentos de los heridos.

No había tiempo que perder. Algo había que hacer y cuanto antes. La gente le necesitaba y no podía darles la espalda…

Empezó a volar hacia Metrópolis… pero en ese momento, de la tenebrosa figura de la nave pirámide, emergió un rayo teleportador.

…Y Superman desapareció…

* * *

CUARTEL GENERAL DEL SGC

OFICINA DEL DR. DANIEL JACKSON

Mitchell era el único de pie. Se paseaba, inquieto, dando zancadas de un lado a otro de la habitación. Por el contrario, tanto Carter como Daniel y Teal'c permanecieron sentados, pero con expresión de disgusto.

-¡No lo puedo creer! ¡No lo creo! – decía Mitchell, en el colmo de la rabia - ¿Cómo le pueden dar a ese miserable la dirección del SGC? ¿En que cabeza retorcida entra la idea de darle a Lex Luthor el mando de todo el Proyecto, me pueden explicar?

-Mejor te calmas, Cameron – le pidió Carter – Así no ganamos nada. Tenemos que analizar la situación.

-La situación, Sam, es que Lex Luthor, un bastardo manipulador que se hace el bueno, se quedó con el SGC – el Coronel hizo una pausa. Miró a Jackson - ¿Tengo razón?

-Estuve allí – dijo Daniel, muy serio – Luthor es brillante.

-¿Brillante? ¿Luthor? Estoy sorprendido, Jackson… ¿No me iras a decir que ahora te cae bien?

-Nada de eso, pero insisto: estuve allí . Vi a Luthor en acción. Es brillante manipulando a la gente. Refutó todos los alegatos del General Landry y convenció al Comité y al Presidente mismo de la necesidad de una alianza entre nosotros y la LuthorCorp.

-Y echó a Landry.

-Técnicamente, la orden vino del Presidente…

-El asunto es que, con Luthor aquí, tenemos que andar con cuidado. La prioridad ahora es el restaurar las misiones SG – dijo Carter. Teal'c estuvo de acuerdo.

-Como si fuera fácil… Yo creo que…

Una alarma comenzó a sonar, de repente, cortando a Mitchell. Una voz por un altoparlante anunció el Alerta Máxima.

…Algo estaba pasando…

Para cuando el SG-1 llegó a la Cabina de Control del StarGate, la noticia del ataque de una nave madre Goa'uld ya era conocida por todos…

CAPITULO 3 

CUARTEL GENERAL DEL SGC

OFICINA DE LUTHOR

 Dicen que uno transforma el entorno de su trabajo hasta casi mimetizarse con él…

En el caso de Lex Luthor, solo le bastó media hora como máximo, para reacomodar la oficina de Landry y convertirla en suya. Ahora, sobre las paredes, colgaban algunos cuadros muy elegantes, reproducciones perfectas de las obras originales que tanto le gustaban a Lex.

El resto del mobiliario era igual de suntuoso. Hasta el sillón de Landry había sido reemplazado por uno de diseños aerodinámicos muy cómodo, en donde en ese momento Luthor estaba sentado, bebiendo un té de una taza de porcelana fina y oyendo, completamente relajado, música clásica que salía de un equipo de alta fidelidad.

Nada parecía poder romper aquel mágico momento. Ni siquiera el súbito golpe en la puerta y la intempestiva entrada del Coronel Mitchell, cuya expresión facial demostró su completa sorpresa por lo que estaba contemplando…

-¿Si? ¿Se le ofrece algo, Coronel? – preguntó Lex, disgustado por la falta del militar al haber entrado sin concedérsele el permiso para hacerlo – Porque me imagino que, efectivamente, algo de muy importancia debe haberlo motivado a olvidarse de las normas de educación…

Mitchell observó detenidamente al hombre calvo sentado en el lugar de Landry. Su primer impulso fue reaccionar mal… Al fin de cuentas, aquel era un autentico usurpador y, por lo que Cameron sabia bien, un manipulador frío y siniestro. Pero se refrenó… principalmente, por que, le guste tanto como no (y ese era el caso) aquel calvo era ahora su superior y por ende, la persona de mas autoridad que había en el SGC.

-Estoy esperando, Coronel – Luthor le miraba atentamente, también. El fastidio se traslució en el tono de su voz.

-Señor… Tenemos problemas – Mitchell endureció el suyo. Si iba a tratar con un sujeto como aquel, mostrar flaquezas de carácter seria un error – Hace algunas horas, una nave madre Goa'uld acaba de aparecer sobre una de nuestras ciudades de la Costa Este y han atacado. Todo el Cuartel General esta en Alerta Máxima y preparados para iniciar cuanto antes la contraofensiva… Cuando usted lo autorice, claro.

Luthor tomó otro sorbo de té, despacio. Mitchell se dio cuenta, con cierta punzada de asombro mal disimulado, que ni siquiera estaba todo lo asustado o preocupado que debería estar, en una autentica situación de invasión alienígena como aquella.

-Perdone, señor, pero… ¿Me ha oído?

-Coronel Mitchell… ¿Cree que soy sordo?

-No… Señor.

-Entonces no me insulte. Le he oído perfectamente.

-¿Y cuales son sus ordenes, si se puede saber, señor? – la paciencia del Coronel estaba sufriendo una durísima prueba. Estaba a punto de perderla.

Luthor terminó su té. Depositó sobre su escritorio la taza y pareció meditar por unos segundos. Luego, apagó el equipo de música y encaró a Mitchell.

-¿Cuál ciudad ha sido atacada por el enemigo? – preguntó.

-Metrópolis… Señor – la tranquilidad de Lex exasperaba al Coronel. ¿Qué demonios le pasaba a esa bola de billar? ¿Es que no se daba cuenta del inminente desastre que se desataba mientras sostenían aquella charla?

Luthor suspiró… aliviado . Estirando su mano, volvió a encender el equipo de música. Otra vez las melodías clásicas invadieron la sala.

-¡Señor! ¿Es que no me ha entendido? – Mitchell golpeó la mesa con el puño ante Lex. Se había acabado la amabilidad - ¡Están atacando! ¡Destruyen una ciudad!

-¡Coronel! ¡No me alce la voz!

-¡Tenemos que contraatacar! ¡Es la nave de Baal, uno de los mas terribles Señores del Sistema Goa'uld! ¡No va a parar hasta destruirnos a todos! ¡Necesitamos iniciar acciones defensivas YA!

-Dígame una cosa, Coronel… ¿Escuchó hablar alguna vez en su vida de Superman?

-¿¡Y eso que tiene que ver!?

-¡Superman se encargará! ¡Metrópolis es su radio de acción! Creame, lo digo por experiencia. Esta crisis acabará pronto.

-Con el debido respeto, señor…

-Lo dudo.

-…No podemos ignorar un Alerta Máxima. ¡Es una nave Goa'uld! ¡Una nave madre con fuerza suficiente para destruir un continente entero!

Luthor se puso de pie. Le dio la espalda a Mitchell deliberadamente y comenzó a rebuscar sobre una estantería un libro para leer.

-Le diré algo, Mitchell – volvió a sentarse y sacó un par de gafas para la lectura. Abrió el libro – Creo que si tuviera que hacer la cuenta de las veces en que Superman ha sacado las papas del fuego, no terminaría nunca… Le he visto enfrentar a tantas amenazas como fueran posibles y solo para citar algunas: Brainiac, una computadora con forma humana del planeta Colu; Darkseid, el cruel amo interestelar de Apokolips; Zod, un general kryptoniano como él… y la lista sigue. Seguramente ninguno de estos nombres le dirán algo, Coronel. A lo mejor alguna vez los escuchó o leyó sobre ellos por allí… pero todos ellos son amenazas, se lo aseguro, igual o mas grandes que sus Goa'ulds u Oris que ustedes enfrentan. Lo digo de nuevo, por si no lo entendió: Superman se encargara de esto . Siempre lo hace…

-Perdón por NO compartir su seguridad, señor Luthor, pero está cometiendo un error FATAL. ¡Un error que podría poner a todo nuestro mundo al borde de la extinción!

-¿Quién es el jefe aquí, Mitchell? ¿Usted o yo? ¿A quien eligió el Presidente de cabeza nueva para el SGC? ¡Contésteme!

-¡Eso no tiene nada que ver, demonios!

-¡Muy bien! ¡Suficiente! ¡Retirese!

-¡El planeta esta en peligro, Luthor! ¡¡No podemos quedarnos de brazos cruzados!!

-¡¡FUERA!!

-¡Maldición!

Mitchell abandonó la oficina de un portazo. Se reunió en el pasillo con el resto de sus compañeros del SG-1.

-¿Qué pasó? – preguntó Carter.

-¡Le acabo de avisar que el mundo esta bajo ataque y me ha dicho tan solo que Superman se encargara! ¡Este tipo esta demente!

-¿No dio la orden de la contraofensiva?

-¡Para nada! Es mas… ¡No le importa! ¡Esta sentado ahí, escuchando música clásica y bebiendo té como si nada!

Jackson meneó la cabeza.

-Atacan una ciudad… su ciudad… y Lex Luthor no reacciona. Suena ilógico – dijo.

-¿Qué vamos a hacer?

-Lo único que podemos hacer, Sam – Mitchell miró desafiante a la puerta cerrada del despacho de Luthor – Iremos a Metrópolis… a detener esta locura.

-¿Solos?

-De ser necesario… Además, ¿cuantas amenazas apagamos nosotros solos? Somos un grupo autosuficiente.

-Pero violaríamos órdenes superiores. Luthor no nos autorizó a intervenir.

Mitchell sonrió, sarcástico.

-¿Acaso vamos a seguir ordenes de ese payaso, Sam?

Hubo un asentimiento silencioso del resto del grupo. Las cartas estaban echadas sobre la mesa.

El SG-1 iría a Metrópolis.

* * *

INTERIOR DE LA NAVE DE BAAL

SOBRE LOS CIELOS DE METROPOLIS

Cuando Superman recuperó el conocimiento y reaccionó, se dió cuenta que flotaba en el interior de un contenedor de luz.

Sin duda, aquella prisión sin barrotes era generada por rayos de fuerza, salidos de algún emisor oculto. Intentó escapar, pero el campo invisible que lo retenía se lo impidió…

“Ingenioso” , pensó. Luego fijó su atención en la sala que lo rodeaba.

Era como estar dentro de un templo o pirámide de la antigüedad, con la grandisima diferencia de que las paredes plagadas de jeroglíficos y símbolos extraños eran todas de metal, unidas en planchas como soldadas, además de muchas lámparas regulares de luz eléctrica colocadas a intervalos en los rincones.

Por lo demás, una sola figura le acompañaba en ese lugar. Parado a escasa distancia de donde flotaba cautivo, Baal lo estaba observando, sonriente.

La visión del Señor del Sistema le recordó a Superman que estaba ante un enemigo formidable. Para empezar, había conseguido lo que muchos intentaron, fallando estrepitosamente en el pasado: capturar al Hombre de Acero .

-Estas despierto. Bien, bien, bien – dijo Baal, satisfecho – Has demostrado poseer un poder formidable, kryptoniano. Tú solo has vencido a toda mi flota aérea – hizo una pausa. Sus ojos brillaron – Admiro tu valor y tenacidad, pero no tu tonta idea de justicia.

-Realmente, me importa muy poco – Superman se cruzó de brazos, serio. Cautivo y todo, ver al Ultimo Hijo de Krypton cruzarse de brazos, con el semblante sin un atisbo de miedo siquiera, era digno de tener en cuenta.

Baal rió.

-Tanto poder… tantos recursos – se lamentó el Goa'uld – Y ni siquiera los has utilizado para dominar este inútil planeta… Dime, kryptoniano, ¿Qué te impide ser su dios? De todos los seres del Universo, eres lo más cercano a una verdadera divinidad. ¿Por qué no riges a la Tierra y la Galaxia con brazo de hierro? ¡Sin duda, si lo hicieras, serias el amo!

-La respuesta es sencilla: Yo NO soy como tú.

Silencio. La suficiencia de Baal por un momento tambaleó ante el espíritu puro e inquebrantable del Hombre de Acero… pero la recuperó y se obligó a mantener una sonrisa en su rostro.

-Pobre iluso. La Naturaleza te ha premiado con tanto poder… y aun así, solo lo usas para defender a una raza de mediocres.

-¿Por qué estas aquí? ¿Qué pretendes al desafiarme? – Superman se estaba cansando de aquello. La peor parte, lo sabia, era oír hablar a los villanos. Siempre tenían el mismo discurso, no importaba si venían de la Nebulosa del Cangrejo o de Nueva Jersey… el Mal era el Mal en todas partes - ¡Has atacado a mi ciudad y a mi gente! ¿En nombre de que? ¡Creo que al menos, tengo derecho a saberlo!

El Señor del Sistema asintió.

-Por supuesto… Pero la causa es mas que evidente: eres un ser poderoso. Solo un dios se interesaría por otro dios.

-¡Tú NO eres un dios! – exclamó el Hombre de Acero, ofuscado por las palabras de su captor - ¡Solo eres un parásito que mora dentro de un cuerpo humano!

Baal se vio pasmado por aquellas palabras, pero lo entendió al instante.

-Visión de rayos X – dijo. Su sonrisa se ensanchó – Muy bien jugado, kryptoniano. Estudias mi anatomía con tu singular poder… De modo que ahora puedes verme tal cual soy.

-Una asquerosa babosa de algún tipo… un gusano simbiótico…

Baal sintió de repente un acceso de furia descontrolada. Ese era su principal defecto: irritabilidad .

-¡Patético hombrecito volador! ¿¿Cómo te atreves?? ¡SOY UN DIOS! ¡Nadie en la Galaxia ha osado desafiarme como tú lo estas haciendo! ¡Solo conseguirás que mi ira se desate sobre tus seres queridos!

Suficiente.

Superman cerró sus puños y aporreó las invisibles paredes de su prisión. Hubo un centelleo y la fuerza que lo retenía pareció ceder…

Baal retrocedió. Estiró la mano sobre su brazalete y presionó un comando.

Una compuerta se abrió, bajo los pies del Ultimo Kryptoniano. Daba directamente a un vacío de muchos kilómetros en el aire, antes de terminar sobre la castigada superficie de Metrópolis.

-Ahora nos divertiremos de enserio, Superman – dijo Baal, mientras el Hombre del Mañana caía hacia abajo – Considerare todo un honor utilizar mi arma de destrucción contra ti… y tu mundo.

El descenso fue veloz. Como un cometa azul y rojo, Superman fue expulsado de la nave madre a tierra. Cayó en mitad de un parque municipal, en donde un inmenso cráter quedó formado a su alrededor.

No tuvo tiempo de recuperarse. Otra compuerta de la nave se abrió y una sombra titánica atravesó el cielo, chocando justo a su lado.

“Sé que puedes oírme todavía, kryptoniano. Tu súper oído es otro poder conocido”, hablo Baal, todavía dentro de su vehículo espacial, a muchos metros en el cielo, “Querías saber por qué había venido a desafiarte a tu ciudad… En realidad deberías haberle dado las gracias a tu “amigo” Lex Luthor. Es por la alianza que forjamos que mi presencia en tu planeta ha sido posible…”

Superman se puso de pie. El polvo levantado por la caída del segundo objeto estaba asentándose.

…Algo se movía por allí…

“Luthor se contactó conmigo y me propuso este trato: yo destruía a su mas molesto rival y mientras tanto, él se ocupaba de neutralizar a mis enemigos… Es hora de que cumpla con mi parte. Fue por eso que viajé hasta los restos de tu destruido planeta natal y recogí el único material que puede dañarte…”

…Un brillo verde surgió de la figura que se acercaba a Superman. El kryptoniano retrocedió, espantado…

“Mis científicos pudieron sintetizar la kryptonita en una forma de vida única, excepcional… El arma perfecta del Juicio Final. ¡Contempla, Superhombre, a tu verdugo!”

 Un monstruo alto se elevaba ante el Hombre de Acero. Su piel era entre marrón y casi verdosa y su aspecto mismo inspiraba puro terror.

Músculos y piernas nudosos, descomunales, tan gruesos como raíces de viejos árboles… Su cara, un rostro enjuto, diabólico y de ojos rojizos, fieros, hinchados de sangre… Sus dientes, filosos y protuberantes…

 Pero por sobre toda su fiereza y su forma, había algo mas que lograba inspirar horror en el alma del Ultimo Hijo de Krypton… Algo que lo superaba todo.

¡¡El brillo de la Kryptonita!!

“¡Contempla a… DOOMSDAY!”

 

  

Continuara…