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La venganza de los Dioses Escrito por: Melisa [ RenaissanceLady-K ] Comentarios en: melisaramonda22@hotmail.com
Capítulo 003: “Vaivenes en el Lago”
—… ¿Y cómo te fue ayer con la chica, Carter? —inquirió O'Neill, luego de saludar a la Mayor y a su intrépida compañera adolescente— ¿Se dejó manejar, o tuviste que recurrir a la fuerza? — Sam solamente sonrió, entregando a su oficial al mando un pequeño bolso de viaje donde llevaba algunas pertenencias de ella y de la muchacha rubia que había pasado la noche en su casa, con beneplácito del General Hammond. Por su parte, Insha'ariar observaba con mucho interés los otros botes en el lago, y sus grandes ojos verdeazules examinaban atentamente a los hombres que iban y venían por el atracadero con redes de pesca y otros artículos. Daniel aún no llegaba, y Teal'c se encontraba ya a bordo de la barcaza de O'Neill, a cargo de la “inspección de cañas”. —… no tan mal, señor. Insha'ariar descubrió que es fanática de Los Simpsons y pasó casi toda la noche viendo una maratón de la serie por Fox. Casi no quiso dormir. —contestó Carter, animadamente. —Vaya, la televisión debe ser un descubrimiento muy interesante para la niña. No dejes que pase mucho tiempo cerca de ella o se volverá idiota. —dijo el Coronel, con una sonrisa burlona— Ni tampoco dejes que se quede mucho tiempo con nuestro egiptólogo, no sea que le dé el síndrome de Daniel Jackson y se vuelva una nerd. — —… escuché eso, Jack. —contrapuntó la voz de Daniel. Al levantar la vista, el Coronel vio a su amigo de pie junto a las mujeres, y con una mirada severa en sus ojos azules. Jack creyó haberse ido mucho de la boca con el comentario, y estaba por disculparse, cuando Daniel esbozó una sonrisa y dijo: —Además, la nerd aquí es Sam, no yo. — — ¡Daniel! —lo reprendió la Mayor, y los tres echaron a reír. Insha'ariar sólo observó sus maneras sin decir nada ni conmoverse por la gracia del chiste. Para ella, esos rituales de los Tau'ri no eran pero para nada graciosos, además de que no había entendido cuál era el punto. La joven sólo se quedó detrás de Sam, observándolos a todos. Desde su puesto en lo alto de la proa de la barcaza, Teal'c examinó más críticamente que de costumbre todas las maneras de Insha'ariar, seguro de que ella quizá se sentía fuera de lugar ahí entre tantos extraños humanos. Recordó que para él tampoco había sido fácil el hacerse con la confianza de sus compañeros (ahora amigos) y se preguntó si a la muchacha le gustaba estar rodeada de extraños. Consideró por un momento su apego con la Mayor Carter, y vio que cuando Sam le habló, a Insha'ariar se le iluminaron los ojos de un modo casi cariñoso. —… Insha'ariar, ¿Subimos al bote? El Coronel dice que ya casi tenemos lo que necesitamos, saldremos en unos minutos. —había dicho la Mayor. —Sí, como tú digas, Samantha. —respondió la muchacha. Y Teal'c no pudo evitar el alzar una ceja, confundido por su pensamiento. —Hey, T… ¿Terminaste con esas cañas? Creo que Carter necesitará algo de ayuda con su pequeña amiga. ¿Crees que podrías cuidarla un rato mientras ella se hace cargo de unos asuntos que nos quedaron pendientes? —le pidió el Coronel, sacando al Jaffa de su ensimismamiento. —Por supuesto, yo me encargo. —aceptó Teal'c, y dejó a un lado todos los artículos de pesca— ¿Daniel Jackson se quedará aquí también? — —… no, de hecho ya se fue. Iba a hacer unas llamadas… pero no creo que tengas miedo de quedarte solo con Insha'ariar por diez minutos, ¿O sí? Vamos, Teal'c… —bromeó O'Neill, y le dio un golpecito en el hombro al otro. Teal'c solamente lo observó fijamente unos segundos, en los que O'Neill se retractaba de su comentario sin gracia. Finalmente, el Coronel hizo un par de ademanes sin sentido, intentando encontrar un modo de escapar de Teal'c sin sonar como que se arrepentía de sus palabras. —… yo me quedaré con ella, O'Neill. —decidió el Jaffa, serio. — ¡Eso es! Volveremos en diez minutos… quizá quince, depende de la fila que haya en el supermercado. Es que Daniel olvidó sus emparedados y… bien, no importa. Lo importante es que ya volvemos. — El Coronel se fue del barco pasando a un lado de la chica rubia, quien a su vez le vio con cierto desprecio. Una vez que se quedaron solos, Insha'ariar se volvió y miró fijamente a Teal'c, con ese sentido recelo típico de los Jaffa. Al fin, la joven pareció resignarse a las órdenes de Sam (unas que tenían que ver con quedarse en el barco, y no ir sola a ninguna parte sin avisar… y más que nada, con quedarse al lado del otro Jaffa) y fue a sentarse delante de Teal'c, sin decir nada. El moreno la miró también, sin dejar de preparar un anzuelo en su caña tal como Jack se lo había enseñado, también en silencio. Se escuchaba el trino de los pájaros en algunos árboles cerca del lago, pero nada más. Arrebujándose un poco más dentro del abrigo que Sam le había prestado, Insha'ariar soltó un suspiro aterido de frío y abrió su boca para hablar: —… la Mayor Carter me dijo que tú salvaste mi vida en Hir'tak. Dijo que tú fuiste a buscarme cuando los Jaffa del falso Ra nos atacaron y yo fui herida. Supongo que dice la verdad y tengo que agradecerte… Teal'c. —dijo. El otro alzó la vista, sorprendido por pensar que la chica se negaría a hablarle si no era necesario. Conocía la arrogancia y el orgullo de las Jaffa let'ai y se pensó que tratar con ella sería difícil… pero escucharla decir “gracias” de un modo así de indirecto sí que le sacó de su trabajo tan prolijo. —Ciertamente. Me refiero a que yo fui quien te sacó de la línea de fuego cuando estabas herida. No tienes que agradecerme nada, era mi deber… no lo habrías hecho por mí, estoy seguro; pero debes aprender las costumbres de los Tau'ri… de todos ellos. Los hombres también son valiosos guerreros para esta raza. —explicó Teal'c, y retornó a su trabajo de enhebrar anzuelos. —Por eso es que nuestra raza se deshizo de todos ellos, porque los hair'uk se creen que tienen demasiada importancia. Se piensan que son más listos y más preciosos que nuestro género y eso no podemos permitirlo. —retrucó ella, y de inmediato adoptó una actitud defensiva. —… ¿Ya sanaron tus heridas? Tu simbionte debe ayudarte en eso. —Teal'c creyó que cambiar de tema sería más sano. Insha'ariar pareció calmarse, y aflojó los puños. Sonrió un poco, como si se hubiera animado de repente, y asintió con la cabeza. Volvió a relajarse, y la joven Jaffa comenzó a ablandarse y contestar: —Sí. Nama'ree y yo somos buenas amigas. Ella siempre me ayuda a sanar cuando me hieren, y puede hacerlo en verdad muy rápido. — — ¿ Nama'ree ? ¿Ese es el nombre de tu simbionte? ¿De qué raza es? — —De la única que sirve a mi señor Ra. Somos Goa'uld como los que tú o la Mayor Carter conocen… pero somos la franja más rebelde. No a todos los Goa'uld les interesa destruir, dominar y esclavizar otros mundos. Samantha me dijo de otras razas que son muy avanzadas y son buenos; no recuerdo cómo se llamaban. —explicó la joven. —… es normal que los Goa'uld peleen entre ellos por el control de tierras o poblaciones. —espetó Teal'c, y dejó a un lado las cosas que tenía en la mano al finalizar su trabajo con los anzuelos— Quizá tu Ra te hace creer que están luchando por el cambio, pero en realidad sus verdaderos objetivos son derrotar a los Señores de la Guerra. — — ¡Maldito hair'uk, shol'va ! ¡No entiendo cómo puedes hablar así de mi dios, ya les dije a todos mil veces que Ra no existe, al menos el Ra que ustedes conocen! ¡Y Sam lo vio, sabe que nuestro Horus Ra es el verdadero! Jah, pero aguarda a que lo veas, sé que todas las dudas se irán de tu mente… —estalló la chica, muy molesta. Hasta se puso de pie y apretó los dientes al hablar— ¡No sé cómo te atreves a decir que Ra es otro falso dios! ¡Él nos mantuvo a salvo a todas durante milenios, lejos de la represión de su contraparte Goa'uld! — — ¿Entonces este Horus Ra es un Goa'uld? — — ¡No digas eso ni a propósito! Él no es tan corriente. Las let'ai somos un grupo afortunado, al tener la protección de nuestro señor… Él trae a las nuevas integrantes de la comunidad, salvándolas del destino que les espera en manos de los otros Señores de la Guerra. —explicó la muchacha, y volvió a sentarse. Entendiendo cada vez menos, Teal'c se quedó callado por un rato. Al fin, la voz del Coronel O'Neill los sacó del pesado silencio en que estaban sumidos, cuando subió de nuevo al bote seguido por el resto de sus compañeros: — ¡Vaya, veo que hacen buenas migas! Callada, para variar… —comentó O'Neill, sarcástico. — ¡Ya me cansó tu maldito sentido del humor, estúpido hair'uk Tau'ri! —le contestó Insha'ariar, levantándose de repente con una expresión bien feroz en el rostro— ¿Acaso no entiendes que los de tu clase nunca serán como nosotras? No sé ni por qué me molesto. — O'Neill, Daniel y Sam se quedaron de piedra al escucharla hablar de esa manera tan altiva y por unos segundos ninguno de los cuatro dijo nada, menos Teal'c. Al cabo de un rato en el cual el Coronel contó más o menos hasta unos veinte millones antes de decir nada, Jack contestó: —… bien, vamos a establecer las jerarquías, primero que nada: como este es mi bote, yo seré el Capitán y por lo tanto, el mayor oficial a cargo. Carter, tú serás el Oficial Inteligente, Teal'c será el Oficial de Revisión de Cañas, Daniel va a ser el Oficial Hablador con Extraños y tú… —el Coronel señaló una por una a las personas que nombraba, hasta que se detuvo casi sobre la histérica chica—… tú serás un Oficial Insignificante. Pero no te aflijas, si me dices qué rayos es esa palabra que dices tanto y que no me gusta, te ascenderé a Soldado Raso… —añadió, calmadamente. Insha'ariar estaba casi por estallar de la rabia. ¿Cómo se atrevía ese mal nacido Tau'ri a hablarle de esa manera al Anubis set k'hal del gran dios Horus Ra? Claro, se notaba que en este planeta no tenían idea del pasado de los de su género en Hir'tak y eran una pila de ignorantes… todos los hair'uk , al menos, porque Samantha Carter entendía por completo su pensamiento y estaba de acuerdo con ella. Pero Ra le había pedido que fuera tolerante con ellos, y que le mostrase a todos los traidores que las let'ai eran tan magnánimas como su dios protector. Por eso, la muchacha sólo entrecerró los ojos fieramente y miró con gran fijeza al Coronel O'Neill, como si fuera a decirle un par de verdades en la cara… trató de ignorar el que la llamara “Oficial Insignificante”. —… para tu información, “ hair'uk ” en la lengua de los Tau'ri significa nada más ni nada menos que “ pervertidos ”, ¡Porque eso es lo que son todos los de tu género! ¡Y no recibiré órdenes tuyas, porque se supone que aquí la que tiene más cargo que tú es la Mayor Samantha Carter, iluso! —le dijo, molesta. Daniel pareció entenderlo todo de repente. — ¡Claro! ¡Por supuesto!... sabía que estaba equivocado, en su planeta no desterraron a los hombres, sólo se apartaron de ellos porque… bueno, creo que es obvio lo que ocurría. Tal vez las Jaffa let'ai eran esclavas de sus esposos o de otros señores, no es muy diferente de la posición de las mujeres en Arabia y otras regiones musulmanas de hace doscientos años, o de las Jaffa de Hak'til. —dijo. —… lo que sea que estés diciendo, debe ser muy malo para ella. —asintió O'Neill, con un gesto de que entendía menos que de costumbre. Luego de ponerse de acuerdo en que O'Neill no molestaría más a la chica con sus sarcasmos (algo que iba a ser difícil de cumplir, desde el vamos) y de estar de acuerdo en que sería mejor si fingían que Carter era la jefa a bordo de la barcaza, estuvo todo listo para zarpar hacia el centro del gran lago y ver si al menos conseguían pasar un par de horas en paz.
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El sol ardía hacia el mediodía, y su potencia acentuada por el reflejo de sus rayos sobre el oleaje del lago volvió bastante calurosa la mañana estival. Antes de la hora de comer, todos tuvieron que quitarse los abrigos o si no iban a sudar como caballos. Para la una de la tarde y luego de haber encontrado un sitio propicio donde echar anclas, O'Neill y Teal'c eran los únicos que pescaban, ya que Daniel no estaba muy contento de estar en el bote (nunca pudo superar el vaivén de las olas y por poco no devolvió su desayuno) y Sam se hallaba más ocupada en mantener a Insha'ariar en la cubierta de la barcaza. Al final, buscando el modo de distraer a Daniel de su malestar, la Mayor lo puso a conversar un poco con la muchacha… haciendo de intermediaria, ya que Insha'ariar se negaba a hablar con el egiptólogo directamente. Estuvieron un rato intentando encontrar respuestas a un sinnúmero de preguntas que el doctor Jackson tenía anotadas en un block de mano. —Oh, por favor… sabe que la chica es difícil y tiene problemas. Lo menos que podría hacer es dejar de molestarla. Por su culpa Carter me regañó a mí ¡A mí! ¿Te das cuenta, Teal'c? No puedo creer esto. —murmuró O'Neill, hablando de Daniel— No sé por qué abrí la boca el otro día. — —Parece que Insha'ariar tuvo una infancia muy difícil, las enseñanzas de su pueblo están muy bien impresas en su código de honor. —replicó Teal'c— Y no seas modesto, O'Neill… lo hiciste por el bien del equipo, estoy seguro. — O'Neill lo miró con una mueca de espanto unos segundos, y negó con la cabeza pensando que el Jaffa estaba loco. —No sé de dónde sacaste eso, T… pero, ¿De qué hablabas con la chica en el momento que nosotros llegamos? Siento que interrumpí algo emocionante, y no sé por qué. —contestó el Coronel, con sarcasmo nuevamente. —Me estaba agradeciendo por haberla rescatado cuando volvíamos de su planeta. Y con mucha seguridad, ella dijo que su Horus Ra no es un Goa'uld. No explicó exactamente a qué raza pertenecía, pero aseguró que no es enemigo… —respondido Teal'c, y acortó un poco el sedal de su caña. —… esto huele cada vez peor, y Daniel no tiene pistas. —masculló O'Neill, un poco decepcionado. Continuaron su tarea en silencio unos minutos más hasta que Sam vino a su posición, con las manos en los bolsillos de su chaqueta ligera. La Mayor no se veía muy contenta o como si la charla con Insha'ariar no hubiera arrojado los mejores resultados. O'Neill la miró unos instantes, y acortó otro poco el sedal antes de decir nada; fue Sam la que habló primero: —Vaya, platicar con ella es más complicado de lo que imaginé. Ahora al fin conseguí que se quede a solas con Daniel y hable con él, pero hace un rato esa chica era una bomba de tiempo a punto de estallar. Parece que algo realmente malo le ocurrió a su pueblo, no tengo idea de hasta dónde llegue su odio por los hombres… debe ser frustrante para Daniel intentar conversar así. —dijo ella, y se apoyó en la barandilla de proa con despreocupación. —… está bien, supongo que él la tolera más que yo. —murmuró O'Neill. —Bueno, ahora usted ya sabe exactamente cómo me sentí yo soportando al doctor McKay, Coronel. —bromeó la Mayor, con una sonrisa. —McKay es un imbécil, Carter. Creo que hasta Insha'ariar es más lista que él… y ya de por sí es más agraciada, al menos. Me parece que es cuestión de que nos conozca; verás que cuando se dé cuenta de lo divertidos que somos, no tardará en querer unirse a la fiesta. Es igual que Teal'c cuando lo conocimos, sólo que T no era un histérico homofóbico. —dijo el Coronel, y sintió a través de la caña el tirón de algún pez que acababa de picar— ¡Bien, por fin pica algo en este maldito lago! ¡Atrás todos, no quiero que le pegue en el rostro a nadie! —añadió Jack, ya levantándose de su asiento para tirar del sedal. Para su desafortunada suerte de ese día, la pesca resultó ser un bagre tan pequeño que hasta daba lástima. El bamboleo de la barca por el movimiento de todos encima hizo que Daniel volviera a sentirse mal, lamentablemente… — ¿Qué está pasando? —inquirió el egiptólogo, asustado. —… parece que tu insulso amigo pescó algo. —fue la desdeñosa respuesta de Insha'ariar, mirando de reojo al trío pescador— Ojalá se vaya de cabeza al agua y se ahogue, realmente lo detesto. Si no fuera porque Ra me pidió que lo trajera, ya le habría cortado la cabeza a ese irrespetuoso. — Daniel se acomodó los anteojos, al mismo tiempo que trataba de sujetarse a la barandilla del bote para no caer ni perder el equilibrio sobre el cajón de provisiones en que estaba sentado. La chica parecía muy a gusto en el barco, y los movimientos oscilatorios de la nave no le afectaban en absoluto a diferencia del doctor Jackson, que no se hallaba en el mejor de los estados: —Parece que no te agrada Jack… sé que tiene un carácter un poco difícil, pero es un buen… un buen tipo. A pesar de que me veas discutir con él todo el tiempo, te aseguro que es buena persona… no le tengas miedo. —aseguró el otro, con los ojos cerrados para no sentir el revoltijo en su estómago. — ¿¿Miedo?? ¿Quién le tiene miedo a ese anciano hair'uk ? ¿Te parece que yo le tengo miedo a él, Daniel Jackson? ¡Puedo destrozarlo en una batalla, él no es ni la mitad de bueno que yo en combate! —reventó la chica, poniéndose de pie con violencia otra vez. — ¡Tranquila! ¿Quieres calmarte? Y no te muevas, por favor… siento que voy a tirar todo el almuerzo por la borda. —le pidió Daniel, adolorido. —Toma, come esto. —la chica sacó algo de un bolso que tenía en el suelo a sus pies, era una especie de mochila de piel de lagarto. Tendió al egiptólogo una pieza de algo que parecía carne secada en sal, con hierbas— Come, anda, ¡Cómelo, se te pasará ese tonto mareo que tienes! —insistió Insha'ariar. — ¿Qué es esto? —inquirió el otro, tomando con asco lo que ella le daba. —Medicina, ¡Cómetela! ¿Acaso tendrá que venir Sam para que me hagas caso? No te voy a envenenar, me caes bien. Tus ojos son como los míos, y Ra me dijo que puedo confiar en la gente que se parece a mí. —dijo Insha'ariar— Mi señor Ra mismo me dio estas medicinas, él no me daría veneno… él no es malo, no quiere hacerle daño a los Tau'ri, porque sabe que de ellos nació. — — ¿Él? ¿Intentas decirme que este… Horus Ra es un hombre? ¿Es hombre, como yo o el Coronel O'Neill? —dijo Daniel, y resolvió aceptar la “medicina” que Insha'ariar le ofrecía, como gesto de paz— ¿Por qué le hablas y adoras a un ser masculino como él, y te muestras tan recelosa con Jack o conmigo? — —… anda, contéstale. ¿Por qué hablarías con ese pajarraco, suponiendo que sea un pájaro y Carter no viera cosas; y no con uno de tu propia especie? Ambos somos humanos, ¿Te das cuenta? —interrumpió el Coronel, inoportuno. Insha'ariar se cruzó de brazos ante la divertida mirada de Sam, que tenía en sus manos el insignificante trofeo de Jack, el pequeño bagre. Hasta Teal'c se había acercado para escuchar su respuesta, sabiendo que O'Neill era el único al que la muchacha aún no le hablaba directamente ni le daba artículo. Realmente creyeron que esa vez Insha'ariar iba a responderle al Coronel, pero nuevamente se equivocaron feo con ella… —Sam, no quiero hablar con él. —decidió Insha'ariar. — ¿Qué? ¡Argh, esto es…! —empezó Jack, molesto. —Coronel, señor… por favor. Mejor déjela, sé lo que le digo. —tuvo que ir Carter a hacer las paces, saliendo en defensa de su invitada alienígena— Oye, Insha'ariar… ¿Por qué estás tan enojada con el Coronel O'Neill? ¿No te dijo tu señor que tenías que hablar con nosotros, que éramos la gente que él quería ver y que era tu deber ser tolerante? Fue lo que me dijiste anoche, en la cena. —continuó la Mayor, suavemente. —… no me gusta su cara, es todo. Tiene ojos oscuros, como los Goa'uld. No me agrada cómo huele, lleva días sin bañarse. Y tampoco me gusta el modo en que habla, es irrespetuoso. —contestó la muchacha, aún dándole la espalda a O'Neill. —… ¿Cómo dices? —inquirió Sam, confundida. — ¿Cómo supo que tengo tiempo sin bañarme? —soltó O'Neill, cuando se hizo el silencio. Todos se volvieron a mirarlo, excepto Insha'ariar, con caras de asco. Hasta Teal'c alzó una ceja con una mueca espantada en el rostro. Pero el Coronel no se dio por aludido y solamente se encogió de hombros, como si a nadie le fuera a importar su higiene personal. Entonces, cuando nadie se lo esperaba, la Jaffa se dio la vuelta y señaló con un dedo acusador hacia Jack. —Es un elegido de los Goa'uld. Y eso lo hace peligroso. —dijo la joven de largo pelo rubio, con una mirada desafiante ahora clavada en los ojos del oficial al mando del bote— Tú tienes algo que los Goa'uld quieren, eres su anfitrión perfecto… eso no me gusta. No trato con potenciales traidores. — — ¡Mira, pequeña mocosa! Sé que soy especial para ellos, me secuestró un Asgard medio loco que hizo una mini copia de mí y la puso en mi sitio, y ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que pasé cosas bastante desagradables en manos de esas lagartijas rastreras… ¡Pero sé que soy fiel a mis principios, y que no traicionaría a mi gente! Además, ¿Qué podrían darme ellos a cambio? —le dijo el Coronel, muy molesto. — ¡No lo sé, tú dímelo, maldito hair'uk ! — — ¡¡NIÑOS, NIÑOS, YA BASTA!! —dijo la Mayor Carter, poniéndose otra vez en medio de los dos, para separar a Jack de Insha'ariar antes de que ELLA se fuera sobre el Coronel en un ataque de rabia— ¡Mejor será que tomemos un poco de té, todos están bastante nerviosos hoy! Coronel, ya no intente hablar con Insha'ariar, yo arreglaré esto… ¡Hágame caso, señor! — O'Neill miró muy feo a su joven contraparte, molesto. Al final se volvió y le dio la espalda, volviendo a su sitio en la proa de la barcaza para continuar con su escasa pesca, y Carter se fue con él para tratar de calmarlo otro poco. Por su parte, Teal'c solamente puso su mano en el hombro de la muchacha e hizo que se sentara una vez más con el doctor Jackson, y meneó la cabeza con aire grave, como avisándole que había cometido un tremendo error. —Mejor ya quédate callada, Insha'ariar. —pidió el Jaffa. La muchacha asintió con la cabeza, un poco más en confianza con su gran congénere. El que estaba totalmente ajeno a la conmoción era el mismo Daniel, quien se hallaba bastante sorprendido con lo que descubrió minutos después de masticar incesantemente ese trozo de carne seca con desagradable sabor a una hierba desconocida… — ¡Oigan! ¡Mis mareos desaparecieron! —susurró, con el ceño fruncido. —Te lo dije, es medicina de mi señor Ra. No hay nada más efectivo… esta medicina puede curar casi cualquier cosa que no requiera la intervención de un simbionte. —masculló Insha'ariar en respuesta, aún algo molesta. —… muchas gracias, sin tu ayuda habría devuelto todo por la borda. —le contestó Daniel, con una sonrisa amable, al tiempo que tendió la mano derecha hacia la chica, en señal de amistad— ¿Crees que podamos ser amigos ahora? Yo confío en ti y agradezco mucho que compartieras tu medicina. — La joven miró al doctor Jackson con cara de horror, como si hubiera dicho un juego de palabras prohibido. La expresión “amistad” comprendida en “ser amiga de uno de los hair'uk” no entraba en su vocabulario, y le dio un poco de miedo al principio, pero Daniel Jackson no parecía una mala persona, y nadie le estaba diciendo que no podía aceptar su oferta… es más, Ra le había dado las órdenes precisas de hacer alianza con la gente de Tau'ri. Para este momento le habían entrenado toda su vida, y por ello su señor Horus había perdido tiempo de su propia existencia en enseñarle a ella los modales de los Tau'ri y hablar su lenguaje… —Está bien, pero en cuanto te pases de listo, te retaré a un duelo. —fue la respuesta de Insha'ariar, y tomó fuertemente la mano de Daniel, esbozando en sus labios la primera sonrisa que le dirigía a uno de los hair'uk de Tau'ri.
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Los días siguientes pasaron sin ninguna clase de contratiempo, excepto unos pocos que bien conviene enumerar, como por ejemplo la vez que Daniel se metió al camarote de las mujeres sin darse cuenta de que Insha'ariar estaba en él y preparándose para dormir (lo cual casi arruina la pobre amistad que él y la chica tenían); cuando Insha'ariar se apareció en cubierta y se lanzó a nadar en las heladas aguas del lago, al segundo día (Teal'c y Carter casi tuvieron que pescarla con un mediomundo para hacerla salir del agua, y por consiguiente la joven estuvo un par de horas con síntomas de resfrío); los sucesivos y feroces encontronazos que siguió teniendo la joven huésped con el Capitán del barco (que a todos ya les sonaban más que nada a camaradería, porque el tono de la muchacha se había suavizado en mucho al dirigirse a O'Neill); sin dejar de lado que también pasaron momentos bastante alegres en grupo… Hasta el momento, y aprovechando que eran “amigos”, Daniel obtuvo más información de la que la misma Sam podría haberle sacado a la chica en una charla de mujeres; y al menos un par de cosas quedaron en claro: que Horus Ra intentaba regresar con su pueblo al sitio en que habían nacido (según lo que Insha'ariar había dicho, un planeta con tres soles… supusieron que fuera el buen y viejo Abydos) y requería la ayuda de los Tau'ri porque no tenía aliados en ninguna parte. Segundo, que al parecer la gente de Hir'tak había logrado lo que a Sam le parecía imposible: la bidireccionalidad de la astrovía (sin duda lo que a la Mayor más le interesó de todas las cosas que Insha'ariar dijo) y en tercer lugar, pero no menos importante; que las Jaffa let'ai eran superhumanos, a juzgar por todo lo que Insha'ariar había comentado sobre su propio clan. Y a Sam todo aquello le resultaba tan interesante, que casi no podía esperar para volver a P3X-226 y analizarlo todo… …además de que esperaba ansiosamente poder probarle a todos sus escépticos compañeros que la bestia que se hacía llamar Horus Ra era del todo real y no una alucinación colectiva. Capítulo 004: “La Identidad del Anubis set k'hal ”
El General Hammond estaba terminando de escribir un par de correos de suma importancia. Hacía dos días atrás, el SG1 había retornado de Hir'tak con un pedido de quién sabía qué persona para esperar setenta y dos horas más, y un herido de poca gravedad. Ahora y según tenía entendido, ellos se hallaban en un lago algo lejos de la base en una excusa de “vacaciones” que él mismo les dio para que no pasaran tres días sin hacer nada en el Complejo Cheyenne. Y a juzgar por los informes de la Mayor Carter, su invitada alienígena no se la estaba pasando tan mal: había trabado amistad con el doctor Jackson y con Teal'c, aunque se mostraba aún algo agresiva para con el Coronel O'Neill. Hammond se sonrió al recordar que cuando escuchó la grabación de la llamada de Carter, el ruido de fondo eran unos gritos muy encolerizados entre los que se distinguían la voz de Jack y de la chica en cuestión. Incluso Sam dijo que si no cortaba la comunicación en el acto, tendrían víctimas que lamentar… Así estaban las cosas. El General ordenó terminantemente la interrupción de los viajes por la astrovía y el Iris llevaba cuarenta y ocho horas cerrado y sin utilización, para no incurrir en desgracias si los invasores residentes en Hir'tak los descubrían y tenían ganas de hacer una visita a la Tierra. Hammond casi iba a terminar de escribir el último correo, cuando la doctora Frasier entró por la puerta de su despacho, sin llamar ni avisar de ninguna manera: — ¡General! ¡Tiene que ver esto de inmediato! —dijo Janet, casi asustada. —… doctora Frasier, ¿Qué puede ser tan urgente como para que entre a mi oficina de ese modo, sin avisar? ¿Qué ocurre? —inquirió el General, y envió su mensaje casi sin prestarle atención a la médica. —Véalo por usted mismo… — La doctora extendió unos papeles sobre el escritorio de Hammond, donde se mostraban unos gráficos e ilustraciones que claramente eran resultados de una investigación o de proyecciones hechas por ordenador. En su mayoría eran exámenes hechos recientemente a uno de sus pacientes más nuevos. —Estos son los resultados del examen completo que le hicimos a la chica de Hir'tak. Mire esto, es como si… como si no fuera humana, pero si no lo fuera no podría sustentar a un simbionte Goa'uld, ¡Es increíble! —exclamó Frasier— No lo entiendo; tiene sangre, tejidos y huesos, extremidades, un sistema nervioso central completo y complejo, órganos reproductivos y demás… es técnicamente humana pero a nivel genético no sé lo que es. — Hammond se quedó estático observando las hojas en frente de él. —… ¿Cómo es eso de que no sabe lo que es? —preguntó, con cautela. —Mire esto otro… —la doctora extendió una hoja con un examen de ADN, y señaló unas aparentes anormalidades— Aquí el código genético parece estar “encapsulado”, como si este gen desconocido fuera una especie de detonador … lo malo es que aún no descubro qué puede detonar. Y hay más… —cambió las hojas ante la vista del General, poniéndolas a comparar— Ésta es una cadena de ADN humano normal, y ésta la de Insha'ariar. ¿Nota las diferencias? Esto es científicamente imposible; su estructura genética dice que contiene un ADN de al menos noventa y dos cromosomas , cuando un humano común apenas tiene cuarenta y seis. No sólo tiene el doble del ADN normal, sino que su aparente “copia” no es idéntica a la anterior, es una amalgama entre la genética de un ser humano y la de un animal . Estuve estudiando las posibilidades y la que más concuerda con los genes que aquí se ven es la de un animalito de la familia de los Cánidos, un Canis mesomelas o chacal de lomo negro egipcio… — — ¿Quiere decir que Insha'ariar es como… una mujer lobo, perdonando mi ignorante respuesta? —dijo Hammond, al cabo de un corto silencio. —No exactamente, es imposible que exista algo como eso sin muchísima manipulación genética de por medio. Pensé mucho en los experimentos de Nirrti, pero esto no se le acerca siquiera. Lo que sea que le hayan hecho a la chica de Hir'tak implicaría o sugeriría que ambos ADNs fueron fusionados con técnicas muy avanzadas, demasiado lejos de lo que hemos visto o fruto de una evolución muy torcida. Insha'ariar literalmente puede utilizar las ventajas de su patrón canino para mejorar su propio organismo , y el simbionte Goa'uld dentro de ella no hace sino aumentar sus habilidades. —explicó la doctora, un poco jugando a adivinar porque en realidad sus datos no eran tan concretos. »Lo único que tengo para trabajar es una muestra de sangre, necesitaría que trajera a la chica a mi laboratorio lo más rápido posible para iniciar otros exámenes, señor. Desconozco las propiedades de ese gen catalizador que está encapsulado, pero podría ser algo muy peligroso. — —Llamaré de inmediato a la Mayor Carter, para que regresen a la base lo más rápido que puedan. —decidió Hammond, sin aguardar a que la doctora se pusiera bien de acuerdo con sus propias ideas.
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Sam cerró su teléfono celular con resignación. ¿Y ahora qué ocurría, eh? El General no le dijo mucho, sólo le habló de unas anomalías que encontraron en Insha'ariar cuando Janet hizo sus estudios y parecía que algo no estaba bien con la chica. Genial, O'Neill saltaría en una pata si encerraban a la joven en una celda y la estudiaban como a un animal, desde ayer que el Coronel reprimía el deseo de arrojar a Insha'ariar por la borda; y ahora esto. La Mayor se dirigió a su superior, quien para variar estaba en una insulsa e interminable discusión con Daniel acerca de sus opiniones respecto de la joven alienígena: —… ¡Eso es lo que me molesta de ti, que siempre eres tan confiado! Cómo se nota que no eres un soldado, si lo fueras realmente te darías cuenta de que no puedes salvar a todo el mundo; que no todos los seres desconocidos son buena gente (si no, mira a esas víboras malditas Goa'uld) y que no siempre vas a salvar la situación con diplomacia. —decía Jack, enérgicamente. A todo esto, Teal'c solamente observaba, e Insha'ariar estaba de parte del egiptólogo. — ¡No le hagas caso, al cabo que él es un tonto hair'uk y tú sí eres un verdadero guerrero, Daniel Jackson! —contestó la muchacha, molesta. —… Insha'ariar, agradezco tu defensa pero esta vez yo mismo me voy a representar, tengo boca y no necesito que otros hablen por mí. —dijo Daniel, y luego se dirigió hacia el Coronel— Y lo siento si a ti no te agrada el modo en que yo hago las cosas, pero has de saber que a mí tampoco me gusta cómo lo quieres arreglar tú, Jack. Por lo menos yo lo intento, tú sólo disparas a todo lo que se mueva y mida más de un metro, antes de considerar opciones. — — ¿Ahora estás diciendo que yo no sé hacer las cosas? —malinterpretó el otro, bastante ofendido. — ¡Momento, por favor! Me temo que tendrán que dejar esta constructiva charla para otra oportunidad, tengo que hablar con el Coronel un momento… y de ser posible, en privado. —interrumpió Carter, con una sonrisa afligida. — ¿Y ahora qué pasa? —inquirió O'Neill, aún enojado. —… señor, creo que su viaje de pesca se termina aquí. —contestó Sam, y las miradas de todos se dirigieron hacia ella inmediatamente. Una vez que estuvieron realmente en privado y Teal'c se ofreció a cuidar de la muchacha para que no oyera nada, la Mayor les refirió brevemente a sus otros compañeros el motivo de la llamada de Hammond y que podría haber un problema o dos con Insha'ariar. Entonces, al escuchar las palabras de Sam, el Coronel no perdió tiempo para decir lo que estaba pensando: — ¿Lo ves? ¡Te dije que no era confiable! No, pero el Señor Diplomático ya hizo amistad con esa niña y ahora posiblemente te sientas tan responsable por ella que no podamos deshacernos de su persona, como pasó con ese androide, ¿Te acuerdas, Daniel? Porque yo sí recuerdo muy bien el insulto que soltaste cuando le disparé y la neutralicé. — —… la Madre de los Replicadores es otro asunto, Jack. Además, tuve que superarlo eventualmente. Pero hay algo que me prometí aquella vez: me dije a mí mismo que no te permitiría hacerlo dos veces, así que en esta ocasión seré yo el que se haga responsable por Insha'ariar, sea lo que sea que esté mal con ella. —contestó Daniel, y se acomodó los anteojos en un gesto compungido. El tema de Reese aún era cuestión delicada para él. — ¡Carter! ¿Por qué no me ayudas con esto? —exclamó O'Neill. —… lo siento, señor; pero esta vez estoy de acuerdo con Daniel. Y quiero hacerme responsable por la chica también, ella confía más en mí y me obedece más que a nadie aquí. —dijo Sam, un poco reticente a contravenirlo. — ¿Qué? Maldita sea, ¡Está bien! Volvemos a Colorado, pero luego no quiero escuchar que la nueva se salió de control y es una amenaza, porque si no… —el Coronel no terminó su frase, no tenía sentido hacerlo. Sin muchos preámbulos se pusieron en marcha para volver al Complejo de base, pero no le dijeron nada muy revelador a Teal'c ya que Insha'ariar estaba en los alrededores y no querían que se diera cuenta de lo que ocurría. Si un ser de otro planeta como ella se perdía en la ciudad, nunca más volverían a hallarla porque seguramente sabía bien cómo eludir a la Fuerza Aérea, se trataba de un Jaffa al fin y al cabo. Un par de horas más de viaje en la camioneta del Coronel los pusieron ante las puertas del Complejo Cheyenne, cerca ya de medianoche. En esos momentos Daniel dormía con la cabeza recargada contra la portezuela, Insha'ariar hablaba en voz baja con Teal'c, en su idioma… Sam trabajaba en un ordenador portátil y O'Neill se encargaba de conducir con rapidez y precaución. —… oye, Carter… emmhh… ¿Me harías un favor? —susurró Jack. — ¿Y qué puedo hacer por usted, señor? —inquirió Sam, murmurando del mismo modo. — ¿Me disculparías con Daniel, después? De verdad siento lo que pasó en la tarde, no debería discutir con él de esa manera, al fin y al cabo es todo un profesional igual que tú y siempre fue buen camarada… lo haría por mí mismo, pero ya sabes… — —Su orgullo militar, sí. No se preocupe, veré que Daniel se sienta un poco mejor sin sonar como que usted se disculpa. —asintió la Mayor, con la típica sonrisa divertida en sus labios. —Gracias, te debo una. —contestó el Coronel, y volvió a concentrarse en la conducción. —Cuando quiera, señor. — Un par de horas después, ya casi a las tres de la madrugada (y cuando ya hasta Insha'ariar se había dormido, vigilada de cerca por Teal'c) la camioneta se detuvo suavemente delante de la entrada principal de la base, donde una gran escolta de soldados armados les estaba esperando, pacientemente. Hasta el General Hammond estaba ahí todavía, y tenía cara de necesitar una siesta. Sam y O'Neill se bajaron de inmediato, y despertaron a Daniel. Teal'c despertó a la joven alienígena, quien al parecer no sospechó nada extraño… — ¿Ya estamos de vuelta? —le preguntó la chica a Carter— Al final, nunca me dijeron por qué volvíamos tan de repente, pensé que nos quedaríamos tres días en… — —Lo siento, Insha'ariar; pero recibimos malas noticias, era urgente. —fue todo lo que Sam le quiso decir, manteniendo el secreto. Cuando ingresaron a la antesala del Complejo, los soldados detrás de ellos cerraron un cerco para impedir que la chica escapara si se ponía violenta. A los ojos de la joven Jaffa aquello no se vio ni remotamente bien: algo muy malo le pasaba a los Tau'ri y parecía tener que ver con su persona. Su expresión se transfiguró por completo, dejando notar a simple vista que estaba alerta y lista para defenderse ante un ataque. Fue como si lo hubiera adivinado, y Daniel sin sus anteojos fue capaz de notar el cambio en su actitud: —Lo sabe, ten cuidado. —susurró en el oído de Carter, cuando pasó a su lado y le apretó suavemente el brazo para avisarle. Sam miró de reojo a su joven acompañante. Era obvio. Se detuvo e hizo un gesto con la cabeza, y de inmediato el grupo de soldados que les seguían se alistó. Todas las armas apuntaron hacia Insha'ariar, y la voz del General se alzó sobre el cliqueo de las metralletas al cargarse: — ¡No te muevas, muchacha! — Insha'ariar se encogió en su sitio, pero de inmediato adoptó una pose a la defensiva, con las manos alejadas del cuerpo y los puños cerrados, separando las piernas por si debía atacar a esos tontos Tau'ri. Su señor le dijo que la iban a descubrir, tarde o temprano… pero no debía temer, sino afrontar su condición y dejar que la gente de Tau'ri hiciera lo que tenía que hacer. Por eso, luego de unos segundos de duda en los que apretó los dientes con fuerza, decidió no ser el juguete de los hair'uk . Hasta que oyó su voz tranquilizadora: —… no tengas miedo, Insha'ariar. No te vamos a hacer daño, sólo quieren que vayas con la doctora Frasier un momento. Estamos muy preocupados por ti y hay algo que queremos averiguar sobre tu persona. —dijo Daniel, y se acercó con cuidado hacia ella. —… y tiene que ir a consolarla ¿Es que aún no se convence? —murmuró el Coronel O'Neill, irónico. — ¡No, yo no me dejaré tocar por ustedes! Mi señor Ra tendrá razón y él querrá que les diga quién soy, pero ustedes me van a hacer daño con sus cosas y sus doctores, ¡Y no quiero! ¡Nadie puede cambiarme, soy el Anubis set k'hal y no me van a cambiar, soy feliz con lo que llevo en mi sangre! —dijo Insha'ariar, y en su feroz defensa abrió tanto la boca para gritarlo que Daniel vio la punta de unos descomunales colmillos en sus mandíbulas. — ¿Qué rayos…? —murmuró Sam, que también lo había visto. — ¡No te lastimará, te lo prometo! —juró el egiptólogo, acercándose aún más peligrosamente a la muchacha— La doctora sólo quiere hablar contigo, y Sam puede acompañarte si quieres… — — ¡Es verdad! Me aseguraré de que nadie te haga daño, en serio. —le dijo Carter, y se acercó del mismo modo, mostrando las manos en alto. La muchacha se veía confundida y con los ojos llorosos. Tanto Teal'c como O'Neill y Hammond solamente esperaban a que las cosas se resolvieran sin irse al uso de la fuerza, o realmente Daniel se iba a enfadar con Jack esa vez. Y al final parecía que no iba a ser necesario recurrir a las armas, porque Insha'ariar se calmó. Al menos relajó un poco los hombros, y desapareció de sus ojos ese brillo siniestro que había asustado a Daniel por un segundo. Un tenso silencio antecedió a la resolución de la joven alienígena: —… está bien. Pero quiero tu palabra, Daniel Jackson… y también la tuya, Samantha Carter. Quiero sus palabras de que no me harán daño, y de que en otras veinticuatro horas vendrán conmigo a conocer a nuestro líder. —dijo. Jack soltó una risita, sarcástico. —Vaya, ahora ya no es “tu dios” sino “tu líder” ¿No? —comentó. Insha'ariar le dirigió una mirada asesina a O'Neill y luego soltó un gruñido animal. Iba a irse justo sobre él y decirle muchas cosas, además de que le haría mucho daño, pero no pudo hacerlo porque Sam la detuvo y Daniel le ayudó. No le quedó más que resoplar con furia y mirar fijamente a los ojos del Coronel, y decir a sus captores: — También quiero la palabra de los dos de que este hair'uk no se me va a acercar de nuevo, o no dudaré en matarlo. No necesito armas para ello. —y la amenaza fue proferida con una voz distorsionada, acompañada de unos feroces colmillos en su boca—… y no temo a fallarle a mi dios, de verdad. — — ¡Está bien, está bien! Te doy mi palabra: no te lastimarán, iremos a ver a tu jefe y Jack permanecerá al menos a doscientos metros de ti, pero tú vas a prometer también que te quedarás quieta en el laboratorio de la doctora. —dijo Daniel, en un esfuerzo por contener a la fúrica muchacha cuya fuerza parecía ser superior a la del mismo Teal'c. —Es razonable, concuerdo con ustedes. Les prometo que no haré nada. Y quiero escuchar tu promesa también, Samantha Carter. —aceptó Insha'ariar. —… bien, te doy mi palabra. Pero ahora vayamos hacia el ascensor, anda. —fue la respuesta de Sam, pasiva.
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Atada en una camilla, Insha'ariar sólo maldecía el comportamiento de los Tau'ri y maldecía haber confiado en ellos. Pero Horus Ra se lo había pedido, él dijo que esas personas eran capaces de ayudarles y como Horus Ra sabía muchas cosas, era más conveniente obedecerle; era un dios y le debía respeto. Él la había hecho su Anubis set k'hal , y eso fue bueno; claro, si ignoraba todo aquello por lo que tuvo que pasar para volverse primer Jaffa, a la edad de sólo quince años. Ahora la doctora Frasier, Sam y Daniel estaban en el cuarto con ella, sentados a su alrededor como si fuera una especie de fenómeno y atrajera la atención de los curiosos como un imán atrae virutas de acero. Pero ellos tres no eran los únicos ya que detrás de un cristal espejado había más gente; pudo olerlos, supo que se hallaban en otro cuarto viendo lo que ocurría . — Insha'ariar, hay un par de cosas sobre ti que me tienen muy intrigada, no fue mi intención que te trataran de este modo pero espero que comprendas que es por nuestra propia seguridad, no sabíamos cómo reaccionarías… —fue la disculpa de Janet Frasier, algo compungida. —Lo comprendo, pero… ¿Por qué me ataron? —la respuesta de Insha'ariar fue tranquila, tan serena como el flujo de una corriente de agua en un canal. A Sam le extrañó mucho eso—… ¿Saben? Yo podría cortar estas correas con un pequeño tirón, si así me diera la gana de hacerlo. —añadió, y tensó las cinchas como si las probara. — ¿Y cómo harías eso? —inquirió Daniel. Craso error de su parte. Insha'ariar miró directamente hacia los ojos azules del egiptólogo, y Daniel vio en los irises de la muchacha un cambio repentino: su mirada verdeazul se volvía de un progresivo tono amarillo, casi dorado. Empezó a gruñir, como si un animal viviera dentro de su garganta, y poco a poco tensó aún más las correas. El efecto hipnótico de su comportamiento mantenía a todo el mundo fijo en su sitio, mientras le observaban con gran sorpresa… la chica abría y cerraba sus puños con frecuencia, hasta que poco a poco en ellos empezó a crecer un raro pelo de color negro azulado (quizá más azul oscuro que negro) y largas garras brotaron desde sus uñas, como las zarpas de una bestia. La doctora Frasier se puso de pie, azorada. — ¡No puede ser…! —exclamó, sin poder creérselo— ¡Para esto era ese gen catalizador! ¡Es lo que temía: está reconfigurando su ADN, es increíble! — —… fantástico. —murmuró Sam, y en sus labios se dibujó una sonrisa a pesar de que el miedo crecía dentro de ella— Es un caso impresionante. — Daniel no podía articular palabra. Del otro lado del cristal antibalas, O'Neill y los demás que observaban curiosamente la escena mantenían las bocas tan abiertas que corrían peligro de descerrajarse la mandíbula. ¡Aquello no podía estar pasando! ¡Presenciaban una metamorfosis, algo que nunca antes vieron en su vida a pesar de que creían saberlo todo de los seres de otras galaxias! La progresiva transformación de Insha'ariar pareció detenerse cuando su largo pelo rubio empezó a teñirse de negro, desde las raíces… — No necesito más para romperlas, doctora Frasier . —sentenció, con la voz distorsionada porque su simbionte parecía hablar en lugar de la muchacha— Y no le mostraré más por ahora, los Tau'ri pueden ser muy sensibles frente a los fenómenos que les son desconocidos. — — ¡Está bien, es suficiente! —aceptó Janet, aún intentando tragárselo. Tan súbitamente como había comenzado, la metamorfosis de la joven se detuvo y volvió a ser un ser humano simple e indefenso, atado en una camilla. Daniel aún no podía hablar, estaba tan asombrado que no pensaba en nada, sólo escuchaba una voz en su cabeza que decía sin cesar “¡Se iba a convertir en algo, realmente eso iba a hacer!” . Por su parte, la Mayor Carter acercó aún más su silla hacia Insha'ariar con una sonrisa aún más grande en la boca, con toda la impresión de estar fascinada con el hecho. — ¿Cómo lo haces? —preguntó Sam, emocionada. —… es el poder que mi señor Ra me dio. Él me hizo su Anubis set k'hal y me dio el poder de convertirme en un ser más poderoso, él hizo lo que ves en mí. No sé lo que sea, pero me siento orgullosa de tener en mis venas un poco de sangre de los dioses. —contestó Insha'ariar, con una ligera sonrisa en los labios y realmente muy contenta con lo que era. —… esto no puede ser, según mis estudios tu código genético contiene un grupo de fragmentos de ADN de un animal doméstico común. No entiendo por qué conviven dos códigos diferentes dentro de la misma persona, pero esta reacción explica muchas cosas. Es como si ese gen catalizador incitara una cosa similar a una metamorfosis de tu estructura corporal completa a voluntad, ¡No es posible, ni siquiera en los más desquiciados sueños que haya tenido nunca! —respondió la doctora Frasier, aún temblando del susto. — ¿Qué animal? —inquirió Daniel, saliendo de su parálisis— ¿A qué clase de animal pertenece el ADN que encontraste, Janet? — —Un chacal de lomo negro egipcio, canis mesomelas . —contestó la mujer. Sam y Daniel se miraron a los ojos y asintieron con la cabeza, como si de pronto todo fuera una estupidez que tuvieron ante los ojos todo el tiempo y apenas ahora lo notaran. En cierto modo, aquello sí tenía sentido: —… Anubis set k'hal . —dijeron ambos, al unísono. — ¿Qué significa eso? —inquirió la doctora, confundida. —Anubis era un dios egipcio, se identificaba con la cabeza de un chacal de color negro… todos sus soldados tenían un aspecto similar, cabezas de chacal y fuerza sobrehumana, eran el ejército del Inframundo. Supongo que el objetivo de darle ese nombre a la muchacha tiene que ver con el procedimiento al que la sometieron para darle la apariencia física de esos seres, o a lo que llegue su transformación. —explicó Daniel, y soltó un suspiro más calmado— Supongo también que esto hace perfectamente válido el reporte de Sam donde dice que vieron a una criatura rara con la apariencia de Horus; si lograron convertir a Insha'ariar en un guerrero de Anubis, posiblemente Horus Ra sí exista al fin y al cabo. —añadió. —Y yo que pensaba que Carter necesitaba anteojos… —dijo O'Neill, al otro lado del cristal antibalas, hablándole a Hammond— Esto es malo, realmente lo más malo que he visto. ¡Estoy seguro de que alguna trampa hay en el asunto, es demasiado bueno como para que sea tan simple! — —… Coronel, mejor cállese, no me deja escuchar. —pidió Hammond. Volviendo al cuarto, Insha'ariar sólo los escuchaba hablar, mirando a uno y otro que tomaba la palabra con gran respeto. La sonrisa en sus labios no se iba a borrar en varios días, era un gran honor tener sangre de los dioses y Horus Ra se lo había concedido por sus méritos como guardiana de su pueblo… ¡Su aldea! ¿Estarían marchando bien las cosas allá? Seguro que sí, el amo Horus se hallaba a cargo, lo más posible era que todo estuviera perfecto. Prestó un poco más de atención al diálogo de los otros, cuando la conversación cambió de tema de un modo súbito: — ¿Crees que haya un modo de revertir o deshacer esto? —dijo Sam. —No lo sé, tendríamos que conocer las técnicas que llevaron a que el ADN de Insha'ariar cambiara tan bruscamente. Entonces supongo que si estudiamos un poco más, conseguiremos una cura o al menos una solución parcial… —fue la respuesta de Janet. Insha'ariar frunció el ceño, molesta con el asunto. — ¡No, yo no dejaré que me quiten el poder que mi dios me entregó! —les dijo, iracunda otra vez. Tiró con fuerza de las correas, haciendo que se tensara toda la camilla— ¡Es un gran honor, no me lo quiten! ¡Luché mucho para ser lo que soy, no dejaré que lo deshagan! — — ¡Tranquila, nadie deshará nada! —la calmó la Mayor Carter— No temas, aún no pensamos hacer nada, sólo pregunté si era posible. No haremos nada que tú no desees, lo prometo. — — ¿Entonces me soltarán, y dejarán que duerma un poco sin estas cosas? Yo también les doy mi palabra de que no me iré a ninguna parte… ¿Por qué lo haría? Necesito que vengan conmigo, no tiene sentido que escape. Además, quiero mostrarles lo que puedo hacer… —pidió Insha'ariar, y aferró la mano de Sam cuando se le acercó lo suficiente. Carter levantó la vista y miró a Daniel. El otro estaba un poco indeciso, y a pesar de que no se sentía muy a gusto con las opciones, decidió aceptar y dio su aprobación para liberar a la muchacha. Una vez que Sam y la doctora Frasier quitaron las ataduras de Insha'ariar, ella se acurrucó en la camilla y terminó por quedarse dormida casi en el acto… eran las cinco y media de la mañana. Luego de una corta reunión en la cual casi todo el mundo se caía de sueño sobre la mesa, prácticamente (O'Neill se durmió en su silla, Sam cabeceaba y Daniel tenía la cabeza apoyada en la mano, sólo Teal'c estaba al cien por cien); el General Hammond les permitió retirarse a descansar. Cuando saliera el sol les esperaba un día en el cual prepararían todo para su regreso al planeta de origen de Insha'ariar, P3X-226, mejor conocido como Hir'tak. … y Sam ya no cabía en su desesperación por encontrar al otro ser que bien podía pertenecer a la raza del Anubis set k'hal .
~»#§: CONTINUARÁ EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO :§#«~
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