La venganza de los Dioses

Escrito por: Melisa [ RenaissanceLady-K ]

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Capítulo 001: “El día que Ra se dividió en Dos”

— ¡El séptimo símbolo está ingresado! —dijo el operador, por los altavoces de la sala de control— Tenemos señal y parece que la conexión es estable. —

—… que envíen la sonda, no parece haber contratiempos. —ordenó el Gral. Hammond, hablándole a sus operarios.

El SG1 estaba cerca de la entrada, en la bahía de carga donde se hallaba emplazado el Stargate. No había mucho para hacer, aún faltaban inspecciones de rutina y pacientemente aguardaban a que Hammond les diera el visto bueno para atravesar el portal en dirección a lo que fuera que les esperase al otro lado, en P3X-226. Era uno de los planetas de la carta magna, bastante alejado de lo que conocían, cuya ubicación secreta había sido revelada a ellos por los Asgard. Los alienígenas decían no tener ninguna jurisdicción en territorio de Ra, aunque seguían en pie de guerra con éste, y aseguraban que en ese planeta llamado Hir'tak había algunos soldados Jaffas sirvientes de Ra que buscaban escapar de allí a como diera lugar, para unirse a las fuerzas rebeldes.

O'Neill estaba aburrido, y como era su costumbre de distraerse con lo que tuviera en frente, esta vez pelaba un carozo de fruta con su navaja. Daniel no hizo más que observarlo, igualmente aburrido por la espera, pero sin decirle ni una sola palabra; mientras que la mayor Carter aún estaba en la sala de control, arreglando unos asuntos de último minuto. Por su parte, Teal'c se mantenía un poco más atrás de ellos, sosteniendo su lanza entre los brazos cruzados y en la más pacífica de sus actitudes de obediencia.

—… y… ¿Como que esto va a tardar mucho más? —comentó O'Neill, y tiró el carozo hasta hacerlo atravesar la superficie imperturbable del chappa'ai .

Daniel se acomodó los anteojos con un gesto nervioso, antes de decir lo que llevaba un buen rato pensando, cautelosamente según su costumbre.

—No tengo idea, pero si los Asgard ya estuvieron aquí, ¿No se supone que Hir'tak es seguro, y podemos entrar sin problemas? —soltó, suspirando.

—Podría haber Jaffa leales a Ra del otro lado, esperándonos al ver que la puerta a las estrellas está abierta. Lo sabremos cuando la sonda regrese, o si no regresa, en cualquier caso. —comentó a su vez Teal'c, y abrió los ojos al fin, dirigiendo la vista hacia el egiptólogo.

—Buen punto. —murmuró O'Neill, y señaló a Teal'c con su cuchillo.

—Supongo que no pensé en eso… —aceptó Daniel, alzando las cejas.

Por el altavoz de la sala de mando, oyeron la voz de Sam que traía algo similar a malas noticias, pero que quizá no fuera la gran cosa:

—… ¿Coronel? Señor, creo que hay un problema. La sonda muestra unas imágenes borrosas que no podemos identificar, parece que el Stargate está en campo abierto y se ve a una o varias personas acercándose… por la vestimenta, parecen Jaffas de Ra. No sabemos si son amigos o enemigos. —dijo ella.

O'Neill alzó la mirada y chasqueó con la lengua, cansado de la indecisión. Levantó su radio y habló a través, para dar a conocer su poco juicioso fallo del momento:

—Bueno, creo que sólo hay una forma de averiguarlo, Carter… ¿General Hammond? ¿Qué dice usted? —inquirió.

Procedan, SG1. Pero vayan con mucho cuidado, enviaré al SG6 y al SG7 detrás de ustedes, por si hay algún disturbio. Cerraremos el Iris por las dudas, le recomiendo que se acuerde de enviar la señal antes de intentar regresar… o si no se estrellará, Coronel. —accedió el Gral. Hammond, rápidamente.

—Por supuesto que sí, señor. —contestó O'Neill, y se volvió hacia sus dos compañeros— Daniel, Teal'c… ¡Carter! Vámonos, ya vieron que hay trabajo. —

 

…:::§#~#W-W-W-W-W-W-W-W-W-W#~#§:::…

 

La primera en atravesar el arco acuoso del chappa'ai de regreso a la Tierra (después de una misión de reconocimiento tranquila) fue Carter, enviada al frente sin saber por qué, seguida por sus compañeros. Estaba preguntándose precisamente eso, cuando oyó sonidos que tampoco pudo identificar, como pasó con las imágenes de la sonda. Todo lo que la Mayor Carter supo al salir de la gran puerta fue que alguien desconocido le arrolló lateralmente, atravesando el Stargate a gran velocidad detrás de ella…

¡¡¡BAAAMMFFF!!!

…y cayó a los pies de O'Neill y Daniel, quienes de inmediato le apuntaron con sus armas. Era un forcejeo interminable, parecía como si esa persona o el alienígeno echado encima de ella quisiera escaparse de la Mayor al mismo tiempo que intentaba detenerla, y la pequeña criatura se deslizó rápidamente a través de la pasarela antes de que lograran cerrar el Iris, gritando palabras en la lengua de los Jaffa.

Nadie pudo hacer nada, Sam se quedó en el suelo, boca arriba y con un tremendo susto. Todo fue muy sorpresivo, ni siquiera O'Neill tuvo tiempo de disparar primero según su filosofía, y Daniel se había petrificado… pura suerte que Teal'c atrapó al intruso en cuanto reaccionó, o si no nadie habría defendido los Tau'ri de aquel ágil fisgón.

— ¿¿Alguien lo vio?? —gritó O'Neill, asustado como nunca antes.

— ¡Señor, cruzó el portal y me arrolló! —dijo Sam, y se puso de pie con la ayuda de Daniel— ¡No lo vi venir, ni siquiera sé lo que es! —

—… pero parece que no es el único. —dijo la voz del General Hammond, hablando por el altavoz.

A través de las pantallas en la sala de control, el General veía las señales de video de la sonda: una veintena de Jaffas de Ra que venían corriendo hacia el chappa'ai aún encendido, apuntándoles con sus lanzas y a disparo limpio en su contra. Los gritos de batalla de los soldados se confundieron con el sonido de los deslizadores que elevaron el vuelo desde plataformas en un campamento muy lejano que apenas se veía. Finalmente, la energía se interrumpió y el Iris se cerró sobre un par de feos disparos que no llegaron a ninguna parte.

— ¿Qué rayos fue eso? ¡Todo venía bien y de repente…! ¿Alguien tiene idea de lo que era? —gritó O'Neill, molesto.

—Creo que yo tengo esa respuesta, O'Neill. —contestó la voz de Teal'c.

Un montón de ruidos raros, como de una voz diciendo palabrotas en otro idioma, se oía dentro de la bahía de carga. El ex Jaffa se acercó subiendo por la pasarela, llevando sujeto por el brazo a una criatura pequeña y envuelta en las ropas de un Jaffa de Ra, que no paraba de forcejear y lanzar golpes vanos a la pierna del otro. Los SG 6 y 7 esperaban órdenes, apuntando diestramente hacia Teal'c y su “prisionero” , una personita con un casco con la forma del gran dios chacal Anubis…

¡Sha'lak, irar, nih'nar kaurk! —gritaba la voz metálica que provenía del soldado cautivo. Era mucho más pequeño que Teal'c, pero parecía no cansarse de hacer fuerza en su contra— ¡¡Shol'va, innaharak, shol'va!!

— ¿Qué rayos es esa sabandija, y qué está diciendo? —dijo O'Neill, y se cargó al hombro la correa del rifle— No parece muy fuerte como para ser un Jaffa, y no me gusta el tono en que habla. —

—Lo único que entiendo es shol'va: traidores. —dijo Daniel.

—… lo demás no tiene sentido que lo repita. Son palabras ofensivas… y no es un Jaffa, quizá sólo es alguien haciéndose pasar por uno. Los soldados de Ra no llevan armaduras con la esfinge de Anubis, serían ejecutados. —les explicó Teal'c, y puso de pie bien derecho a su prisionero.

— ¿Cree que sea seguro, Coronel? —inquirió Hammond, apareciendo en el recinto rápidamente.

—… nah, esta sabandija no hará nada en nuestra contra. No trae armas y si lo que Teal'c dice es correcto, no puede ser peligroso. Ya dejen de apuntarle, sugiero que empecemos a ser un poco más amistosos con nuestro gracioso amigo del traje extravagante. —sugirió O'Neill, sonriendo.

—… ¿Mayor? —la pregunta del General fue obvia.

—Ehh… bien, yo creo que de todos modos no irá a ninguna parte, no hay mucho de dónde elegir. Supongo que los demás SG se pueden ir. —coincidió Sam, también esbozando una sonrisita.

A otra orden del General, el SG6 y el SG7 se retiraron.

Pero mientras se iban, no dejaron de mirar con desconfianza al prisionero que el ex Jaffa sostenía fuertemente por el brazo. Incluso uno de los soldados vio cuando Daniel presionaba el seguro del gran yelmo, en la “oreja” derecha de la cabeza del chacal… y la máscara de combate se replegó alrededor de su rostro, dejándole ver al último muchacho del SG7 que el cautivo en cuestión tenía el cabello rubio y trenzado.

O'Neill frunció el ceño con extrañeza al ver el rostro del pequeño Jaffa.

— ¡Ah, esto es genial! Primero esa rata de Apophis le lavaba el cerebro a los niños y controlaba sus cabezas con mentiras, y ahora nos venimos a enterar de que Ra usa niñas en su ejército, esto es grandioso… —dijo, sarcásticamente.

—… no es un Jaffa, O'Neill, las mujeres no sirven como soldados para Ra. Los Señores de la Guerra más orgullosos no permiten eso, consideran a las mujeres tal seres débiles y poco inteligentes, que sólo sirven para dar nuevos anfitriones y atender los asuntos del hogar. —dijo Teal'c, pero no podía evitar observar con una ceja en alto a su pequeña cautiva.

—Vaya, eso es muy halagador, Teal'c. No me gustaría ser una mujer en el planeta de esta niña, seguro no es muy agradable. —bromeó Sam, sonriendo a medias.

—… no quería ofenderla, Mayor Carter. —se defendió Teal'c.

—Estamos seguros de que no, pero, ¿Quién es la muchacha, si dices que las mujeres no son soldados? Apenas es una jovencita, ¿Crees que tenga una larva Goa'uld o algo por el estilo? ¿Es una anfitriona? —inquirió Daniel.

—Eso, eso… ¿Tiene un bicho, o no lo tiene? —lo secundó O'Neill.

Teal'c acercó el rostro a la muchacha, y la miró por unos segundos, muy seriamente. Era una chica, no una niña… quizá tendría diecisiete años, de tez blanca algo bronceada por la intemperie, y cabello rubio muy largo atado en la trenza que llevaba metida dentro del cuello de la armadura. Sus ojos de un tono verdeazul miraron a Teal'c con ira y desprecio, afeando su lindo rostro en una expresión ceñuda y violenta. Además de tener la cara sucia de tierra, ella ostentaba un tatuaje Jaffa en la frente, grabado en su piel con plata pura…

—Lo tuvo. Ahora guarda otra clase de larva, es Goa'uld, pero no está bien madura… es sospechoso. No parece enemigo. —murmuró Teal'c, dudando.

—… innaharak, shol'va. —escupió la chica, en voz baja.

—Otra vez dijo esa palabra… ésa, traidores , ¿No? —dijo O'Neill.

—Creo que funcionaría si la dejamos tranquila por un momento, en paz y a solas dentro de una celda o en un cuarto cerrado. No queremos hacerte daño, somos amigos… Tau'ri, ¿Nos conoces? —dijo Sam, y se acercó a la chica, dando su mano para que ella la tomara en un saludo.

Pero la muchacha miró con interés a la Mayor Carter, y luego sus ojos se volvieron vidriosos, como si estuviera a punto de llorar. Una vez más, la joven se puso a forcejear contra la imperturbabilidad de Teal'c, diciendo en voz baja y entrecortada más palabras extrañas, a las que Daniel intentaba encontrarles sentido sin éxito.

— ¿Y qué está diciendo? —preguntó el Coronel, impaciente.

—No lo sé, no entiendo lo que dice... no me parece conocido. —dijo Daniel.

— ¿Crees que si te damos tiempo, puedas sacar algo en limpio? —sugirió Sam, aún sosteniendo la mano hacia la chica Jaffa— Teal'c, mejor suéltala… me parece que le haces daño, por eso se comporta así. —

Teal'c obedeció cuando vio que O'Neill también se lo pidió, y la muchacha se sobó primero el brazo por encima de su gruesa cota de malla, pero luego se volvió hacia la Mayor y miró a Sam con interés nuevamente, viendo la mano de la mujer tendida en su dirección y aún ofreciéndose… la joven acercó su mano y tocó suavemente la de Carter, comprobando que era real. La pregunta en los ojos de la muchacha parecía evidente: ¿Amigos de quién, y enemigos de quién? Sam se atrevió a decir otra cosa, en medio del silencio que se había hecho.

—… Mayor Samantha Carter, de la Fuerza Aérea de los EEUU. —dijo, y se puso la mano en el pecho, indicándole que era su nombre.

La chica la escuchó hablar con atención, y sus cristalinos ojos verdeazules se fijaron en el rostro de ella. Una sonrisa enorme de blancos dientes la saludó y sin dar aviso, la cautiva se lanzó a los brazos de Sam, abrazándola con alegría.

— ¡Insha'ariar! ¡Mi nombre es Insha'ariar! —dijo la muchacha, y se separó de Carter luego de sostenerle el abrazo un rato— ¡Estoy honrada de conocerte, Mayor Samantha Carter, pero aléjame de estos shol'va ! —

O'Neill soltó un suspiro y miró a Daniel un poco confundido… ok, lo miró bastante confundido. Luego de señalar vacíamente hacia la joven Insha'ariar, le dijo a su compañero:

—Volvió a decirlo, nos llamó de esa manera… creí que no hablaba español, esto es muy extraño. —apreció.

—Sí, para mí también es bastante… raro, sí. Disculpa, ¿Insha'ariar? Yo soy Daniel Jackson, trabajo con la Mayor Carter… ¿Quién eres tú? ¿Eres amiga o enemiga de los Tau'ri? ¿A qué señor sirves? —inquirió el otro, despacio.

La chica lo observó con un gesto de cruda impaciencia, y volvió la cabeza en otra dirección. Se cruzó de brazos, soltando su amigable abrazo con Sam, y dijo, con gran energía:

— ¡Dile a ese shol'va que no hablaré con él, Mayor Samantha Carter! Un Jaffa let'ai no habla con los de su género, ¡Tendría que mandarlo a decapitar, por ser tan insolente! —

—… creo que eso significa que no habla con los hombres. —dijo Sam— Y me puedes llamar Samantha o Sam, no es necesario que digas todo eso; de veras, sólo dime Sam… pero, ¿Me contestarías a mí las preguntas que hizo él? ¿Me dirías a mí la respuesta? —

—Un Jaffa let'ai , es de la raza de mujeres guerreras. Se suponía que Ra ya las había desechado, por considerarlas inferiores. —dijo Teal'c, luego de un rato sin decir nada— No son como las guerreras amazonas… pero son verdaderas Jaffa, yo cometí un error. —

— ¡Dile a ese Jaffa shol'va que se calle, él no conoce los planes de Ra y no puede hablar de esa manera de mi raza! —protestó la muchacha, molesta.

—… está bien, tranquila. Coronel, creo que sería mejor si yo la interrogo a solas, en un cuarto de la enfermería. Le pediré a la doctora Frasier que le haga un examen, para estar seguros de que no trae enfermedades. Al menos ya nos dimos cuenta de que cree en Ra. —contestó Sam, dirigiéndose a O'Neill.

—Está bien, parece que no le agradamos. Menos mal que no dije nada, o si no quién sabe con qué grosería me habría salido… llévatela, Carter. —

— ¿Cómo dejas que él te controle así, Samantha? ¡Es inferior, es uno de los hair'uk , los Desterrados! ¡No te dejes pisotear de ese modo, no obedezcas a sus órdenes! —empezó la chica, molesta de nuevo— ¡Malditos hair'uk shol'va ! ¿Cómo es que vives con ellos, si deberían estar todos muertos? —

—… no es cierto, él no me controla, ¡Tranquilízate, yo soy la jefa en este sitio, no te pasará nada mientras no reacciones violentamente contra nadie! Te aseguro que estarás a salvo de los shol'va si me obedeces… —la interrumpió la Mayor Carter, empujando a Insha'ariar para bajar la plataforma.

—… Carter, ¿Qué significó eso? —casi ladró O'Neill, sin entender.

— ¡Se lo explicaré más tarde, señor! —se oyó la voz de Sam, que ya había salido de la gran habitación con la muchacha.

O'Neill, Daniel y Teal'c se quedaron en el mismo sitio, los tres quizá un poco confundidos respecto de aquello. Al final, fue O'Neill el que habló otra vez, rompiendo el silencio que la partida de la Mayor les había dejado:

—… ¿Y bien, Teal'c? ¿Qué rayos es un Jaffa let'ai , como dijo la chica? —

 

…:::§#~#W-W-W-W-W-W-W-W-W-W#~#§:::…

 

La Mayor Carter entró al cuarto de enfermería después de haber hecho un ligero intervalo con sus compañeros para reunirse junto al General Hammond y discutir el asunto de la fugitiva de P3X-226 Hir'tak. A fin de cuentas, resultó que Sam podría fingir durante un tiempo que era la jefa en aquel lugar sólo hasta que la chica se aclimatara y descubrieran que no se trataba de un doble agente o algo por el estilo enviado por Ra. Según lo que Teal'c dijo, los let'ai eran unos Jaffa que antiguamente servían a los Señores de la Guerra de muchas maneras, no sólo como guardias… y a todos les quedó sobreentendido de qué modo les servían las mujeres soldado a sus señores, no hizo falta que Teal'c explicara. Lo malo con las let'ai era que habían dejado de existir hacía mucho y los Goa'uld se deshicieron de su raza porque empezaban a rebelarse en su contra. Bra'tac le había dicho una vez que en parte fue el legado de las Jaffa let'ai lo que dio inicio a la rebelión de los Jaffa en todos los estratos Goa'uld…

Por lo demás, no tenía mucha información al respecto. Eran solamente un grupo de mujeres soldado, como las amazonas de aquel planeta que una vez se atrevieron a pisar, pero muy distintas a ellas. Leales a quien les diera seguridad, como mercenarias… entrenadas para todo, incluso para morir.

Sam estaba pensando en eso último cuando encontró a la doctora Frasier en compañía de Insha'ariar, todavía haciéndole algunos exámenes físicos. Al ver a la Mayor, la muchacha se sentó más derecha sobre la camilla y abrió bien los ojos.

— ¡Saludos, Samantha Carter! —le dijo, golpeándose el pecho con fuerza.

— ¿Cómo estás, Insha'ariar? ¿Te sientes bien, contenta? —dijo Sam, con una sonrisa tranquila— ¿No tienes hambre, o sed? —

—Estoy bien, Samantha. Esta mujer es muy lista y me ha hecho muchas cosas extrañas, pero mientras me mantenga alejada de los hair'uk y no duela, no me defenderé, tal como me lo pediste. —contestó ella— No sé cómo puedes vivir con ellos, son tan… istha nakdaren sturkna, ¡Shol'va!

—… lo que sea que hayas dicho, Insha'ariar. ¿Ahora sí contestarás lo que yo te pregunte? Luego podrás descansar un poco… doctora, ¿Ella se encuentra bien, está “limpia”? —inquirió la Mayor.

—Por el momento todas las pruebas dieron negativo, a menos que tenga algo que no conocemos o que se active como una bomba de tiempo… está bien y “limpia”, sí. Quizá un poco mal alimentada, pero bien. —observó la doctora Frasier, con una sonrisa amable— Y el simbionte también, al menos por ahora. No parece haber pasado más que hambre durante mucho tiempo… pediré que le traigan algo de comer; lo mejor es que se alimente bien, o se enfermará con seguridad. En la Tierra hay muchos padecimientos extraños para ella. —

Insha'ariar solamente se mantuvo seria aunque de buen humor, y observó con atención los modales y los gestos de las dos mujeres terrestres mientras se hablaban una a la otra. La muchacha parecía entender bien lo que decían, pero igualmente se la notaba como desubicada en el consultorio de la doctora. Sam había pedido que le trajeran un uniforme a la jovencita, pero incluso una talla más pequeña que la que usaba la Mayor Carter era grande para la chica. Insha'ariar no era tan alta como Sam, y parecía ser menuda pero muy fuerte, si podía cargar la lanza de los Jaffa sin quejarse.

Y ahora, sentada en la camilla y balanceando los pies como una niña, la joven Jaffa solamente miró hacia la doctora Frasier cuando ésta se fue, y vio a través de la puerta abierta a Teal'c, que la observaba críticamente.

— ¿Qué hace ese hair'uk en la puerta? —inquirió Insha'ariar, de repente.

—Tranquila, está bajo mis órdenes… su nombre es Teal'c, no te hará daño. Incluso pueden ser amigos, él también es un Jaffa que anteriormente le sirvió a Apophis… ¿Conoces a Apophis? —dijo Sam, sentándose en una silla ante ella.

—… otro gran shol'va , que está muerto por suerte. —masculló la chica.

Sam pestañeó un par de veces, confundida.

— ¿Muerto? ¿Apophis no es uno de tus dioses, no es Inmortal? —comentó la Mayor, intentando despistar a la joven— No puede morir, es un dios como Ra, a quien tú sirves… ¿No es así? —

—Ra no es un dios, y Apophis tampoco lo era; menos lo son Soh'kar, Anubis, Seth… ninguno de ellos es un dios, son Señores de la Guerra que sólo quieren esclavizar a mi raza. Por eso nosotras nos rebelamos, y nos fuimos con el verdadero Ra, el que nace por el Oriente y se muere en el Poniente, el que vuelve a la vida cuando emerge el día y sucumbe con la noche. Ra es nuestro único dios, no ese malvado que tiraniza a los Jaffa y les ordena matar. Un dios que sea bueno no ordena a sus soldados matar a sus mujeres porque son débiles… ése no es el verdadero Ra, estoy segura. —respondió Insha'ariar, realmente muy segura y decidida.

Carter no podía entender del todo lo que escuchaba.

—… y entonces, ¿A qué Ra sirves tú? —le preguntó, intrigada.

—Al único y verdadero… al que me hizo Primer Jaffa de su guardia y dejó en mis manos el poder de las tinieblas de Anubis. El verdadero Ra, el que lleva la cabeza del halcón y sólo aparece en el día. —fue la respuesta de la chica— Ra sabe que hay un falso dios Goa'uld haciéndose pasar por él, y ha enviado a sus let'ai a buscarlo, para que lo maten; pero muy pocas servimos al verdadero Ra, porque la mayoría de nosotras aún cree en aquel que viene del cielo en un carro de fuego y ataca a su gente con pájaros de metal. —

»Yo sólo le sirvo al Ra que me envió por el chappa'ai a buscarlos… —

La Mayor Carter se quedó impresionada, segura de que había un error.

—… ¿Tú puedes llevarnos con este Ra? —se atrevió a decir Sam.

La muchacha mostró sus ojos verdeazules muy brillantes, con gran alegría que cualquiera confundiría con inmenso entusiasmo. Tomó la mano de Carter, le dio una palmada antes de sonreír muy agradecida, y le dijo:

— ¡Por supuesto que sí! ¡Es lo que él me envió a hacer, que te llevara! Ra dice que quiere hablar con Samantha Carter, y con Daniel Jackson; y pidió a un tal Jack O'Neill, y a ese Jaffa hair'uk llamado Teal'c… ¿Conoces a todas esas personas, Samantha? —

—Sí, son los que estaban conmigo cuando Teal'c te atrapó. —contestó la Mayor, y se puso de pie con nerviosismo— Discúlpame un momento, Insha'ariar, ahora regreso… la doctora Frasier volverá con algo para que comas, yo vendré dentro de un rato. ¿Te quedarás aquí, hasta que vuelva? —

—Sí, Samantha Carter, me quedaré… pero no dejes que esos hair'uk shol'va se me acerquen, o no responderé. Aún puedo pelear, a pesar de que no tengo mis armas. —advirtió la jovencita, a modo de promesa.

Sam salió del cuarto justo cuando la doctora venía con una bandeja y la comida de la muchacha, pero lo que la Mayor necesitaba fue justo aquello que vio al salir al pasillo: a sus compañeros esperando del lado de afuera, oyendo. Se dio una palmadita en el pecho, un poco nerviosa, y se llevó a todos hacia un sitio más abierto y alejado, a fin de hablarles.

—… ¿Qué pasa, Carter? ¡Ya dilo, hace horas que esperamos! —dijo O'Neill, impaciente como siempre.

—Coronel, creo que esto no le va a gustar: si antes no le bastaba sólo con uno, creo que ahora tenemos a dos Ra por ahí sueltos; sólo que uno es un Goa'uld y el otro... no sabemos quién es. —contestó la Mayor, suspirando.

— ¿Qué? —preguntó Daniel, asombrado.

Teal'c no dijo nada, pero alzó las cejas en un gesto de sorpresa.

—… oh, genial, ¿Ese maldito de Ra se acaba de dividir en dos, o qué? —le increpó el Coronel, molesto y preocupado.

—No lo sé, señor. Pero Insha'ariar dice que este Ra la envió a través de la puerta a buscarnos a nosotros, porque su “dios” quiere hablarnos. No sé de qué se trate… pero me huele como una trampa. —explicó Sam.

—Huele como trampa… bueno, habrá que perfumarla entonces. —decidió el Coronel, y se dio media vuelta para marchar a través del pasillo, decidido a hablar con Hammond para regresar al recóndito planeta P3X-226 Hir'tak, en la búsqueda del supuesto doble de Ra…

Capítulo 002: “Una Cuestión de Jerarquías”

 

O'Neill cargó todas las armas reglamentarias que solía usar para un asalto como el que tenía en mente, y otras más por las dudas. El General Hammond les había dado el visto bueno para que tomaran todas las acciones necesarias en caso de un enfrentamiento con los Jaffas del Ra Goa'uld, y les ordenó con la mayor de las seriedades que regresaran si las cosas se ponían muy difíciles. No estaban como para perder soldados en vano, y menos si después de todo eso no era más que una trampa de los Goa'uld. No obstante, la Mayor Carter tenía razones de peso para creer en la inocencia de Insha'ariar y decir que la chica era de confianza… no podía describir lo que era, quizá instinto femenino o algo por el estilo, que seguramente ninguno de los otros miembros del SG1 entendía ni superficialmente.

Teal'c continuaba bastante reacio a pensar que la alienígena de P3X-226 fuera totalmente honesta. Desde el día anterior la vigilaba con ojo crítico, por un lado algo curioso respecto a encontrarse ante una de las let'ai en persona luego de creerlas extinguidas durante muchos años; y por otro lado pensando que la muchacha estaba aprovechándose de la generosidad de Sam.

A Daniel no le iba ni le venía nada de ese asunto, lo único que hacía era tratar infructuosamente de descifrar el significado de la palabra “hair'uk” , como ella no paraba de llamar a cualquier hombre con el que se cruzaba en la base, ya que Teal'c no quería decirle lo que era. Tenía la ligera sospecha de que no significaba “desterrados”, como suponía.

Y luego de concertar una reunión con el SGC para aclarar todas las dudas y decidir qué hacer, el General Hammond acabó por aceptar otra misión de reconocimiento en el planeta Hir'tak.

—… espero que esta vez nadie me arrolle. —suspiró Sam, con una sonrisa, al recordar la curiosa aparición de Insha'ariar a través de la puerta— Creo que todo está listo para empezar, Coronel. Discamos y tenemos conexión estable con P3X-226. —

— ¿Y a quién esperamos? ¿A Santa Claus? —inquirió O'Neill, sarcástico.

—No exactamente. —retrucó la Mayor Carter, aún sonriendo.

O'Neill se dio la vuelta hacia la sala de comando, y observó con poca de su paciencia que Teal'c se aproximaba subiendo por la planchada llevando con recelo a la muchacha alienígena Insha'ariar, uniformada con el traje de batalla de los Goa'uld; el Coronel sufrió una especie de sobresalto al ver acercarse a un Jaffa con la cabeza metálica de Anubis, pero todo fue hasta que recordó a su nueva huésped-“amiga” o como quisieran decirle.

—… ¿Ella también viene? —preguntó, visiblemente molesto.

—Insha'ariar insistió, señor. Creo que podemos confiar en su persona, es apenas una jovencita y Teal'c dice que no ve mentira en sus ojos. Se comportó muy bien entre ayer y hoy, supongo que podemos llevarla… además, ella es la que sabe dónde está el campamento de las Jaffa rebeldes. —contestó Sam.

—Bueno, si todas sus amigas son tan lindas como ella, está bien. —asintió O'Neill, y esbozó una sonrisa burlona hacia la joven soldado.

Insha'ariar solamente pareció mirarlo (a juzgar por el meneo del yelmo mecanizado, parecía que lo miró directamente) y apretó los puños en torno a su lanza con gran enojo.

— ¡Mejor cierra la boca, hair'uk shol'va ! —le gritó, en un chirrido metálico.

—Daniel, ¿Todavía no adivinaste qué significa eso? No es por nada, pero suena como si me estuviera insultando y no me gusta. —se quejó el Coronel, y se volvió hacia el egiptólogo.

—Ehh… me disgusta tanto como a ti, pero aún no. —respondió Daniel.

Teal'c no dijo nada, pero parecía que iba a soltar una risa o algo por el estilo. Se lo notaba más extrañamente medio sonriente que de costumbre, y al parecer todo aquello se veía como divertido ante su cruda conciencia. Una vez que acabaron las discusiones, el SG1 y su extraña guía armada atravesaron el aro líquido del chappa'ai en dirección a su planeta de destino… al salir al otro lado, Insha'ariar se postró en el suelo sobre una rodilla, levantando la lanza en dirección al campo abierto. Era la primera acción defensiva, seguramente, y eso produjo la alarma entre los miembros del SG1. El Stargate se cerró detrás de ellos, y quedaron por completo a solas en medio de la nada…

— ¿Qué diablos pasa? —inquirió O'Neill, casi arrojándose al suelo al ver que la muchacha parecía defender su puesto— ¿Dónde están los Jaffa? —

—… no veo a nadie. —murmuró Sam, y bajó su arma así como los otros.

—No están aquí, Samantha Carter. Se retiraron al ver que el chappa'ai se cerró, ayer cuando te encontré… no pudieron discar para atacar, parece que no los vieron. Ven, te llevaré con mi señor y al fin podrán hablar… ¡Pero rápido, podría haber sirvientes del falso Ra en los alrededores! —fue la respuesta de la joven Jaffa, y se levantó del suelo.

Insha'ariar empezó a caminar hacia la izquierda del Stargate, en la misma dirección por la que había llegado al SGC el día anterior. A los otros no les dio más opción que seguirla, pero la joven iba al frente, preferiblemente si Sam iba a su lado. Atravesaron el campo abierto y llegaron a un bosquecillo de pinos en pleno verdor, que les ocultó rápidamente de las miradas curiosas enemigas. Y entonces Insha'ariar apuró el paso, ya al punto de correr entre las piedras y los troncos de los enormes árboles.

—… ¡Carter! ¡Maldita sea, Carter, dile que se detenga! —gritó O'Neill, en cuanto notó que la Mayor y la alienígena se le estaban perdiendo de vista.

No obtuvieron respuesta de las mujeres, y de un momento a otro ya no las vieron más. Daniel se detuvo, sintiendo que le faltaba el aliento, y O'Neill lo siguió al ver que era inútil continuar corriendo a ciegas. Teal'c paró porque el otro lo hizo, o habría seguido su camino detrás de Sam y la chica… ahora empezaba a sospechar aún más del comportamiento de la joven Jaffa.

— ¿A dónde se fueron? —inquirió O'Neill, resollando como un caballo.

—Podemos seguir sus huellas, O'Neill. No habrán ido muy lejos, y si son listas las let'ai tendrían su campamento cerca de la puerta a las estrellas, para usarla en caso de necesitarla. —contestó Teal'c, con molestia— No se podía confiar en la muchacha, dije que no era una buena sugerencia… —

— ¡Ya, ya! A Carter no le pareció, y ella es la inteligente aquí. —zanjó el Coronel, y se puso de pie abandonando su asiento incómodo, y tomó la radio a fin de contactar a sus compañeros perdidos— Sigámoslas, y si las encontramos le diré a Hammond que suspenda a Carter por una semana, no me gusta que el equipo se separe de sin avisar… ¿Carter? ¿¿Carter?? ¿Me escuchas? ¿Dónde se encuentran? Cambio… —continuó, por la radio.

Sonido vacío por unos segundos, sólo la estática de la frecuencia. Cambió a otra frecuencia, temiendo haberse equivocado, y volvió a intentarlo… otra vez no obtuvo una respuesta clara de la Mayor, por lo que se preocupó.

—Estarán fuera de rango. —comentó Daniel, pensativo.

— ¡Maldición! Vamos, T… si no las encontramos pronto, tendremos serios problemas. Lo único que nos falta es que esa lagartija de Ra se aparezca, o sus Jaffa… ¡Con la suerte que tenemos, nadie lo sabe! —decidió O'Neill, y levantó la metralleta del suelo con molestia.

 

…:::§#~#W-W-W-W-W-W-W-W-W-W#~#§:::…

 

Corriendo sin descanso por el bosque, a Sam le pareció que ya hacía un buen rato que no veía ni escuchaba la voz de sus compañeros detrás de ella. Se detuvo, y le ordenó a Insha'ariar que hiciera lo mismo. La muchacha aceptó un poco a regañadientes, pero se volvió hacia la Mayor y se bajó el yelmo de la armadura, con la expresión algo ceñuda.

— ¡Ya casi llegamos con él, Samantha Carter! ¿Por qué nos detenemos? No quiero que las enemigas nos atrapen… le fallaría a mi dios si así fuera, y al señor Ra le costará volver a confiar en mí. —le reprochó la chica.

—… ¿Quieres decir que Ra no te mataría por fallarle? —inquirió Sam, en el lugar de decir aquello por lo que había detenido la marcha.

— ¿Para qué lo haría? Ra sabe que somos humanos y cometemos errores, es bueno y perdona algunas de nuestras ofensas, pero fallarle hace que pierda su confianza en nuestras capacidades… ¿Y por qué nos detenemos? —dijo la joven, parándose derecha.

Sam se quedó pensando en esas palabras, pero meneó ligeramente la cabeza como si se quitara el sueño, y recordó que el SG1 tenía más miembros, de los cuales no había noticias. Lo primero que hizo fue tomar la radio y hablar a través, buscándolos en varias frecuencias distintas; pero tras varios intentos infructuosos, se detuvo y relajó los hombros, vencida.

— ¿Qué haces, Samantha Carter? —dijo Insha'ariar.

—Ya te dije que me llames Sam… ¿Por qué corríamos? Ahora perdimos a los demás, y tampoco contestan. ¿Qué es todo esto, Insha'ariar? —le preguntó la Mayor, a su vez.

—Son unos inútiles hair'uk , si no pueden seguirnos el paso, entonces… —

— ¡Pero tu señor quiere verlos a ellos también! —interrumpió Sam, ahora un poco molesta— Dijiste que Ra te dio sus nombres y te mandó a buscarnos a todos, así que se supone que tendremos que volver por mis compañeros. No se deja a nadie atrás, así que vamos por ellos… ¡Coronel! ¿Me escucha? ¿Alguien me oye? —intentó usar el radio de nuevo.

—… es inútil, Sam. No puedes usar ese aparato aquí, mi señor Ra cortó todas las comunicaciones para que los Goa'uld no nos ataquen. —insistió la muchacha, fastidiada— No hace falta que vayamos todos juntos, ¡El señor Ra puede hablar contigo y tú se los dirás a tus compañeros, estamos cerca de sus aposentos ahora! —

Carter se detuvo entonces, sabiendo que si todo aquello fuera una trampa ya habría sido revelada hacía mucho. Además, sentía que podía confiar en la joven Jaffa, era un profundo sentimiento de identificación el que congeniaba con Insha'ariar… era porque le recordaba a sí misma cuando tenía su edad. Si lo que pensaba resultaba correcto, Insha'ariar tenía como diecisiete o dieciocho años, apenas era una muchachita. Pero el gran valor y arrojo que demostraba en su forma de hablar y actuar era muy parecido al suyo propio, y no pudo dejar de sentir un inmediato cariño por la chica.

—… está bien, llévame con tu señor. —acabó por aceptar la Mayor.

— ¡Sabía que lo entenderías, Sam! —convino la muchacha, sonriendo.

—… no será necesario seguir caminando, ya han recorrido demasiado. Me complace saber que has cumplido con tu misión, Insha'ariar… y me complace el saber que has llegado hasta los Tau'ri, tal como te lo pedí. Eres un excelente soldado, Anubis set k'hal… —dijo una voz misteriosa entre los árboles, viniendo de todas partes y a la vez de ninguna.

— ¡Mi señor Ra! —susurró Insha'ariar, y de inmediato se postró en el piso.

Sam no entendió lo que pasaba, se volvió en todas direcciones buscando al ente que profería aquella voz tan profunda y feroz, una voz masculina algo distorsionada por la influencia de un simbionte que hablaba en representación de su anfitrión. La Mayor Carter levantó de inmediato sus armas, decidida a no dejar que la tomaran por sorpresa.

— ¿Quién eres tú? ¡Muéstrate! —pidió, enérgicamente.

—No hacen falta las armas, Sam… es él, mi señor Ra al fin. —dijo la Jaffa.

Es cierto, Mayor Carter… no necesita apuntarme, no le haré daño ni a usted ni a sus amigos. Todos estarán a salvo mientras me oigan, no le quitaré mucho tiempo tampoco. —volvió a decir la voz— Me aseguraré de que usted y su equipo regresen sanos y salvos a la Tierra, pero a cambio les pido su ayuda humildemente… por el bien de la rebelión y liberación de los Jaffa, necesito que regresen dentro de tres días, para platicar más abiertamente. Es peligroso en este momento, mi fuerza no ha sido suficiente para destruir a todos los Goa'uld que invaden la zona, necesito tiempo. ¿Regresará con su equipo dentro de tres días, Samantha Carter? Es realmente muy importante.

— ¿Por qué confiaría en tus palabras, si ni siquiera te he visto? —retrucó la Mayor, un poco asustada por los acontecimientos.

Sobre sus cabezas, el sonido de los deslizadores enemigos se hizo oír y Sam se dio cuenta de que pronto estarían bajo ataque. La respuesta Goa'uld se debía seguramente a que detectaron la fluctuación de energía que el Stargate produjo en su activación e iban a ver qué ocurría… habría problemas.

Está bien… los humanos siempre necesitan ver para creer . —tronó la voz.

Un movimiento de ramas a su derecha le avisó a la Mayor que alguien se acercaba, pero no podía ver de dónde. En un momento dado, una especie de hombre con capucha vestido en colores claros apareció desde la izquierda, y se quedó parado sobre un tronco caído que le elevaba un poco respecto de las dos mujeres. Sam reaccionó y de inmediato apuntó con sus armas hacia el intruso, mas no disparó porque el aparecido levantó las manos en el acto, mostrando que no llevaba ninguna clase de guantes y lo que había en sus manos parecían ser garras… como de águila.

Disparar no te servirá de nada, Samantha Carter… y además atraerá un montón de soldados Goa'uld. —dijo el recién llegado, y se adelantó unos pasos sobre el tocón, hacia las damas— Aquí me tienes, soy la entidad que Insha'ariar llama Ra… el único y verdadero Ra. ¿Te has convencido ahora, Mayor?

—… ¡La capucha! Quiero ver tu rostro. —exigió Carter.

— ¡Sam, no seas irrespetuosa! ¡Mi señor, ella no quiso importunarlo, no os molestéis con ella… por favor! —pidió la joven Jaffa.

No te preocupes, Insha'ariar. Soy magnánimo, no hay por qué negar lo que la Mayor Carter pide… sólo espero que no se asuste de lo que verá, porque no está en posición de correr sin ser detectada por los enemigos. —dijo el ser, y llevó sus manos en forma de garras de pájaro hacia la capucha, retirándola para atrás sobre sus hombros.

Sam estuvo a punto de soltar un grito. ¿Qué clase de horrible monstruo era aquel? No, tal vez no fuera horrible, pero sin duda hizo que bajara su arma al punto, rendida; recordaba haber visto a ese ser anteriormente, en otro lado y en otras circunstancias. No era Goa'uld, ni Tok'ra, ni Asgard… era diferente. Hasta que como iluminada por un flash, en seguida recordó de dónde conocía a la figura del supuesto Ra: era muy similar a las representaciones jeroglíficas del dios Horus, también llamado Ra, de la mitología egipcia. ¿Cómo no lo había notado antes? Si hasta tenía esa cabeza de halcón que no era falsa, se veía tan real y vivaz que parecía… parecía un holograma muy bien hecho o un engaño de alguna clase. ¿Podría ser que estuviera frente a la presencia de un auténtico dios, el verdadero Horus Ra? Si le buscaba una explicación científica, no; pero ya había visto cosas imposibles anteriormente, así que…

—… cielos. —murmuró Sam, con el ceño fruncido.

Sabía que te sorprenderías, Samantha Carter… —contestó el supuesto Horus, hablándole a la Mayor a través de un enorme y peligroso pico ganchudo.

Más deslizadores enemigos cruzaron volando raudamente sobre el bosque, y eso bastó para que la Mayor reaccionara de inmediato, recordando que aún le faltaba gente al equipo y quizá podrían estar en problemas. Parpadeó un par de veces, y esbozó una sonrisa confundida:

—No… no puede ser, ¿Realmente…? Ah, tengo tantas preguntas en este momento dentro de mi cabeza, que… —empezó ella.

Sé que tienes muchas preguntas para hacerme, y también que buscas una respuesta razonable para lo que ves, pero todas tus cuestiones las voy a responder cuando nos veamos de nuevo, en tres días… ¿Vendrás, con el resto de tu equipo? —insistió el ser.

—… intentaré explicar esto. Pero trataremos de venir. —dijo Sam, y asintió.

Perfecto, entonces váyanse ahora. No hay tiempo. No intervendré.

— ¡Pero no podemos irnos así…! —empezó Sam, preocupada.

Claro que sí. Yo los protegeré hasta que lleguen al chappa'ai. Luego, es su asunto, no me corresponde ayudar a los humanos. Ser un dios tiene muchas reglas y responsabilidades limitadas… lo lamento. —contestó la gran ave, y se desvaneció en el aire luego de ponerse la capucha otra vez.

— ¡No, espera! —insistió la Mayor.

— ¡Vámonos, Sam! No tenemos tiempo, mi señor Ra ya lo dijo. —reclamó Insha'ariar, y sujetó a la otra mujer por el brazo, para echar a correr por donde habían venido.

Desandando el camino, las dos corrieron de regreso bajo el sonido de los feroces deslizadores que buscaban a los intrusos que cruzaron la puerta, y no tardaron en ser blanco de los primeros disparos. Al doblar en un recodo detrás de un cañadón, la Mayor Carter y la joven Jaffa casi chocaron de frente con el resto del equipo, encabezado por Teal'c.

— ¡Carter! ¿Dónde rayos estaban? —inquirió O'Neill, molesto— ¡Llevamos un rato bien largo buscándolas! ¿Se creen que es hora de andar de paseo? ¿Y qué es todo ese ruido? —

Un disparo cercano, que hizo estallar varios árboles a la derecha del grupo, fue toda la respuesta que el Coronel necesitó, por lo que se calló la boca y en seguida echó a correr como hicieron Daniel y Teal'c, al darse cuenta de que los deslizadores les estaban siguiendo furtivamente. El bosque parecía interminable, y los disparos detrás de ellos se sucedían sin tregua… hasta que al fin salieron a campo abierto en dirección a la puerta, que no distaba mucho de ahí.

— ¡Daniel, disca a casa! ¡Nosotros los entretendremos! —ordenó O'Neill, y se detuvo junto con Carter y Teal'c para usar sus armas contra los dos aparatos que seguían disparándoles a ellos.

— ¡Jack, no! ¡Es demasiado peligroso! —se negó Daniel.

— ¡¡HAZLO, MALDITA SEA!! —

Sin chistar más, el arqueólogo solamente corrió hacia la puerta y rápido se puso a marcar los símbolos necesarios para llegar a la Tierra, mientras que más atrás el grupo defendía la posición. Con su lanza, Insha'ariar apuntó certera y logró darle a uno de los deslizadores, dañándolo seriamente… la nave fue a estrellarse del otro lado del campo abierto, en una nube de polvo. Pero aún les quedaba una nave y ya se escuchaban los gritos de los soldados Jaffa que se les venían encima, corriendo desde el campamento alejado que veían en el horizonte.

— ¿Cómo va eso, Daniel? —gritó el Coronel.

— ¡¡Listo, podemos irnos!! —contestó el otro, y levantó su arma también.

La explosión en la superficie del aro estelar les dio la pauta de que ya no tenían nada más qué hacer en ese planeta, por lo que Daniel envió la señal de reconocimiento y el Comando abrió el Iris tal como se requería.

— ¡Vamos, vamos, vamos! —ladró O'Neill, ya emprendiendo la retirada.

Todo el grupo le siguió, pero Insha'ariar se quedó en su puesto, aún con su lanza apuntada hacia los soldados que venían hacia ellos a pie. La muchacha continuaba disparándoles, y en el proceso derribó a varios guerreros enemigos, hasta que varios disparos bien puestos cayeron cerca de ella y se desorientó.

—… ¿Y la chica? —inquirió Daniel, al ver que sólo eran cuatro.

— ¡Allá está! ¡Tiene que venir con nosotros! ¡¡Insha'ariar!! —gritó Carter.

La joven Jaffa no pudo responder, la última explosión había dañado la movilidad de su yelmo de combate y no veía bien a dónde disparar… todo fue hasta que los Goa'uld se acercaron demasiado y uno de los tiros la alcanzó, con gran puntería. La conmoción corrió a través de todo el SG1, y nadie se decidía a escapar de Hir'tak y dejar a la chica. Sin esperar órdenes, Teal'c se lanzó a la carrera hacia la desmayada Insha'ariar, mientras que el resto del equipo usaba su puesto para cubrir al gran Jaffa. Levantando a la chica en sus brazos, Teal'c volvió hacia la puerta y todos alcanzaron a cruzar, antes de que los soldados de los Goa'uld llegaran más cerca.

 

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En la sala de comando, el SG1 estaba reunido con el General Hammond y debatían lo sucedido en P3X-226, sin poder creer claramente las palabras de la Mayor Carter respecto a un alienígena con cabeza de pájaro…

—Carter, ¿Ya te hizo un examen la doctora Frasier? —inquirió O'Neill, con su sarcasmo característico— No sería la primera vez que alguno de nosotros ve cosas extrañas… —

—Insha'ariar también lo vio, y le habló. Les digo que es real, y era similar a Horus… Daniel sabe más de esto que yo, él seguramente podría explicarlo de otra manera. Tenía cabeza de animal, de animal verdadero, no como los yelmos de los Goa'uld. —insistió Sam, luchando por defender su punto.

—… está bien, Mayor Carter. —convino el General— Entonces se supone que en tres días regresará a ese planeta, y el supuesto… Horus… le dijo que no habría ocupación Goa'uld para entonces, ¿No es así? —

—Aseguró que en tres días a partir de hoy podríamos hablar con confianza. No dudo que era real, pero que diga la verdad es otra cosa. —reafirmó Sam.

El General Hammond pensó sus palabras durante unos momentos. En ese preciso instante, la doctora Frasier estaba examinando a la joven Jaffa que fue herida en el combate de retirada, y el grupo se hallaba sumido en un profundo silencio. Al final, y luego de considerar las opciones, el General se puso de pie y levantó los informes.

—Está bien… comunicaré esto al Presidente, y en tres días más retornarán al P3X-226, a concertar una reunión con este supuesto Horus. Hasta ese día, los libero de su servicio… buenas tardes, señores. —y Hammond se volvió a fin de salir de la habitación.

—… un momento, ¿Quiere decir que nos dará tres días de vacaciones? —le dijo O'Neill, confuso.

—Algo así, Coronel. Tenemos otros equipos que pueden hacer su trabajo mientras no estén, así que no se preocupen. Descansen, y elaboren un plan de acción para cuando vuelvan a ver a ese Horus. —explicó el General, y se detuvo antes de salir por la puerta— Ah… Mayor Carter, encárguese de que nuestra pequeña intermediaria pase un par de días cómodos en nuestro planeta, si se recupera. No queremos disturbios en la base. —

—… sí, señor. Como usted diga, pero… ¿Qué se supone que haga con la chica? —aceptó Carter— ¿Llevarla al cine? —

—Lo que usted considere más constructivo, pero no la exponga demasiado. Ya que tendremos amistad con su gente, y al parecer ella está ansiosa por ir detrás de usted, sugiero que sea cautelosa y haga un bien a su país cuidando a la muchacha hasta que pueda volver a su planeta. —declaró Hammond, con un ligero acento burlón.

Sam se quedó mirando a sus compañeros después de que el General se fue, y en su cara se veía la confusión. Teal'c observaba el cuadro con un aire de sospecha, pensando que el General Hammond estaba tomando muy a la ligera a su nueva “amiga”; y Daniel se sonrió, pensando en que tener a un alienígena en casa no debía ser muy divertido si la excusa era cuidar de él, y se acomodó los anteojos sobre la nariz antes de decir:

—Sam, si necesitas ayuda… creo que nosotros estaremos en la ciudad. No es que no crea que puedas hacerlo sola, pero… bueno, ya sabes. —comentó, y se sonrió un poco más divertido.

—… no será problema. Obedece mucho de lo que yo digo, y cree que soy la jefa en este sitio, así que no se preocupen. —convino la Mayor, aún un poco confusa.

Otro silencio un poco incómodo se hizo. Al final, O'Neill chasqueó la lengua y meneó la cabeza, convencido de que era su deber decir lo que tenía en mente en esos instantes:

—… miren, aprovechando estas “minivacaciones” pensaba ir a pescar y no ver la cara de nadie en tres días… pero si necesitamos “entretener” a la nueva, ¿Por qué no vamos todos juntos? Si somos más, podremos cuidar de la chica y divertirnos un rato, hace un buen tiempo que no pasamos… tiempo de calidad en equipo, si me explico. —acabó por sugerir.

Todos se miraron las caras, sorprendidos.

— ¿Estás seguro, Jack? Digo, normalmente serían tú, la caña de pescar y los peces, no sé si te agradaría que la chica te moleste o ande diciendo esa palabra que no te gusta todo el tiempo… no lo sé, parece que su tribu tiene un problema con los hombres. —dijo Daniel, al cabo de unos segundos.

—Sí, supongo que esa era la idea, pero no podemos dejar a Carter sola en esto, y de todos modos iba a llevar a Teal'c conmigo. —decidió O'Neill, sonando muy manso a los propósitos del General— Oh, vamos, ¿Me van a decir que no les agradaría pasar unos días de diversión? Supongo que ninguno tendría nada mejor que hacer: Daniel con sus tablas antiguas, Teal'c con sus meditaciones, y Carter solamente tendría que soportar a la niña; hagámosle el favor. —

—Parece que algo te ha hecho cambiar de opinión, O'Neill. —dijo Teal'c— Ayer parecía que no podías pasar un minuto cerca de la Insha'ariar, pero ahora te ves muy ansioso por compartir tiempo con ella. —

— ¡Por supuesto! Mientras más seamos, más preguntas podremos hacerle sobre ese tipo que se hace llamar Ra… ¿O qué se pensaban? —retrucó O'Neill.

Nadie dijo nada por un momento, todos parecían estar pensando en una manera de escapar del cuarto sin sonar como que desertaban, pero de todos los ahí presentes sólo Sam tenía un motivo razonable:

—Iré a ver cómo está Insha'ariar. —dijo, y salió rápidamente.

Y bien, ahora les esperaban tres días de pesca lejos de la base, en una barcaza vieja y acompañados por una chica intolerante, un capitán de barco de lo más gruñón, un arqueólogo que se mareaba en los botes, una mujer que no tenía idea de cómo agarrar una caña, y un Jaffa silencioso y observador…

 

~»#§: CONTINUARÁ EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO :§#«~