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Oblivion Escrito por: Amaunet Comentarios en: lasextaraza@hotmail.com Nota: Archivo PDF en preparación CAPITULO 2 Teal'c giró con habilidad su lanzadera. Tras colocar su mano en el hueco de luz azul sintió una sacudida y en un parpadeo de ojos, ya no estaba dentro de la estructura circular de piedra. Ahora la oscuridad se cernía sobre él. Se agachó en un movimiento reflejo tratando de controlar su respiración y aguzando su oído. La oscuridad era total. No veía absolutamente nada. Se quedó inmóvil esperando escuchar algo, pero sólo oía su propia respiración. Hurgó en su chaleco y sacó una linterna mediana de uno de sus bolsillos. Al encenderla apuntó con el haz de luz a la oscuridad y por fin pudo ver algo más que negrura al otro lado, comprobando que no eran sus ojos los que se habían quedado ciegos. Se sentía bien, no parecía herido, aunque sentía un extraño hormigueo en su cuerpo que poco a poco fue disminuyendo. Estaba en una sala de la que no podía calcular aún su tamaño. Veía desde su posición una columna cuadrangular y tras ella un muro. Tanto la columna como la pared tenían motivos dibujados. Parecían figuras. Se giró sobre sí mismo para poder apuntar con más detenimiento con la linterna. Ahora podía ver que la sala era rectangular y que había tres columnas más, una a la que alcanzaba la luz y otras dos al fondo que sólo podía casi intuir, porque la luz blanca no alcanzaba a aquella distancia. Se puso de nuevo en pie, y avanzó despacio y con cautela hacia la columna que tenía más cercana. Había dibujadas formas que le eran familiares, lo que parecía un hombre... Había visto aquellas pictografías en otras ocasiones, sobre todo en los libros que Daniel Jackson tenía. Aquella era la representación de un dios egipcio, pero no entendía que hacía él allí, cuando hacía sólo unos minutos el lugar no tenía nada que ver con el que ahora se encontraba. Tampoco estaba del todo seguro en estar solo en aquella estancia. - O'Neill.- nombró en un susurro. Pero no obtuvo respuesta.- ¿Daniel Jackson? ¿Mayor Carter? - la respuesta a su susurro fue la misma: silencio. Trató de pensar con rapidez. Hacía unos minutos estaba en un planeta comprobando con sus compañeros de equipo lo que parecía la estructura de una construcción de Los Antiguos. Tras introducir la mano en el hueco de una de las rocas, había sentido una sacudida y al parpadear... oscuridad. Y allí estaba, completamente sólo. O por lo menos eso parecía. Aquella estancia no parecía tener nada que ver con la estructura del planeta, por lo que, o estaba en otro lugar o estaba soñando. Dado que los Jaffas no duermen, sólo meditan para descansar y controlan su meditación, aquello tenía que ser otro lugar distinto al que había visto con sus compañeros. Quizás en el mismo planeta, o por qué no, quizás en otro sitio. Avanzó despacio, apuntando con su linterna la pared de la estancia. Había dibujos y representaciones del mismo hombre, con algún tipo de casquete en la cabeza. Le recordaba poderosamente a las representaciones que los Goa'uld hacían de ellos mismos. Las mismas que dejaron en la Tierra y que encontraron sentido al localizar el Stargate enterrado en Giza. Él había visto también aquellas representaciones cuando era Primado de Apophis. Los humanos, bajo el dominio de los Goa'uld, dibujaban aquellas figuras para representar a los que creían sus dioses. Pero Teal'c sabía que no lo eran. Que sólo esclavizaban a humanos en sus viajes a través del Stargate para conseguir nuevos anfitriones para sus larvas. Cuando rodeó la estancia viendo aquellos dibujos, comprobó además que no había Stargate en aquella sala. Pero sí localizó una pequeña entrada a aquella habitación rectangular. Se asomó con cuidado, apuntando con su linterna la oscuridad del exterior y entonces vio algo de luz al fondo de lo que parecía un pasillo. No tenía demasiadas opciones, debía salir de aquel lugar y tratar de entender qué era aquel sitio y qué hacía allí. Caminó despacio sujetando con fuerza su lanzadera. Avanzó por el pasillo estrecho hasta lo que parecía una estancia nueva iluminada por lo que parecía desde lejos, luz de antorchas. Cuando alcanzó la esquina de la entrada, asomó la cabeza para ver si estaba sólo. Y entonces comprobó que no lo estaba. Una mujer vestida de fino lino blanco le daba la espalda mientras manipulaba diferentes frascos volcando en ellos, de unos a otros, su contenido. La luz del lugar, muy tenue, penetraba en la blancura de sus vestiduras casi haciéndolas transparentes y dejando ver sus formas a la vista del Jaffa, que permaneció inmóvil a la espera. Cuando parecía haber acabado, la mujer tomó una de las jarras y se giró dando la cara a Teal'c, que en la oscuridad del pasillo, la observaba. De larga melena negra, tez oscura de piel y con ojos negros que eran una chispa en aquella tenue luz de antorcha, seguía concentrada en sus qué haceres. Sus brazos eran largos y fuertes y Teal'c pudo entrever sus largas piernas avanzar entre el lino de su sudario con sigilo y elegancia. Se acercó con la enorme jarra a lo que parecía una estatua de un hombre sedante con las manos sobre el pecho sujetando algo que Teal'c no alcanzaba a ver. Era sin duda la representación del mismo hombre de los dibujos. Y entonces la mujer roció con el contenido de la jarra la figura, a la vez que parecía musitar palabras que Teal'c no entendía, aunque le sonaban en ciertos aspectos a la pronunciación goa'uld. Ahora debía decidir: si salir y dar la cara ante aquella mujer o permanecer oculto y esperar a que se fuera para seguirla. Dejarse ver implicaría tener que dar explicaciones y ni siquiera él las tenía. No sabía por qué estaba en aquel sitio o dónde se encontraba exactamente. El cómo, quizás fuera demasiado inverosímil para contarlo. Sólo sabía que aquella mujer era una de las más bellas que había visto en sus largos días de existencia. **************** Se estremeció al sentir un hormigueo por todo el cuerpo. Ante aquella sacudida su primera acción fue sacar la mano del boquete de la piedra y arrodillarse en el suelo. Fueron sólo unas décimas de segundo, y cuando se dio cuenta, miraba el terreno en donde había clavado ambas rodillas. Cerró los ojos un segundo esperando que aquella sensación pasara... y lo hizo, aunque despacio. Respiró con fuerza y entonces alzó la cabeza para comprobar primero si el detector había sufrido cambios: pero a primera vista no lo parecía. Entonces miró a su alrededor para saber si sus compañeros habían sentido lo mismo... pero ya no estaban. El corazón la dio un vuelco al principio. Estaba justo detrás de lo que parecía una covacha de piedra y escuchaba un ruido constante del golpear de un martillo sobre un yunque. Vio unas balas de heno, e incorporándose a gran velocidad se ocultó tras ellas. No estaba en el interior de la arquitectura de piedra. Aquel lugar había desaparecido y justo cuando se ocultaba, un hombre de edad madura pasaba delante de ella tirando con tranquilidad de un caballo oscuro. La mayor Carter le miró apuntándole con el arma que aún llevaba consigo y le siguió hasta que el hombre giró perdiéndose de vista. Entonces se sentó en el suelo y trató de tranquilizarse oculta tras las balas de heno. Estaba claro que aquel no era el PA6-014, o por lo menos no el que ella había conocido al llegar. El conjunto arquitectónico había desaparecido y sin duda parecía estar en un lugar que nada tenía que ver. La presencia del hombre y del caballo, era una evidencia irrefutable de la presencia humana, algo que en PA6-014 no existía. Previa a su llegada al planeta, habían enviado una UAV , y el resultado era claro. No había presencia humana en la zona. Y en aquel lugar... había gente. Se incorporó sigilosamente y trató de ver un poco más allá. Nada de piedras, aquello parecía un pequeño poblado, aunque estaba demasiado cerca de la covacha como para poder ver más. Y aquel golpeteo de martillo... - Vaya...- escuchó al otro lado de las paredes de la casa.- Veo que tiene mucho trabajo. - Así es....- le respondió una voz de tono menos áspero.- Pero puedo herrar su caballo si viene a eso. Estas bridas pueden esperar. Carter se quedó en silencio, expectante. A la espera de poder sacar de aquella conversación toda la información que le fuera posible. Quizás, después... tratara de entender cómo había llegado a aquel lugar. Se pegó contra la pared de la choza para tratar de agudizar aún más su oído. Miró a un lado para comprobar que las balas de heno la protegerían aún si se acercaba un poco más. Prácticamente se arrastró por el costado de la choza a modo de herrería para descubrir un hueco en la madera lo suficientemente grande como para poder espiar al otro lado. - Juba sólo necesita ayuda en su pata trasera.- comentó el dueño del caballo. Sam trató de mirar al otro individuo. La luz de la fragua iluminó su rostro sudoroso cuando soltó los hierros candentes que tenía en la mano para acercarse al animal. El herrero era más joven que el cliente, de mediana altura, pelo largo oscuro y barba recortada, tomó una herramienta de encima de un yunque y se acercó a los cuartos traseros del animal para poder levantarle la pata izquierda. Al hacerlo, el herrero comprobó que la herradura no estaba en su sitio. Tras limpiarle la pezuña al caballo, le soltó de nuevo la pata. - No me llevará mucho tiempo, regresa en una hora. - Muy bien.- El hombre no dijo más y tras atar a su animal a un poste de la propia herrería salió saludando alejándose de la zona. Sam observó unos segundos más. Necesitaba tener más información antes de hacer nada. Allí escondida tampoco averiguaría cómo había llegado o cómo regresar. Al girar la cabeza a la derecha vio otra construcción, lo que parecía una casa humilde, en la que sus dueños habían dejado ropa en unas cuerdas atadas a varios postes. Divisó desde su posición una falda verde y un corpiño. Quizás eso era lo que necesitaba para pasearse por allí sin llamar tanto la atención con su vestimenta militar. Miró a ambos lados esperando no encontrar a nadie, y avanzó hacia las cuerdas. Soltó la falda y el corpiño blanco y regresó a su pequeño escondrijo. Usaría aquellas mismas balas de heno para ocultar su material militar sobrante en aquellos momentos. Colocó entre dos balas su P-90, el detector y la zat. Todo ello demasiado llamativo. Soltó su chaleco y también lo ocultó. Mantuvo un arma de pequeño calibre en su cartuchera del pantalón de campaña y se colocó la falda. Era larga, sin duda su dueña era más alta que ella. La falda, tapaba sus botas de campaña y eso la convenía. Tras quitarse la chaqueta del traje militar, y desprenderse de la camiseta verde que llevaba debajo, se colocó encima la camisa a modo de corpiño de color blanco. Tenía bordados en hilo blanco y dos cordones en el centro del pecho que al tirar fruncieron el cuello. La camisa dejaba al descubierto los hombros de la mayor: no era algo a la moda... pero le serviría para tratar de pasar desapercibida. Ocultó sus ropas entre las balas de heno y antes de salir de su escondite se aseguró de nuevo que el arma estaba debajo de su falda. Al tantearla se sintió de nuevo segura. Metió el detector en uno de los bolsillos de su pantalón bajo la falda y se incorporó. Era el momento de averiguar qué estaba pasando. Vio un cubo de madera junto a un poste y no se lo pensó, echó a andar como si todo fuera perfectamente, se acercó al cubo, lo tomó por el asa, lo rodeó con ambas manos y miró a su alrededor. Ahora tenía una mejor visión de aquel lugar. No es que aquel sitio fuera tan sólo una plaza, además de la herrería había cinco casas más esparcidas en la zona y unos metros más adelante divisó un pozo. Tenía un cubo así que... era el momento de llenarlo de agua y poder sacar información. ************* - Jack, hay un muro...- Daniel se giró sintiendo un hormigueo en todo el cuerpo. Se había girado con rapidez al sentir la primera sacudida y avanzado varios pasos hacia delante. Sus palabras se detuvieron en seco al comprobar que no estaba en el mismo sitio donde él creía. Giró la cabeza a ambos lados con confusión pero, la estructura ya no estaba, ya no había santuario, era como si se hubiera volatilizado y en su lugar hubiera quedado sólo aquella extensa llanura, en cuesta pronunciada y en lo alto, aquella formidable muralla, alta, con varias torres simétricas alineadas. Toda la construcción era de piedra que nada tenían que ver con los muros medievales. Desde allí casi podía decir que los bloques que la formaban tenían más de ocho caras, por lo que sin duda era muy resistente. Poseía además una enorme puerta de madera tan grande que Jackson no podía imaginar su peso y estaba labrada tan ricamente que desde allí, a varios cientos de metros podía discernir alguna de sus formas... pero estaba demasiado confuso para pensar. ¿Dónde diablos estaba? ¿Dónde estaban sus compañeros? Escuchó un ruido estruendoso... volvió a girarse para mirar hacia atrás dando la espalda a la formidable construcción. Y entonces sus ojos divisaron a un ejército de hombres con cascos, lanzas y escudos enormes, que parecían dirigirse hacia su posición. Los cascos le eran familiares, tanto que no tardo demasiado en ubicarlos en un espacio temporal. - Helenos... – dijo casi en un susurro.- Parecen griegos...- se quedó pensativo un segundo. ¿Qué diablos estaba pasando allí? ¿Y por qué demonios avanzaban tan deprisa? ¿Entrarían al otro lado de la muralla? ¿Se detendrían antes? ¡Y él estaba en medio! Vestido con ropas tan disonantes a aquellas, que no tendría modo de explicar absolutamente nada. Había cruzado el Stargate... pero aquella situación había sido totalmente posterior. Sólo recordaba una situación parecida. Un dispositivo muy extraño en combinación con un espejo. Aquello le llevó a una realidad alternativa. Pero era una realidad de su tiempo. Aquel ejército que avanzaba imparable hacia la muralla, ¡no era de su tiempo! Echó entonces a correr hacia la estructura defensiva, quizás lograra que la abrieran. Por la forma en como habían comenzado a gritar aquellos hombres, estaba claro que no volvían a casa después de una guerra. Quizás estuvieran a punto de comenzar una. Y él, estaba allí en medio. Cuando casi podía distinguir a gente en lo alto de las murallas, se detuvo en seco. ¿Y quién le decía que el lugar hacia el que corría era mejor que lo que tenía detrás? Los hombres en batalla tras él, habían pasado de correr a detenerse para formar. Se oyó un fuerte crujido, y la enorme puerta labrada de madera, comenzó a abrirse. Jackson clavó los ojos en ella y no tardó mucho en ver salir a otro ejército vestido de forma parecida, aunque más ostentosa. Este nuevo ejército que se preparaba para la batalla poseía escudos, lanzas y cascos con filigranas. Muchos de ellos en oro que brillaban a la luz del sol. Parecían por su aspecto, también helenos. - ¿Pero cómo demonios he acabado en una pugna entre ejércitos griegos? – se dijo en alto. Estaba a miles de años luz de la Tierra. Había cruzado el Stargate, de eso estaba totalmente seguro. ¿Sería aquella estructura pétrea otra forma de Stargate y había viajado a otro planeta? Y si era así, ¿por qué parecía estar solo y sin sus compañeros? Cuando todo el ejército de la muralla estuvo al otro lado, el gigantesco portón volvió a cerrarse. Quizás aquella arquitectura era una forma avanzada de los antiguos para viajar en el tiempo. ¿Pero en el tiempo de quien? ¿En el tiempo de la Tierra? ¿En el tiempo de ese planeta? Quizás sólo fuera una visionario en aquel lugar. Quizás sólo estuviera allí para mirar y ver lo que ocurrió en aquel planeta en su pasado... o lo que ocurrirá en su futuro. Un siseo le sacó de sus pensamientos, miles de flechas volaron por los aires por encima suya. Jackson se tiró al suelo y giró la cabeza para ver cómo se defendían al otro lado. Los hombres griegos que había visto primero, levantaban sus enormes escudos que se vieron asaeteados por las flechas procedentes de lo alto de los muros. Un grito sordo del ejército de la muralla, hizo que el corazón de Jackson se acelerara aún más, tratando aún de comprender si aquello era posible. - ¡¡Ilium!! – y ambos ejércitos con feroces gritos se lanzaron unos contra otros. Jackson miró con horror la situación. ¡Estaba a medio camino de morir aplastado o ensartado por una flecha o una lanza! Trató de levantarse y correr en paralelo a ambos ejércitos tan rápido como le permitían sus piernas, para escapar de aquella marabunta humana que era imparable. Corría y corría sin saber si su esfuerzo serviría para dejar a ambos ejércitos a un lado, a punto de sufrir un encontronazo brutal unos con otros. Los gritos de avance retumbaban en sus oídos. Una parte de ambos ejércitos se echaron unos encima de otros, y el ruido sordo de escudos le heló la sangre sin dejar de correr. ¡Ya luchaban tras producirse el golpe entre ambos! Y Jackson continuaba corriendo en paralelo a la muralla para escapar del holocausto. Se tiró al suelo, cayendo en una zona de arena y roca. En aquel momento, y muy a su pesar, agradeció las horas de gimnasio en el Comando Stargate. Aquello del deporte no iba con él, pero el trabajar con el SG-1 le exigía estar como mínimo a la altura de sus compañeros. Ya no como Teal'c, que sin duda era enorme, pero qué menos que a la altura de Sam con la que muchas tardes había hecho pesas. Trató de incorporarse para saber qué estaba pasando. Aunque sólo por los gritos, y alaridos estaba claro que aquello era un enfrenamiento entre ejércitos enemigos. ¿Pero enemigos de dónde? ¿De cuándo? ¿Y por que él estaba allí? La confusión le embargaba. Y si como al parecer, estaba sólo ¿cómo volvería a casa? CONTINUARÁ...
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