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Oblivion Escrito por: Amaunet Comentarios en: lasextaraza@hotmail.com Nota: Archivo PDF en preparación CAPITULO 1 Tras sentir el frío contacto del horizonte resultante, o sencillamente: esa superficie azul acuosa que emite una luz brillante del mismo color, uno siente como el cuerpo parece acelerarse, igual que cuando uno corre y da un brinco para saltar un hueco en el suelo. Los pies dejan de sentir debajo de ellos la sujeción para no caer, y esa extraña sensación dura tan sólo unos segundos. Lo que se tarda en dar un paso, y al hacerlo, dejas tu mundo para entrar en un nuevo planeta. El SG-1, el equipo principal del Comando Stargate de la Tierra, había cruzado aquel umbral tantas veces, que aquella sensación ya era demasiado conocida. Habían experimentado juntos muchas misiones, y aquella era sencillamente una más. El coronel Jack O'Neill hombre curtido en misiones militares de todo tipo, al mando del equipo, bajó la pequeña escalinata de aquel nuevo planeta. Luminoso, con vida vegetal menor, oxígeno y un conjunto circular de gigantescas piedras rodeando el Stargate que en realidad le interesaban bastante poco. Se ajustó la gorra de béisbol a su canosa cabellera de pelo muy corto, y se colocó las gafas de sol sin perder de vista la zona por si eran atacados, sujetando en todo momento con fuerza su P-90. Aunque su entusiasmo era positivo, estaba seguro que no era superior al que sentía su compañero civil, el doctor Daniel Jackson al pisar aquel nuevo lugar. Viajaba de nuevo con su antiguo miembro al que habían perdido en una misión hacía algo más de un año, y que tras encontrarle en un nuevo planeta sin memoria, habían logrado convencerle para que volviera al lugar de donde nunca debió salir: La Tierra. O'Neill siempre había pensado que Daniel era un incordio, lo supo desde el primer momento en que le conoció hacia ya más de siete años en la base del Complejo Cheyenne donde había sido llevado el Stargate y donde se estudiaba su posible funcionamiento. Jackson era un “condenado” ratón de biblioteca, testarudo, meticuloso y alérgico, capaz de permanecer en un mismo lugar durante años si con ello tan sólo conseguía aprender sobre una cultura nueva. Habían discutido tantas veces que había perdido la cuenta, pero durante todo ese tiempo, también había aprendió que Daniel era un buen amigo, y un miembro muy importante en su equipo. Aunque eso también lo supo casi desde el principio. Aprendió a apreciarle aún más cuando decidió separarse de ellos para unirse a Los Otros , un grupo de alienígenas también conocidos como Los Antiguos, que conocieron durante sus viajes y que en cierta forma, le ayudaron a sobrevivir de una muerte que hubiera sido segura, tras haber recibido una radiación mortal. Los Antiguos le salvaron, pero a cambio se lo llevaron consigo. Daniel murió para ellos. Su cuerpo fue convertido en luz por esta raza, y cruzó el Stargate para no volver. O por lo menos eso pensaban. En más de una ocasión, los sentimientos de Jackson pudieron más que las reglas impuestas por aquellos que le ascendieron y trató de ayudar a los que había dejado. En un primer intento, trató de ayudar a O'Neill cuando éste fue atrapado por el Goa'uld Ba'al, sin intervenir directamente. Pero la que le expulsó de su nueva condición, fue la intervención absoluta en un intento por impedir que Anubis , el Goa'uld que amenaza desde entonces la Tierra desde la caída de Apophis , acabara con los habitantes de Abydos, el pueblo que acogió a Jackson cuando cruzó el Stargate por primera vez. Aquello le valió el volver a ser tan humano como antes, y con una memoria volátil que había tenido que recuperar poco a poco. Y allí estaba, rodeado de piedras erigidas ante el Stargate en círculo, algunas de ellas que recordaban poderosamente a los menhires y los trilitos de la Tierra. El doctor Jackson volvía a sentir ganas de estornudar por el hecho de viajar a través de la puerta. Y no es que aquello le desagradara, pero dado que su memoria aún no estaba totalmente recuperada, a veces se había sentido extraño al acordarse de golpe de algo tan simple como que era alérgico a las plantas o a los animales, o recordar de golpe que sabía conducir o que había estado casado y su esposa estaba ahora muerta. No poseía ningún recuerdo de lo que hizo formando parte de los ascendidos, pero había conseguido recuperar poco a poco su vida de antes, y lo que tenía claro, era que con los que estaba ahora en aquel planeta, era con los que debía estar. Ataviado con un pañuelo en la cabeza, armado con una P-90 reglamentaria del Comando Stargate y portando en la mano una cámara portátil de video, comenzó a grabar la zona. No era militar, era arqueólogo y lingüista y si algo sí recordaba era su profesión, que en aquellos largos meses tras su regreso, había ido recuperando. Aquel primer contacto con un nuevo mundo era lo que más le gustaba. - ¿No es asombroso? - preguntó a sus compañeros sin perder de vista la pantalla de su cámara para grabar aquellas enormes piedras. La mayor Samantha Carter se giró para mirarle grabar. Sonrió ante el entusiasmo de su compañero. Era como siempre. Allí estaban, en mitad de un lugar nuevo por explorar, y el coronel miraba a Daniel como si éste hubiera perdido la razón y Jackson seguía a lo suyo sin tener en cuenta su mirada, totalmente despistado ante su comentario. Ataviada con el traje militar color tierra reglamentario en el Comando Stargate y el chaleco negro con lo necesario en los bolsillos para una primera expedición, llevaba además en las manos, un detector que hasta ahora le había confirmado lo que ya sabían: que el planeta tenía una temperatura agradable y oxígeno puro, lo que le hacía un lugar en potencia para visitar. La M.A.L.P permanecía estática en el mismo lugar desde donde horas antes, les había enviado la misma información que ahora ella de nuevo confirmaba. - ¿El qué? - preguntó la mayor suponiendo la respuesta de su compañero. - Bueno... las rocas.- dijo él girando sobre sí mismo para grabar una nueva perspectiva.- ¿No os recuerda a algo? – preguntó entusiasmado. Jack se quedó pensativo un segundo. - Sí claro...- dijo el coronel con voz interesante.- Aquella de allí parece un orangután con los brazos extendidos.- dijo señalando una de aquellas enormes moles.- Y aquella parece tener trompa como un elefante... ¿alguien ve las formas de Naomi Campbell en aquella? – preguntó mientras movía las manos haciendo en el aire las formas de una mujer. - ¿Campbell? – preguntó Jackson aturdido ante la respuesta. - Modelo, mujer, exótica...- trató de describir O'Neill. El cuarto miembro del SG-1, un hombre de color, alto y fuerte miró al coronel a la vez que arqueaba una de sus cejas y dejaba ver una medio sonrisa en su rostro. Totalmente calvo, con un tatuaje de color oro en la frente con el símbolo de una serpiente y vestido como sus compañeros, parecía haber entendido el comentario del coronel, cosa que Jackson trataba aún de asimilar en su despistada mente. Todos le conocían con el nombre de Teal'c, y era el único miembro del equipo que no era terrícola. Teal'c era un Jaffa , y O'Neill confiaba en él tanto como en cualquiera de sus otros dos compañeros de equipo. Aquel hombre, de una raza diferente a la de ellos, se unió a su causa tras traicionar al Goa'uld Apophis al que servía como Primado, forjando una gran amistad con la Tierra y sus habitantes, que él conocía como Tauris. Teal'c iba armado con una lanzadera de mano, un arma que los guerreros Jaffas aprendían a usar desde que eran chal'ttis para defender a su Dios: que proclamaba serlo aludiendo pertenecer a la raza de los Goa'uld. Con el tiempo Teal'c comprendió que esta raza, los Goa'uld, no eran Dioses, sino simples larvas que se introducen en el cuerpo de un humano para someterlo a su voluntad haciéndose pasar por un Dios. De esta forma se habían convertido en la raza más temida de la Galaxia. Con la apertura del Stargate de la Tierra, se convirtieron también en sus enemigos. A su vez, estos Goa'uld, crían nuevas larvas a las que llaman “hijos de los dioses” que introducen en anfitriones nuevos elegidos especialmente tras atacar un planeta nuevo y conseguir prisioneros. Para las larvas más jóvenes, incapaces aún de controlar un cuerpo humano en su totalidad, los Goa'uld usan a los Jaffas para portar en una bolsa marsupial en sus estómagos al futuro hijo del Dios. Teal'c como Jaffa, ahora era un proscrito, y había logrado ser un ejemplo para otros Jaffas en la lucha por dejar de ser las “incubadoras humanas” de los Goa'uld, y ser por fin una raza libre. Se había ganado la enemistad de muchos, pero también muchos otros se habían unido a su causa y ahora luchaban como él contra la opresión de los falsos dioses. Él luchaba junto a los Tauri, que le dieron la oportunidad de unirse a su causa haciéndole ver la realidad. Llevaba en la Tierra más de seis años. Había hecho viajes esporádicos a su planeta natal, Chulak, para ver a su hijo y a su maestro que ahora visitaba en una base rebelde en un planeta habitado por Jaffas que luchaban por una misma causa. Había perdido a su esposa en aquella batalla por la libertad de los suyos. Incluso había perdido su larva, y aún así, había salvado la vida gracias al medicamento hecho en la Tierra para tratar de ayudar a los Jaffas a no estar sujetos a las larvas goa'uld para toda la vida. La tretonina era ahora una esperanza para los suyos. No albergaba duda alguna al pensar que moriría por un Tauri como O'Neill sin dudarlo, su mejor amigo. Y había aprendido tanto del doctor Jackson y de la mayor Carter, que en su larga vida de Jaffa (tenía ya 103 años y aún era joven) su vida no era un precio suficientemente alto para pagarles. Y por eso estaba en aquel nuevo planeta, contemplando como el resto de sus compañeros, aquella nueva estructura de piedra, y tras mirar a Jackson aún confuso por el comentario de O'Neill apostilló con voz fuerte y ronca. - Campbell: 86 - 60 – 87. Inglaterra.- Daniel se giró para mirarle perdiendo un segundo de vista la grabación de la cámara. - ¡Eh! – Se quejó en tono de sorpresa el coronel.- Aún tienes que devolverme ese número que te presté amigo. - Creo recordarla... sí... – dijo Jackson haciendo como que se concentraba para recordarla y siguiendo el juego de sus dos compañeros.- Pero vamos... me refería a los megalitos . En círculo, de dos tipos, y de varias toneladas... unos son menhires y los que forman “puertas” son trilitos 10 , y el Stargate en medio.- dijo señalando hacia el portal detrás de ellos, junto al D.H.D. para marcar a casa.- No digo que estemos ante un Stonehenge interplanetario... el de la Tierra no está tan completo y por supuesto no tiene Stargate pero... bueno, ya me entendéis. - Pues no, pero bueno...- dijo el coronel girando sobre uno de los enormes bloques de piedra colocados en pie.- Tampoco creo que los de la Tierra tengan esto.- dijo señalando un hueco en la roca, justo delante. Tenía un resplandor azul desconocido. - Parece que todos tienen uno.- dijo la mayor acercándose a la roca en forma de menhir de al lado de ésta, con la misma oquedad y el mismo resplandor azul. - Esta estructura es parecida a la que mi hijo Rya'c destruyó cuando Anubis la usó para atacar el Stargate de la Tierra con ella .- explicó Teal'c.- En aquella había una extraña figura en el centro de las rocas que lanzaba un rayo sobre el Stargate abierto. - Ese desgraciado mantuvo el Stargate de la base con el Iris al rojo usando esa tecnología.- dijo O'Neill. - De Los Antiguos.- Carter afirmó con la cabeza la afirmación de su compañero. Poseían gracias a sus viajes durante siete años mucha información sobre sus enemigos. La mayoría de los Goa'uld no poseían tecnología superior fabricada por ellos, dados sus saqueos a otras razas, modificaban o usaban aquellas tecnologías que encontraban en la Galaxia para su propio beneficio, y aquella estructura de la que hablaba Teal'c, era sólo un ejemplo. - Pero a diferencia de aquella, Daniel Jackson, esta no posee la estructura central.- recordó el Jaffa mirando el centro del círculo de piedras.- Tampoco recuerdo estos agujeros en aquella estructura. Sin duda esta es diferente. - Si fuera un arma como aquella...- comenzó a decir Carter.- Si pudiéramos estudiarla, quizás pudiéramos usarla en su contra. - Anubis recibió un fuerte revés al perder aquel arma.- dijo Jackson.- Pero como Teal'c dice, esta estructura es sólo parecida. Quizás no esté completa. Lo importante es que la información que nos dieron en Kelowna era correcta. En este planeta hay tecnología de Los Antiguos, y he aquí el ejemplo.- dijo volviendo a grabar con su cámara de vídeo. - Jonas nos pasó esa información sin decirnos mucho más. Los suyos ni siquiera han pisado este planeta.- les dijo el coronel.- Si compartieron la información es porque saben que desde su partida, buscamos la Ciudad Perdida de Los Antiguos . - Tratan de ayudarnos en ello. Ahora saben lo peligroso que puede ser Anubis.- le recordó Carter al coronel.- En estos momentos Kelowna debe organizarse y no se pueden permitir explorar otros mundos todavía. Han hecho pruebas de marcado nuevas y dieron con este lugar. Jonas nos informó de las coordenadas para que pudiéramos venir, quizás al ver este lugar el mismo parecido que Teal'c ha comentado. - Bien... ¿y qué nos dice este sitio? Aparte de que hace calor, que no hay sombra salvo la de estos penachos puestos aquí quizás por Los Antiguos, y que esto es una carrera contrarreloj entre Anubis y nosotros por encontrar esa ciudad perdida.- repuso O'Neill mientras pasaba por debajo de uno de los dólmenes. Jackson le siguió y en silencio trató de encontrar alguna pista más. Las piedras eran casi pulidas y su color grisáceo no las hacía muy diferentes unas de otras. Prácticamente tenían la misma altura y el mismo diámetro. - Bueno...- comenzó a decir mirando el hueco luminoso de cada uno de los menhires de piedra. Cada hueco tenía la misma forma, todos desprendían el mismo tipo de luz y estaban colocados en la misma posición. O'Neill se colocó justo debajo de uno de los dólmenes y miró hacia arriba para poder ver la enorme mole colocada sobre su cabeza. Carter se acercó a la roca de al lado que Jackson miraba, y Teal'c no se movió de su posición.- No sé qué decir. Sólo puedo comparar. - ¿Con qué? – preguntó Carter. - Con la estructura de Stonehenge de la Tierra. Esta es mucho menor, y no posee diferentes anillos de piedras colocadas en círculo. Aquí sólo tenemos uno. Este posee solamente cuatro dólmenes, y el resto son menhires... que son los que tienen esta extraña oquedad.- dijo echando a andar para poder mirar cada roca. Carter le siguió en sentido contrario para comprobar lo que su compañero decía y Teal'c se alejó al lado opuesto para facilitarles la tarea con las rocas que quedaban. O'Neill permaneció debajo de la misma tratando de imaginar la fuerza humana para levantar aquella mole. - Estas también tienen ese dispositivo.- anunció Teal'c mirando la última de ellas. - Todas las rocas individuales poseen un hueco.- anunció Carter alzando la voz para que Jackson unos metros más allá, pudiera escucharla. Daniel se giró para poder mirar a Jack que permanecía tratando de hacer números sin perder de vista la mole sobre su cabeza. - Quizás el hecho de colocar dos menhires y un tercero encima sea su forma de expresar el hueco que hay en los menhires individuales.- propuso Jackson mientras veía como O'Neill estiraba los brazos colocado justo en medio, para tocar con las palmas ambas piedras, sin lograrlo dada la distancia. - Bueno.- dijo O'Neill con un suspiro.- Entonces alguien vino, dejó esto aquí con una enorme grúa prehistórica sin una nota, y nos deja ahora con la curiosidad de saber qué es la luz azul. - Los huecos en las rocas eran lugares para colocar figuras al culto.- dijo Jackson llevando su mano hacia uno de los huecos luminosos. - ¡Hueco que no vas a tocar! – exclamó casi en un grito haciendo que Jackson apartara la mano del agujero antes de tocar la luz. O'Neill no iba a permitir que la imprudencia de su compañero hiciera saltar un arma, un detector o lo que diablos fuera esa cosa. Daniel muchas veces, llevado por su ardor al trabajo, olvidaba que lo desconocido podía ser peligroso. Tenía cierto “imán” para lograr abrir lugares secretos, activar bombas sin querer o cosas parecidas. Pero esta vez Jack lo había detenido a tiempo. - Está claro que pasear alrededor de ellas no nos dice nada.- dijo Daniel con desgana.- Tampoco hay pictografías o iconografías o...- se detuvo al ver la expresión del coronel.- Letras, dibujos....- dijo para que entendiera. - Sólo rocas y luces azules.- asintió Jack volviendo a mirar la roca sobre su cabeza. - También sabemos que no es tecnología Goa'uld.- aportó Teal'c desde su posición. - Podría haber algún tipo de energía en estos huecos.- apuntó la mayor colocando sus brazos en jarra en su cintura. El coronel la miró desde lejos.- Señor, la energía no nace de las rocas. - La estructura de aquel planeta poseía un campo de fuerza protector.- comentó Teal'c.- Era azul. - Oh...- asintió O'Neill pensativo.- ¿Y cómo se activaba? - Los Jaffas que custodiaban la zona lo hacían. Sólo se podía entrar o salir por las rocas en forma de puerta.- O'Neill miró de nuevo a los lados para ver las rocas que tenía alrededor. - Quizás necesite tener la estructura central que comentabas para que funcione.- apuntilló Jackson.- Pero claro, sin riesgo... - Vale, tú ganas.- dijo O'Neill dándose por vencido. De todas formas allí tampoco harían nada de pie esperando un milagro.- Pero si te da corriente, luego no te quejes. Jackson sonrió con desgana, guardó la cámara portátil en uno de los bolsillos de su chaleco, y sin pensárselo introdujo la mano en el hueco: estaba vacío. Pero emitía luz, que era lo realmente extraño. Tampoco emitía ningún sonido, se giró de espaldas a sus compañeros para poder mirarlos. - Nada.- repuso con frustración.- Está vacío. ¿Y los vuestros? – preguntó. Carter y Teal'c metieron sus manos cada uno en otros de los menhires al azar, pero también estaban vacíos. - ¿Y si es una llave? – preguntó Carter. - ¿Y hay que encontrar la combinación? – preguntó Jackson. - ¿Metiendo “mano” a las piedras? – volvió a preguntar O'Neill. Arqueó las cejas esperando una respuesta, mientras sus compañeros se miraban los unos a los otros ante su comentario. Piedras con forma de puerta había cuatro, incluida bajo la que el propio O'Neill estaba. Había dos moles erigidas entre cada una de ellas, que eran las que poseían huecos, lo que daban un total de ocho boquetes. - No somos suficientes para todos los huecos.- dijo Carter. - Y desconocemos si hacen falta dos o más individuos.- comentó Teal'c. - Quizás sólo debamos hacerlo a la vez.- dijo Jackson.- Probemos. Primero dos, luego tres y luego los cuatro a la vez. Jackson miró a Carter, ambos se prepararon de cara al hueco y de espaldas a sus compañeros, la hizo un gesto con el brazo y ambos colaron su mano en el hueco: no hubo ningún cambio. - Nada.- dijo Carter mirando su detector de energía que continuaba marcando aquel lugar como algún tipo de energía. - ¿No os sentís ridículos? – preguntó el coronel. Prácticamente fue ignorado. - Ahora los tres.- dijo Jackson a la vez que sacaba su mano del hueco. Carter le imitó y Teal'c se preparó a la señal.- Ahora. A la vez los tres introdujeron sus manos en diferentes huecos. Sin sentir nada espacial, sin tocar nada, salvo el fondo del hueco en la piedra. - Parece una pérdida de tiempo.- apuntilló Teal'c. - Y mientras vosotros invertís vuestro tiempo en algo tan inútil, yo voy a avisar a la Tierra de nuestro escaso avance con esto.- dijo O'Neill a la vez que acercó su mano a una de las rocas a su lado para golpearla justo cuando echaba a andar. Entonces sintió una sacudida: igual que si un torrente de energía cruzara su cuerpo. El latigazo le hizo caer al suelo de espaldas y por un segundo se sintió desorientado. Se quedó mirando el cielo del planeta hasta que reaccionó con enfado. - Qué mierda Daniel... tú juegas con las luces azules y yo me...- se interrumpió al incorporar la cabeza y mirar de frente tendido en el suelo. Ya no estaba aquel grupo de piedras en el lugar, tampoco veía a sus compañeros. El Stargate había desaparecido y sentía un incómodo hormigueo por todo su cuerpo. - ¡Ay que leche...! – dijo incorporándose con lentitud. Giró la cabeza a ambos lados. Estaba completamente sólo en una explanada que nada tenía que ver con el lugar en donde hacía sólo unos segundos había estado de pie. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban los demás? ¿Y a qué diablos olía? Arrugó la nariz con desagrado a la vez que una brisa se levantaba en aquella estepa calurosa, y entonces sintió un fuerte gemido que le hizo estremecer y clavar una rodilla en el suelo ante aquel ruido desconocido. Jamás hubiera imaginado un alarido de aquellas dimensiones. Y al girarse, aún con la rodilla clavada en el suelo y apuntando con su arma, jamás esperó ver lo que sus ojos alcanzaban a mirar en aquel momento. Un mastodóntico animal, de por lo menos doce metros de altura y más de veinte metros de longitud con un cuello muy largo, cuatro patas como enormes pilares y cabeza más bien pequeña, bramía a unos quinientos metros de él y parecía que lo tenía encima. Estaba junto a una laguna rodeada de enormes helechos y era seguido de tres gigantes como él y lo que parecía una cría. Arrancaban con sus bocas las hojas de los árboles del lindero de lo que parecía un bosque de coníferas, árboles que quedaban casi pequeños al lado de semejantes animales. Jack respiró con fuerza tratando de calmar sus nervios ante aquella visión tan gigante. Le vino a la memoria la imagen de un juguete. Uno de color verde con la misma forma que aquellos animales, juguete que le regaló a su hijo Charlie un par de años antes de que muriera. Su hijo adoraba a aquellos seres antiguos. Y él en aquellos momentos... estaba viviendo su propia pesadilla prehistórica. . CONTINUARÁ...
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